Dios es misericordioso, nunca nos abandonará

Queridos hermanos, la Palabra de Dios nos muestra cómo Dios, rico en amor y misericordia, nos perdona y nos tiende su mano para compadecerse de nosotros. Hemos sido creados por Él y jamás nos abandonará. Busquemos, pues, todos, esa mirada de Jesús. Dispongámonos a celebrar con fe nuestro encuentro personal, familiar y comunitario con Jesús en la Eucaristía dominical.


Lecturas

Primera lectura: Sabiduría 11,22 – 12,2
Salmo de respuesta: 145(144),1-2.8-9.10-11.13cd-14 (R. cf. Sb 11,23)
Segunda lectura: 2Tesalonicenses 1,11 – 2,2
Evangelio: Lucas 19,1-10


  CONTEXTO BÍBLICO

Una vez más los textos de la Misa de hoy nos vuelven a hablar de la misericordia divina. Es lógico que se repita tanto esta inefable realidad, porque la misericordia de Dios es una fuente inagotable de esperanza y porque nosotros estamos muy necesitados de la clemencia divina. Todos necesitamos que se nos recuerde muchas veces que el Señor es clemente y misericordioso. Así, en efecto, en la primera lectura nos hace presente hoy esta bondad y cuidado amoroso de Dios sobre toda la creación y especialmente por el hombre; el Evangelio nos habla del encuentro misericordioso de Jesús con Zaqueo que intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Nada le importa lo que pudieran pensar las gentes al ver a un hombre de su posición correr primero y subir después a un árbol. Es esta una formidable lección para nosotros que, por encima de todo, queremos ver a Jesús y permanecer con Él. Zaqueo comprendió que para seguir a Cristo era necesario el más completo desprendimiento y por eso le abrió la puerta de su casa y de su vida para que Jesús entrara y lo transformara, porque necesitaba de Él.

  CONTEXTO SITUACIONAL

Debemos examinar hoy la sinceridad y el vigor de estos deseos, en medio de la realidad de indiferencia ante las cosas de Dios y ante las personas mismas que comparten nuestro existir aún muy cerca de nosotros: ¿Quiero yo ver a Jesús? –Preguntaba el Papa Juan Pablo II al comentar este pasaje del Evangelio–, ¿hago todo lo posible para poder verlo? Este problema, después de dos mil años, es tan actual como entonces, cuando Jesús atravesaba las ciudades y poblados de su tierra. Y es actual para cada uno personalmente: ¿verdaderamente quiero contemplarlo, o quizá evito el encuentro con Él? ¿Prefiero no verlo o que Él no me vea? Y si ya le vislumbro de algún modo, ¿prefiero entonces verlo de lejos, no acercándome mucho, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado..., para no tener que aceptar toda la verdad que hay en Él, que proviene de Él, de Cristo?. Cualquier esfuerzo que hagamos por acercarnos a Cristo es largamente recompensado. Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me hospede en tu casa. El Maestro, que había leído en su corazón la sinceridad de sus deseos, no quiere dejar pasar esta ocasión. Zaqueo «descubre que es amado personalmente por Aquel que se presenta como el Mesías esperado, se siente tocado en lo más profundo de su espíritu y abre su corazón». Se trata, entonces, de una llamada a la esperanza. En medio de esta realidad muchas veces oscuras y en la que nos encontramos muchas veces perdidos, hemos de saber y tener la esperanza que Jesús, el Buen Pastor, saldrá enseguida a buscarnos. Nunca se olvida de los suyos el Señor.

  CONTEXTO CELEBRATIVO

Nos ha de ayudar la figura de Zaqueo que celebró a Jesús en su vida, para no dar nunca a nadie por perdido o irrecuperable para Dios. Nunca debemos perder la esperanza, ni siquiera cuando parece que no hay nada que hacer. La misericordia de Dios es infinita y omnipotente, y supera todos nuestros juicios, siempre que pensamos en la bondad y compasión divina para con sus hijos, nos quedamos cortos. No nos desanimemos nunca ni dudemos en continuar celebrando la presencia del Señor en la oración diaria, en la Palabra escuchada y vivida, en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía dominical y en el servicio a los pobre, para que, encontrándonos con Él, y por muy difíciles o extremas que sean las situaciones en que nos encontremos continúe transformando nuestra historia. Su misericordia es siempre más grande que nuestros pobres juicios.


 Recomendaciones prácticas

  1. Enfatizar en que se va acercando el final del Año litúrgico, con su marcado acento escatológico.
  2. Insistir en la frase “Señor, tú tienes compasión de todos porque lo puedes todo”.
  3. Resaltar y motivar la importancia y valor del Sacramento de la Reconciliación como espacio de encuentro con la misericordia de Dios.
  4. Se puede emplear el Prefacio Dominical VII: «La Salvación por la obediencia de Cristo», p. 389 del Misal.
  5. Tener presente que esta semana: -
    • El martes 1° de noviembre, es la solemnidad de Todos los Santos.
    • El miércoles 2, es la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. El jueves 3, es en Colombia, la Memoria obligatoria de san Martín de Porres, religioso.

Posted by Admin9834