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Para que sean plenamente uno (Jn 17,23)
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Por: Mons. Omar de Jesús Mejía Giraldo - Carta Pastoral - Saludo fraterno a los Señores Obispos de la Provincia Eclesiástica recién conformada por el Santo Padre, el Papa Francisco. Saludo cordial a los hermanos Sacerdotes de la Provincia. Saludo de Pastor a los Religiosos (as), Seminaristas, Laicos. Saludo a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que conforman la nueva Provincia Eclesiástica de Florencia con identidad amazónica.
“Para que sean plenamente uno”. Así se expresa Jesús en su oración conocida como la oración sacerdotal (Cf Jn 17). Nuestra tarea es: desde la diversidad orar, evangelizar, trabajar, impulsar…, la unidad. Escuchemos el sentir de la Iglesia: “Para promover una acción pastoral común en varias Diócesis vecinas, según las circunstancias de las personas y de los lugares, y para que se fomenten de manera más adecuada las recíprocas relaciones entre los Obispos diocesanos, las Iglesias Particulares se agruparán en Provincias Eclesiásticas delimitadas territorialmente” (Código de Derecho Canónico, 431, 1).
La biodiversidad amazónica, nos da píe para pensar también en la diversidad cultural que se ha gestado en este bello territorio de la amazonia colombiana. Esta diversidad nos enseña que todos tenemos derecho a existir y a ser diferentes. La diversidad para la Iglesia no puede ser un problema, todo lo contrario, es una bendición, así lo expresaba precisamente San Pablo: “Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos. La manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común” (1Cor 12,4-7).
“Para que sean plenamente uno”. Ser uno. Sentir el gozo de la diversidad, pero luchando por la unidad, éste es el querer de la Iglesia en cabeza del Papa Francisco. Éste tiene que ser el sentir y el gozo de nosotros los Obispos de: Florencia, Mocoa - Sibundoy, San Vicente del Caguán, Leticia, Puerto Leguízamo - Solano, Inírida y Mitú. Ser uno, sentir el gozo de la hermandad en la fe, éste debe ser el gozo y la alegría de quienes entregamos la vida en la misión evangelizadora de la amazonia colombiana. Ser uno, sentir la alegría de hacer parte de la agenda del Papa y de la Iglesia universal tiene que ser la fuerza que nos impulsa a trabajar por la unidad en este bello territorio en el cual queremos seguir sembrando la semilla del Reino de Dios, con limpieza y trasparencia de corazón, con honestidad y rectitud, con respeto y responsabilidad.
“Para que sean plenamente uno”. De verdad y de todo corazón, queremos decirles a los diversos pueblos que conforman nuestra amazonia, con absoluta libertad queremos seguir proponiéndoles el Evangelio como el camino para la unidad. Escuchemos al Papa Benedicto en Aparecida:
“La fe en Dios ha animado la vida y la cultura de estos pueblos durante más de cinco siglos. Del encuentro de esa fe con las etnias originarias ha nacido la rica cultura cristiana de este continente expresada en el arte, la música, la literatura y, sobre todo, en las tradiciones religiosas y en la idiosincrasia de sus gentes, unidas por una misma historia y un mismo credo, y formando una gran sintonía en la diversidad de culturas y de lenguas. En la actualidad, esa misma fe ha de afrontar serios retos, pues están en juego el desarrollo armónico de la sociedad y la identidad católica de sus pueblos” (Discurso inaugural, mayo 23 de 2007).
“La Iglesia no crece por proselitismo, crece por atracción; la atracción testimonial de este gozo que anuncia Jesucristo. Ese testimonio que nace de la alegría asumida y luego transformada en anuncio. Es la alegría fundante. Sin este gozo, sin esta alegría, no se puede fundar una Iglesia, una comunidad cristiana. Es una alegría apostólica, que se irradia, que se expande” (Francisco, en la Misa de acción de gracias, por la canonización de San José de Anchieta, el evangelizador de Brasil, abril 24 de 2014). Alegría, gozo, fiesta…, son expresiones que, de muchos sacerdotes, religiosos (as), laicos y muchas otras personas se han escuchado por la creación de la nueva Provincia Eclesiástica. Esta es la alegría que invito a todos mis hermanos misioneros y evangelizadores a compartir con todos los pobladores de nuestra región amazónica. Alegría que hemos de vivir de cara a la Iglesia universal.
Hermanos, todos: Indígenas, afro - descendientes, campesinos, colonos, empresarios, dirigentes, políticos, líderes sociales, partidos políticos…, sintámonos convocados por el evangelio a cuidar nuestra “casa común”. Esta maravillosa casa, Dios nos la ha entregado para que la administremos con “fidelidad y prudencia” (Cf Lc 12,32-48). No nos cansemos de trabajar por nuestra “casa común”, ella es “nuestra hermana”, escuchemos al Papa: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a despojarla” (Cf Laudato Si, 2). Entre todos démonos a la tarea de trabajar buscando siempre el bien común y no nuestros intereses personales inspirados en la avaricia, la ambición y el deseo de poder.
Como nueva Provincia Eclesiástica, con rostro amazónico, tenemos la enorme tarea de escuchar la voz de Dios que siempre nos habla y se manifiesta sobre todo a través de los más pobres e invisibles. Nos insiste precisamente Francisco: “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio" (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 20).
Como Iglesia con rostro amazónico, tenemos que sentirnos todos convocados a escuchar la voz de Dios que nos dice: “He visto el sufrimiento de mi pueblo…” (Cf Ex 3,7-9), y desde ese sufrimiento, leer el querer de Dios en cada una de nuestras Jurisdicciones que hacen parte de nuestra Provincia. Como Iglesia y junto con toda la sociedad, debemos discernir, a la luz de la Palabra y a la luz de cada momento histórico la voluntad de Dios para los pueblos amazónicos. Como Iglesia debemos actuar, así: “hacer amanecer la palabra en las obras” (Petición de los indígenas en el pre - sínodo. Bogotá, agosto, 13-14, 2019).
Como Provincia Eclesiástica tenemos el reto de hacer realidad las ideas que tantas personas han soñado, cuando empezaron a gestar la identidad territorial de la Iglesia en la amazonia. Debemos pasar de las ideas, las emociones y los sentimientos a lo real. Nuestra gran misión será acompañar a todas las comunidades insertas en la amazonia, sin distinción de credo, raza o clase social, pero sí, con identidad. Somos Iglesia y como tal nuestro gran desafío es la unidad: “Para que sean plenamente uno”. Nuestro camino evangelizador y nuestro acompañamiento a los pueblos, comunidades y ciudades de la amazonia, debe estar inspirado en la oración constante. Jesús mismo nos enseña que nuestra oración debe ser universal. Decir: “Padre Nuestro”, es sentir el gozo y la alegría de ser hermanos. Nuestra misión exige compromiso, sacrificio, entrega… Nuestra tarea misionera en la amazonia colombiana, la debemos seguir inspirando en la gracia y en la bendición de Dios, como la han realizado nuestros antepasados. Como Iglesia, conocemos la realidad y los grandes desafíos de hoy, sin embargo, no podemos ser profetas de la desesperanza y la destrucción; como Iglesia, hagamos el esfuerzo y tengamos la convicción y la virtud de ser sobre todo profetas de la esperanza. La obra es de Dios. Es Él quien nos ha llamado a ser parte de esta Iglesia que peregrina en este “instante vital” en la amazonia. Si Dios nos ha puesto aquí, es porque conoce nuestro corazón y sabe que nuestra misión será, realizar con fe, amor y entusiasmo, su santa voluntad.
Ciertamente, tenemos enormes retos: Abogar por el cuidado de la casa común; la conservación del bioma amazónico; acompañar y hacer seguimiento a todo los proyectos de desarrollo en nuestro territorio; propiciar ambientes fraternos y de paz, donde se garantice la vida como don de Dios y como valor esencial que da fundamento a todos los demás derechos; luchar por la conservación de los bosques tropicales, allí está la vida, de éstos depende gran parte de la vida del planeta, ésta es una enorme tarea que tiene repercusión nacional, pero también global, recordemos el siguiente principio: “Somos un todo y todo está interconectado”. Nuestro compromiso tiene que ser al estilo del evangelio, recordemos la Palabra: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). La vida es un todo. Tenemos la enorme tarea de impulsar la conservación y la buena utilización del agua, el medio ambiente, la biodiversidad… Hemos de propiciar e impulsar con fuerza evangelizadora el sentido sacro de la vida, desde que nace hasta que termina como obra de Dios. La vida es un don de Dios.
Somos Iglesia con rostro amazónico y como tal es justo y necesario aprovechar este bello momento histórico para agradecer de corazón a tantos Misioneros y Misioneras, que han hecho su aporte generoso, para que hoy seamos lo que somos. Gratitud inmensa a tantos hombres y mujeres, religiosos, (as) y laicos que con rectitud y honestidad de corazón han gastado sus vidas en estas bellas tierras de la amazonia colombiana. Gratitud a la Iglesia como un todo: “La presencia significativa de la Iglesia católica, sus compromisos y avances de esta institución social y religiosa, más allá de sus intenciones evangélicas y catequizadoras, ha sido una fuerza poderosa que ha caminado y construido sociedad y cultura con el pueblo y ha sido profundamente solidaria con sus esperanzas, angustias, temores y alegrías” (Gabriel Perdomo. Historiador de la Universidad de la Amazonia, julio 24 de 2019).
Hoy somos Provincia Eclesiástica de Florencia, Iglesia con rostro amazónico; es un momento histórico valiosísimo, significativo y oportuno para detenernos a admirar a quienes como Obispos han sembrado y gestado el Reino de Dios en este vasto territorio de la amazonia. Hoy y siempre, como Iglesia y como sociedad civil, queremos admirar también a tantos sacerdotes que han entregado su ser por el bien de todos y la salvación integral de quienes han hecho y seguimos haciendo parte de la amazonia. Este es un momento significativo para valorar el enorme potencial vocacional que posee la Iglesia en la amazonia colombiana. Estimados sacerdotes, vivamos con alegría nuestra identidad sacerdotal. Ciertamente reconocemos un valioso avance en vocaciones nativas, pero necesitamos fortalecer nuestra identidad vocacional. Esto lo lograremos en la medida que como consagrados vivamos con alegría, gozo y fuerza espiritual nuestro ministerio. Somos para Dios y desde Dios somos para los demás. Nuestro ministerio ha comenzado en la mañana de nuestra ordenación y terminará en la tarde de nuestro funeral. Nuestra misión es hacer el bien sin mirar a quien, con Santa Teresita podríamos decir: “Quiero pasar el cielo haciendo mucho bien sobre la tierra”. Con quiénes estemos y dónde estemos seamos lo que prometimos ser. El mundo nos necesita sacerdotes, existencialmente sacerdotes.
Como Provincia Eclesiástica, es digno y justo, agradecer y admirar, la Vida Consagrada. En la amazonia, han ofrendado la vida muchísimas religiosas. A ellas admiración infinita, por su entrega generosa. Una religiosa, con su bondad, con su generosidad, con su ser y presencia misma…, nos está diciendo que un mundo mejor sí es posible. Como Iglesia con rostro amazónico les ofrecemos nuestro cariño y afecto. Una petición de corazón y con sentido de admiración: le pedimos a las madres Generales y Consejeras, por favor, en sus procesos de reestructuración, miren las periferias de la amazonia, las queremos, las necesitamos. Estimadas religiosas, ustedes son para nuestras comunidades y pueblos la presencia del mismo Dios que asume el rostro femenino, para realizar su obra evangelizadora, unida a la promoción humana integral. Muchas gracias por su entrega generosa.
Estimados laicos a ustedes también nuestra gratitud y admiración. Ustedes son el número más grande y significativo de la Iglesia, con ustedes y para ustedes queremos seguir siendo Iglesia. Queridos laicos integrantes de las diferentes culturas que conforman nuestra Iglesia amazónica, están cordialmente invitados para que juntos: pastores y pueblo santo, caminemos hacia la unidad. “Seamos plenamente uno” (Cf Jn 17,23). Unidos somos más. La unidad debe estar por encima de cualquier conflicto. La unidad desde Dios y entre nosotros, será quien le dé consistencia a nuestra naciente Provincia Eclesiástica.
Un aspecto más que decir: como Iglesia con rostro amazónico, tenemos una gran responsabilidad. Junto con el Papa Francisco y con toda la Iglesia, sigamos buscando, “nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, en la amazonia colombiana. Hagamos equipo, trabajemos unidos, caminemos juntos. La amazonia es diversa, pluri - étnica y pluri - religiosa…, todo esto nos exige el sabernos ubicar en un nuevo contexto evangelizador, quizás aún, nos exija cambios estructurales y luchar contra los nuevos colonialismos. No sintamos miedo, Dios siempre nos acompaña, Jesús resucitado sigue actuando entre nosotros y como a los discípulos en el día de la resurrección también a nosotros nos dice: “¡La paz esté con ustedes!” Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor” (Jn 20,19-20). Tenemos un imperativo moral y ético para asumir hoy como mandato de Dios y de la Iglesia. Escuchemos a Francisco: “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos” (Laudato Si, 14).
El compromiso ético de la Iglesia en la amazonia, pasa por el compromiso y el servicio a una causa común, donde luchemos por la protección del ecosistema, la fauna, las aguas y desde luego por los derechos de sus pobladores. El Papa Francisco, nos convoca a una responsabilidad individual, es válido entonces, a manera de conversión, revisar nuestro estilo de vida. Pero también se nos invita a una responsabilidad colectiva, por eso, adquiere sentido una Provincia Eclesiástica; eso implica que al “caminar juntos” hagamos, tanto a la Iglesia, como al Estado y al mundo entero, propuestas realizables y proyectos en común que nos ayuden a ser parte de la solución y no parte el problema.
Como Iglesia con rostro amazónico, comencemos desde ya un gran debate social positivo y propositivo. Impulsemos una pedagogía social, en donde tengamos en cuenta el actual avance de los Medios de comunicación y las redes sociales. Aprovechemos las autopistas acuáticas que nos comunican, junto con todos los demás medios que nos ha traído la modernidad y hagamos de nuestra amazonia un solo corazón, luchando por unir incluso a los pueblos vecinos que nos circundan, aunque pertenezcan a otro país. La amazonia es una sola, la vida es una sola, el interés por hacer el bien es uno solo, el evangelio es uno solo. Dios es uno. A través de Jesús, el Señor, Dios Padre, nos sigue diciendo: “Sean plenamente uno”.
La amazonia es un gran patrimonio, que muchos, por su afán de lucro, no alcanzan a descubrir su enorme valor. Como Iglesia sigamos impulsando un proceso de “alfabetización”, que llegue a esferas nacionales e internacionales y digamos, que la amazonia es un enorme patrimonio, al que debemos cuidar, si queremos preservar la vida en el planeta. No podemos desconocer la diversidad, pero desde la diversidad luchemos por la unidad. Tomemos conciencia y en la medida de lo posible contémosle al mundo que la amazonia es el gran “termostato que regula la vida de nuestro planeta”.
“He venido a sanar a quienes tienen destrozado el corazón” (Cf Lc 4,19), así define san Lucas la misión de Jesús. El mundo está herido. Como seres humanos vivimos constantemente heridos. El planeta también está herido. Es urgente renunciar a la “cultura del todo vale” y esto con fines meramente lucrativos. Impulsados por la teología de la creación es necesario generar entre nosotros la “cultura del regalo, de la gracia, del sentido de la providencia”. Dios nos ha regalado el mundo para que en él construyamos y promovamos un desarrollo humano sostenible, que partiendo de la diversidad nos impulse a la unidad. Enorme tarea: desde la diversidad buscar la unidad.
Como Iglesia con rostro amazónico, no podemos perder el puesto de ser los abanderados de la educación. A través de la pedagogía y la didáctica, aprovechando todos los medios sociales de comunicación y a través de las redes sociales, con estrategias formativas, podemos seguir llegando al corazón de las personas en la amazonia e insistir en la protección de la casa común. Recurramos a las entidades que poseen la misión de investigar sobre el tema amazónico para que compartan con nosotros sus conocimientos y así con certeza y sensatez sepamos dar razones por el cuidado de nuestro planeta.
A manera de conclusión, como Iglesia con rostro amazónico no se nos puede olvidar que la “Iglesia existe para evangelizar” (EG, 14), y evangelizar es hacer que Dios llegue al corazón de cada persona y de cada comunidad. Todo lo que hemos hecho como Iglesia y todo aquello que proyectemos realizar, mirémoslo bajo la óptica de las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. Que sea la caridad, la virtud central que nos impulse a obrar siempre. Tengamos en cuenta el valioso principio que nos enseña San Agustín: “En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad”.
Con el Papa Francisco, vamos todos a soñar con una Iglesia amazónica viva y fresca que siga impulsando la evangelización en el territorio amazónico con decidido amor por el evangelio y la casa común. Escuchemos al Santo Padre: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual, más que para la auto presión” (EG, 27). Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude a ser testigos de la esperanza en la amazonia colombiana.
Encomendamos nuestra Provincia Eclesiástica al patrocinio de San José, el hombre justo y trabajador, el hombre que por mandato divino tuvo el privilegio de cuidar, educar y acompañar el proceso de crecimiento del Hijo de Dios. San José el hombre manso y humilde de corazón, nos ayude a ser prudentes, pero severos en el cuidado de la creación. María, nuestra Madre y esposa de José, nos ayude a descubrir el camino que hemos de hacer como Iglesia, en el hoy de nuestra historia.
+ Omar de Jesús Mejía Giraldo
Arzobispo de Florencia
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Lun 5 Oct 2026
Vayan y enséñenles a cumplir todo lo que les he mandado
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Avanzamos en el Proceso Evangelizador de nuestra Diócesis de Cúcuta, celebrando 70 años de misión en esta región de frontera y 40 años del Seminario Mayor San José y lo vivimos en este mes misionero con el lema pastoral: “vayan y hagan discípulos anunciando el Evangelio”; cumpliendo con el mandato misionero del Señor: “vayan y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñeles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y estén seguros que yo estaré con ustedes día tras días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 19 - 20). Tenemos la certeza que la vocación de la Iglesia es llevar el Evangelio a todos, porque “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda” (EN 14), misión que está desde el principio y permanecerá hasta el final de los tiempos.En nuestra Diócesis de Cúcuta estamos en estado permanente de misión, dispuestos a proclamar por todas partes a Jesucristo nuestro salvador. La visita pastoral de los párrocos y agentes de pastoral a cada uno de los sectores, es el cumplimiento fiel del trabajo misionero en el que estamos todos comprometidos, porque “todos nosotros como discípulos de Jesús y misioneros, queremos y debemos proclamar el Evangelio, que es Cristo mismo. Anunciamos a nuestros pueblos que Dios nos ama, que su exis¬tencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y liberador de su reino, que nos acompaña en la tribu¬lación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas. Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras” (DA 30).Vivimos en nuestra región y ciudad momentos de dificultad y confusión a causa de la violencia que nos agobia y amenaza con destruirnos, fruto de una sociedad que vive sin Dios. Sin embargo, frente a ese panorama desolador, el cristiano que es un discípulo misionero de Jesucristo, conserva la esperanza y la transmite a los demás. Es la esperanza en Jesucristo que no defrauda, “sabiendo que la tribulación engendra paciencia, la paciencia virtud probada; la virtud probada esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5, 3 - 5). Esa es nuestra certeza y por eso nos mantenemos en pie en medio de las dificultades, porque el amor de Dios permanece en nosotros.Para dar esperanza en momentos difíciles tenemos la presencia del Espíritu Santo que con sus dones nos ilumina para ir a todos y enseñar todo lo que Jesús nos ha mandado: “a partir de Pentecostés, la Iglesia experimenta de inmediato fecundas irrupciones del Espíritu, vitalidad divina que se expresa en diversos dones y carismas y variados oficios que edifican a la Iglesia y sirven a la evangelización. El Espíritu en la Iglesia forja misioneros decididos y valientes como Pedro (Cf. Hch 4, 13) y Pablo (Cf. Hch 13, 9), señala los lugares que deben ser evangelizados y elige a quienes deben hacerlo (Cf. Hch 13, 2)” (DA 150). Esto, para que se cumpla el mandato misionero de ir por todas partes a transmitir la persona de nuestro Señor Jesucris¬to, en medio de dificul¬tades, persecuciones y pruebas.El misionero del Señor es un enamorado del Evangelio, cuya vida está cimentada en Jesucristo, teniendo la certeza que nos da el mismo Jesús “sepan que yo estoy con ustedes día tras día hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Tenemos la seguridad puesta en Dios y por eso salimos a anunciar el Evangelio para decirle al mundo, a los violentos y a quienes hacen daño que nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios; tal como lo enseña San Pablo: “pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rom 8, 37 - 39). Por lo tanto, nada podrá detener el fervor evangelizador que llevamos dentro, para ir por todas partes a transmitir el mensaje de Jesucristo.De esta manera entendemos que la evangelización no se hace con poderes humanos, sino con la sabiduría que viene de Dios, que es un don del Espíritu Santo, que hace que habite en nuestro corazón la gracia y que tengamos fervor interior para transmitirla porque “si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús” (EG 120), que es lo que enseñamos a otros, poniendo por obra todo lo que Jesús nos ha mandado.Para un mundo sin Dios la misión de todos nosotros los bautizados se hace más necesaria y urgente, porque la humanidad sin Dios, pierde toda esperanza, “el hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza” (Spe Salvi 23). Que este mes misionero que estamos viviendo, sea un momento especial de gracia para conocer y amar más a Jesucristo y darlo a conocer a nuestros hermanos, incluyendo a aquellos que no lo conocen o lo rechazan abiertamente. Que la Santísima Virgen María y el Glorioso Patriarca San José, nos alcancen de nuestro Señor Jesucristo el fervor misionero para cumplir con el mandato de ir por todas partes a hacer discípulos misioneros del Señor.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Vie 25 Sep 2026
La migración, una realidad que nos sigue interpelando
Por Mons. Francisco Antonio Ceballos Escobar - El próximo 27 de septiembre la Iglesia nos invita a celebrar la 112 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, con el lema “Incluso uno solo de estos pequeños”, enfocado en la protección de los niños, niñas y adolescentes migrantes. Con motivo de esta Jornada es pertinente recordar que el año pasado del 2 al 4 de septiembre, se realizó en Riohacha, la XV Cumbre del Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo. Este foro dejó algunas conclusiones entre las que se destacan: la articulación multilateral y política como una herramienta fundamental e indispensable para enfrentar los desafíos de la movilidad humana. Se acordó que la voz de los territorios receptores, las organizaciones sociales y la diáspora debe estar estrictamente en el centro del diseño de las políticas públicas y la toma de decisiones globales.También, el foro reconoció formalmente a las poblaciones jóvenes y a quienes ejercen labores de cuidado como pilares esenciales para generar procesos de cambio, integración sostenible y dignificación humana. Pidió que la migración no se enfrente como una problemática o crisis, sino como una oportunidad para innovar, ampliar libertades y potenciar el bienestar de las sociedades bajo un marco irrestricto de derechos humanos. Adicionalmente, delegaciones de alto nivel como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) enfatizaron la urgencia de fortalecer la regularización migratoria y la movilidad laboral como los mecanismos idóneos para garantizar una migración ordenada y segura que disminuyan las brechas de desigualdad global. Las directrices dadas por el Presidente de la República Abelardo De La Espriella, desde Barranquilla el 24 de agosto, en cuanto a migración, con el principio: “primeros los colombianos”, aparentemente marca un giro frente a las administraciones anteriores, de manera especial, en cuanto a la política de deportación inmediata de irregulares, priorizando a los vinculados en la comisión de delitos, crímenes o actividades económicas ilícitas.Estas disposiciones, referente al fenómeno migratorio, nos invitan a repasar la enseñanza de la Iglesia, en cuanto a la migración. Para los cristianos, llamados a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos del mundo, la migración es un “kairós”, un tiempo de gracia, y, por consiguiente, el migrante un “lugar teológico” donde acontece la acción de Dios; así, el fenómeno migratorio se convierte en un desafío y en una prioridad pastoral para la Iglesia, pues quien emigra no es sólo una mera estadística, ni un mero dato sociológico o político, sino que es una realidad que lleva a desentrañar el plan de Dios en la historia. Sin lugar a dudas, la actitud de la Iglesia debe ser la del buen samaritano que acoge, protege, consuela, acompaña, promueve, integra, anuncia. Si, los cristianos no podemos ser sordos y ciegos ante esta crisis humanitaria.Nos dijo el Papa Francisco: “No se trata sólo de migrantes… Los migrantes, y especialmente aquellos más vulnerables, nos ayudan a leer los signos de los tiempos. A través de ellos, el Señor nos llama a convertirnos, a liberarnos de los exclusivismos, de la indiferencia y de la cultura del descarte. A través de ellos, el Señor nos invita a reapropiarnos de nuestra vida cristiana en su totalidad y a contribuir, cada uno según su propia vocación, en la construcción de un mundo que responda al plan de Dios”.Si, no es una cuestión de cifras ni de estadísticas, afirma el Papa León XIV. El Evangelio nos invita a no hacer cálculos: incluso uno solo. Cada niño, cada ser humano, posee una dignidad infinita”.En consecuencia, frente al fenómeno migratorio, es importante que la legislación actual colombiana sobre migración y movilidad humana, como también la doctrina social de la Iglesia, con sus instituciones, proteja al migrante, promueva el respeto y el derecho a la movilidad humana; acoja al forastero superando todo nacionalismo cerrado y violento, frenando cualquier viso de xenofobia; acompañe a los migrantes para evitar la trata de personas, la violencia de género, la explotación laboral y sexual de niñas, niños y adolescentes; brinden oportunidades para integrar la persona y la familia a la sociedad de acogida; promuevan rutas seguras de tránsito, ordenadas, informadas, reguladas, y ofrezcan mecanismos para la regularización.Por supuesto, que quien venga con el propósito de delinquir, debe recibir el rigor de la ley.+Mons. Francisco Antonio Ceballos Escobar, C.Ss.R.Obispo de la Diócesis de Riohacha
Jue 24 Sep 2026
Por el cuidado del agua
Por Mons. Francisco Antonio Ceballos Escobar - El fenómeno de El Niño que estamos padeciendo, el acaparamiento ilegal del líquido precioso por parte de personas inescrupulosas, el despilfarro del mismo, la muerte de personas y animales por la sequía que se padece, la privatización de este recurso hídrico convertido en mercancía, y regulado a través de las leyes del mercado, me lleva a evocar las palabras del Papa Francisco en la Encíclica Laudato si: “El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico fundamental y universal porque determina la sobrevivencia de las personas”.Según informes especializados de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), presentados en agosto de 2025, de los 8.000 millones de personas que habitamos el mundo, 2.100 millones todavía no disponen de acceso seguro al agua potable (un poco más de un cuarto de la población mundial). Según datos de la misma OMS y UNICEF, miles de millones de personas continúan sin servicios de saneamiento gestionados de forma segura o sin instalaciones adecuadas para la higiene. En cuanto respecta al departamento de La Guajira, no contamos con cifras fidedignas que muestren la realidad que padecemos. No obstante, estoy seguro, la mayoría de la población de la Península sufrimos por falta de agua y calidad de la misma. Una situación que va más allá de las cifras, afecta directamente a la dignidad y a la vida de millones de seres humanos. "Nadie puede vivir sin agua, y nadie debería morir por su falta”, expresó Cristóbal Fones, SJ, director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa. Ante el fenómeno de El Niño algunas administraciones municipales y departamentales, según cuentan los noticieros, están urgiendo a los usuarios del agua mayor responsabilidad en su uso, so pena de tener que sufrir restricciones en el consumo, como racionamiento y apagones del fluido eléctrico, como los ya conocidos en los años 92 y 93. Amén del incremento de tarifas al sobrepasar el consumo básico. Sí, es que nos debemos responsabilizar a la hora de consumir el líquido que nos permite seguir viviendo. El agua no conoce fronteras. Su cuidado exige, por ello una responsabilidad compartida.Al respecto, el Papa León XIV, en continuidad con el magisterio de sus antecesores, llama a la conciencia para que se cuide este bien natural. Así en el contexto de la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación, instituida por el Papa Francisco en el 2015, nos invita, este año, del 1 de septiembre al 4 de octubre, al concluir la fiesta de los 800 años del tránsito de San Francisco, a orar y a custodiar este recurso esencial con gratitud, justicia y responsabilidad. Sí, además de orar, debemos adoptar gestos concretos que puedan contribuir al cuidado de este bien común: vivir con mayor sobriedad, evitar el derroche, reparar las fugas, no contaminar los ríos y las fuentes de agua y consumir de manera responsable.Según el Papa Francisco “este mundo tiene una gran deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable". + Mons. Francisco Antonio Ceballos Escobar, C.Ss.R.Obispo de la Diócesis de Riohacha
Jue 10 Sep 2026
Recibir la vida como un don de Dios (Mt 2, 1-12)
Por Mons. Ramón Alberto Rolón Güepsa - Vivimos en un tiempo en el que comprometerse puede dar miedo. Deseamos conservar nuestra libertad, organizar nuestros proyectos y mantener cierto control sobre el futuro. Todo ello es legítimo, pero la vida también nos invita a confiar, abrirnos al otro y descubrir que amar implica entrega.El evangelista Mateo presenta a los Magos, quienes ven una estrella, abandonan sus seguridades y emprenden un camino sin conocer todos sus detalles. Llegan hasta Jerusalén, encuentran al Niño con María, su madre, se postran ante Él y ofrecen sus dones. Después, regresan por otro camino.Su itinerario expresa una dinámica esencial de la vida cristiana: recibir, salir de nosotros mismos, buscar, encontrar, ofrecer y dejarnos transformar.La vida recibida se convierte en una llamadaNadie se ha dado la vida a sí mismo. Todos la hemos recibido y, desde la fe, reconocemos que es un don de Dios. Por eso, quien recibe amor aprende a amar; quien recibe cuidado aprende a cuidar; quien recibe oportunidades puede ofrecerlas a los demás.La existencia se vuelve fecunda cuando lo recibido no queda encerrado en nosotros, sino que se transforma en servicio. Esta fecundidad puede expresarse en la maternidad y la paternidad, pero también en el sacerdocio, la vida consagrada, la educación, la profesión, la solidaridad o el cuidado de quienes necesitan apoyo.Los Magos representan ese movimiento: ven una señal, salen de su tierra, buscan y se dejan conducir hacia un encuentro que transforma su vida.Perder el miedo al compromisoA veces queremos tenerlo todo asegurado antes de dar un paso: casa, trabajo estable, recursos suficientes y la certeza de que nada saldrá mal. Pero la vida nunca ofrece garantías absolutas.Quien se casa no conoce todos los detalles del futuro; quien recibe un hijo tampoco sabe qué camino recorrerá esa nueva persona. Los Magos tampoco conocían cada detalle, pero se pusieron en marcha.Comprometerse no significa tener todas las respuestas, sino estar dispuesto a caminar, discernir, aprender y confiar. La responsabilidad ayuda a avanzar; la confianza evita que el miedo tenga la última palabra.Un hijo: un don que transforma la vidaUn hijo no puede reducirse a una cifra económica. Es cierto que implica gastos, responsabilidades, cambios, tiempo y paciencia, pero ninguna de estas exigencias agota el significado de una nueva vida.Un hijo trae una historia que comienza, una dignidad propia y posibilidades que todavía no conocemos. La maternidad y la paternidad pueden convertirse en una profunda escuela de amor: enseñan a esperar, compartir, cuidar, perseverar y descubrir capacidades de entrega antes ocultas.Mateo nos muestra a los Magos ante el Niño con María, su madre: no ante una idea abstracta, sino ante una vida concreta, vulnerable y digna de ser acogida.Por eso, hablar de un hijo como una “inversión” solo puede entenderse en sentido humano y espiritual: invertir amor, tiempo, esperanza, educación y futuro. No significa esperar una devolución, porque el amor verdadero no funciona como una transacción.Responsabilidad y confianzaEs natural que una pareja considere sus condiciones económicas antes de recibir un hijo. La responsabilidad forma parte del amor: hay que pensar en vivienda, alimentación, educación y salud.Pero no deberíamos quedarnos únicamente con la pregunta: «¿Cuánto cuesta un hijo?» También podemos preguntarnos: «¿Qué valor tiene la vida que estamos llamados a recibir?»Ambas preguntas son importantes: una mira los recursos y la otra, a la persona. La fe no invita a actuar irresponsablemente, sino a discernir con prudencia, generosidad y confianza, reconociendo que la vida no puede reducirse a una operación matemática.Ofrecer nuestros donesCuando llegan ante Jesús, los Magos abren sus cofres y ofrecen sus dones. Esta escena nos lleva a preguntarnos: ¿qué tengo para ofrecer?Tal vez tiempo, experiencia y capacidad para escuchar, enseñar, acompañar, cuidar o transmitir esperanza.La vida se vuelve fecunda cuando nuestros dones se ponen al servicio de los demás. Así, “la mejor inversión” adquiere un sentido distinto: invertir en una vida significa amar, educar, acompañar y ayudar a crecer.Una familia construye futuro cuando transmite valores y fe, escucha, corrige, perdona y enseña a levantarse después de una caída.Una nueva generación es una esperanzaCada niño que nace representa una posibilidad nueva. Desde el comienzo posee una dignidad propia y puede abrir una historia diferente.Acoger una vida tiene también una dimensión social. En las familias, los niños aprenden a confiar, compartir, perdonar, respetar y amar. Por eso, si queremos una sociedad más humana, debemos cuidar a las familias mediante educación, vivienda, trabajo digno, atención sanitaria y redes de apoyo.Acoger la vida significa también crear las condiciones para que pueda crecer con dignidad.No se trata de juzgar, sino de acompañar. Hay parejas que desean tener hijos y no pueden; existen dificultades económicas, experiencias dolorosas y circunstancias que requieren un discernimiento atento. También hay personas que viven otras formas de entrega y fecundidad.No se trata de señalar, sino de preguntarnos: ¿Está mi vida abierta al amor? ¿Estoy dispuesto a entregar algo de mí para que otros puedan crecer? ¿Hay espacio para recibir el don que Dios quiera confiarme?La Iglesia está llamada a escuchar, acompañar y ayudar a discernir. La apertura al don no puede imponerse desde fuera: debe nacer de un discernimiento sincero, responsable y respetuoso con la historia de cada persona y familia, en actitud de fe.Abrir la puerta al futuroDespués de encontrarse con el Niño Jesús, los Magos regresaron por otro camino. Quien se encuentra verdaderamente con un don ya no vuelve igual.También nosotros estamos llamados a perder el miedo a amar, a comprometernos y a hacer espacio para los demás. Algunas de las cosas más hermosas de la vida no estaban en nuestros planes: una amistad, una vocación, una misión, un hijo, una oportunidad de servir o la decisión de optar por otro camino.Más que preguntarnos únicamente cuánto tendremos que dar o sacrificar, podemos preguntarnos cuánto podremos llegar a amar.Los Magos vieron la estrella, se pusieron en camino, encontraron al Niño, ofrecieron sus dones y regresaron transformados. También nosotros podemos recorrer ese camino: recibir con gratitud, discernir con responsabilidad, amar con generosidad y entregar la vida para que otros puedan crecer.La verdadera riqueza quizá no consista en conservarlo todo, sino en tener el valor de abrir el corazón para darlo todo.Padre Santo, dador de toda vida, enséñanos a recibirla como un don tuyoy a ofrecer nuestros talentos al servicio de los demás.Bendice a nuestras familias, acompaña a quienes sufren por no tener hijosy concede a cada hombre y mujer descubrir su vocación al amor fecundo.Haznos también fecundos en la fe, la esperanza y la caridad.Amén.+Ramón Alberto Rolón GüepsaObispo de Diócesis de ChiquinquiráMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia