La fe, si no tiene obras, está muerta

VIGESIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Septiembre 12 de 2021

Primera lectura: Is 50,5-9a
Salmo: Sal 115 (114),1-2.3-4.5-6.8-9 (R. cf. Lc 9,57)
Segunda lectura: St 2,14-18
Evangelio: Mc 8,27-35

I.  Orientaciones para la Predicación

Introducción
El Domingo XXIV del tiempo durante el año nos lleva al encuentro con una Palabra en este mes de la Palabra de Dios y plantea el comienzo de un camino en torno al discipulado desde el Evangelio de Marcos y que se ve iluminado y fortalecido por los demás textos de la Sagrada Escritura.

El texto tomado del tercer canto del Siervo del Señor en el Profeta Isaías (Is 50,5-9) que se proclama en la primera lectura nos abre el horizonte de comprensión de un camino en fidelidad que implica sufrimientos pero que no es camino en soledad porque la mano del Señor acompaña y por eso perfectamente responde el salmista una invocación confiada “caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos” (sal 114) en un camino que implica el don de la fe, vivida en compromiso y concretada en obras que expliciten su contenido (segunda lectura de Santiago 2,14-18).  Todo este camino se vuelve camino de discipulado en una relación con Jesús que implica voluntad, negación, cruz y seguimiento (Evangelio de Marcos 8,27-35)

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?

El mensaje de la Palabra de Dios en este domingo va llevando un hilo conductor que es la aceptación de la cruz como punto focal del discipulado.

Primera lectura (Is 50,5-9a): El tercer canto del Siervo sufriente del Señor en el profeta Isaías se enmarca en una reflexión de la autoconciencia de la misión y de sus consecuencias.  El Siervo, no se menciona con el título de “Siervo” pero el lenguaje es muy cercano al de los demás cantos del siervo sufriente y muestra que la obediencia en el camino implica no reservarse nada y estar siempre dispuesto a la tarea que el Señor ha entregado, porque se está seguro de no quedar defraudado (cf. V.8)

Salmo 116 (114-115): El trozo que se proclama en este domingo, hace parte de un salmo de acción de gracias por parte del salmista frente a un Dios que no abandona a quien está en la crisis o en los momentos más cruciales de la existencia.  La confianza en Dios lleva a proclamar la fe en un Dios que no busca la muerte de sus fieles sino la vida y por eso saca de los lazos de la muerte, generando en el creyente un deseo de caminar en su presencia.

Segunda lectura (Sant 2,14-18): Toda la carta de Santiago se puede enmarcar en un lema: “vivir la fe en medio de la prueba”.  Este pasaje de la carta no quiere poner en contraposición la fe y las obras, sino que busca presentar la imagen verdadera de la religiosidad como coherencia de vida.  La fe se traduce en una manera concreta de vivir y no se reduce al cumplimiento de preceptos, por eso la caridad se vuelve eje constitutivo de la vida cristiana.

Evangelio (Mc 8,27-35): En el Evangelio de Marcos la gran proclamación del discipulado se encuentra en un amplio texto (Mc8,27-10,52), que bien puede mirarse como seguimiento del Mesías crucificado.  El comienzo de este texto se puede dividir en dos partes: la confesión de fe mesiánica (8,27-30) y el primer anuncio de la pasión (8,31-35).  El punto de insistencia discipular está en los tres imperativos del texto: Esta sentencia de Jesús viene compuesta en imperativos de tercera persona singular, es decir, que son universales e implican la libertad para aceptar a Cristo y no puede entenderse la construcción de la frase sino como que cada imperativo clarifica mejor el anterior.

“Niéguese a sí mismo”, es un imperativo que sobrepasa los límites de la ascesis y de la pobreza.  En época de persecución este verbo era usado para hablar de la apostasía, pero realmente significa tomar distancia, es una ruptura con el propio yo y un tomar distancia de sí mismo y para entender en qué sentido se debe tomar distancia, entonces se necesita pasar al otro imperativo.

“Tome su cruz”, es mucho más que marcar en la frente una letra o un signo para ser protegidos.  Los cristianos recordamos que la cruz era un medio de suplicio usado por los romanos para los esclavos y sediciosos condenados a muerte.  La Cruz no es el símbolo de la ascesis cristiana ni mucho menos la invitación a aceptar pacientemente el sufrimiento.  La Cruz es, sobre todo, el símbolo de una pertenencia total, donde el hombre se juega el todo por el todo.  La salvación, entonces, no pasa por el camino del egoísmo y de la idolatría del EGO, sino en la relación con Cristo crucificado como elemento fundamental que da sentido a la YO y a la vida.

Para cada uno se convierte en “su cruz” porque es una decisión personal.

“Y me siga”, ahora el verbo es en presente y esto hace comprender plenamente lo que se dijo antes: la distancia de sí mismo como meta última y la pertenencia al camino de Cristo se expresan en el seguimiento diario.  En otras palabras, se necesita la perseverancia, como explicita Lucas cuando añade que el cargar la cruz es “cada día” (Lc 9,23).

El camino y la vocación se inician con el seguimiento, pero ahora este seguimiento tiene nuevas perspectivas, porque este seguimiento es en el camino del Mesías Crucificado.  Por esta razón, la cruz no es derrota sino salvación, no es pérdida sino Victoria.

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?

El tiempo durante el año es una oportunidad grandiosa para descubrir quién es Jesús en la vida de la comunidad creyente y sobre todo, para descubrir y revisar el ejercicio del discipulado en circunstancias tan difíciles como las de una pandemia que transformado la vida de la sociedad actual.

Como ministro de la Palabra de Dios y llamado a ser agente de esperanza tengo que llevar a los demás una palabra de consuelo marcada por la fidelidad de Dios que se proclama hoy: “yo con mis obras te mostraré mi fe” (Sant 2,18).  Es momento para hacer un examen de conciencia comunitario sobre nuestra vida fraterna como discípulos del Mesías crucificado, porque el dolor y el sufrimiento seguramente nos van a acompañar, pero siempre deberá resplandecer la cruz como signo de esperanza y no como derrota, resplandecer la fraternidad y la lucha comunitaria por vencer este enemigo invisible que se ha llevado a tantos seres queridos.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?

En este domingo venimos a ti, Señor, con el firme propósito de ser tus discípulos, queremos ponernos detrás de ti y vivir nuestra existencia en la negación, en la cruz y en el seguimiento, para transformar nuestro mundo y buscar hacer siempre tu voluntad, descubriendo el valor del hermano y construyendo senderos de caridad y comunión.  Amén.

Para mostrar el encuentro con Cristo el camino será la fraternidad y ayudará mucho repetir insistentemente “la fe, si no tiene obras, está muerta”.

II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles 
 
Monición introductoria de la Misa 
La Iglesia, convocada por la llamada del Señor se reúne en el domingo para proclamar las maravillas del amor que se hace vida y experiencia en la comunidad cristiana.  Celebremos con gozo la eucaristía, seguros de la fidelidad de Dios que nos llama y nos pone en camino para llevar una noticia de esperanza a todos los hombres.

Monición a la Liturgia de la Palabra 
La Palabra que se proclama es siempre una llamada y exige de la asamblea una respuesta generosa y capaz en el seguimiento fiel del Señor.  Con oídos de discípulos escuchemos esta Palabra y vivamos en la generosidad del amor fraterno.

Oración Universal o de los Fieles 
Presidente: Celebremos el amor de Dios que nos llama y nos compromete en la vivencia de una religión auténtica en la fraternidad y digamos:

R. Guárdanos en tu amor, Señor

1.  Por el Papa Francisco, nuestro obispo N., y todos los ministros de la Iglesia, para que sean siempre testigos valientes del amor de Dios y de la caridad.  Oremos al Señor.
2.  Por los gobernantes de nuestra nación, sigan buscando los caminos para el desarrollo auténtico e integral de los pueblos y promuevan caminos de reconciliación fraterna.  Oremos al Señor.
3.  Por los enfermos y los que sufren, para lean su historia a luz de la Palabra que hemos proclamado y encuentren motivos para no perder nunca la esperanza.  Oremos al Señor.
4.  Por esta asamblea eucarística, que en su dimensión de discípulos siempre esté abierta a escuchar y obedecer la llamada del Señor para cargar la cruz.  Oremos al Señor.
 
Oración conclusiva 
 Recibe, Padre santo 
estas oraciones que te presentamos en tu hijo, 
el Mesías crucificado que nos ha traído salvación 
y plenitud a todos los hombres.  
Él que vive y reina por los siglos de los siglos. 

R. Amén.

Posted by editorCEC1