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Estén en vela para estar preparados

Vie, 11/11/2022 - 15:41 editorCEC1

Tags: predicación orante lectio dominical Liturgia evangelio conferencia episcopal

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Predicación Orante - Noviembre 27de 2022

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Noviembre 27 de 2022


 
Primera Lectura:  Isaías 2,1-5  
Salmo:  122(121), 1-2.4-5.6-7. 8-9 (R. cf. 1)  
Segunda Lectura:   Romanos 13, 11-14a  
Evangelio:  Mateo 24, 37-44 

I.  Orientaciones para la Predicación
 

Introducción
•  El Adviento, como lo enfatiza la Palabra y la tradición eclesial, es preparación para la doble venida de Cristo: Su nacimiento entre nosotros y su llegada al final de los tiempos. 
 

•  La invitación del profeta Isaías resume bien el espíritu del Adviento: “Vamos, caminemos a la luz del Señor”. 
 

•  El discipulado cristiano nos exige “estar en vela”, que es la actitud de permanecer fielmente en el Señor.
 

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El profeta Isaías nos anticipa la obra que realizará el Mesías a su llegada. La propone en tres dimensiones: la reunión del pueblo de Dios antes disperso que, en comunión, sube al monte del Señor; la instrucción en la ley del Señor, para que todos marchen por sus sendas, y el establecimiento de la paz entre los pueblos. Concluye con una exhortación para la comunidad: “Ven, caminemos a la luz del Señor”.
 

El apóstol Pablo invita a tomar clara conciencia de la “hora” que vive la comunidad, esto es, de la cercanía de la salvación. Es elocuente la imagen de la noche y el día, con la que se evidencia la necesidad de vivir en la luz; también lo es la figura de revestirse de Cristo, que invita a los bautizados al testimonio y a la coherencia.
 

El Evangelio nos hace dirigir la mirada hacia la segunda venida de Cristo, anunciada como la llegada del Hijo del hombre con figuras y expresiones tomadas de los pasajes apocalípticos de la escritura. Frente a lo que sucederá, la invitación es estar en vela o estar preparados. Para la comunidad cristiana, que debe anhelar esta segunda venida del Señor, la vigilancia y la preparación es igual a la fidelidad constante en el discipulado y la misión.
 

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
El inicio del Adviento pide de todos nosotros una renovada disposición para ir al encuentro de Cristo que viene. La exhortación es para cada uno y para la comunidad: “Ven, caminemos a la luz del Señor”; con ésta se propone un modo de vida que siempre este dirigido por Cristo, que es Luz del mundo, y abarca todas las dimensiones de la existencia.
 

Como lo pide el apóstol Pablo, es necesario tomar plena conciencia del momento de gracia que vivimos y de las profundas implicaciones de la espera de la venida del Señor. Esto significa, entre otras cosas que no debemos celebrar el Adviento pensando únicamente en disponer cosas materiales o decoraciones para la fiesta navideña. Tampoco se puede olvidar la doble connotación del Adviento, pues con frecuencia se prefiere desconocer la espera escatológica de la segunda venida de Cristo.
 

El propósito del Adviento es llevar a la comunidad cristiana a caminar a la luz del Señor, ahora y siempre. No se trata de una espera pasiva sino de un camino que recorremos juntos, como el pleno día, con las armas de la luz, revestidos de Jesucristo.
 

Esta vivencia del Adviento, en el marco de la celebración del nacimiento del Señor y con el impulso de la esperanza de su retorno, debe ser manifestada en una comunión más fuerte entre los miembros del pueblo de Dios, en una apertura total para dejarnos instruir por su palabra y en una decisión firme para construir la paz que el Salvador nos trae. Estos propósitos coinciden fundamentalmente son los del camino Sinodal que recorremos convocados por el Papa Francisco.  En efecto, si escuchamos atentamente la Palabra en este día notamos una insistencia marcada en la comunidad o pueblo que espera al Señor.
 

Estar en vela o estar preparados reclama de cada uno y de la comunidad un continuo esfuerzo de fidelidad al Evangelio, al mismo tiempo que una manifestación explicita de su horizonte escatológico, el mismo que expresaba la primera comunidad cristiana diciendo ¡Maranathá! Ven, Señor Jesús.
 

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Hoy iniciamos el Adviento con los sentimientos del salmo que proclama ¡Vamos alegres a la casa del Señor!  Hemos de pedir al Señor que nos permita vivir santamente este tiempo, con la viva conciencia de que está más cerca nuestra salvación. Supliquemos que la celebración de la Navidad esté precedida de una verdadera disposición del corazón, de gestos de reconciliación, de acciones de misericordia, de contemplación del misterio del amor de Dios. 
 

Hoy es un buen momento para preguntarnos interiormente ¿cómo queremos vivir este Adviento y esta Navidad?, y también, ¿cómo estamos en vela y nos preparamos para la segunda venida del Señor?

 


_______________________
Recomendaciones prácticas:
 

•  Es recomendable leer, por tiempos litúrgicos, todo el conjunto de Recomendaciones Prácticas, para tener una visión de conjunto y poder preparar con tiempo y debidamente las celebraciones litúrgicas y de piedad popular, de modo que se logre un mejor fruto espiritual en el pueblo de Dios
•  Por su propia naturaleza y espiritualidad, el Adviento es un tiempo de sobriedad que contrasta con la explosión festiva y ornamental de la Navidad. Sin embargo, a diferencia de la Cuaresma, no es un tiempo tan austero (por ejemplo, en Adviento se canta el Aleluya, cosa que no se realiza en la Cuaresma). Se permite el uso de instrumentos siempre que se utilicen con moderación o, como dice el Ceremonial de los Obispos, “sin que se anticipe la alegría plena de la Navidad” (CE 236). Se entona el aleluya, no se dice el “Gloria”, se usa con moderación los instrumentos musicales y las flores para adornar el altar.
•  Sugerir la corona del Adviento como expresión de piedad popular y signo de la espera de Jesús, luz del mundo. Por lo tanto, podría hacerse en este domingo la respectiva bendición. Esta corona tiene cuatro velas y cada domingo de Adviento se enciende una de las luces, a la par que el ministro realiza una oración adecuada para el caso.
•  En la Eucaristía dominical, las velas podrían ser encendidas después del saludo y por distintas personas de la comunidad, debidamente preparadas.
•  En este domingo se puede encender la primera luz de la corona de Adviento, con su respectiva oración; y así sucesivamente en los otros domingos.
•  Si se realiza este rito de la Corona de Adviento, se omite el acto penitencial.



II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles 

Monición introductoria de la Misa 
Queridos hermanos: Iniciamos hoy el tiempo de preparación para la doble venida del Señor, el Adviento. Se trata del recorrido que hacemos hacia “el que viene”, pero también de una senda para sentir la presencia “del que está”; será camino hacia el Señor glorioso y apertura al Señor que se acerca. Despertemos del sueño y mantengamos una actitud vigilante; llenemos nuestros corazones de esperanza porque el Señor hace nuevas todas las cosas. Comencemos alegres nuestra celebración.
 

Monición a la Liturgia de la Palabra 
Las lecturas de hoy deben llenarnos de alegría y no de miedo ni angustia; porque, como dice el profeta Isaías, avanzamos hacia la luz del Señor, que nos encamina no hacia la destrucción, sino hacia un tiempo de salvación en el que reina la paz y convivencia fraterna. Por eso mismo el salmista nos invita a estar alegres y alabar a Dios mientras peregrinamos a la casa del Señor, y san Pablo, a llevar un estilo de vida propio de los hijos de la luz.  Escuchemos atentos.
 

Oración Universal o de los Fieles 
 

Presidente: Hermanos, mientras esperamos llenos de gozo la venida de nuestro Señor Jesucristo, imploremos misericordia, pues El viene a anunciar la salvación a todos los hombres. Supliquemos con fe viva diciendo: 
 

R.  Escúchanos, Señor.
 

1.  Por la Iglesia, para que el Padre encienda en los corazones de todos sus fieles el deseo ardiente de recibir gozosamente a su Hijo que llega para salvarnos. Oremos.

2.  Por los gobernantes de las naciones, para que los rijan con rectitud y justicia y busquen el bien integral de todos los que se les han confiado. Oremos.

3.  Por los que sufren, para que el Padre alivie a los enfermos, dé pan a los hambrientos y aleje del mundo toda tribulación. Oremos.     

4.  Por nuestros hogares, para que, permaneciendo en la verdad sean auténticos testigos del amor cristiano. Oremos.

5.  Por esta asamblea eucarística, para que, al prepararse para la venida del Señor mediante la Palabra de Dios, sean luz y alegría en medio del mundo. Oremos.
 

Oración conclusiva

Dios, refugio y fortaleza nuestra,
Tú que inspiras toda verdadera petición
escucha las plegarias de tu Iglesia
y haz que cuanto hemos pedido con fe
lo obtengamos plenamente.
 

Por Jesucristo nuestro Señor.
 

R. Amén. 

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Mié 18 Ene 2023

Se estableció en Cafarnaún, para que se cumpliera lo dicho por Isaías

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS Enero 22 de 2023 Primera Lectura: Isaías 8,23b - 9,3 Salmo: 27(26),1.4.13-14 (R. 1a) Evangelio: Mateo 4,12-23 I. Orientaciones para la Predicación Introducción En la Liturgia de la Palabra de este Domingo podemos encontrar tres temas propuestos para la reflexión: • En la Galilea de los gentiles el pueblo de Israel vio una gran Luz; • La unidad de los creyentes; • Jesús predica el Evangelio en Galilea y nacen las primeras vocaciones. Aunque abordaremos el primero, vale decir que necesariamente tiene relación con las otras dos temáticas. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En la Galilea de los gentiles el pueblo de Israel vio una gran Luz. Para la comprensión de este versículo (9,1), es necesario ir a 8,23b porque es el versículo que une y esclarece el anuncio dado en esta Palabra. Tal versículo alude a las campañas realizadas por Tiglat-Pilezer III, prominente rey de Asiria, en el siglo VIII antes de Cristo, quien gobernó entre el 745 y 727 a.C. Fue el fundador del imperio Neo-asirio y evoca principalmente la primera deportación israelita en el año 732, de Samaría a Asiria. Tal deportación viene narrada en 2 Re 15,29: “En tiempo de Pecaj, rey de Israel llegó Teglatfalasar, rey de Asiria, que tomó Lyón, Abel Bet Maacá, Yanoaj, Cades, Jasor, Galaad, Galilea y todo el País de Neftalí”, ciudades conquistadas por este rey en su campaña contra Filistea el 734. La mención de Galaad y Galilea engloba con estas conquistas las de la campaña del 733-732, principalmente dirigida contra Damasco. La experiencia de esta deportación fue extremadamente dolorosa: “Ultrajó a los países de Zabulón y Nefatlí”; “país abatido y hambriento, y la gente enfurecida por el hambre, maldecirá a su rey y a su Dios. Volverá su rostro hacia lo alto, luego mirará a la tierra y sólo habrá aflicción y tinieblas, angustiosa oscuridad” (Is 8,21-22). En el versículo 23, el tono cambia intempestivamente y de una desolación terrible comienza un anuncio de esperanza: vendrá un “Día del Señor” que traerá la liberación a los deportados, porque llegará el reinado pacífico de un hijo de linaje real, el Emmanuel anunciado ya en el capítulo 7: “El Señor mismo les va a dar una señal: Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo y lo llamará con el nombre de Emmanuel, es decir: “Dios con nosotros” (14). Este versículo 23 hace cambiar el rostro de la tristeza a la alegría: “Ya no habrá oscuridad allí donde reinaba la angustia”. La aparición del Mesías en Galilea, dará a esta profecía su plena realización; Galilea designa el distrito de los gentiles: “Jesús dejó Nazaret y fue a residir a Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y tierra de Nefatlí, camino del mar, allende al Jordán, Galilea de los paganos” (Mt 4,13-15). Así se comprende entonces Isaías 9,1: “El pueblo que andaba en tinieblas percibió una luz cegadora”. La imagen es como la de un reflector que encandila la vista y así como la luz de la estrella que sólo resplandece en la noche, “a los que vivían en tierra de sombras una luz brillante los cubrió”. Adquiere sentido las palabras de Zacarías que oramos diariamente en el Benedictus: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte” (Lc 1,78-79). Jesucristo es esta gran Luz que nace de lo alto y que ha comenzado su ministerio en la tierra de Zabulón y Neftalí, la Galilea de los gentiles, la región semipagana odiada por los judíos desde la devastación del año 734. Cuando veremos a los sacerdotes despreciar a los discípulos de Jesús por el hecho que eran galileos, nuestro pensamiento vuelve necesariamente a este momento de lucidez profética. Jesucristo ha venido para disipar las tinieblas en el ser humano y dar claridad a su existencia, porque “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (GS 22). 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? El evangelista Mateo está de acuerdo con Marcos cuando afirma que Jesús comenzó su actividad en Galilea, después que el Bautista había sido puesto en prisión. Es el Mesías de la Palabra, el predicador que recorre toda la Galilea, enseñando en las Sinagogas y predicando: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir conviértanse porque el Reino de los Cielos ha llegado”. Aparece como Luz esplendorosa: “Yo soy la Luz del mundo, la persona que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la Luz de la vida” (Jn 8,12). Como en aquel momento histórico del año 734 a. C. Israel vivió la devastación por la guerra con Asiria, podemos ver nosotros también la tremenda desolación, tristeza y muerte que ha producido en nuestro País el narcoterrorismo, la corrupción, la violencia intrafamiliar, el aborto, la eutanasia, la ideología de género, la manipulación genética, el robo, los desplazamientos forzados, el crimen organizado, el feminicidio, la venganza, el odio, el trabajo explotado de los niños, la pésima atención en muchos de los establecimientos de salud, la esclavitud con las Eps, el aumento de personas marginadas, la migración venezolana, la interrupción de los diálogos de paz, la mentira, la infidelidad, los negocios torcidos, los préstamos gota a gota, el aumento de divorcio, el miedo a tener hijos, la creciente idolatría a las mascotas; el miedo al sufrimiento, la inseguridad, la depresión, la pérdida del sentido de la vida, el aumento de suicidios, la deplorable situación donde los hijos son tiranos y los padres obedientes, la pérdida de la autoridad en la guía de la familia y de la educación general, el matoneo o bullying a todo nivel, el abandono de los ancianos y tantas otras realidades que descuidan al ser humano atacando su dignidad y causando la pérdida de la paz. En esta situación desértica, podemos decir que también nosotros vivimos en tinieblas y sombras de muerte, en una soledad poblada de aullidos, en una oscuridad densa que impide ver el camino el cual aparece ante nuestros ojos incierto, hostil y amenazante. Pero la Palabra de Dios hoy nos hace cambiar el rostro: “Ya no habrá oscuridad allí donde reinaba la angustia” (Is 8,23) porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, viene de una virgen en cinta, es el Emmanuel, es decir, Dios con nosotros. Llega con poder y sabiduría, es el príncipe de la paz. Él es el Mesías de la Palabra y la Luz que ilumina a todo hombre; Él ha destruido la muerte y ha despedazado el muro que nos separaba: el odio. Como cordero manso llevado al matadero no abrió la boca, maltratado, varón de dolores, ha padecido la cruz para devolvernos la imagen perdida a causa del pecado, ha resucitado para que todo el que crea en Él tenga la vida en abundancia. Y en este pueblo que habitaba en tinieblas una luz enceguecedora ha brillado: Jesucristo el Señor. Él es el cordero degollado, digno de abrir los sellos; siendo de condición divina no alardeó el ser Hijo de Dios, sino que se anonadó y se hizo como el más esclavo padeciendo la muerte y una muerte de cruz. Es ´por esto por lo que ante Él toda rodilla se dobla en el cielo y en la tierra y toda lengua proclama que Jesús es el Señor para la Gloria de Dios Padre (Cfr. Flp 2,6-11). 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Pidamos al Señor que fortalezca en todos los bautizados el ardor evangelizador. En esta nueva Galilea en medio de un neo paganismo, la Iglesia, cuerpo de Cristo, anuncia con gozo el Evangelio recorriendo todos los lugares para transformarlos desde dentro: “La tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia"; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar con el ejemplo, los actos y la predicación, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (San Pablo VI, Evangelii Nuntiandi 14). El ser humano llega a creer en Jesús, no nace creyendo. Es necesario realizar procesos evangelizadores que, empeñando esfuerzos en itinerarios serios de iniciación cristiana, hagan madurar la fe de los bautizados, haciendo que cada uno de ellos llegue a experimentar en su existencia la victoria sobre el miedo y la muerte. Por la fe, lo que antes causaba desesperación, ahora se convierte en una oportunidad para transformar la vida; el dolor adquiere sentido porque encuentra una clara finalidad; los acontecimientos adversos llegan a ser camino de vida y esperanza. Es necesaria la escucha de la Palabra porque de ella viene la fe (Rm 10,17), y “cerca de ti está la Palabra en tus labios y en tu corazón” (Dt 30,14); en efecto, “cuando se cree con el corazón actúa la fuerza salvadora de Dios y cuando se proclama con la boca se obtiene la salvación” (Rm 10,10). Bien vale aplicar este texto de romanos en nuestra época actual: “¿cómo van a invocar a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo van a creer si no han escuchado hablar de Él? ¿Y cómo van a escuchar hablar de Él si nadie les predica? ¿Y quién va a predicar si ninguno es enviado?” (Rm 10,14-15). Es por esto por lo que la Escritura proclama: “Qué hermosos son los pies de quien trae la buena noticia a los hermanos” (Is 52,7). _______________________ Recomendaciones prácticas: • Se recomienda leer la nota sobre el Domingo de la Palabra de Dios publicada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 17 de diciembre de 2020. • Se sugiere exaltar el anuncio de la Palabra de Dios con el Evangeliario, inicialmente, llevado con solemnidad en la procesión de entrada y, luego, al momento de la proclamación del Evangelio, tomándolo del altar y llevándolo, precedido por el incensario y los ciriales, al ambón: La finalidad de esta solemnidad es que durante la celebración eucarística los fieles perciban la necesidad insustituible de la escucha y vivencia de la Palabra de Dios para el fortalecimiento de sus vidas (Cfr. OGMR 120,172 y 175). • También se podría entregar la Biblia o uno de sus libros a toda la asamblea, para resaltar la importancia de seguir en la vida diaria la lectura, la profundización y la oración con la Sagrada Escritura, con una particular consideración a la Lectio Divina (cfr. Aperuit Illis 3) • Se puede resaltar y colocar en cartelera la frase: “En la Galilea de los gentiles el pueblo de Israel vio una gran Luz” o “El Señor es mi luz y mi salvación” u otra apropiada para este domingo de la Palabra de Dios. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Como la Iglesia existe para Evangelizar y esa es su razón de ser más profunda, su esencia, nos reunimos para encontrarnos con Dios Padre que, en su Palabra y a través del cuerpo y sangre de su Hijo, bajo los signos sacramentales de pan y vino, nos anima y nos fortalece para que cumplamos con fidelidad la misión bautismal de evangelizar con nuestras palabras y con el testimonio de nuestra propia vida. Dispongámonos a participar con fe y alegría. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios recorre esta nueva Galilea de los gentiles en la que nos movemos hoy; viene para dar sentido y vida a toda nuestra existencia. Preparemos nuestros oídos y que el Espíritu Santo nos permita escuchar, porque la fe viene de la proclamación. Que esta palabra hoy interpele nuestra existencia y nos mueva a querer ser verdaderamente creyentes. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas al Padre Celestial con la confianza de ser escuchados y digamos: R. Padre Escucha nuestra oración. 1. Por el Santo Padre el Papa Francisco, quien con su mensaje nos ha puesto en “Una Iglesia en Salida”, protégelo y cuídalo para que, su testimonio siga impregnando la obra evangelizadora de la Iglesia. 2. Por nuestros gobernantes para que, abran su corazón al grito de un pueblo que pide justicia, paz y reconciliación, y dejándose iluminar por el Espíritu Santo sepan leer los acontecimientos históricos a la luz de la fe. 3. Por quienes se dedican al estudio de la Sagrada Escritura para que, iluminados por la efusión del Espíritu Santo, nos ayuden en la comprensión de la Palabra de Dios. 4. Por todos los que padecen enfermedad para que, el anuncio gozoso del Evangelio ilumine y dé sentido salvífico al sufrimiento, el cual, unido a la Cruz de Cristo, debe ser comprendido como el poder llevar todos los días y por todas partes el morir de Jesús, y así los demás tengan vida. 5. Por todos nosotros aquí reunidos para que, como fruto de esta celebración, salgamos con mayores deseos de convertir nuestra vida a Cristo y aumente el ardor por anunciarlo y darlo a conocer a los demás. Oración conclusiva Padre, bondadoso acoge las súplicas que te presentamos, con fe y esperanza. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Mié 11 Ene 2023

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Enero 15 de 2023 Primera Lectura: Isaías 49,3.5-6 Salmo: 40(39),2 y 4ab.7.8-9.10 (R. cf. 8-9) Segunda Lectura: 1Corintios 1,1-3 Evangelio: Juan 1, 29-34. I. Orientaciones para la Predicación Introducción Desde distintos ángulos, las tres lecturas bíblicas de este segundo domingo del Tiempo Ordinario se centran en el testimonio sobre Jesucristo. A la garantía de Dios a favor de su Siervo como luz de las naciones y portador de su salvación universal, y a la confesión de Pablo que se proclama apóstol de Jesucristo, se suma el espléndido testimonio de Juan el Bautista sobre Cristo Jesús como “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Leemos hoy el segundo de los cuatro "cánticos del Siervo" de Isaías, o mejor, del "segundo Isaías". Leemos sólo los versículos que se refieren a la misión universal del Siervo. El primero de estos poemas lo leímos el domingo pasado, la fiesta del Bautismo de Jesús. El futuro Siervo es llamado por Dios, ya desde el seno materno, para reunir al pueblo de Israel, desde su dispersión, y a la vez para ser luz de las naciones: "para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra". El salmo 40 refleja la actitud de obediencia del Siervo a la voluntad de Dios que, según van diciendo el cántico tercero y cuarto, que leemos en la Semana Santa, se ofrece a sí mismo por la salvación de todos. La antífona que repetimos es la actitud que la carta a los Hebreos atribuye a Jesús en el momento mismo de su encarnación: "tú no quisiste sacrificios ni ofrendas... Aquí́ estoy, Señor, para hacer tu voluntad". Durante siete domingos, la segunda lectura la haremos de la I carta de Pablo a los Corintios. Corinto era y es una ciudad griega de gran vitalidad, puerto de mar, con gran comercio e importantes actividades ciudadanas. Era pagana y con muy mala fama en cuanto a su moral y costumbres. En esa ciudad estuvo Pablo más de un año, entre el 51 y el 52, creando una comunidad cristiana muy viva, rica en valores, pero también en problemas que en parte se explican por su carácter de recién convertidos del paganismo. El pasaje de hoy es el inicio de la carta, y nos dice quién es su autor (Pablo, apóstol), sus destinatarios (la Iglesia de Dios que está en Corinto, el pueblo santo) y el saludo que les dirige (y que hoy haría bien el sacerdote en repetir al comienzo de la Eucaristía: "la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, sea con ustedes"). Y en el Evangelio de Juan 1,29-34 el Bautismo de Jesús lo cuenta el evangelista con un claro testimonio del Bautista sobre Jesús. Nos dice que al principio "no lo conocía", pero vio cómo el Espíritu bajaba sobre Jesús y así́ pudo el Bautista anunciar a todos: "este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo... He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó́ sobre él". Más aún, llega a afirmar la identidad más profunda de Jesús: "Este es el Hijo de Dios". 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Los nombres que aplican a Jesús las lecturas de hoy intentan describir la rica personalidad de Cristo Jesús: el Enviado de Dios, el Mesías, el Siervo, el Hijo de Dios, el Amado y preferido del Padre, Señor nuestro. A veces él mismo se presenta como el Pastor. Pero hoy se dice de él que es "el Cordero que quita el pecado del mundo". El cordero es un animal que para los contemporáneos de Jesús estaba lleno de simbolismo y resonancias bíblicas. La primera comunidad cristiana vio en Jesús cumplidos los recuerdos y figuras de aquel "cordero pascual" cuya sangre, marcando las puertas de las familias de los judíos en Egipto, fue el inicio del éxodo y de la liberación de Israel. También tienen una relación íntima con Jesús los sacrificios diarios de corderos en el Templo, ahora sustituidos por la ofrenda que de sí mismo hace este verdadero Cordero en la cruz. También Isaías, en los cantos siguientes al que hemos leído hoy, presenta al Siervo como una oveja que llevan al matadero y se ofrece por la salvación de todos. Todo eso se realiza en plenitud en Cristo Jesús. De él sí se puede decir que es "el Cordero que quita el pecado del mundo". Recién terminadas las fiestas navideñas, hacemos bien en mirar a ese Jesús que en su Pascua se entregará por toda la humanidad y nos reconciliará con Dios. Cuando escuchamos la carta de Pablo a los Corintios, la tenemos que considerar como escrita para nosotros mismos, deseando merecer las alabanzas del apóstol y procurando corregirnos de sus reproches, si es que se nos pueden aplicar. La de Corinto es una comunidad cristiana que vive en un ambiente pagano, lo que también le da mayor actualidad ahora. La Escritura no se proclama en nuestra celebración para que nos enteremos de que hace veinte siglos las comunidades tenían tales o cuales problemas, sino para que nos miremos al espejo y procuremos que nuestros caminos vayan coincidiendo cada vez más con los de Dios. Hay abundantes luces en la Iglesia de hoy. También nuestras comunidades pueden definirse como aquella: "la Iglesia de Dios en Corinto", afincada en medio de una sociedad concreta. Y, sobre todo, también están compuestas por personas que son "los consagrados por Jesucristo, el pueblo santo que él llamó". Además, como la de Corinto, nos sentimos unidos "a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro y de ellos". 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? En nuestra Eucaristía, llamamos varias veces a Jesús con el apelativo que le da el Bautista, "Cordero de Dios": en el Gloria ("Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre"), en el canto del "Agnus Dei" ("Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo...") y en la invitación que el sacerdote nos hace para que nos acerquemos a comulgar ("Este es el Cordero de Dios"). Haremos bien en pronunciar esta última invitación con expresividad, recordando que la frase viene de la afirmación del Bautista y que presenta a Jesús como Salvador de la humanidad. También es de notar una afirmación que haremos en la oración sobre las ofrendas: “concédenos participar dignamente de estos santos misterios, pues cada vez que celebramos este memorial del sacrificio de Cristo se realiza la obra de nuestra redención”. Es como la definición de lo que es la celebración sacramental cristiana. Nuestra participación en la Eucaristía no es un mero cumplimiento, o un consuelo espiritual, sino la actualización del acontecimiento fundamental, la Pascua de Jesús, su entrega sacrificial en la Cruz, para que cada uno de nosotros participe de ella. Esta experiencia de encuentro con el Señor Resucitado, el Cordero que quita el pecado del mundo, debe darnos fuerzas para luego, en la vida, ser consecuentes y dar testimonio del amor de Dios que se ha manifestado en Cristo Jesús. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Sería oportuno hacer hoy el rito para la bendición y la aspersión del agua en memoria del Bautismo, que ocuparía el lugar del acto penitencial al comienzo de la Misa, siguiendo lo indicado en el Apéndice I, Formulario I, del MR, p. 1053. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Bienvenidos a la celebración eucarística de este domingo día del Señor. Después de haber vivido con tanto entusiasmo el tiempo de la Natividad, ahora bebamos de sus frutos y dispongámonos a continuar el transcurrir de nuestros días con la certeza que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Sólo Él puede dar respuesta a nuestras angustias y esperanzas, porque ha vencido la muerte y por el bautismo nos ha dado la entrada en la vida de Dios. Participemos con inmensa alegría. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de hoy ilumina nuestra misión en la Iglesia porque ella debe ser en el mundo luz de las naciones, sal y fermento. Un creyente vive en el mundo como otro Siervo de Yahvé y en la celebración de la Eucaristía adquiere la certeza de que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y que, por un itinerario de crecimiento en la fe, podemos llegar a conocerlo para tener vida en abundancia. Dispongámonos para una atenta escucha. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Oremos al Señor y pidámosle que escuche compasivamente nuestras plegarias: R. Cordero de Dios, escúchanos. 1. Por la Santa Iglesia de Dios, para que Dios, nuestro Señor, le conceda la paz y la unidad, y la proteja en todo el mundo, roguemos al Señor. 2. Por los gobernantes de nuestra patria y de todas las naciones, para que Dios dirija sus pensamientos y decisiones hacia una paz verdadera, roguemos al Señor 3. Por los que están en camino de conversión y por los que se preparan a recibir el bautismo, para que Dios les abra la puerta de su misericordia y les dé parte en la vida nueva en Cristo Jesús, roguemos al Señor 4. Por nuestros familiares y amigos que no están ahora aquí con nosotros, para que Dios escuche sus oraciones y lleve a la realidad sus deseos, roguemos al Señor. 5. Por nuestra comunidad parroquial para que en cada instante se fortalezca en ella los itinerarios de iniciación cristiana, a fin que todos los miembros alcancen una verdadera madurez en la fe, roguemos al Señor. Oración conclusiva Padre todopoderoso, escucha nuestras oraciones y, con la fuerza de tu Espíritu, afianza en nosotros la gracia del bautismo, para que toda nuestra vida manifieste el mensaje alegre del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Dom 8 Ene 2023

Se bautizó Jesús y vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre Él

EL BAUTISMO DEL SEÑOR Enero 9 de 2023 Primera Lectura: Isaías 42,1-4.6-7 Salmo: 29(28), 1a y 2.3ac-4. 3b y 9b-10 Segunda Lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34-38 Evangelio: Mateo 3, 13-17. I. Orientaciones para la Predicación Introducción Esta festividad del bautismo de Jesús cierra la navidad. Llegado a sus treinta años, Jesús es un adulto maduro, que se dispone a cumplir la misión que tiene clara, ha recibido de su Padre, para lo cual la liturgia de hoy nos propone entre otras, tres ideas fuerza: Jesús es Dios con nosotros, que recibe toda la gracia del padre y la pone al servicio de la salvación de la humanidad; el gesto de Jesús bautizándose en el Jordán, manifiesta su identidad íntima con el Padre misericordioso, al punto que el hijo plenamente justo, se solidariza con sus hermanos para patrocinar su conversión y redención y finalmente, la humanidad entera, en la medida que se une en Jesús y por Jesús, al Padre, es decir, a su voluntad, puede participar de su reinado, en cuanto podremos concretizar la capacidad de vivir el amor solidaridad, como expresión máxima de nuestra filiación divina. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El profeta Isaías, nos ofrece un perfil, de toda persona, que acoge la gracia que Dios Padre le otorga gratuitamente, que lo capacita para ser, en el hacer, como Dios: justo, recto solidario o misericordioso: Dios sostiene a todo ser humano que se mantiene fiel a su voluntad por filiación divina, en cuanto es un ser que vive a plenitud su condición de siervo fiel de su padre Yahvé. El Salmo 29 (28) nos invita a rendir honor y Gloria a Dios, la mejor forma de hacerlo, es permaneciendo en la confianza a la probidad de Dios; en su poder que radica en el amor-solidaridad y que es suficiente para superar o doblegar toda adversidad. El texto de Hechos de los apóstoles, ratifica el alcance universal de lo expresado en Isaías, en el sentido de que Dios opta por todos los hombres, varones y mujeres y por todo el hombre. El asunto está en que todo ser humano acoja su gracia y viva conforme a la voluntad de Dios, es decir, relacionándose con el prójimo y la creación, desde la verdad, la justicia y el amor solidaridad, con las obras del amor, como nos lo testimonio y enseño su hijo predilecto, Jesús.” El evangelio nos muestra a un Juan, profeta fiel que reconoce en Jesús al enviado de Dios, que no necesita su bautismo, porque ese Jesús es el Cristo que trae consigo el bautismo pleno, de ahí su reacción honesta y humilde; en correspondencia, nos muestra a Jesús consciente de que su misión en la vida, es la de pagar solidariamente, por amor pleno, la deuda de sus hermanos y afirma su compromiso, con el gesto recibir el bautismo de Juan, ante lo cual Dios Padre manifiesta su aprobación y complacencia 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La palabra de Dios que hemos escuchado hoy, nos muestra que Dios ha compartido su gracia a todos los seres humanos sin distinción, por amor, porque quiere tener en la humanidad a parte de su familia, con quien dialogar y compartir su proyecto de vida plena. Pero ante la negativa de la humanidad, que acogió el contraproyecto del demonio, de negarse a la verdad, a la justicia y al amor solidaridad, Dios Padre sigue llamando a la humanidad a volver y retornar al amor primero, a recuperar su configuración con el creador, lo hace a través de varones como Juan el bautista y mujeres como María la madre de Jesús, que acogen ese don del Espíritu, la gracia de Dios y se mantienen como siervos fieles de Yahvé, al punto de poder reconocer el momento o tiempo de la salvación, con la llegada de Jesús el Cristo y ponerse al servicio del servidor de la humanidad. Pero sobre todo, la palabra de Dios hoy nos muestra en la actitud de Jesús, al único capaz de sanar del pecado a la humanidad y aunque no participa de la deuda del pecado original, al bautizarse en el Jordán nos muestra su nombre, el de hijo amado de Dios y que, como Dios, es capaz del amor pleno cuyo máxima expresión es la misericordia, concretizada en la solidaridad, por la cual el hijo justo, no pecador, paga por sus hermanos la deuda del pecado original; pero no lo hace con paternalismo, nos invita a reconocer nuestras deudas y a buscar la justicia para no recaer en nuevas deudas, es decir sabe que su misión no es solo la de redimir, pagar la deuda, sino que va hasta la salvación, ayudarnos a vencer la tentación del pecado para no recaer y mantener vivo el espíritu de hijos de Dios. Son varios los pasajes del evangelio en los que Jesús nos sugiere o invita a todos nosotros a levantarnos del pecado, y no volver a pecar más, a liberarnos de la ambición y el egoísmo, vendiendo lo que tenemos mal habido y restituyéndoselo a quienes hemos empobrecido, se lo dijo a la mujer adúltera, a Zaqueo, al joven rico y nos lo dice a nosotros. Él pagó por nosotros y nos comparte la gracia del espíritu, para mantenernos religados al Padre eterno, si queremos, desde las prácticas de la verdad, la justicia, pero sobre todo de la solidaridad valor y principio para el desarrollo humano, que como dijo el Santo Juan Pablo II, es “el nuevo nombre de la Paz” (Sollicitudo Rei Socialis: 39-40). En fin, Jesús se unió solidariamente a todos los hombres en el bautismo de Juan, pero nos deja su propio bautismo de amor-solidaridad, sellado en la cruz, para unirnos, como lo dice Pedro en el texto que hoy hemos escuchado, en la vivencia de su bautismo a Él, como el consagrado de Dios y en Él y con Él, vencer al mundo, es decir a todo lo que niega su proyecto de justicia y amor, obrando y siendo como él, justos y solidarios. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Jesús no solo promulga y reconoce a su Padre, hace la voluntad del Padre que lo ha enviado, por eso el Padre se complace en ÉL. No basta con decir soy hijo de Dios por el bautismo, “al ser sigue el hacer” decían los latinos, la coherencia de vivir la fe que proclamamos y reconocemos nos mantiene la vida plena que la Trinidad, por la Iglesia nos comunica en el Bautismo, supliquemos al Espíritu Santo nos mantenga en la coherencia de poner en práctica los valores del evangelio, para no solo ser bautizados sino vivir como bautizados haciendo el bien como lo hizo Jesucristo, obrando desde la verdad, con justicia y solidaridad para participar con Él de la gloría plena de la resurrección al fin de los tiempos. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Si no hay bautismos, se recomienda utilizar una de las fórmulas del rito para la bendición y aspersión del agua, en memoria del Bautismo, que ocuparía el lugar del acto penitencial al comienzo de la Misa, siguiendo lo indicado en el Apéndice I, Formulario II, del Misal, p. 1056. • Esta fiesta presenta esquema propio de celebración, incluido el Prefacio. • Propiciar un momento de silencio, después de la oración de comunión, para dar gracias a Dios Padre por la presencia de Jesús en la eucaristía y en nuestras vidas. • Hoy finaliza el tiempo de Navidad y desde mañana lunes, comienza la primera parte del Tiempo Ordinario, que se prolonga hasta el martes 21 de febrero. • Se sigue el formulario de la Misa para la semana I del Tiempo Ordinario, Misal, p. 29. • Liturgia de las Horas Tomo III, Salterio 1ª semana. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa La misa es el lugar y acción litúrgica por excelencia, punto de llegada al que traemos los esfuerzos y realizaciones para hacer la voluntad del Padre creador; por configurarnos con Cristo y de partida como lugar celebrativo en el que recibimos el pan de la palabra y el pan eucarístico que nutre nuestra conciencia y voluntad para mantener y avanzar en nuestro compromiso bautismal de ser uno con Jesús para vivir en comunidad los valores del reino de Dios, de modo que Dios se complazca con nuestras vidas como se complace eternamente con el testimonio de su Hijo Jesús; con este doble sentido celebrativo, participemos de este encuentro eucarístico en el que hoy recordamos el bautismo de Jesús. Monición a la Liturgia de la Palabra La palabra de Dios, que hoy acompaña el cierre celebrativo de la navidad, nos anima a aprovechar las gracias que trae a nosotros el bautismo, ese bautismo que nos ha proveído Jesús con su pascua, su encarnación muerte y resurrección, que completa y plenifica lo que prefiguraba el bautismo de Juan, no solo el reconocimiento de nuestros pecados, sino la posibilidad de la conversión plena y la restauración total de nuestra dignidad humana que nos hace capaces de vivir en la verdad, la justicia y el amor-solidaridad, hasta la resurrección en y con Cristo. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Dirijamos nuestras suplicas al Padre que siempre atiende a sus hijos y digámosle con fe y esperanza: R. Padre misericordioso, escúchanos. 1. Por la Iglesia universal, que peregrina en la historia, para que en cada uno sus miembros, desde el santo Padre Francisco, los obispos, ministros ordenados, religiosas, religiosos y laicos, la humanidad encuentre una manifestación de la calidad humana justa y solidaría que se cimenta y fortalece por la gracia del bautismo que nos une y configura con Jesucristo. Roguemos al Señor. 2. Por quienes, desde los distintos órganos de poder, conducen y gobiernan las naciones, especialmente a nuestro país, para que, asumiendo el poder mandatado en clave de servicio, conduzcan su respectivo país, en la escucha de sus pueblos y la búsqueda del bien común, por los senderos de la verdad, la justicia y la solidaridad- amor. Roguemos al Señor. 3. Por todos los bautizados, para que viviendo con coherencia la fe que profesamos, irradiemos a los demás la alegría de creer y contagiemos a nuestras comunidades, la voluntad de obrar siempre en función del bien común. Roguemos al señor. 4. Por las personas que sufren todo tipo de abandono, de exclusión o discriminación, para que encuentre en cada uno de nosotros a prójimos que los acompañan y apoyan en procesos de redignificación y restauración de sus derechos y dignidad humana. Roguemos al señor. 5. Por nosotros aquí reunidos, para que desde nuestra condición social pongamos nuestras capacidades y posibilidades de participación social, económica, política y cultural en función de aportar a la construcción de relaciones cada vez más justas, equitativas y solidarias que permitan avanzar hacia una paz integral, con reconciliación. Roguemos al señor. Oración conclusiva Todas estas intenciones te las presentamos, Padre bueno, por intercesión de tu Hijo Jesucristo que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Mar 3 Ene 2023

Venimos a adorar al Rey

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR Enero 8 de 2023 Primera Lectura: Isaías 60, 1-6 Salmo: 72(71),1-2.7-8.10b-11.12-13 (R. cf. 11) Segunda Lectura: Efesios 3, 2-3a.5-6 Evangelio: Mateo 2, 1-12. I. Orientaciones para la Predicación Introducción La fiesta que hoy celebra la Iglesia, es la manifestación de Cristo a toda la humanidad. Manifestación a aquellos que los buscan como los Magos de Oriente y que nos invita a reflexionar sí estamos en la búsqueda de Dios. Manifestación que se expresa en el signo de la luz que es la gloria de Yahveh, como lo expresa el profeta Isaías, y que en el Nuevo Testamento es el mismo Cristo a quien en estos días contemplamos en el pesebre iluminando nuestras oscuridades. Manifestación que como afirma la carta a Efesios desvela el misterio escondido desde siglos para los para los paganos, es decir, para todos aquellos que no pertenecen al pueblo judío, por tanto, también para nosotros. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La Palabra de Dios en este día dirige nuestra mirada a Cristo como luz del mundo que ha venido a iluminar la existencia no solo de aquellos que creen en Él, sino de todos los hombres de buena voluntad, pues Cristo no es propiedad de un grupo privilegiado de personas, sino que es un regalo del Padre para el mundo entero. En efecto, en la primera lectura del profeta Isaías se anima al pueblo sumido en la tristeza y el dolor: “¡Arriba, ha llegado tu luz; la gloria de Yahveh sobre ti ha amanecido!”, trayendo de este modo una esperanza que se funda en la novedad que Dios siempre ofrece. Por otra parte, el evangelio según san Mateo, describe a los Magos de Oriente, quienes representan a los que no hacen parte del pueblo de Dios, a unos extranjeros que buscan la verdad y que guiados por la luz de una estrella son llevados precisamente a Jesús. Esta luz, que es Cristo, ha venido no sólo para los judíos, sino para todos los hombres, por ello, Isaías afirma: “caminarán los pueblos a tu luz y los reyes al resplandor de tu alborada” y el autor de la carta a los Efesios advierte que: “también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo”. A su vez, el salmo hace eco de esta realidad al señalar: “que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan”. Como la se observa, la Palabra de Dios hoy es una invitación constante a acoger a Cristo como luz del mundo. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? El evangelio no quiere que busquemos con curiosidad en el firmamento una estrella que guíe nuestros caminar, sino que se vale de esa figura para que, fijando nuestra mirada en Cristo “luz del mundo”, comprendamos cómo Él ha venido a iluminar las tinieblas de todos aquellos que viviendo en oscuridad andan a tientas sin saber orientar sus vidas. (cf. Jn 8,12). En efecto, la palabra Epifanía es un término griego que significa manifestación de Dios para los hombres extraviados, algunos por el pecado que ha oscurecido su mente e inteligencia y otros por ignorancia, pues nunca han escuchado hablar de Cristo. Así, la fiesta de la Epifanía es un es un eco de la misma fiesta de Navidad que extiende su luz durante este tiempo sagrado que estamos celebrando y que, como escuchamos en la carta a los Efesios, nos invita a apreciar “la distribución de la gracia de Dios” que se nos ha dado en favor de toda la humanidad. Jesucristo, nuestro Señor, es luz para el mundo, su evangelio ilumina el caminar de todo hombre, sus palabras y acciones muestran el sentido de la vida, su existencia irradia el modo de ser que hace feliz al ser humano; por ello, vale la pena seguir su luz presente en los evangelios, orientar la vida según sus enseñanzas, buscar la fuerza de su amor como lo hicieron aquellos sabios Magos de Oriente, que con humildad y sin desfallecer, a pesar de los obstáculos que encontraron en su caminar, siguieron adelante hasta encontrar al Mesías. Es evidente por los evangelios y por la experiencia de vida de los siglos que Cristo es la luz del mundo, pero no basta con saberlo, es necesario buscarle, acogerle y seguirle obedeciendo su evangelio. En efecto, el texto nos dice que los sumos sacerdotes y los escribas del país sabían dónde tenía que nacer el Mesías, pero no movieron un pie para ir en su búsqueda, para dejarse iluminar por Él; prefirieron seguir anclados en sus tradiciones y no se dejaron seducir por la novedad que el Mesías ofrecía. Esto también nos puede suceder a nosotros, sí hoy después de veinte siglos, nos conformamos con una religión quieta que no transforma nuestra existencia y que no nos hace caminar hacia a Cristo con decisión y pasión. Con razón el evangelio según san Juan advierte: “la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron... vino a su casa los suyos no la recibieron” (Jn 1,5.12). También el rey Herodes se enteró de esta Luz, pero “se sobresaltó y toda Jerusalén con él”, y como sabemos por el mismo evangelio, no permitió que esta luz iluminara su corazón y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en la región. Es un gran riesgo que sigue latente en el mundo, que Dios ofreciéndonos su amistad en su Hijo Jesucristo, quiera ser ocultado e incluso enterrado por quienes prefieren las tinieblas a la luz. Aceptar esta Luz, dejar que el corazón reciba la claridad que trae este niño que en este tiempo adoramos con fervor en el pesebre, es la invitación que nos hace la Palabra, pues como dice el mismo evangelista Juan: “a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Jn 1,12), por ello, muchos paganos pudieron hacer parte de la familia de Dios, porque dejaron ingresar la Luz del mundo a sus vidas hasta el punto de llegar a ser “coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio”. Esta es la alegría que la Epifanía nos ofrece, que Cristo sigue siendo nuestra Luz y que Él nos une a todos los hombres y mujeres que quieren unirse a esta familia que lo adora, porque como los Magos de Oriente estamos en constante búsqueda del único Señor de la historia y de los pueblos. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Con alegría respondamos al Señor que nos ofrece su Palabra, que nuestra respuesta sea adoración al niño de Belén que viene a iluminarnos. Mira Jesús del pesebre nuestra vida, muchas veces en tiniebla por la ignorancia o por el pecado que no nos deja ver con claridad. Ayúdanos a ser humildes para no enorgullecernos de nosotros mismos e ir en tu búsqueda como aquellos magos de Oriente, enséñanos a caminar iluminados por tu evangelio que siempre nos lleva a la verdad, haz que encontrándote permanezcamos contigo en adoración y demos testimonio de tu amor en medio del mundo que vive en tinieblas. ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz! El tiempo de navidad avanza y es bueno que nos preguntemos si realmente me he dejado iluminar por la luz que Cristo ha traído con su nacimiento. Para saberlo, simplemente debemos observar si nos hemos levantado del pecado a la vida de gracia. Que todos los pueblos le sirvan. Este tiempo de navidad es una bella ocasión para mirar cómo es nuestra acogida a todos los hermanos, pues como se ha dicho, Cristo no es propiedad de un grupo privilegiado. ¿Tengo capacidad de acogida para con los demás? ¿oro por mis hermanos? Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios. La gracia de Dios ha llegado a nosotros, Dios se ha hecho hombre en Jesucristo, ha tomado nuestra misma condición humana, es Dios con nosotros, ¿soy consciente de esta gracia que el nacimiento de Jesús produce en mi vida? ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. ¿Mi búsqueda del Señor es constante?, ¿permito que la Luz de Cristo llegue a mi corazón?, ¿oriento mi vida según la Luz del evangelio de Cristo? _______________________ Recomendaciones prácticas: • En esta solemnidad de Epifanía conviene resaltar que el personaje central es Cristo y su misterio de salvación, más que las figuras de los reyes magos. • Se puede preparar la procesión con los dones para la Eucaristía, presentado también mercados para los pobres y necesitados. • Encender una luz al frente del pesebre podría ser un elemento pedagógico importante. • Tener presente que hay un formulario distinto para la Misa de la Vigilia y del día. El Prefacio es propio de Epifanía, MR, p. 367. • Puede emplearse hoy la fórmula de bendición solemne: En la Epifanía del Señor, MR, p. 472. • Se recomienda emplear la Plegaria Eucarística I o Canon Romano, se dice el “Reunidos en comunión…”, propio de la Epifanía. • Tener presente que mañana lunes, se celebra la fiesta del Bautismo del Señor. Con esta festividad concluye el tiempo de Navidad. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos hoy venimos como aquellos sabios de Oriente en búsqueda de Dios e iluminados por su luz que es Jesucristo ante quien nos postramos en el pesebre de Belén. Celebremos en esta fiesta de la Epifanía del Señor, la eucaristía, misterio de luz que nos hace presente de nuevo a Cristo en el hoy de nuestra historia y adorémosle con filian devoción participando conscientemente de la celebración de la misa. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios que se nos proclama ahora es la luz que guía nuestros pasos en medio de las tinieblas que ensombrecen el mundo; esta Palabra nos invita a ir en búsqueda de Jesús y a hacernos verdaderos adoradores suyos con otros hermanos que son llamados también a la luz de la fe. Acojamos con un corazón orante al buen Dios que nos habla en su Palabra. Oración Universal o de los Fieles Presidente: hermanos, presentemos nuestras plegarias al Padre, que en este día manifiesta su salvación a todos los hombres y digámosle: R. Que tu luz, Señor, ilumine nuestras vidas. 1. Por la Iglesia, extendida por todo el mundo; para que, llevando la luz del evangelio a todos los pueblos, sea portadora de la paz y de la esperanza de Dios. Oremos. 2. Por todas las naciones y en especial por nuestra patria; para que brille sobre todos la luz de Cristo salvación y esperanza de la humanidad. Oremos. 3. Por los cristianos perseguidos, para que el Señor premie el testimonio de su fe y haga fecunda la proclamación del evangelio en medio de la persecución. Oremos. 4. Por nuestra comunidad parroquial; para que todos podamos vivir la alegría profunda por el gran regalo de la salvación que nos ha traído Jesucristo. Oremos. Oración conclusiva Escucha nuestras oraciones, Padre bueno, y has que los que hemos conocido y adorado a tu Hijo, Luz del mundo, vivamos siempre como hijos de la luz. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.