Plegarias de los abuelos

Sentimos la soledad de un hogar que, en un momento estuvo lleno con el calor y la alegría de los hijos, y ahora nos sentimos solos porque todos ellos han tomado su camino y están cumpliendo su deber en otros surcos. 

Por: Mons. Gonzalo Restrepo - Señor, gracias por habernos permitido ser padres. Los hijos que nos regalaste son frutos de tus manos, de tu inteligencia y de tu voluntad.  Esos hijos han sido la alegría de nuestras vidas, y a través de ellos tenemos nuestros nietos que se convierten en doble alegría para nosotros los abuelos al atardecer de nuestra existencia.

Hemos llegado a una etapa maravillosa de nuestra existencia. En estos tiempos de crisis, de inquietud, de revoluciones y de violencia, nosotros tenemos el espíritu puesto en ti.  Por eso experimentamos paz, sosiego, esperanza y mucho amor.  Porque tú eres la fuente de toda paz. Sólo en ti encuentra el hombre el sosiego y la esperanza tan anhelada y buscada por todos los caminos a través de la existencia.

Ahora podemos gozar de la frescura de la naturaleza. Pasamos largos ratos mirándonos y agradeciendo el poder estar juntos después de tantos años de matrimonio. Es ahora cuando nos necesitamos, cuando valoramos nuestra compañía, cuando agradecemos el don maravilloso del matrimonio. Ahora Señor, estamos dispuestos para ti y todos los días nuestras plegarias se elevan a ti.

Tú eres la fuente de nuestra existencia. Te queremos repetir las palabras de san Agustín, y te las decimos desde el fondo de nuestros corazones:  “Nuestros corazones no descansarán hasta que no contemplemos tu rostro, hasta que no descansemos en ti”.  Reconocemos que tú eres nuestro origen y nuestra meta.

Estamos felices de haber cumplido la labor que nos diste. Queremos llegar a ti con las manos llenas de frutos, recogidos en varias cosechas de nuestra existencia, surgidos de las hermosas semillas que tú plantaste en nuestras vidas. Nos diste varios talentos.  Gracias Señor. Queremos presentarnos ante ti con esos talentos multiplicados; por eso, mientras nos sigues prestando la existencia, ayúdanos con tu fuerza, ilumínanos con tu inteligencia y mueve nuestra voluntad para que sigamos produciendo frutos y multiplicando los talentos que nos regalaste.

Sentimos la soledad de un hogar que, en un momento estuvo lleno con el calor y la alegría de los hijos, y ahora nos sentimos solos porque todos ellos han tomado su camino y están cumpliendo su deber en otros surcos.  Pero esta soledad física, la llena tu presencia, la certeza que tenemos de que siempre nos acompañas y que jamás nos abandonarás. Estarás contigo hasta el final de nuestros días, y tu presencia nos colmará por toda la eternidad.

Cuida de nuestros hijos y nuestros nietos.  Protégelos con tu gracia y tu poder, llévalos por el camino del bien, de la verdad, de la justicia y de la paz, aliméntalos con tu palabra y no permitas que ellos se separen de ti.  Un día moriremos pero estamos seguros que tú seguirás con ellos y tu protección jamás les faltará.

Mientras nos vemos para siempre, cuenta con nosotros, con nuestra plegaria, nuestra fidelidad y nuestra existencia. Queremos ser abuelos alegres y llenos de fe, de amor y de mucha esperanza. Sabemos que un día llegaremos a buen puerto y que tú estarás allí para acogernos y estar con nosotros para siempre.

+ Gonzalo Restrepo Restrepo
Arzobispo de Manizales

Posted by editorCEC2

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