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Lo que Dios unió, no lo separe el hombre
Tags: conferencia episcopal de colombia lectio dominical predicación orante 6 de octubre de 2024 iglesia colombiana
VIGÉSIMO SÉPTIMO DOMINGO
DEL TIEMPO ORDINARIO
Octubre 6 de 2024
Primera lectura: Gn 2,18-24
Salmo: 126(127),1-2.3.4-5a.5b-6 (R. cf. 5)
Segunda lectura: Hb 2, 9-11
Evangelio: Mc 10, 2-16 (forma larga) o Mc 10, 2-12 (forma breve)
I. Orientaciones para la Predicación
Introducción
El hombre y la mujer que se entregan mutuamente en el sacramento del matrimonio llegan a ser una sola carne. Este ha sido el deseo de Dios, designio de amor que él mismo ha revelado desde el principio al crear al ser humano.
● Jesús les pide a los apóstoles que dejen que los niños se acerquen a él para bendecirlos. Al mismo tiempo, Jesús aprovecha para darnos una clave en nuestra búsqueda del Reino de Dios: hay que ser como niños.
● Aquel que ha padecido la muerte para bien de todos lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Él mismo que ha sido crucificado también ha sido glorificado. Él está en medio de nosotros en la celebración de la Eucaristía dominical.
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
La lectura del libro del Génesis nos revela al Dios creador que moldea y le da vida a la mujer a partir de la costilla del varón. El querer de Dios consiste en darle al hombre una verdadera ayuda. Al ver el resultado de la obra amorosa del Creador, el varón se maravilla y se emociona ya que, en la mujer, encuentra a alguien con quien entablar una relación realmente personal. Él la experimenta con parte de sí (precisamente ella ha salido de él) y por eso puede identificarse con ella y unirse a ella. Al final de esta perícopa, el hagiógrafo nos explica cuál deberá ser el destino del hombre y la mujer, presentados como la obra más perfecta de la Creación: se separarán de su familia de origen y llegarán a unirse (no solo en la relación sexual, sino en la construcción de un proyecto de vida juntos). Así, como meta definitiva del propósito divino, el hombre y la mujer llegarán a convertirse en una sola carne. Como respuesta a esta lectura se nos presenta el Salmo 127. Estamos ante una promesa para el hombre que teme a Dios y sigue sus caminos: su casa, él y su mujer, recibirán la bendición del Señor.
A partir de hoy y durante varios domingos escucharemos algunos fragmentos de la Carta a los Hebreos. Particularmente en el segundo capítulo se comienzan a sentar las bases para fundamentar el discurso sobre el sacerdocio de Cristo. Desde el v. 5 el autor ha tomado como fuente de inspiración el Salmo 8 para aplicarlo al Hijo de Dios. En Él se cumple esta palabra: “lo hiciste poco inferior a los ángeles… todo lo sometiste bajo sus pies” (cf. Hb 2, 7; cf. Sal 8, 5-7). Esta última frase no aparece en el texto litúrgico de la segunda lectura de hoy, pero es la que conecta con los tres versículos escogidos para que ser proclamados en este domingo: Jesús ha sido coronado de gloria y todo ha sido puesto bajo su dominio, por haber padecido la muerte por nosotros. A partir de esta afirmación, queda manifestado y trazado el camino que deberán seguir los seres humanos para que puedan alcanzar la salvación (ser guiados a ella): muchos hijos serán santificados y llevados a la gloria, pero deberán pasar por la misma prueba de Cristo, el santificador, y deberán ser perfeccionados por el sufrimiento.
Ante las preguntas maliciosas de los fariseos, Jesús reacciona con sabiduría y autoridad. Para responder a la cuestión Jesús contrapone la Ley de Moisés con el proyecto original de Dios (cf. primera lectura). La voluntad de Dios acerca del matrimonio está contenida en el Génesis, desde el comienzo de la Creación; y si la ley había permitido el divorcio es por la dureza del corazón, una actitud del pueblo de Israel que aparece cuando no es capaz de comprender ni aceptar los designios de Yahvé. Jesús afirma, sin dar lugar a otras interpretaciones que la unión del hombre y la mujer ha de ser indisoluble ya que ha sido Dios quien los ha unido. Además, el Maestro insiste en que ya no son dos y por eso repite: “una sola carne”. El proyecto original de Dios busca la igualdad de los cónyuges, la entrega total y duradera que unifica. La palabra “cónyuges” da lugar a una preciosa imagen: el hombre y la mujer se unen bajo el mismo yugo para avanzar juntos con un mismo objetivo: permanecer en el amor y fundar una familia.
2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?
El sacramento del matrimonio encuentra su fundamento en el comienzo de la Creación como nos lo muestra Jesús en el evangelio. La palabra amorosa del Creador resonó en el principio del mundo para establecer que el hombre y la mujer han de unirse y entregarse el uno al otro de tal manera que los dos serán una sola carne, unión que no podrá ser separada por nadie ya que Dios, como autor de la Creación, es también autor de esta sagrada unión. Este es el fundamento del valor y de la belleza del matrimonio y de la familia según el querer de Dios. Sea esta la oportunidad para agradecer al Señor por tantas familias que, no sin dificultades, se esfuerzan día a día por mantenerse fieles a este designio divino de amor. Y sea también está la oportunidad para que resuene hoy en nuestra Iglesia colombiana y universal la Buena Noticia de la familia, para que muchos escuchen el llamado a vivir el amor según el plan de salvación, establecido por nuestro Padre y Creador.
No podemos olvidar la valiosa enseñanza del papa san Juan Pablo II al proponer a toda la Iglesia la teología del cuerpo y por eso vale la pena que recordemos un poco de su doctrina, como ayuda para nuestra meditación. En la audiencia general del 13 de febrero de 1980 afirmaba el Santo Padre: “En el misterio de la creación, el hombre y la mujer han sido ‘dados’ por el Creador, de modo particular, el uno al otro, y esto no solo en la dimensión de la primera pareja humana y de la primera comunión de personas, sino en toda la perspectiva de la existencia del género humano y de la familia humana. El hecho fundamental de esta existencia del hombre en cada una de las etapas de su historia es que Dios ‘los creó varón y mujer’; efectivamente, siempre los crea de este modo y siempre son así.
El Génesis 2, 24 constata que los dos, varón y mujer, han sido creados para el matrimonio: ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne’. De este modo se abre una gran perspectiva creadora: que es precisamente la perspectiva de la existencia del hombre, que se renueva continuamente por medio de la ‘procreación’ (se podría decir de la ‘autorreproducción’). Esta perspectiva está profundamente arraigada en la conciencia de la humanidad (cf. Gn 2, 23) y también en la conciencia particular del significado esponsalicio del cuerpo (cf. Gn 2, 25). El varón y la mujer, antes de convertirse en marido y esposa (en concreto hablará de ello a continuación el Gn 4, 1), surgen del misterio de la creación ante todo como hermano y hermana en la misma humanidad. La comprensión del significado esponsalicio del cuerpo en su masculinidad y feminidad revela lo íntimo de su libertad, que es libertad de don”.
El ser humano de hoy necesita abrirse al plan de Dios a la hora de construir una familia, como ejercicio de su vocación natural al amor, inscrita precisamente por el Creador. Todo comienza a tener sentido cuando se comprende que el hombre y la mujer han sido creados el uno para el otro, tanto a nivel corporal como a nivel espiritual. Particularmente Juan Pablo II insiste en el significado esponsalicio del cuerpo: El cuerpo del varón está orientado para amar a la mujer y el cuerpo de la mujer está orientado para amar al varón.
3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
En la oración de bendición nupcial la Iglesia manifiesta su fe en el designio de amor del Dios Creador. Y es que desde el principio el Señor concedió a la unión del hombre y la mujer una bendición que no ha sido abolida, sino que se ha mantenido para aquellos que quieren vivir según la vocación matrimonial que, por medio del sacramento, los lleva a fundar una Iglesia doméstica:
Oh Dios, que con tu poder
creaste todas las cosas sacándolas de la nada,
y que, desde el principio, todo lo ordenaste:
Tú hiciste al hombre a tu imagen y semejanza
y le diste por ayuda inseparable a la mujer,
para que ya no fueran dos, sino una sola carne,
enseñándonos así que nunca será lícito separar
lo que tú mismo has querido unir.
Oh Dios, que por medio de misterio tan excelso
consagraste la unión conyugal
de manera que en la alianza nupcial
fuese prefigurado el sacramento
de la unión de Cristo con la Iglesia.
Oh Dios, por quien la mujer se une al varón,
que concedes a esta unión,
establecida desde el principio,
la única bendición que no fue abolida
ni por la pena del pecado original,
ni por el castigo del diluvio.
II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Monición introductoria de la Misa
Queridos hermanos: bienvenidos a esta fiesta de fe. Celebrar la Eucaristía dominical es festejar el amor divino manifestado en Jesucristo. Él ha elevado el vínculo matrimonial del varón y la mujer a la dignidad de sacramento y de esta manera, unidos en una sola carne, la familia cristiana se hace signo concreto de que es posible amar según Dios. Agradezcamos al Padre por todas nuestras familias y pidamos especialmente por ellas, en este día del Señor.
Monición a la liturgia de la Palabra
La Palabra de Dios en este domingo nos anuncia la Buena Noticia de la Familia, es decir, el proyecto que el Creador ha pensado para que se realice en la unión del hombre y la mujer. Escuchemos con atención para que nuestras familias descubran el querer de Dios y puedan vivir a plenitud el amor.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Agradecidos con Dios, que nos ha llamado a la vida y desde el principio ha querido la unión del varón y la mujer en una sola carne, presentemos nuestras súplicas por medio de Cristo, quien nos revela la plenitud del amor, y digamos:
R/. Tú que eres nuestra vida, escúchanos, Señor.
1. Por la Iglesia, sacramento del amor divino, para que el Espíritu Santo impulse cada día la tarea evangelizadora y, especialmente, la acción pastoral en favor de los laicos, las familias y las vocaciones. Oremos.
2. Por quienes tienen la responsabilidad de buscar el bien común desde sus respectivos campos de gobierno, para que promuevan valores que animen la formación de familias estables en el amor. Oremos.
3. Por todos los que sufren, especialmente por las familias que experimentan la pobreza, la marginación, la violencia o la enfermedad. Que mantengan su mirada y confianza en el amor de Dios que permanece para siempre. Oremos.
4. Por todos los desempleados, para que encuentren un lugar propicio donde desempeñarse y puedan llevar el sustento necesario a sus hogares. Oremos.
5. Por nuestras familias, por todos los bautizados y por nosotros, participantes de esta liturgia, llamados a vivir en el amor. Que, escuchando hoy la Buena Noticia de la familia, seamos instrumentos de unidad, perdón y reconciliación en medio de nuestros hogares. Oremos.
Oración conclusiva
Concede, Señor, generosidad y fidelidad
a los que llamas a ser tus testigos
para que todos, al responder al amor de tu gracia,
colaboremos para que venga y crezca tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
Imitemos a María en la fe, esperanza y caridad
Lun 1 Jun 2026
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Vie 22 Mayo 2026
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Mié 22 Abr 2026
Vie 15 Mayo 2026
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”
SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUAASCENSIÓN DEL SEÑORMayo 17 de 2026Primera lectura: Hch 1, 1-11Salmo: Sal 47 (46), 2-3. 6-7. 8-9 (R. cf. 6)Segunda lectura: Ef 1, 17-23Evangelio: Mt 28, 16-20I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa riqueza teológica de la solemnidad de la Ascensión del Señor es amplia y toca de manera directa la vida de los creyentes. Las lecturas de hoy destacan la estrecha relación entre el Resucitado, que asciende, y los discípulos, que son enviados con la plenitud del Espíritu prometido en la primera lectura. Ascensión y entronización son dos miradas complementarias de la celebración de este domingo, en el que los participantes de la Eucaristía somos invitados a proclamar que el Señor asciende entre aclamaciones y que, como soberano de toda la tierra, reina sobre las naciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Lo más llamativo de las lecturas de este domingo es que prestan poca atención al hecho de la ascensión del Resucitado, incluso presentan ciertas variaciones narrativas, y más bien se centran en las últimas instrucciones a los apóstoles que Él había elegido. Dichas instrucciones se relacionan con la promesa del Espíritu y con el encargo misionero. Ambos aspectos representan el núcleo de nuestra celebración de hoy.El evangelio nos propone el último pasaje de Mateo. Los discípulos están en Galilea, y no en Jerusalén como en Hechos. Tampoco se menciona allí la ascensión. En Galilea –lugar donde comenzó la misión de Jesús y donde llamó a sus discípulos– debe iniciarse ahora la misión apostólica. Desde un monte sin nombre, evocando la tradición bíblica de la montaña como lugar de la revelación, Jesús pronuncia su discurso misionero. En tres momentos claves aparece Jesús en una montaña en Mateo: en el discurso inaugural (cap. 5–7), en la transfiguración (cap. 17) y ahora, en el envío final. El escenario subraya la dimensión divina de lo que acontece.La reacción de los once es la esperada: se postran ante Jesús, reconociéndolo como Dios, aunque algunos dudan. Esta vacilación recuerda que la fe en la resurrección fue un proceso gradual, como también sucede en nuestras comunidades.Las palabras de Jesús comienzan con una revelación: “He recibido todo poder en el cielo y en la tierra”. Durante su vida pública ya había actuado con autoridad, lo que suscitó constantes cuestionamientos de las autoridades judías. Ahora el Resucitado proclama la plenitud de ese poder, participando plenamente de la soberanía divina.Desde esta autoridad, Jesús confía a los discípulos una misión universal. Si en vida había enviado a los doce solo a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10, 5–7), ahora la misión se extiende a todas las naciones. La tarea central es hacer discípulos, es decir, formar seguidores que acojan y vivan la Buena Noticia.El mandato se concreta en bautizar e instruir, como también aparece en la primera lectura con otras palabras: “Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”. La Iglesia es misionera por esencia; en ello radica su identidad. Su fidelidad a esta misión le garantiza la asistencia permanente del Espíritu del Resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En la Iglesia sinodal, todos renovamos nuestra condición de bautizados y nuestra conciencia de participar en la misión evangelizadora. El Espíritu Santo anima y guía esta misión, exigiéndonos discernimiento para responder a los desafíos actuales. Conocer a Jesús en su Palabra, participar en los sacramentos y vivir activamente la vida eclesial alimenta nuestro compromiso de ser testigos de su presencia resucitada.Dios, Padre de bondad, actúa en nosotros con el mismo poder con que resucitaste a Jesús y lo exaltaste a tu diestra. Esta fuerza nos impulsa al testimonio y al anuncio. El perdón fraterno, la actitud servicial, la construcción de justicia y la solidaridad son expresiones concretas de que seguimos a Cristo, exaltado por encima de doctrinas, modas, ideologías y hasta de sistemas religiosos. Nuestra vida cristiana está marcada por la esperanza de participar de su plenitud. Por eso intentamos anticipar ya, con obras y actitudes, la vida nueva que Él nos ofrece.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, hemos recorrido con tu Pueblo Santo este tiempo pascual en el que meditamos y gozamos el misterio de tu resurrección. Pero reconocemos nuestras dudas y mediocridades. Abre nuestro corazón a la acción de tu Espíritu para que confiemos en tu poder y renovemos nuestro compromiso misionero.Padre Dios, haznos conscientes de nuestra identidad de bautizados, hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Permítenos percibir tu presencia en cada corazón y en toda manifestación de vida y belleza. Líbranos del egoísmo, del desamor y de todo signo de muerte. Donde hay destrucción, tú no estás. Prepara nuestro corazón para acoger el gran don de Pentecostés._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: leer y difundir el mensaje del Papa para esta jornada.•El domingo 24 de mayo celebramos la solemnidad de Pentecostés. Es importante preparar la Vigilia en un ambiente de oración y encuentro comunitario, resaltando que con esta fiesta concluye el Tiempo Pascual.I.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEl Tiempo Pascual nos conduce pedagógicamente a profundizar nuestro compromiso como testigos del Resucitado. No podemos quedarnos solo en la contemplación; estamos llamados a la misión. Dios Padre nos hace partícipes de la victoria de Cristo, nos promete su Espíritu y nos encarga hacer discípulos suyos en todos los pueblos. Que esta solemnidad nos impulse a ser creyentes activos y misioneros.Monición a la liturgia de la PalabraJesús, con su resurrección, ha sido entronizado como Señor de toda la creación. Su ascensión al cielo nos encomienda continuar su obra hasta el fin de los tiempos, asegurándonos su compañía permanente. Escuchemos con fe la Palabra que hoy se nos proclama.Oración universal o de los fielesPresidente: Jesucristo, exaltado y glorificado por el Padre, intercede siempre por toda la humanidad. Confiados en Él, dirijamos nuestras súplicas al Padre, diciendo:R/. Envíanos tu Espíritu, Señor.1.Para que la Iglesia, presidida por sus pastores, experimente siempre la fuerza renovadora de la Resurrección y sea testigo fiel del Reino. Oremos.2.Para que los gobernantes busquen caminos auténticos de paz y desarrollo humano. Oremos.3.Para que los misioneros, sostenidos por la gracia del Espíritu, cumplan con valentía su tarea evangelizadora. Oremos.4.Para que los comunicadores sociales promuevan el entendimiento y el cambio justo en la sociedad. Oremos.5.Para que la gracia del bautismo fortalezca nuestra relación con Dios, nuestro servicio fraterno y el compromiso con la justicia. Oremos.Oración conclusivaPadre, acoge con amor nuestras súplicas y envíanos tu Espíritu Santo, para que dóciles a tu voluntad, obremos siempre lo que te agrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 8 Mayo 2026
“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros”
SEXTO DOMINGO DE PASCUAMayo 10 de 2026Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17Salmo: Sal 66 (65), 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (R. 1b)Segunda lectura: 1P 3, 15-18Evangelio: Jn 14, 15-21I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónNos vamos acercando al final de este camino pascual y no podemos olvidar que vivir la fe y vivir esta Pascua significa dejarnos enamorar por Cristo, para que Él transforme con su Palabra nuestra vida. Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos ayudan a comprender cómo debemos abrir nuestro corazón a Cristo y dejarnos guiar por su Espíritu. El Espíritu Santo, que el Padre envía a los discípulos, los llena de fuerza y verdad para predicar con valentía el mensaje de Jesucristo y experimentar su presencia en medio de la comunidad de hermanos.Resaltemos algunas enseñanzas de esta Palabra:•“Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan”•“Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal”.•“Si me aman, guardarán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo Felipe, fruto de la persecución desatada contra la Iglesia de Jerusalén, fue dispersado, bajó a Samaría y predicó con fuerza el Evangelio de Jesús, no solo con palabras, sino también con los signos que realizaba (Hch 8, 6). La gente escuchaba con atención y agrado lo que decía Felipe, con un mismo espíritu, pues no era una predicación propia, no era su mensaje, sino el Evangelio de Cristo. Anunciaba la Palabra del Señor, que llenaba sus corazones de verdadera alegría. Más adelante, el relato muestra cómo quienes escucharon con atención a Felipe y abrieron el corazón a la Palabra del Señor experimentaron la fuerza transformadora de Dios, al punto de que hasta los espíritus inmundos salían de los posesos (Hch 8, 7).No se puede perder de vista que esta fuerza en la predicación de Felipe y la apertura de corazón de los samaritanos se debe al Paráclito, el Espíritu de la Verdad (Jn 14, 16-17). Jesús, por su relación de amor con cada discípulo, derrama este Espíritu para estar siempre presente, fortaleciendo la palabra de quien predica en su nombre y volviendo dóciles los oídos de quienes escuchan, para que se dejen transformar, sanar y liberar de sus “espíritus inmundos”, es decir, de actitudes, palabras y acciones que alejan de Dios. Este mismo Espíritu nos permite vivir con sencillez, pero con profundidad, el Evangelio de Jesucristo. Escuchar la Palabra y dejarnos inundar por el Espíritu Santo nos concede la gracia de obrar siempre el bien, vivir según la voluntad de Dios y dar testimonio de Cristo, dando razón de nuestra esperanza (1P 3, 15).2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La vida cristiana está marcada por la presencia del Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad que enseña, recuerda y aclara todo. Es Él quien permite que cada persona que se abandona en el Señor experimente la presencia del Resucitado, que lo renueva y sana todo, que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).La Palabra de Dios en este sexto domingo de Pascua nos invita a agudizar el oído para escuchar con el corazón el mensaje transformador del Evangelio. Se trata de dejarnos amar por Jesús, amarlo con todo el corazón y con todas las fuerzas, como lo hicieron la Virgen María, Pedro, María Magdalena y el discípulo amado. Amarlo de manera incondicional, aprender a escucharlo siempre, abandonar en Él nuestras angustias y poner en sus manos la vida entera.Solo así, llenos de su Espíritu, podremos dar testimonio como verdaderos discípulos, anunciando con palabras y obras el Evangelio de la vida en un mundo cada vez más dividido por guerras y violencias. Hoy necesitamos anunciar el Evangelio de la paz y del amor en medio de la oscuridad que viven tantos hermanos a causa de los vicios, la pobreza, la desintegración familiar, la ambición y la sed de poder.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Con María digamos: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).Señor, danos la gracia de hacer siempre tu voluntad. Danos docilidad de espíritu para escucharte, guardar en el corazón tu mensaje y dejarnos transformar por Él. Haz que, llenos de tu Espíritu, seamos verdaderos cristianos y discípulos misioneros, que con palabras y obras demostremos que te amamos con todo el corazón y con todas las fuerzas. Que, unidos a ti, vivamos también en una verdadera comunidad, signo de esperanza en el mundo, faro que guíe, luz que ilumine, sal que dé sentido a la vida y camino que ayude a otros a encontrarte._______________________Recomendaciones prácticas:•Día de la madre: programar en la parroquia una Eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas.•Día del Educador (15 de mayo): tener presentes a los profesores en las intenciones de la misa de este domingo.•El 15 de mayo comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Nos reunimos con alegría a celebrar la Eucaristía. No es un acto repetitivo ni una celebración cualquiera: es el encuentro con Jesucristo vivo. Cada Eucaristía es un momento maravilloso y único para encontrarnos con Aquel que nos ama infinitamente y a quien nosotros amamos. Dispongámonos desde el corazón, dejemos a un lado todo lo que pueda dispersarnos y encontrémonos con Jesús, quien da fuerza y sentido a nuestra vida. Hoy recordemos también, con gratitud, a todas nuestras madres y depositemos sus nombres en el altar del Señor.Monición a la liturgia de la Palabra Para crecer y fortalecer nuestra fe es indispensable escuchar con dedicación la Palabra de Dios. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón, y acojamos con atención el mensaje que el Señor tiene para cada uno de nosotros.Oración universal o de los fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas a nuestro buen Padre Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien vive plenamente en Él, para que nos conceda la gracia de vivir fielmente en su Hijo, y digámosle:R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Iglesia universal, para que, asistida por la fuerza del Espíritu Santo, sea signo del amor de Dios manifestado en la entrega de Cristo. Oremos al Señor.2.Por nuestro país y por sus gobernantes, para que se comprometan en construir una paz duradera y estable, luchen contra la corrupción y fortalezcan la democracia. Oremos al Señor.3.Por quienes son marginados y discriminados, por los que se sienten solos, para que encuentren en nosotros, los cristianos, un signo de esperanza y un reflejo del amor de Dios. Oremos al Señor.4.Por nuestras madres, para que experimenten siempre el amor y la gratitud de sus hijos. Oremos al Señor.5.Por cada uno de nosotros, para que seamos dóciles al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y demos testimonio auténtico de Él. Oremos al Señor.Oración conclusivaRecibe, Señor, estas oraciones y también las que guardamos en lo profundo de nuestro corazón y que solo tú conoces. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 10 Abr 2026
Felices los que no han visto, pero creen
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUAO DE LA DIVINA MISERICORDIAAbril 12 de 2026Primera lectura: Hch 2, 42-47Salmo: Sal 118 (117), 2-4. 13-15. 22-24 (R. 1)Segunda lectura: 1P 1, 3-9Evangelio: Jn 20, 19-31I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLas lecturas de este domingo nos presentan tres grandes ejes temáticos:•La comunidad cristiana como espacio de comunión, oración y caridad (Hch 2, 42-47).•La misericordia de Dios manifestada en la fe que purifica y fortalece en medio de la prueba (1P 1, 3-9).•El encuentro con el Resucitado, que trae la paz y envía con el poder del Espíritu (Jn 20, 19-31).De estas ideas, desarrollaremos el encuentro con el Resucitado como fuente de misericordia y misión, desde el Evangelio de Juan.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El Evangelio narra la aparición del Resucitado a los discípulos, encerrados por miedo. Jesús les ofrece la paz, les muestra sus llagas, sopla sobre ellos y les comunica el Espíritu Santo, dándoles el poder de perdonar los pecados. Ocho días después, se aparece de nuevo, esta vez con Tomás, quien al ver y tocar al Señor exclama con fe: “¡Señor mío y Dios mío!”.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Jesús se presenta en medio del miedo y la fragilidad con un mensaje que resuena en cada rincón de la historia: “La paz esté con ustedes”. Su presencia no reprocha, sino que cura, reconcilia y envía. En este día en que celebramos la Divina Misericordia, contemplamos cómo Dios no se cansa de acercarse a nosotros, de ofrecernos el perdón y de restaurar nuestra confianza.El gesto de mostrar las llagas recuerda que su amor fue llevado hasta el extremo y que ahora esas heridas son fuente de vida y misericordia. Tomás, que representa nuestras dudas, es transformado por el encuentro personal con Jesús. Él ve, toca y cree. Así, somos invitados a pasar de la incredulidad a la fe, y de la fe al testimonio.El Resucitado nos envía con su Espíritu para ser misioneros de la misericordia, para anunciar que su perdón es más fuerte que el pecado y que su paz es más poderosa que nuestros miedos.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Resucitado, tú que venciste el miedo y la muerte, entra en nuestras casas, en nuestras comunidades y en nuestras heridas. Llénanos de tu paz, de tu Espíritu y haznos testigos de tu misericordia. Danos la fe de Tomás, no para ver y luego creer, sino para reconocerte vivo en cada signo de amor y en cada gesto de perdón.La contemplación de tu misericordia nos mueve a ser constructores de comunión, sembradores de esperanza y servidores de los más frágiles. Que nuestras manos sean manos que curan, no que hieren; que nuestras palabras sean de consuelo, no de juicio._______________________Recomendaciones prácticas:•Es importante que la referencia a la Divina Misericordia no opaque el sentido pascual y bautismal de este domingo, donde todavía es día de resurrección. Esta devoción se encuentra al nivel de la piedad popular y se pueden tener momentos como la Coronilla en una hora oportuna.•El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia nos dice: “Puesto que la Liturgia del “II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia” –como se denomina en la actualidad– constituye el espacio natural en el que se expresa la acogida de la misericordia del Redentor del hombre, debe educarse a los fieles para comprender esta devoción a la luz de las celebraciones litúrgicas de estos días de Pascua. En efecto, El Cristo pascual es la encarnación definitiva de la misericordia, su signo viviente: histórico-salvífico y a la vez escatológico” (núm. 154).II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaQueridos hermanos, celebramos con gozo el segundo domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia. Jesús resucitado se hace presente en medio de sus discípulos para comunicarles la paz, el perdón y el Espíritu Santo. Hoy, nosotros también nos dejamos alcanzar por su amor misericordioso y acogemos la fe que transforma el miedo en misión. Dispongamos nuestro corazón para vivir con alegría esta Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraEn la liturgia de la Palabra contemplaremos cómo el amor de Dios se derrama sobre su Iglesia. Escucharemos cómo la primera comunidad vivía en comunión y caridad; cómo la fe nos sostiene en la prueba, y cómo el Resucitado se presenta para regalarnos su paz y su Espíritu. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Oremos, hermanos, al Dios de la vida y de la misericordia, que por la resurrección de su Hijo ha vencido el pecado y la muerte. A cada intención respondamos:R/. Jesús Resucitado, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que, renovada por el Espíritu Santo, sea testimonio fiel de la misericordia divina. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes y líderes del mundo, para que promuevan la justicia, la paz y el respeto a la dignidad humana. Roguemos al Señor.3.Por quienes viven en el dolor, la duda o el miedo, para que el encuentro con Cristo Resucitado les devuelva la esperanza. Roguemos al Señor.4.Por todos nosotros, para que aprendamos a perdonar como hemos sido perdonados y seamos signos vivos de la misericordia de Dios. Roguemos al Señor.Oración conclusivaDios de infinita misericordia, escucha nuestras súplicas y danos un corazón semejante al de tu Hijo, para anunciar con alegría la victoria de tu amor. Por Cristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Dom 5 Abr 2026
Vio y creyó
DOMINGO DE PASCUAEN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑORAbril 05 de 2026Primera lectura: Hch 10, 34a. 37-43Salmo: Sal 118 (117), 1-2. 16-17. 22-23 (R. 24)Segunda lectura: Col 3, 1-4 o 1Co 5, 6b-8Evangelio: Jn 20, 1-9I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónCelebrar la Pascua no puede reducirse simplemente a recordar un acontecimiento o a vivir, de manera momentánea y quizá cargada de sentimentalismo, la resurrección de Cristo. Celebrar la Pascua del Señor debe ser una verdadera experiencia de vida y de fe que transforme nuestro corazón. Más allá de actos solemnes o altares decorados, vivir y celebrar la resurrección del Señor debe impulsarnos a ponernos en camino, a acercarnos a Jesús, a guardarlo en el corazón para dejarnos transformar por Él y, luego, a salir a dar testimonio, sembrando en cada momento la semilla de la paz, la unidad y la fraternidad.Las lecturas de la Palabra de Dios nos muestran cómo la resurrección de Jesús transforma el corazón de sus discípulos:•Los apóstoles, que tuvieron la gracia de acompañar a Jesús y convivir con Él, experimentan cómo su predicación y sus signos milagrosos transforman sus vidas. Más tarde, llenos de fuerza, salen a dar testimonio de Cristo Resucitado, juez de vivos y muertos.•El apóstol Pablo, en la Carta a los Colosenses, invita a los creyentes a buscar las “cosas de arriba, donde está Cristo”, como consecuencia de haber resucitado con Él.•El evangelista san Juan relata cómo, tras el anuncio de María Magdalena, Pedro y el discípulo amado corren al sepulcro. Lo encuentran vacío y ven los lienzos y el sudario. El evangelio afirma que el discípulo amado entró, vio y creyó. La fe en el Resucitado es una experiencia de amor: un enamorarse de Jesús, que ha vencido la muerte y puede vencer todo mal y las consecuencias del pecado en nosotros.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Tras la captura de Jesús, su juicio y posterior crucifixión, los apóstoles y discípulos viven momentos de confusión y miedo: se dispersan, dudan, lo niegan. Toda esperanza y todo sueño de un futuro mejor parece desmoronarse. La mayoría lo abandona y se esconde. Sin embargo, los textos sagrados nos dejan entrever que los apóstoles, a pesar del caos, mantienen contacto y permanecen unidos en aquellos días tan difíciles.El evangelista san Juan destaca a tres personajes que, desde distintas circunstancias, conocieron a Jesús, experimentaron el poder de su Palabra y vivieron de manera singular la experiencia pascual:•María Magdalena: una mujer cuya vida fue renovada por Jesús, que la llamó por su nombre y la amó por encima de sus pecados (Lc 8, 1-2). Va al sepulcro de madrugada, ve la losa retirada y corre a anunciarlo a los apóstoles. Es la primera en hacer el “primer anuncio”, la primera en ver al Señor resucitado y recibe la misión de ir a los “hermanos” (Jn 20, 17) a proclamar que está vivo.•Pedro: al escuchar la noticia, corre al sepulcro, entra y ve los lienzos y el sudario. Inicia entonces un proceso de fe y comprensión de lo que anunciaban las Escrituras: que Jesús debía resucitar de entre los muertos (Jn 20, 9).•El discípulo amado: corre junto con Pedro, llega primero, espera a que Pedro entre y luego también él entra, ve y cree. No necesita más pruebas: su amor le permite creer en el Señor resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? Al escuchar las lecturas del Domingo de Resurrección, después de haber vivido con fe los días santos de la Pasión y Muerte del Señor, la Palabra de Dios y la experiencia de la Iglesia nos llaman a vivir la resurrección de Cristo no como un acontecimiento del pasado, algo externo o ajeno a nosotros.La resurrección es siempre actual y nos invita a enamorarnos de Jesús. María Magdalena lo expresa con sus gestos de amor; Pedro lo confiesa tres veces: “Tú sabes que te quiero” (Jn 21, 15); y el discípulo amado permanece fiel junto a la cruz y, por ese amor, puede creer que Jesús está vivo (Jn 20, 8). Solo quien ama profundamente puede permanecer de pie hasta el final y, luego, creer a pesar de todo.Celebrar la Pascua es aprender a morir con Cristo para también resucitar con Él, como enseña san Pablo en la Carta a los Colosenses. Las celebraciones litúrgicas de Semana Santa pueden haber sido solemnes, bien organizadas y llenas de devoción, pero si no resucitamos con Cristo, si no nos levantamos de nuestros pecados, si no dejamos que Él nos transforme y sane, todo quedará en ritos externos y nuestra fe será vacía. Jesús nos pide dejarnos resucitar por Él, dejarnos levantar y amar, para aspirar a las cosas de arriba.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?“Así pues, si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col 3, 1). Pidamos con fe que la Pascua de Resurrección sea para nosotros una oportunidad de renovar nuestra fe, levantarnos, convertirnos y recibir la fuerza para ser auténticos testigos del Resucitado. Que nuestras familias sean transformadas por la fuerza de Cristo vivo y que nuestras parroquias sean verdaderas casas de encuentro, donde todos se sientan amados y seguros._______________________Recomendaciones prácticas:•Con las Vísperas concluye el Sagrado Triduo Pascual.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misaHermanas y hermanos, nos hemos reunido como familia de Dios para celebrar la Eucaristía en un día grandioso y único, distinto a todos los demás. Hoy celebramos la victoria de la Vida sobre la muerte, de la Luz sobre las tinieblas, de Cristo sobre el pecado. Unidos a toda la Iglesia, dispongámonos con fe y alegría a vivir la resurrección del Señor, “que asciende victorioso del abismo” (Pregón Pascual).Monición a la liturgia de la Palabra La Palabra de Dios nos recuerda que Cristo ha resucitado y que estamos llamados a ser mensajeros de esta Buena Noticia. Dejémonos alimentar por la Palabra para luego dar testimonio de Jesucristo, siendo signos de fe y esperanza.Oración universal o de los fieles Presidente: En este gran día de la resurrección, presentemos al Señor nuestras súplicas diciendo:R/. Oh Señor, escucha y ten piedad.1.Por el Papa León, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que sean signo vivo de la resurrección de Cristo en medio de un mundo marcado por la oscuridad y la muerte. Oremos.2.Por los gobernantes de nuestra nación, para que, iluminados por Cristo Resucitado, trabajen por el bien común, la paz, la justicia, la democracia y el progreso de todos. Oremos.3.Por quienes hoy sufren la violencia, el hambre, la soledad o la esclavitud de los vicios, para que encuentren en los cristianos un ejemplo de amor y ayuda concreta. Oremos.4.Por nuestros hermanos difuntos, para que gocen de la vida eterna junto a Cristo resucitado. Oremos.5.Por nosotros, que celebramos la Pascua del Señor, para que nos levantemos de nuestros pecados y seamos verdaderos discípulos suyos. Oremos.Oración conclusivaPadre bueno, escucha nuestras súplicas y también aquellas que guardamos en lo más profundo de nuestro corazón. Llénanos de la alegría de creer y esperar en ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.