La Palabra del Señor enciende nuestros corazones

La Palabra del Señor es fuego que enciende los corazones de todos aquellos que la escuchan con fe y esperanza, por eso dispongamos nuestros corazones en este momento para que la Palabra del Señor se haga carne en nosotros, encienda nuestra vidas con su fuego y nos haga testigos de la eterna misericordia de Dios. Escuchemos con atención.


Lecturas

Primera lectura: Jeremías 38,4-6.8-10
Salmo de respuesta: 40(39),2-3ab.3cd-4ab.4cd-5ab.18 (R. 62[61],2)
Segunda lectura: Hebreos 12,1-4
Evangelio: Lucas 12,49-53


  CONTEXTO BÍBLICO

Las palabras que el Señor dirige a sus discípulos en el evangelio (Lc 12, 49-53) giran en torno a dos grandes temas: el primero está referido a lo que Jesús ha venido a traer a la tierra “He venido a traer fuego sobre la tierra” Lc 12, 49); y el segundo está referido a las consecuencias que padece quien acepta los desafíos de Jesús, quien asume estos desafíos, será siempre signo de división y contradicción, primero tiene que pasar esto para que haya verdadera paz. Es por eso que la figura de Jeremías, presentada en la primera lectura, anticipa proféticamente la suerte de Jesús en la pasión, después de tanta injusticia y tanta contradicción llegará la paz, cuando el mismo Jesús, destruya con el fuego de su Palabra, las barreras que dividen a los hombres, se sumerja como el profeta Jeremías en la muerte y la venza definitivamente. Las divisiones que se presentan como consecuencia del fuego que trae la persona de Jesús, purificará del pecado al hombre si mantiene los ojos fijos en Él (Hb 12, 2) porque solo Él, como dice la carta a los hebreos: “soportó la cruz sin miedo y está sentado a la diestra del trono de Dios” (Hb 12, 2). También el Salmo 40 (39) en la experiencia del salmista nos recuerda un alegre anuncio, había esperado en el Señor y el Señor se inclinó y fue capaz de rescatarlo del fango, como a Jeremías, y de la fosa de la muerte como a Jesús. El salmista viendo todo lo que Dios ha hecho con él, ha afianzado su confianza en Dios. En definitiva el hilo conductor que atraviesa toda la liturgia de la Palabra de este domingo recuerda la pasión del Señor, que tendrá su gran sentido sólo cuando nos demuestre que este acontecimiento de la pasión, signo de contradicción, tenía que pasar para que se manifestar la gloria de Dios.

  CONTEXTO SITUACIONAL

La liturgia de la Palabra de este domingo nos recuerda las dos actitudes más auténticas que debe tener un discípulo del Señor: confiar y esperar. Son precisamente las dos actitudes que hoy día más nos cuestan, debido a la aceleración en que va el mundo de hoy y debido a la desconfianza que cada vez más generan en nosotros los acontecimientos violencia y desolación que podemos experimentar cada día en nuestro país. Pero aquí es donde está el fuego que Cristo ha venido a traer, su revolución es el deseo de que seamos diferentes, que siempre seamos motivo de contradicción donde podamos estar cada día, en nuestras familias, en nuestro trabajo, en nuestro estudio, en nuestra vida cotidiana. Siempre un discípulo que ha experimentado en su vida el fuego de la vida de Dios vive como singo de contradicción, por eso no se desespera ante la dificultad sino que espera con confianza en Aquel que levanta del fango y las profundidades de los acontecimiento de muerte como son el pecado y la injusticia. Un buen discípulo siempre confía y espera, siempre aparece con paz donde no la hay, siempre enciende con el fuego de las palabras y acciones de Jesús, los corazones de los que están desconsolados y desahuciados. Este es un tiempo oportuno y también de gracia, para recordar, viendo con ojos de fe y dejándolos fijos en Cristo, la importancia de la paz en la vida cristiana. Solo la paz que Cristo nos da será la única paz verdadera, porque para Dios dárnosla fue capaz dejar que su Hijo afrontara la cruz para poder instaurarla en esta tierra. Por eso la paz, no será ausencia de guerra, ni ausencia de problemas, la verdadera paz, que solo da Cristo a sus discípulos, es la actitud de fe, esperanza y confianza a pesar de los problemas y las dificultades. El problema nunca será el otro que es difícil y complicado de entender, el problema puedo ser yo que me cuesta asumir a los otros que son diferentes y que no son capaces de cumplir con las exigencias que Cristo pide a cada uno de nosotros que somos sus discípulos. El que tiene la paz verdadera que da Cristo es capaz de exponerse por el otro, es capaz de asumir peligros por el otro, es capaz de entregar, es capaz de exponer la vida como Jesús hasta derramar sangre sin temer a los sufrimientos, a las dificultades y a la violencia. Si queremos la paz basta firmar en nuestros corazones con fuego, las Palabras de Jesús para asumir en nuestra vidas con una actitud de esperanza y confianza, la verdadera vida que solo Dios pueda dar.

  CONTEXTO CELEBRATIVO
  • La Iglesia para continuar la obra de Cristo, aparece en el mundo como signo de contradicción, por eso cada bautizado debe vivir en medio de su comunidad, escuchando la Palabra del Maestro y comiendo su Cuerpo, como un agente de esperanza y un signo de amor y de entrega. Esas son precisamente las palabras que escuchamos en la oración colecta de este domingo del tiempo ordinario: “Oh Dios, infunde tu amor en nuestros corazones”, solo será con el amor de Dios en nuestros corazones que podamos ver sus promesas cumplidas en nosotros, solo será con su amor en nuestros corazones que podamos comprender las Palabras que Jesús nos dirige en la eucaristía, solo será con su amor en nuestros corazones que podamos aceptar las exigencias que Él nos pide, solo será con su amor en nuestros corazones que podamos vivir en la comunión de la Iglesia para poder comer su Cuerpo que nos alimenta y que sacia nuestros deseos más profundos, solo será con su amor en nuestros corazones que podamos atender al mandato que escucharemos al final de la celebración: “podéis ir en paz” y solo será con su amor en nuestros corazones que podamos ver cada día en los detalles de nuestra vida la gran misericordia de Dios derramándose en nosotros.

 Recomendaciones prácticas

  • 1. Resaltar la importancia del cirio pascual en esta celebración que es dominical, subrayar en ese cirio el gran valor de la luz, sobretodo el significado que encierra este misterio: Cristo ilumina, ha venido a traer el fuego, Él es la luz, pero al alumbrar en medio de tantas oscuridades que experimenta el hombre de hoy, se va consumiendo, como la cera, se va desgastando, va desapareciendo para que siempre aparezca la gran luz.
  • 2. Resaltar la importancia del bautismo, con el cual nos sumergimos en la vida de Cristo y a la vez resucitamos a una vida nueva, como Jeremías, que fue hundido en el fango pero luego saldrá de ahí prefigurando proféticamente la pasión de Cristo.
  • 3. Resaltar el gesto de la paz, con el cual los cristianos nos expresamos la profunda hermandad que nos da el ser hijos de un mismo Padre.
  • 4. Se puede seguir el Prefacio de la Plegaria Eucarística II o Prefacio Común VI: “El misterio de nuestra salvación en Cristo”, p. 418 del Misal.
  • 5. Se puede realizar al final de la Misa la fórmula de Bendición Solemne: 16. En el Tiempo Ordinario VII, p. 478 del Misal.
  • 6. Tener presente que en esta semana: - Mañana lunes 15 de agosto, es la solemnidad de la Asunción de Santa María Virgen. En la tarde de este domingo, se debe celebrar la Misa vespertina de la Vigilia de la solemnidad.
    • Tener presente que en Colombia el miércoles 17 de agosto, se celebra la memoria libre de santa Beatriz da Silva, virgen; y el viernes 19, la memoria libre de san Ezequiel Moreno, obispo.
    • Se debe motivar para la colecta Dona Nobis, que se realizará el domingo 28 de agosto, y que tiene como objetivo sostener la obra evangelizadora de la Iglesia en Colombia.

Foto Tomado de Internet

Posted by Admin9834