La Asunción de María es la oportunidad para celebrar la fuerza de Dios

LA ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA
Agosto 15 de 2020

Primera lectura:  Ap 11, 19a; 12,1-6a.10ab 
Salmo: 45(44), 7a+10bc.11-12a.14-15 (R. cf. 10b)
Segunda lectura: 1Co 15,20-27a
Evangelio: Lc 1,39-56

I.  Orientaciones para la Predicación

Introducción
•  La horripilante escena de un dragón que amenaza la vida de un recién nacido termina con un hermoso canto de alabanza: “nos ha llegado la salvación”, “comienza el reinado de Dios”, “es evidente el poder de Cristo”. Cuando más frágiles nos podemos sentir, más podemos experimentar el poder de Dios.
•  La segunda lectura también es entusiasmante y positiva: Cristo resucitado vence no solamente la muerte en general, sino que vence la muerte de cada uno de nosotros. Él es la primicia por quien María fue Asunta la Cielo y por quien nosotros recibimos la garantía de una vida después de la vida.
•  El conocido relato de la Visitación y el himno del Magníficat que lo acompaña, nos invita a hacer nuestro propio himno de alabanza a Dios por tantas cosas grandes que ha hecho Dios en nuestras vidas.

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? 
La primera lectura de esta fiesta de la Asunción está tomada de la mitad del último libro de la Biblia, el Apocalipsis, y describe una visión que tiene lugar en el cielo: una mujer vestida de sol, da a luz un hijo varón; un dragón tenebroso amenaza con devorar al recién nacido; Dios interviene para tomar el niño hacia el cielo y a continuación (aunque esta lucha se omite en el texto que fue proclamado) se desencadena el combate entre Miguel y el dragón, el cual es derrotado y surge un himno de victoria el cual oímos la primera parte que testimonia el cumplimiento de la Promesa de Dios por medio del poder de su Cristo.

La segunda lectura toca el elemento central de nuestra fe, que es la Resurrección de Cristo y la promesa de nuestra resurrección después de la muerte, porque si no creemos en la resurrección, si creemos en la reencarnación o en la transmigración de las almas, no podemos llamarnos verdaderamente cristianos.

El evangelio nos muestra cómo la lógica de Dios es distinta de nuestra lógica: una mujer embarazada que, en vez de buscar ser cuidada, corre a servir a su parienta que está más necesitada; Un Dios que exalta a los humildes, que colma de bienes a los hambrientos y que es siempre misericordioso. Una lógica que es bien distinta a la lógica de este mundo.

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? 
Es difícil saber con exactitud cómo fue el final de la vida de la Virgen María. Ni siquiera se sabe con precisión dónde tuvo lugar este evento, pues no sólo en Jerusalén sino también en Éfeso (actual Turquía, a donde habría huido con el apóstol san Juan), existen tradiciones que describen la muerte, la “dormición”, el “tránsito” o la Asunción de María. La fecha también es variable y los diversos textos la ubican entre tres y veinte años después de la Ascensión del Señor Jesús. Cambia igualmente la descripción del evento: en algunos relatos se lo describe durante la vida natural de María; en otros, en el momento de su muerte, en la vía hacia la tumba, o desde la tumba, después de tres días. Algunos narran cómo los apóstoles habrían descubierto un día que la tumba de la Virgen estaba vacía, o cómo ellos la habrían visto elevarse al cielo.

La diversidad de detalles no impide constatar la solidez de la tradición que ubica el tránsito de la Virgen en Jerusalén, como lo testimonian textos de los siglos II y III en adelante, escritos en los más importantes idiomas de la época (griego, latín, siríaco, copto, árabe y etíope), y atribuidos a personajes de reconocida autoridad (como San Juan evangelista, Dionisio –supuesto discípulo de Pablo–, o san Melitón de Sardes). María habría terminado su peregrinar terrestre en el Monte Sión, donde actualmente se erige la iglesia de la Dormición (costado suroccidental de Jerusalén, cerca del Cenáculo). Desde allí, su cuerpo habría sido conducido hacia la tumba ubicada en las cercanías del torrente Cedrón y del “Valle de Josaphat” que da paso al monte de los Olivos.

Pero nada de eso se narra en los textos bíblicos que la liturgia nos ofrece para la fiesta de la Asunción. De hecho, se nos ofrece un mensaje más profundo:

Aunque a simple vista pareciera que la mujer de la primera lectura es la Virgen María (luminosa como el sol, con la luna bajo sus pies y coronada por doce estrellas), los destinatarios del texto, profundos conocedores de la simbología del Antiguo Testamento, identificaban en la mujer al pueblo de Dios que da origen al Mesías, y concretamente la comunidad cristiana, amada por el Señor, quien la colma de sus dones más preciosos; es una comunidad eterna, que no está ya sometida a los vaivenes del tiempo (representado por la luna que permanentemente crece y mengua), que vence el mal (por eso es coronada) y se proyecta como el nuevo Israel (las 12 estrellas).

El dragón es símbolo de todas las fuerzas hostiles a Dios: es perfecto para proyectar el mal (tiene siete cabezas), tiene una fuerza monstruosa (tiene diez cuernos) y ha triunfado en muchos campos (tiene siete diademas). Con su cola ha arrastrado un tercio de las estrellas, que representan a las comunidades cristianas del Asia menor, perseguidas y desorientadas. Por eso la mujer huye al desierto por 1260 días, tres años y medio, que según el profeta Daniel (Dn 7, 25), es el tiempo que dura una persecución muy dolorosa.

El nacimiento de la criatura no hace tanta referencia al parto de María en Belén sino a la Pascua: Cristo resucitado sale del Sepulcro y, aunque todas las potencias del mal se lanzan contra Él, es acogido por el Padre. El niño es Cristo, que nace de la Iglesia y da origen a una humanidad nueva.

Por eso la Iglesia nos ofrece este texto en este día, porque reflejándose en ella, que ha sabido cumplir su misión de madre, descubre la propia identidad para realizar el misericordioso proyecto de Dios: la salvación de toda la humanidad.

Eso no se realiza por la eliminación de la muerte biológica, sino transformándola en un nuevo nacimiento. Y eso es lo que contemplamos en esta fiesta mariana: el alba de una nueva humanidad, porque lo que Dios ha realizado en ella es el destino que nos espera a todos.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
El primero de noviembre de 1950, el Papa Pío XII, recogiendo la tradición de la Iglesia y después de consultar a los Obispos de todo el mundo, proclamó el Dogma de la Asunción, al afirmar como verdad de fe “que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. No por su propia fuerza, sino por la misericordia divina, como lo anticipa en el hermoso cántico del Magníficat. Y así como en su vida realizó maravillosamente el proyecto de Dios que es culminado en su Asunción, nosotros estamos llamados a realizar en nuestra existencia su plan de salvación a resucitar con Cristo y a seguir el camino anticipado por María. Si tomamos conciencia de ello, ¿cómo no reconocer que grandes cosas ha hecho en nuestro favor el Poderoso? ¿Cómo no proclamar un himno de esperanza? La Asunción de María es la oportunidad para celebrar la fuerza de Dios que siempre se hace presente en medio de nuestras dificultades para ayudarnos y para hacer presente su salvación.

II.  Moniciones y Oración Universal o de los Fieles

Monición introductoria de la Misa
Hoy nos reunimos para celebrar no sólo la resurrección del Señor, sino también la fiesta de la Asunción de María Santísima, quien anticipa el camino que Cristo resucitado nos ofrece a todos los creyentes. Dispongámonos a dejarnos alimentar por la Palabra y por la Eucaristía y participemos con fe y con alegría.

Monición a la Liturgia de la Palabra
En esta fiesta mariana la Iglesia nos propone una visión del Apocalipsis, una proclamación de la fe de san Pablo en la Resurrección de Cristo y de la victoria sobre la muerte y el relato de la visitación con el cántico del Magnificat. Escuchemos con atención para descubrir cuál es el mensaje que esta Palabra nos transmite.

Oración Universal o de los Fieles

Presidente: Queridos hermanos, elevemos nuestras súplicas al Padre celestial, confiados en su infinita misericordia, porque estamos seguros que, así como el Poderoso hizo grandes obras en María, también las ha hecho y las seguirá obrando en favor nuestro.

R. ¡Dios todopoderoso, escucha nuestra oración!

1.  Oremos por la Iglesia y por todas las comunidades eclesiales, para que en medio de las dificultades siga haciendo presente el mensaje de Salvación de Cristo Jesús y siga siendo luz que oriente el caminar de toda la humanidad.
2.  Oremos por nuestros gobernantes, para que, en medio de las dificultades derivadas de la pandemia, puedan conducir a nuestros pueblos hacia el desarrollo y la construcción de una sociedad cada vez más justa y fraterna.
3.  Oremos por los enfermos, por los que pasan hambre y necesidad, por los que están solos y desconsolados, para que encuentren en la fe la fuerza necesaria para superar sus dificultades.
4.  Oremos por esta comunidad, para que descubra cada día con mayor diafanidad a la Virgen María como el modelo y el camino que nos lleva a Cristo y que nos invita a hacer lo que Él nos dice.

Oración Conclusiva
Atiende Padre bueno las súplicas 
que te presentamos con la confianza de los hijos y 
con la sinceridad de un corazón que te busca y te necesita. 
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

Posted by editorCEC1