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SISTEMA INFORMATIVO

El valor de ser auténticamente pueblo

Mié, 21/07/2021 - 08:40 editorCEC1

Tags: papa francisoco identidad de pueblo estado sentido pertenencia Monseñor Juan Carlos Cárdenas obispo de pasto Iglesia

Por: Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro - Reflexiones desde el pensamiento del Papa Francisco - Hoy, tomo del libro Soñemos juntos del Papa Francisco, apartes de su reflexión sobre la categoría “pueblo”.

El Papa aborda la necesidad de «recuperar nuestro sentido de pertenencia, de sabernos parte de un pueblo. Como primera medida, su punto de partida, en cuanto creyente, es que los discípulos de Jesús, la Iglesia, no somos una institución: fundamentalmente somos pueblo de Dios, lo que nos llama a estar unidos».

Qué significa ser “un pueblo”
Esta pregunta implica para el contexto actual, una oportunidad de ir a lo que debe ser el fondo de todas las inquietudes y aspiraciones de determinada comunidad humana.

Advirtiendo los riesgos que conlleva hablar de pueblo desde perspectivas populistas, el Santo Padre aclara que pueblo no es lo mismo que país, nación o Estado. Nos dice: «El pueblo es siempre el fruto de una síntesis, de un encuentro, de una fusión de elementos dispares que genera un todo superior a sus partes. Aun si tiene profundos desacuerdos y diferencias, un pueblo puede caminar inspirado por metas compartidas, y así crear futuro» (págs. 104-105).

Un pueblo «es más que la suma de los individuos […] es una realidad viva, fruto de un principio integrador compartido». Al pueblo no se le puede mirar solo desde la ciencia, sociología o análisis; sólo es posible, según el Sumo Pontífice, «aproximarnos a él desde la intuición, entrando en su espíritu, su corazón, su historia y su tradición».

Tentaciones que hieren la identidad de pueblo
Una tentación que señala el Papa es el elitismo, que «reduce y restringe las riquezas que el Señor puso en la tierra, convirtiéndolas en posesiones para ser explotadas por algunos en vez de dones para ser compartidos». Puede haber élites intelectuales, morales, religiosas, políticas, económicas o culturales. Esta tentación se supera apelando a la unidad en la diversidad. La lógica de élite genera exclusiones (y no pensemos en la “lucha de clases”); quien reivindica derechos de algún colectivo, puede terminar siendo excluyente con los demás.

Otra es la del individualismo. Según el Papa, es “autodestructiva”, pues genera asilamientos. Por ello invita como superación «a salir de mi “lagunita personal” y volcarme al ancho cauce del río de la realidad y del destino del que soy parte, pero que también va más allá de mí».

Dios y la dignidad de un pueblo
No hay que equivocarse, Dios no obstruye o anula al ser humano. El Papa recuerda la historia de la salvación: «Jesús le restaura la dignidad al pueblo con hechos y palabras que manifiestan la cercanía de Dios». Una fe auténtica convoca a la solidaridad y a la fraternidad: a la acogida.

+ Juan Carlos Cárdenas Toro
Obispo Diócesis de Pasto

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Lun 12 Sep 2022

El estallido de las élites

Por: Mons. Juan Carlos Barreto Barreto - Constatar que Colombia es uno de los países más desiguales del mundo y que el 39 % de la población colombiana vive en la pobreza, invitan a pensar en las verdaderas causas del empobrecimiento del país y en las soluciones que se deben dar para transformar las condiciones de vida del pueblo colombiano. Es de conocimiento público que los megaempresarios colombianos siempre han estado en contra de reformas tributarias que les toquen el bolsillo y afecten sus abundantes dividendos y sus tradicionales exoneraciones. Recientemente, el presidente de la ANDI ha tenido a su disposición amplios espacios en diversos medios de comunicación, hablando de la catástrofe que significaría que el actual gobierno realice una reforma tributaria en la que se recauden 25 billones de pesos. En este contexto, se puede afirmar que la propuesta de reforma tributaria del año 2021 produjo un estallido social y la actual propuesta de reforma está produciendo un estallido de las élites. El punto de vista aquí presentado no pretende ser un análisis sobre toda la reforma tributaria, sino sobre la posibilidad de aporte de los sectores económicos con mayores posibilidades. Además, bien sabemos que la sola reforma tributaria no es suficiente si no se logran atacar la corrupción, la elusión y evasión. Para un análisis objetivo es absolutamente necesario tener en cuenta los datos de la Superintendencia de Sociedades, la cual ha informado que las mil empresas más grandes del país obtuvieron utilidades por 98 billones de pesos en el año 2021, y que esas mil empresas han obtenido utilidades por 370 billones de pesos en los últimos seis años (la ganancia en billones, según el año, ha sido: 2016: 45, 2017: 45, 2018: 68, 2019: 69, 2020: 45, 2021: 98). Por consiguiente, se quedan sin fundamento las falsas alarmas del sector empresarial, al cual el país no le pide que deje de recibir utilidades. Lo que se requiere del alto empresariado colombiano es que se parezca al empresariado de Europa y de Estados Unidos, en donde hay solidaridad con la ciudadanía y han contribuido a construir sociedades con bienestar para todos. Por pagar impuestos justos, las empresas no se han acabado en Europa ni en Estados Unidos, y no se acabarán en Colombia. En el caso del sector financiero, según la Superintendencia Financiera de Colombia, a cierre de mayo de 2022, los activos del sistema financiero alcanzaron $2.461,5 billones. De este valor $1.221,5 billones (49,6 % del total) corresponden a recursos propios de las entidades vigiladas, mientras que los recursos de terceros, incluyendo activos en custodia, alcanzan los $1.240 billones (50,4 % del total). Respecto a los terratenientes, según un estudio realizado por Oxfam (ONG internacional que trabaja para combatir la desigualdad) con base en las informaciones del DANE correspondientes al censo agropecuario del año 2014 (los datos más actualizados de los que dispone el país), en Colombia el resultado es dramático: el 1% de las explotaciones agrícolas de mayor tamaño ocupa el 81% de la tierra, mientras el 99% ocupa tan solo el 19%. De otra parte, los predios grandes (de más de 500 Ha) ocupaban 5 millones de hectáreas en 1970 y en 2014 pasaron a ocupar 47 millones. En el mismo periodo su tamaño promedio pasó de 1.000 a 5.000 hectáreas. Indudablemente, Colombia es un país de terratenientes. Otros ricos, dentro de los cuales están empresas que no hacen parte de las mil más grandes del país, los grandes comerciantes, los herederos de grandes fortunas, algunos profesionales y otras personas naturales también gozan de generosos beneficios, y podrían hacer un aporte significativo al país. No escribo este artículo como un economista, porque no lo soy, ni como un defensor del gobierno actual, porque como pastor de la Iglesia estoy comprometido con una posición crítica frente a todos los gobiernos, valorando lo positivo y rechazando lo injusto. Estas reflexiones surgen del análisis de los datos oficiales (los cuales son incontrovertibles), de la preocupación por la desinformación que difunden muchos medios de comunicación y sectores políticos y económicos, y ante la tristeza de ver que el país puede seguir generando riquezas solo para los grandes empresarios, los banqueros, los terratenientes y otros ricos. Me inspira el pensamiento del Papa Francisco, quien, dirigiéndose a los jóvenes en el año 2020, les dijo: “Les escribo para invitarlos a una iniciativa que he deseado tanto: un evento que me permita encontrar a quienes hoy se están formando y están empezando a estudiar y practicar una economía diferente, la que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda. Un evento que nos ayude a estar juntos y conocernos, que nos lleve a hacer un “pacto” para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana”. + Juan Carlos Barreto Barreto Obispo de Soacha Publicado en: Diario El Espectador

Vie 9 Sep 2022

Ciudadela y Sínodo sacerdotal

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - Recibir de Dios las vocaciones y los pastores que necesita una Iglesia Particular como la de Cali, es una gracia que hoy agradecemos infinitamente al Dueño de la mies, al “Pastor y Obispo de nuestras almas”, Cristo Jesús. Es una bendición inmensa contar con familias, escuelas, parroquias, movimientos apostólicos, congregaciones religiosas, cooperación entre Iglesias y con benefactores que apoyan a los seminaristas, que lo han hecho posible. El Seminario San Pedro Apóstol, el “Seminario Parroquia” de profesionales Santiago Apóstol, y el naciente Propedéutico San Joaquín, ubicado en dicha parroquia, conforman, con sus formadores y docentes, vinculados a la Unicatolica, esta comunidad formativa sacerdotal para el presbiterio de Cali. No solamente de formación básica, con sus tres ciclos, sino con formación permanente, con profesionalización y especializaciones académicas en Cali y en el exterior. Estos procesos están enmarcados, necesariamente, en una búsqueda, que es diferencial en cuanto a sus referentes, de lo que el Papa Francisco llamó LAS CERCANÍAS DEL SACERDOTE, que ampliamos a 5 cercanías: a Dios, al Obispo, a sus hermanos en el Orden sacerdotal, a sus feligreses y, con ellos, al territorio y población en que viven, comparten, sirven y evangelizan. En este “tiempo de Dios” que vive la Iglesia bajo el signo y metáfora del SÍNODO, es decir, del dinamismo comunitario y colectivo para “caminar juntos”, el mismo Señor nos ha permitido transformar un espacio y terreno de la Arquidiócesis en lo que llamaremos “Ciudadela Sacerdotal Santo Toribio de Mogrovejo”, al sur de la ciudad. Será un intento por configurar, entre todos, nuestro proceso de pastoral sacerdotal, con su Vicaría y organismos del presbiterio, en función de las “cercanías” antes referidas, entendiéndolas todas como “proyecto integral de la vida sacerdotal”. Un proyecto que recoge y hace visible y viable la vida entera de un sacerdote, sin aislamientos ni desmedro de su identidad, su estilo de vida y su ejercicio sacerdotal, aún por fuera del cargo y de las condiciones para desempeñar alguno. La Ciudadela Sacerdotal de Cali está siendo una obra concebida en su ubicación, terreno y diseño arquitectónico, en su Templo, sus espacios interiores y externos, para educarnos más en relación a la dignidad, la solidez y la unidad que deberían caracterizar siempre la vida de todo presbiterio. Su proyección al inmediato futuro, sus desarrollos ulteriores y el acceso a su ocupación y uso, buscarán garantizar esos “valores” espirituales y esos objetivos funcionales. ¿Quién es Santo Toribio de Mogrovejo y porqué la elección de dicho nombre como Santo Patrono? Lo diremos en la siguiente entrega de Octubre. Por ahora, refresquemos la actualidad de esta gran figura del Santoral Latinoamericano, quien confirmó a Santa Rosa de Lima y fue contemporáneo también de San Martín de Porres, San Juan Macías y San Francisco Solano. *Santo Toribio de Mogrovejo anticipó en su época, (siglo XVI), el caminar de la IGLESIA EN SALIDA en nuestro continente, y vivió a plenitud el ejercicio sinodal. Dedicó 17 de sus 25 años como Arzobispo de Lima y Metropolitano del Virreinado, a recorrer aproximadamente 40.000 Kilómetros de su jurisdicción eclesiástica, que comprendía gran parte de Centro y SurAmérica, defendiendo los derechos de los indígenas, anunciando el Evangelio en las periferias y consolidando las doctrinas, comunidades y patronatos. El Obispado de Popayán y el territorio de la Cali de entonces, hasta Panamá y Nicaragua, estaban bajo su cayado de Pastor. Así hizo 13 sínodos y convocó y presidió el III Concilio Limense (1582-1583), al cual asistieron prelados de toda Hispanoamérica. Cada 23 de marzo en el Calendario litúrgico y cada 27 de abril en el del Perú, se celebra su fiesta o memoria, recordándolo como “el Santo Padre de América” y Patrono del Episcopado Latinoamericano. Su mismo nombre, etimológicamente (turbios), significa “vida en movimiento”, persona dinámica, caminante (tour, tur). Toda una profecía de celo misionero, valentía y autonomía proféticas, sentido y consenso desde la fe y la comunión. Sínodo y Ciudadela Sacerdotal convergen plenamente en el ejemplo y legado de santidad de Santo Toribio de Mogrovejo. + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Mié 31 Ago 2022

¡Abramos juntos Caminos de humanidad!

P. Rafael Castillo Torres - La paz no nacerá, ni nos llegará, espontáneamente de unas actitudes violentas. Una cosa es la paz que se firma… y otra son las paces territoriales. Ambas muy necesarias. Los desaciertos que hemos tenido hasta hoy, sólo han traído enormes retrocesos que han contribuido, en gran manera, al dominio territorial que hoy tienen las estructuras mafiosas y las organizaciones criminales. Organizaciones que nos han mostrado, con su accionar, que sí son capaces de paralizar y de controlar, tanto las pequeñas comunidades de la Colombia de bien adentro, como cualquiera de nuestras principales ciudades capitales. Verbigracia la ciudad de Barranquilla. La paz verdadera requiere un clima social, propicio. ¿Qué actitudes concretas deberíamos asumir en aras de poder superar “la torpeza de la pasionalidad política” que ha acompañado por décadas nuestra Nación? 1. Rechacemos, no solo interiormente, sino también de manera pública, los crímenes de los violentos. Nadie puede identificarse con sus objetivos que hoy golpean cobardemente la vida de soldados y policías. Nuestra conciencia antecede todo. Defendamos, unánimemente, nuestras instituciones, la vida y los derechos fundamentales de la persona. 2. Demostremos a los violentos y a los enemigos de la paz, cuál es la voluntad de esa Colombia profunda, sola y abandonada, que no solo vive en el purgatorio de su pobreza, sino también en el infierno de su miseria. Esos grupos creados para asesinar líderes sociales, al igual que todos los actores armados ilegales y quienes dentro del Estado, de manera equivocada, pretendan reactivar prácticas ignominiosas, deben entender que no pueden seguir actuando contra nuestra voluntad. 3. Tengamos claridad sobre la asignatura que está pendiente: Pasar de un acuerdo firmado, a una paz en permanente construcción. Esta paz es más importante que el gobierno de turno y que el saliente y que la polarización en el Congreso. Es una paz que está por encima de los intereses particulares y de las pretensiones partidistas de aquellos que no se ruborizan ni sienten vergüenza. No es justo impedir la paz, dificultarla o retrasarla. Aprovechemos como conviene los aires los buenos propósitos de dialogo y de reconciliación. 4. Aprendamos de San Oscar Arnulfo Romero, quien siempre buscó resolver los problemas de su pueblo por las vías dignas del ser humano, por caminos de humanidad. Dios no nos creó para vivir en la violencia y en el odio, sino para que nos entendiéramos buscando lo mejor para todos. 5. Apoyemos y defendamos los acercamientos y entendimientos que nos alejen del enfrentamiento destructor. Renunciemos a los extremismos faltos de realismo y que no ayudan. Dejemos de lado las reacciones viscerales y sus consignas de odio y venganza. 6. Persistamos en la búsqueda de la verdad. No la deformemos por intereses partidistas, ni la sacrifiquemos por ninguna estrategia. La mentira impide el entendimiento y la ceguera genera violencia. La paz la transitamos por caminos objetivos procurando esclarecer las razones enfrentadas, lo cual nos exige creer en la justicia transicional, que sí es justicia. 7. Introduzcamos, como nación, nuestra capacidad de perdonar. De la nobleza del perdón, nos llegarán las buenas energías para construir nuestro futuro de nación. Oremos al Dios de la Paz por estas intenciones. Padre Rafael Castillo Torres Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Caritas colombiana

Mié 31 Ago 2022

La XXXV Semana por la Paz: ¡Territorios en Movimiento por la Paz!

Por: P. Rafael Castillo Torres - Del 4 al 11 de septiembre los colombianos celebramos la Semana por la Paz, como un escenario de múltiples encuentros y a múltiples niveles en el que la movilización social territorial hará visible aquellos procesos y esfuerzo de personas, organizaciones y comunidades, que trabajan por el logro de la paz, la resolución pacífica de los conflictos y la construcción de iniciativas que dignifican la vida. No hay duda que Colombia vive momentos de esperanza en medio de las expectativas que se han generado con el nuevo gobierno, siendo nuestra mayor esperanza, en esta transición de la Nación, la generación de condiciones ciertas para la reconciliación y la paz con el concurso de todos los actores que creemos que si bien la Patria es un don… la Nación es una tarea. Los discípulos misioneros, seguidores de Jesús, estamos llamados, durante todo el mes de septiembre y de manera muy especial en el marco de la Semana por la Paz, a celebrar, desde nuestra espiritualidad, identidades culturales, saberes comunitarios y procesos territoriales la cultura del encuentro que nos permita acercar orillas y construir puentes de civilidad que se puedan andar, confiadamente, en ambas direcciones. ¿No será este el camino más acertado de crecer en la sinodalidad como estilo de vida en la búsqueda permanente de la paz y de la reconciliación? En este esfuerzo, de hace ya varias décadas, de celebración de la Semana por la Paz, nuestro propósito no ha sido otro que responder a una pregunta esencial: ¿Cómo vivir bien estando juntos en nuestros territorios y fructificando cada uno, con su familia, allí donde Dios nos sembró? Es en la comunidad donde se sitúan todos los saberes que deben servir a la felicidad personal, comunitaria y social. Esta semana por la paz tiene como lema: “Territorios en movimiento por la paz- reconociendo, resignificando y reivindicando”. Es un lema que nos invita a reconocer que Colombia es un país de regiones en las que, no sólo hay una tierra como espacio geográfico, sino también un territorio que es su geografía humana con todos sus valores compartidos y también unas territorialidades que son ese entramado de relaciones y de acuerdos que enmarcan sus identidades y su ethos cultural. Territorios en movimiento quiere decir fundamentalmente que, desde la palabra que nos congrega vamos a deliberar, entre todos, la región que soñamos y la Colombia que queremos. Será un reflexionar juntos sobre ese conjunto de valores que nos llenan de sentido, pero también sobre aquellas instituciones para la convivencia social y la construcción del bienestar colectivo. Desde la Colombia profunda, la que el Papa Francisco llama periferias existenciales, el mayor clamor que sube hasta el centro de la Nación es el cuidado de su gente. Cuidar su Pueblo es el supremo valor político que todo presidente y su gobierno están llamados a respetar. Es función del Estado cuidar la vida y medios de vida de los ciudadanos, lo cual va más allá de la economía; cuidar también la justicia en estos contextos de corrupción e impunidad, así como la participación y la debida atención a las necesidades de los ciudadanos en las diferentes instancias de su vida personal, comunitaria y social. Movilizar territorios es reconocer que nuestra sociedad colombiana no podrá crecer en humanidad sobre la falta de cuidado, de justicia y de igualdad. Y todo ello porque la justicia y el cuidado han sido bienes escasos de nuestra historia de Nación. Una sociedad no cuidada e injusta será siempre violenta producirá violencia y sufrirá violencia. Nuestra esperanza es que durante esta semana nos demos la oportunidad de reconocer que Colombia necesita generosidad, cooperación y diálogo, comunicación libre. En una palabra, los valores que construyen la amistad y la fraternidad social. (Fratelli Tutti # 66). Valoremos que hoy somos una Nación que respira aires de esperanza. Y lo hace desde sus movimientos sociales de jóvenes y mujeres, de campesinos y artesanos de la vida, desde sus comunicadores populares que cada vez más democratizan la palabra, desde los obreros y desde las empresas que se abren a la nueva genialidad de ser comunidad de personas. Queremos vivir lo social y lo solidario como un nuevo paradigma que nos señale un norte. Sólo nos queda una disyuntiva: reforzar el nuevo paradigma esperanzador o correr el riesgo de que lo peor se haga posible, y lo posible, probable. A quienes profesamos una fe y nos consideramos discípulos y misioneros de Jesús, los invitamos, en el marco de esta Semana por la paz a reconocer que el agua brota con mayor fuerza cuando viene de la profundidad, lo cual significa que todo lo debemos hacer con espiritualidad. Queremos invitar a cada familia, pequeña comunidad, parroquia, Zona o Vicaría de Pastoral, movimiento religioso, congregación religiosa a que, en esta Semana por la Paz, firmemos este manifiesto que les proponemos inspirado en la Palabra de Dios que es luz para nuestros pasos. En primer lugar, lo vamos a reflexionar y a meditar hasta apropiarnos de él. Luego, en un acto simbólico, lo vamos, todos, a firmar como signo de comprimo ante Dios, ante la comunidad y como signo de Esperanza para una Nación creyente que confía y espera en su Señor. Manifiesto por la Paz y la Convivencia 1. Nos alegraremos con los que se alegran y lloraremos con los que lloran. (Rom. 12,15). 2. Nos pondremos de acuerdo para que no haya divisiones entre nosotros y así podamos vivir en perfecta armonía. (1Cor. 1,10). 3. Haremos de nuestras conversaciones un momento agradable y de buen gusto, sabiendo cómo tratar a cada uno (Col. 4,6). 4. No nos vamos a morder ni mucho menos a devorar, para no destruirnos los unos a los otros. (Gál. 5,15). 5. Nos ayudaremos mutuamente a llevar las cargas, así cumpliremos el mandato solidario de Jesús. (Gál. 6,2). 6. Nos vamos a soportar mutuamente con caridad. Tratando de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz. (Ef. 4,2-3). 7. Nos comprometemos a no pronunciar palabras que no edifican. Evitaremos la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad (Ef. 4,29-31). 8. Consideraremos a los demás como superiores a nosotros mismos. No buscaremos nuestro propio interés sino el interés de los demás. (Flp. 2,3-4). 9. Ninguno de nosotros pretenderá devolver mal por mal. Nos esforzaremos por hacer siempre el bien. Estaremos siempre alegres y oraremos sin descanso (1Tes. 5,15-17). 10. Evitaremos las cuestiones carentes de sentido: estamos convencidos de que solo traen grandes altercados. Como servidores de Dios procuraremos ser amables con todos. (2Tim. 2,23-24). Finalizada la proclama del manifiesto y antes de su firma, todos y todas, haremos esta suplica en cada rincón familiar y comunitario: “Señor llévame de la muerte a la vida y de la falsedad a la verdad. Llévame de la desesperación a la esperanza y del miedo a la confianza. Llévame del odio al amor y de la guerra a la paz. Permite, señor, que la paz llene nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y a Colombia entera. Amén. Padre Rafael Castillo Torres Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Caritas colombiana