El Señor nos invita a mirar nuestra propia vida, a interiorizar cómo estamos viviendo la vida de unión con Dios

Primera lectura: Isaías 43,16-21 Salmo: 126(125),1-2ab.2cd-3.4-5.6
Segunda lectura: Filipenses 3,8-14 Evangelio: Juan 8,1-11


Introducción

El tema de las lecturas de este domingo se centra en:
•  La transformación del hombre tocado por el perdón amoroso de Dios. La misericordia y el poder de Dios se manifiestan ayer, hoy y siempre.

•  El Señor ha hecho maravillas desde tiempos antiguos, hoy la Palabra nos invita a no quedarnos en el pasado, sino a reconocer lo que hizo, hace y hará por nosotros Dios (primera lectura).
•  La vida que hemos recorrido, aún llena de pecados, dolores y sufrimientos, por la gracia del Señor, puede convertirse en camino de crecimiento espiritual o en “semillas” llamadas a dar fruto abundante, frutos de vida eterna (como la mujer adúltera del Evangelio y la misma experiencia de conversión de San Pablo en la segunda lectura).
Todo ello es razón para exclamar, llenos de gratitud, con el salmista: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.

1.  ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
La primera lectura nos hace una invitación apremiante a vivir el momento presente, el ahora en que Dios se manifiesta. El Señor, a través del profeta Isaías, exhorta a los desanimados en el destierro, diciéndoles: “No recuerden lo de antaño, no piensen en lo antiguo”; le pide al pueblo Israelita dejar atrás su pasado y prestar atención al presente. Los exiliados empiezan a recordar el gran éxodo de Egipto, y sus culpas delante de Dios que acarrearon su desastre, y se olvidan de que el Señor actúa en favor de su pueblo y no permitirá que se pierdan. Es demasiado  
fácil perderse en el pasado y no fijarse en el presente, centrando la atención en lo que fue, en lugar de aprovechar el ahora. El nuevo éxodo que Dios realizará en favor de su pueblo será aún más maravilloso que aquel éxodo de Egipto. El creyente está llamado a dejarse sorprender por la acción salvadora de Dios: “… mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?”

El salmo inicia con una exclamación del pueblo que ve la mano de Dios y, en acción de gracias, dice a una voz: “Cuando el Señor cambió la suerte Sión nos parecía soñar…”. El salmo del regreso del destierro, explica “el cambio de suerte”; no vale aquí aquella frase “los sueños, sueños son”, este sueño es una realidad que causa una doble reacción: la primera, el comentario de los paganos que otrora se burlaban del pueblo de Israel porque pensaban que Dios los había abandonado, y ahora se ven obligados a reconocer admirados que “El Señor ha estado grande con ellos”. La segunda reacción es el canto jubiloso de los que regresan “La boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares… Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares”. En esto vemos una imagen que muestra el desierto en que se encontraba el pueblo de Israel y cómo Dios lo fue inundando con su favor, “Como los torrentes del Negueb”, haciendo del destierro babilónico una gracia para el Pueblo de Israel, que regresa del destierro.

Pablo en la carta a los Filipenses expresa de forma radical su adhesión incondicional a la persona de Cristo y a su salvación: “Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en Él”. Pablo, transformado por el encuentro con Cristo, desde el inicio de su vida cristiana, dedica todas sus fuerzas, como excelente atleta, para alcanzar la meta y obtener la recompensa, olvidándose de lo que queda atrás y lanzándose hacia lo que está por delante, configurarse con Cristo, con su muerte y sus padecimiento con la esperanza de la resurrección.

El evangelio nos muestra cómo los escribas y fariseos ponen a Jesús en una dura prueba: la misericordia o la justicia según la Ley. Le traen a una mujer sorprendida en adulterio a quien la Ley manda lapidarla, y le preguntan sobre que qué hacer. Si Jesús responde que la lapiden, el pueblo se escandalizará por su falta de misericordia; y si la absuelve lo acusarán como contrario a la Ley. Su objetivo es acusar a Jesús como enemigo de la Ley de Moisés y, por tanto enemigo de Dios. Jesús no responde por algún tiempo –inclinándose, escribía en el suelo- pero al final, para hacerles caer en la cuenta de la dureza de su corazón y de sus muchos pecados les dice: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. Los fariseos y escribas quedan desconcertados, no esperaban una respuesta como esta, queda en evidencia la injusticia de ellos –traen a la mujer adúltera pero no al varón con quien ella ha cometido el adulterio- y sus propios pecados: “Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último”. Jesús sabe lo que hay en el corazón del hombre, a ellos no les interesaba que se cumpliese la Ley, tampoco la situación de aquella pobre mujer que iba a ser lapidada, solo querían tentar a Jesús. Jesús invita a sus oyentes, a pasar de la ley que debe ser ejecutada, a una ley que debe ser interiorizada desde la vida propia. Con inmensa misericordia le dice a la mujer: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.

2.  ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
Para poder dejar actuar a Dios en nuestras vidas, es necesario dejar atrás ciertos momentos, pensamientos y actitudes que entorpecieron la acción de Dios en nuestra historia personal, familiar, comunitaria. Pero este dejar atrás no implica que olvidemos de dónde nos sacó el Señor, pues la experiencia de haber sido salvados por Jesús es la fuente de donde brota el amor agradecido a nuestro Salvador. Al respecto, el Papa Francisco nos invita a ser memoriosos. En efecto, en el discurso que dio a los sacerdotes y personas consagradas en Trujillo, durante su visita apostólica a Perú, afirmó: “la memoria mira al pasado para encontrar la savia que ha irrigado durante siglos el corazón de los discípulos,    y así reconoce el paso de Dios por la vida de su pueblo.” (Discurso, Colegio Seminario San Carlos y San Marcelo, Trujillo, 20 de enero de 2018).

Cuando somos conscientes de nuestra vocación bautismal, sabemos como cristianos que el camino no puede ser sin cruz, porque eso significa ser cristiano, portador de la cruz. Pero el Señor va más allá, nos invita a estar en sintonía con él, a configurarnos con sus sufrimientos, con sus alegrías, con su vida, y esto no lo quiere con cara de tristeza, así estemos pasando por momentos difíciles, él lo quiere con cantos de júbilo y alabanzas, porque “el Señor ha estado grande con nosotros”. Cuanto más miserables somos, Dios se muestra más misericordioso con nosotros; pero cuántas veces nosotros no somos misericordiosos con nuestro prójimo sino que tenemos las piedras en las manos para arrojarlas contra el hermano que yerra. El Señor nos invita a mirar nuestra propia vida, a interiorizar cómo estamos viviendo la vida de unión con Dios y cómo esta se ve reflejada en actos de perdón y conmiseración con los otros.

3.  ¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?
Nos encontramos en una sociedad que busca a Dios en circunstancias difíciles, pero apenas ven una mejoría, se alejan de Él y pronto olvidan las gracias que el Señor les hace. Se tiende a justificar el bienestar alcanzado como obra de las propias manos: “yo lo logré con mi propio esfuerzo”, “yo lo hice”, etc. No dicen “Dios lo ha hecho”. El Señor siempre nos acompaña en nuestro camino y nos anima a recordar ese momento en que Él nos sacó de nuestra esclavitud y, así nosotros no lo reconozcamos, él hace llover sobre nuestra sequedad corrientes de gracias.

En este momento la Iglesia está atravesando momentos difíciles y debemos ser imitadores de Cristo, porque “Quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él.” 1Jn, 2,6 y por eso no nos sorprendamos de los sufrimientos a causa de las pequeñas o grandes persecuciones; la iglesia puede ser apedreada, pero    a pesar de todo, debemos permanecer en Él y así llegar a esa configuración con Cristo, como escribía san Pablo. El Señor no quiere las críticas sino la misericordia, a semejanza de Cristo con la mujer adúltera. El mayor servicio que podemos dar a la Iglesia y a sus miembros es una vida de oración intensa y silenciosa a ejemplo de Jesús: “al anochecer se retiraba a un lugar solitario para orar”. El Señor, encontraba en la unión con su Padre la fuente del perdón y la misericordia. No olvidemos unirnos en oración junto al Papa Francisco por la iglesia que padece y sufre.

4.  ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

El encuentro con Dios en su Palabra, en este quinto Domingo de Cuaresma, nos invita y anima a:
•  Reconocer a Dios como principio y fin de nuestra vida
.•  Tener confianza a pesar de las distintas circunstancias favorables o desfavorables, sabiendo que están son semillas que serán regadas con torrentes de gracias donde crecerán y darán frutos.
•  Imitar a Jesús en los pequeños detalles de la vida, en especial el saber guardar silencio para no dar respuestas apresuradas.
•  Interiorizar la palabra de Dios, para que la semilla de la palabra caiga en nuestras vidas y de frutos de santidad.
•  Concientizarnos de nuestra propia debilidad y ser como Jesús que se muestra misericordioso con aquellos que le salen a su encuentro.
•  Comprometernos a una coherencia de vida, en donde esta se vea reflejada en los actos más sencillos hacia los demás.

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1.  Resaltar la idea de Jesús que manifiesta la misericordia del Padre: CEC 1846-1847.
2.  El pasaje de la adúltera perdonada, invita a todos los bautizados a abrirsen al perdón incondicional de Dios que, en Cristo, renueva todas las cosas.
3.  Para el acto penitencial se podría seguir la tercera fórmula: El Señor ha dicho: “El que esté sin pecado…”, Misal, pág. 342.
4.  Se puede seguir el Prefacio de Cuaresma II, “Penitencia espiritual”. Misal, pág. 369.
5.  Puede hacerse la Plegaria Eucarística “De la Reconciliación” II, que aunque tiene prefacio propio, puede realizarse con uno de Cuaresma, Misal pág. 508.
6.  Se podría emplear como oración de bendición sobre el pueblo, la propia para este domingo, Misal, pág. 116.
7.  En este domingo se celebra el tercer escrutinio de preparación para    el Bautismo de los catecúmenos que serán admitidos, en la Vigilia Pascual, a los sacramentos de Iniciación Cristiana, usando las oraciones e intercesiones propias, como se encuentran en las pp. 804-805 del Misal, Romano.
8.  En este último domingo de cuaresma, es el momento más oportuno para motivar a la participación en el Sacramento de la Penitencia, para prepararnos para entrar en lo más santo y emocionante del año litúrgico, volviendo nuestro corazón a Dios y disponiéndonos para vivir el misterio Pascual.
9.  El próximo domingo 14 de abril, es Domingo de Ramos en la Pasión del Señor. Insistir en la campaña para preservar la naturaleza, por eso advertir el no adquirir ramas de palma de cera, y más bien utilizar en este día plantas o ramas de árboles fácilmente renovables. Sin embargo, no podemos caer en desvirtuar los signos litúrgicos, por eso no está bien invitar a llevar globos, banderas, pañuelos, etc.

Posted by editorCEC1