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obispos colombianos

Vie 3 Jul 2026

El sacramento del matrimonio, una buena noticia

Por Mons. Héctor Cubillos Peña - Hoy, en diferentes contextos, el matrimonio está considerado como una institución llamada a desaparecer. Se piensa como una realidad que va contra la dignidad de la persona humana y su autorrealización, en él la mujer recibe toda clase de ataques que anulan su identidad y la mantiene en una dependencia esclavizante.Esta situación entra en conflicto con el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia manifestado en Jesucristo que la Iglesia, fiel a su misión, defiende y promueve como institución humana y como realidad de salvación. El matrimonio no es una propuesta engañosa ni obsoleta; no es una ilusión ni algo que va en contra de la dignidad de la persona y sus derechos. Se trata de una realidad posible que realiza el amor y la felicidad que contribuye positivamente al bien de la sociedad. Pero el matrimonio, además, ha sido elevado a la categoría de sacramento.En la vida de la Iglesia hay siete sacramentos instituidos por Dios, que son los canales por los cuales llega a los hombres el amor y la acción salvadora de Dios. No son invención de sus ministros y no pueden ser suprimidos ni alterados en su esencia. Todo lo que Dios quiere entregar a la humanidad para su bien y su realización lo comunica por los sacramentos. Los sacramentos salvan, transforman, cambian, embellecen, fortalecen y llenan de alegría y nueva vida. Son un don de la misericordia y llenan de alegría y nueva vida. Son un don de la misericordia y del poder divinos. Nuestro Dios es un Dios no que destruye, sino que salva y perfecciona.La vida de Dios, que es verdadera e invisible, llega a los hombres a través de realidades visibles de este mundo. El agua del bautismo, al derramarla sobre la cabeza del niño con las palabras del sacerdote hacen real la acción de Dios que verdaderamente purifica, da la vida divina y convierte en hijo de Dios al que la recibe.El matrimonio es uno de esos sacramentos, es decir, por el amor libre y consciente de una pareja que decide llevar una vida de unidad, de ayuda mutua de pareja para siempre y en exclusiva para buscar alcanzar el bien y la felicidad contribuyendo a la transmisión y cultivo de la vida de sus hijos, el matrimonio queda establecido como un reflejo del amor de Jesús y a la manera del amor de Jesús.Sin embargo, todos los seres humanos tenemos en nuestro interior una fuerza que quiere obstaculizar y destruir no solo el mismo amor humano, sino también que la vida de pareja no refleje el amor de Dios. El corazón humano es frágil y débil. De ahí la realidad cotidiana de matrimonios destruidos, separados, heridos como de hecho se han presentado siempre.El matrimonio es uno de esos sacramentos; es decir, el amor entre un hombre y una mujer por la acción de Dios, está llamado a ser una imagen, un reflejo del amor de Jesús por los suyos. Todo en la vida de unos esposos ha de ser una realidad que muestre ese amor de Dios. Y, de otra parte, es una gracia que hace posible esa realidad. Al ser una gracia viene a fortalecer la vida matrimonial de amor exclusivo y permanente para que no vaya a fracasar ni a destruirse. El sacramento salva el amor conyugal.Lo anterior es así, porque aparece en la Palabra de Dios, el Creador al llamar a la existencia a la primera pareja y luego Jesús afirmaron: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1, 27; Marcos 10, 6-7). Toda la vida de una pareja; sus relaciones y su convivencia han de mostrar esa semejanza con Dios y su amor. San Pablo al referirse al matrimonio dice que este está referido al amor de Jesús, el esposo con su esposa que es la Iglesia (Cfr. Efesios 5,32). Toda la enseñanza de Jesús y sus relaciones con las gentes son el camino de la felicidad y la santidad. Ese amor es el que debe habitar en el corazón, la mente, las palabras, los deseos, la sexualidad, el cariño, la unidad y la comunión. Dice la escritura: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne” (Mateo 19, 5). Dos personas, dos existencias, dos proyectos de vida que están llamados a ser uno en esta vida, por cuanto en el cielo ya no habrá matrimonio, sino que todos estarán integrados en el amor perfecto de Dios.Sin embargo, el amor de los esposos no se encuentra encerrado en ellos mismos, ha de estar abierto a la vida familiar; la familia ha sido llamada “Iglesia doméstica”, es decir, una comunidad de padres e hijos en donde se ha de vivir en la presencia y compañía de Dios y en donde sus miembros han de reproducir el amor de Jesús por los discípulos. La familia es el santuario del amor y de la vida por cuanto el amor se prolonga en la comunicación de la vida a los hijos. La gracia y ayuda de Dios que comunica el sacramento del matrimonio permanece en la familia que ha de brillar por el amor que hacen visible para los demás y que es eficaz en todos los momentos de alegría y sufrimiento. La gracia del sacramento hace posible el diálogo, el perdón, la tolerancia y la ayuda entre todos.Pero, esa gracia de Dios no llega al matrimonio ni a la familia de manera automática ni mágica; es necesaria la apertura y la acogida de cada uno. Esto será posible en la medida en que en pareja y en familia se haga oración, se escuche la Palabra de Dios, se reciba el perdón de los pecados y se acuda al alimento de la Eucaristía. Es así, como se recibe la acción poderosa y de amor de Dios. Unos esposos en y con su familia se convierten en pruebas y testimonios palpables de que sí es posible y es camino de felicidad el matrimonio sacramental, que es en verdad una Buena Noticia.+Héctor Cubillos PeñaObispo de la Diócesis de ZipaquiráMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Mié 1 Jul 2026

Llamados a ser santos y a participar en el ministerio de Cristo

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Con ocasión de la jornada para la santificación sacerdotal, el papa León XIV escribió, en el marco de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, un profundo mensaje en el cual reitera el llamado a los ministros ordenados a ser santos. Dice así, entre otras cosas:“Dios nos invita a participar de su misma santidad. Cuando nos llama a ser santos porque Él es santo, nos indica el camino a seguir: dejarnos modelar según su Corazón. Y para nosotros, queridos hermanos, esta llamada es particularmente radical. El Señor prometió: «Les daré pastores según mi corazón, que los apacentarán con ciencia y prudencia» (Jer. 3,15). La santidad que se nos pide es un abandono confiado: dejarnos transformar por su Santo Espíritu.Sin embargo, precisamente aquí surge la gran paradoja de nuestra vida sacerdotal: estamos llamados a participar de la misma santidad de Dios, pero llevamos este tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Co 4,7), somos limitados e imperfectos, a menudo estamos marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas. ¿Cómo puede un corazón humano, tan vulnerable, responder a una llamada tan alta? El sacerdote vive esta tensión, pero sabe dónde encontrar paz: en el costado abierto del Señor Jesús”.En muchas jurisdicciones eclesiásticas, en los meses de junio y julio se llevan a cabo los retiros espirituales para los ministros ordenados, presbíteros y diáconos. En Cali se realizan cuatro tandas, tres para los presbíteros y una para los diáconos permanentes.Es por esto que he considerado muy pertinente proponer esta reflexión, pues el llamado que nos hace el Papa es siempre actual, y diríamos, urgente. La humanidad que reviste a los ministros ordenados a veces los lleva a perder el norte de su ser y de su misión. Ya lo anotaba el Papa que “somos limitados e imperfectos, a menudo estamos marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas”.Este tomar conciencia de la realidad que envuelve a los sacerdotes y diáconos, es un punto de partida para seguir consolidando lo que desde el seminario se nos decía: la importancia del autocuidado. Aquí es necesario que los presbíteros y diáconos tengan las herramientas espirituales y humanas para saber hacer frente a las dificultades y desafíos que vayan encontrando. Anoto algunas: la dirección espiritual, la oración personal y comunitaria, la vida fraterna, la frecuente celebración del sacramento de la reconciliación, la vivencia plena y confiada del sacramento de la eucaristía, una afable y confiada relación con la Virgen María, sanas amistades, descanso, ejercicio físico y vida familiar sincera.El Papa Francisco nos hablaba de unas cercanías como medios para proteger a los sacerdotes y ayudarles a crecer en su vida de santidad: cercanía a Dios, al obispo, a los hermanos sacramentales y al pueblo santo de Dios.Simplemente invito a quienes van a participar en los retiros espirituales 2026, a vivirlos con entusiasmo y a ver en ellos ese kairós, ese tiempo de gracia para fortalecer lo que está bien en el ministerio, a revisar y mejorar lo está débil, y a dar el paso a una auténtica conversión si se está desviando el camino. Para ello: no tengan miedo a reconocerse limitados y necesitados de la ayuda del Señor que actúa a través del obispo.A los fieles en general dirijo también un llamado: oren por sus sacerdotes y servidores en la Iglesia. Ellos los necesitan hoy más que nunca, con su comprensión, su exigencia y mano extendida. Valoren la entrega de sus sacerdotes a sus comunidades, en la mayoría de los casos sacrificada. En el silencio ellos llevan sobre sus hombros sus penas y dolores. Necesitan, pues, el aliento de sus fieles más que las críticas destructivas a veces infundadas.En estos días en que muchos de los párrocos estarán ausentes de sus parroquias para hacer los retiros, únanse en oración ante el Sagrario y téngalos muy presentes. En los retiros ellos llevan también sus plegarias al altar.De nuevo retomo el llamado final del Papa León en su mensaje para la santificación sacerdotal:“Queridos sacerdotes, renueven cada día su “aquí estoy” ante el Corazón traspasado de Cristo. Entréguense totalmente a Él, para que puedan amar a su pueblo con el mismo amor con el que Él lo ama. Y recuerden con alegría, como le gustaba repetir al santo Cura de Ars, que «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús» (cf. Benedicto XVI, Carta para la convocación del Año Sacerdotal [16 junio 2009]: AAS 101 [2009], 569). Este amor es prenda y garantía de que nada de nosotros se perderá, si todo lo nuestro lo entregamos y ofrecemos. Les encomiendo a todos y a cada uno a la Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella, que conservó en su corazón el misterio del Hijo, nos enseñe a conservar y a hacer latir en nosotros el Corazón de Cristo, Salvador del mundo”.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Lun 29 Jun 2026

El Papa León XIV nombra a monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como nuevo obispo de Yopal

La Santa Sede ha dado a conocer el nombramiento realizado por el Papa León XIV de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como nuevo obispo de la Diócesis de Yopal.Monseñor Sanabria Arias se desempeñaba como vicario apostólico de San Andrés y Providencia. Con esta designación, se convierte en el tercer obispo de la Iglesia particular de Yopal.Monseñor Sanabria Arias sucede a monseñor Edgar Aristizábal Quintero, quien fue nombrado obispo de Duitama-Sogamoso en mayo de 2024. Desde entonces, la Diócesis de Yopal permanecía en sede vacante y estaba bajo la administración pastoral del presbítero Jeison Andrey Salguero Roa, elegido Administrador Diocesano por el Colegio de Consultores el 25 de julio de 2024.De la Isla a los LlanosDesde 2016, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias ha estado al frente del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, circunscripción eclesiástica directamente sujeta a la Santa Sede que comprende el territorio del departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Su sede se encuentra en la ciudad de San Andrés.Fue nombrado vicario apostólico de esta jurisdicción por el Papa Francisco el 16 de abril de 2016. Recibió la ordenación episcopal el 22 de mayo del mismo año y tomó posesión canónica del Vicariato el 25 de junio de 2016.Con el nombramiento realizado por el Papa León XIV, concluye una década de servicio episcopal en el archipiélago y asume ahora la conducción pastoral de la Iglesia particular de Yopal, en el departamento de Casanare.Trayectoria pastoral del nuevo Obispo de YopalMonseñor Jaime Uriel Sanabria Arias nació el 17 de abril de 1970 en el municipio de Ciénega, Boyacá, perteneciente a la Arquidiócesis de Tunja. Es hijo de José del Carmen Sanabria y Rosalbina Arias Soler.Realizó sus estudios básicos en el Colegio José Cayetano Vásquez de su municipio natal. Posteriormente ingresó al Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Tunja, donde cursó los estudios de Filosofía y Teología.Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de noviembre de 1994 para la Arquidiócesis de Tunja. Además, realizó estudios de Pastoral con el Movimiento para un Mundo Mejor y el Plan de Renovación y Evangelización Diocesana.Durante su ministerio sacerdotal desempeñó, entre otros, los siguientes servicios pastorales:-Vicario parroquial en Ciénega, Boyacá (1994-1999).-Párroco de San Antonio de Ventaquemada (1999-2007).-Vicario Episcopal para la Acción Pastoral de la Arquidiócesis de Tunja (2008-2016).La Diócesis de YopalLa Diócesis de Yopal tiene sus orígenes en el antiguo Vicariato Apostólico del Casanare, territorio de misión que acompañó durante décadas la evangelización de esta región de los Llanos Orientales. Comprende los municipios de Sácama, Pore, Nunchía, Yopal, Pajarito, Recetor, Aguazul, Chámeza, Monterrey, Sabanalarga y Villanueva, así como parte de los municipios de Hato Corozal, Paz de Ariporo, Tauramena y el corregimiento de Morcote.Fue erigida en 2001 por san Juan Pablo II, quien nombró ese mismo año como su primer obispo a monseñor Misael Vacca Ramírez. Posteriormente, entre 2017 y 2024, la jurisdicción fue pastoreada por monseñor Edgar Aristizábal Quintero.La patrona de esta Iglesia particular es Nuestra Señora de los Dolores de Manare, cuya devoción ha acompañado históricamente la vida de fe de ese pueblo casanareño, que ahora iniciará una nueva etapa pastoral con el nombramiento de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias.

Jue 25 Jun 2026

"Tendamos nuestra mano solidaria a Venezuela": Iglesia Católica en Colombia llama a la solidaridad con los afectados por los terremotos

En un mensaje dirigido a los colombianos, el Episcopado invitó a transformar la cercanía con el pueblo venezolano en ayuda concreta para las familias afectadas por la tragedia y habilitó, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, un canal para recibir aportes destinados a apoyar la atención humanitaria de las comunidades damnificadas.Ante la emergencia humanitaria provocada por los terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, los obispos colombianos hicieron un llamado a la solidaridad nacional con las miles de personas afectadas por la tragedia. La invitación está dirigida a fieles católicos, comunidades eclesiales y ciudadanos de buena voluntad que deseen sumarse a esta respuesta fraterna impulsada por la Iglesia Católica en Colombia.A través de un nuevo mensaje firmado por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), los prelados expresaron su cercanía con el pueblo venezolano y convocaron a los colombianos a brindar apoyo a quienes hoy afrontan las consecuencias de esta emergencia.Un llamado a responder con generosidadEn este mensaje especial, los obispos recuerdan que el sufrimiento de las comunidades afectadas interpela la conciencia y la fraternidad de todos los pueblos, especialmente de quienes comparten vínculos históricos, culturales y eclesiales con Venezuela.“Invitamos a los fieles católicos, a las comunidades eclesiales y a todas las personas de buena voluntad a manifestar su solidaridad mediante una respuesta generosa, organizada y oportuna, que contribuya a atender las necesidades de quienes han sido golpeados por esta emergencia”.La convocatoria busca sumar esfuerzos para aliviar el sufrimiento de las familias afectadas y contribuir a la atención de las necesidades más urgentes derivadas de esta tragedia.Canal disponible para ayudar a través de la IglesiaLas personas que deseen canalizar sus aportes económicos a través de la Iglesia Católica en Colombia para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos en Venezuela podrán hacerlo a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana.Para ello, se ha dispuesto la siguiente cuenta bancaria:Cuenta de ahorros No. 081789224 Banco de BogotáTitular: Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3Los recursos recaudados serán destinados a apoyar la atención de las necesidades humanitarias más urgentes de las personas y comunidades afectadas por esta emergencia.Una expresión de fraternidad entre pueblos hermanosLos obispos colombianos destacaron que esta convocatoria surge de la cercanía histórica, humana y eclesial que une a Colombia y Venezuela, así como del compromiso cristiano de acompañar a quienes atraviesan momentos de dolor y dificultad.“Como pueblo hermano e Iglesia hermana, seguimos caminando junto a Venezuela en la fe y la esperanza, tendiendo nuestra mano solidaria para acompañar su dolor y contribuir a la reconstrucción de aquello que ha sido afectado”.El mensaje concluye invitando a las comunidades católicas del país a mantener la oración por las víctimas, sus familias, los damnificados y quienes trabajan en las labores de atención y recuperación, confiando al pueblo venezolano a la protección de la Santísima Virgen María y pidiendo al Señor fortaleza y esperanza para superar esta difícil situación.

Jue 25 Jun 2026

Episcopado colombiano expresa su cercanía espiritual y solidaridad con Venezuela tras los devastadores terremotos

La Iglesia en Colombia manifiesta su cercanía espiritual y solidaridad con el pueblo venezolano luego de los devastadores terremotos registrados el 24 de junio, una tragedia que ha dejado más de 160 personas fallecidas, cientos de heridos y graves afectaciones materiales en distintas regiones del país.El mensaje fue enviado por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) a monseñor Jesús González de Zárate Salas, arzobispo de Valencia y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, como expresión de comunión eclesial ante una emergencia que enluta a toda la nación.Una Iglesia que acompaña en medio del dolorEn su comunicación, los obispos colombianos reafirmaron la cercanía de la Iglesia con quienes hoy sufren las consecuencias de esta tragedia y aseguraron su oración por las víctimas, sus familias y las comunidades afectadas.“Conocedores de la emergencia en la que se encuentra el pueblo venezolano, a causa de los terremotos del día de ayer, la Iglesia Católica en Colombia se solidariza con el pueblo venezolano, en primer lugar, a través de la oración, y con sentimientos de profundo dolor y espíritu de comunión eclesial”.Condolencias para las familias y comunidades afectadasEl Episcopado Colombiano expresó también su pesar por la pérdida de vidas humanas y su cercanía con quienes enfrentan el impacto de la emergencia, especialmente las familias que han perdido seres queridos, viviendas o medios de sustento.“Expresamos a Su Excelencia y, a través suyo, a todos los afectados, nuestras más sinceras condolencias por la irreparable pérdida de los fallecidos, a quienes encomendamos a Dios Misericordioso para que les conceda el descanso eterno; así como acompañamos, con respeto y solidaridad, a las comunidades y familias que perdieron a sus seres queridos, sus viviendas y medios de sustento”.Reconocimiento a quienes sirven en la emergenciaLos obispos dirigieron también una oración y una palabra de aliento a los equipos de rescate y a las numerosas personas e instituciones que participan en la atención de los damnificados, destacando que este momento exige una respuesta solidaria que trascienda fronteras.“Enviamos nuestra bendición a los equipos de rescate y a todos los que se unen desde Colombia y otros países a las iniciativas para responder a esta situación que pone a prueba la solidaridad”.Confiados a la protección de Nuestra Señora de CoromotoEl mensaje concluye con una invocación a Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, para que acompañe al pueblo venezolano en esta hora de sufrimiento y fortalezca los esfuerzos de recuperación y esperanza.

Mié 24 Jun 2026

La familia, camino de reconciliación y constructora de paz

Por Mons. Félix Ramírez Barajas - La familia continúa siendo el lugar más seguro e importante para el crecimiento humano, afectivo, espiritual y social de la persona. Es la primera escuela donde aprendemos a amar, confiar, compartir, respetar y descubrir el valor infinito de los demás. En ella se forman los cimientos de nuestra personalidad y se siembran las actitudes que posteriormente orientarán nuestra manera de relacionarnos con el mundo.Frente a esta realidad, la familia, que es un don de Dios y que incluso puede ser considerada un verdadero “lugar teológico”, está llamada a redescubrir su vocación como escuela de reconciliación, taller de humanidad y semillero de paz. La paz familiar no consiste en la ausencia de problemas o diferencias, sino en la capacidad de afrontarlos desde el diálogo, el respeto, la escucha mutua y el amor. Toda familia atraviesa momentos de tensión, pero cuando existe la disposición sincera para comprender, perdonar y comenzar de nuevo, las dificultades pueden transformarse en oportunidades de crecimiento y maduración.La experiencia demuestra que muchas heridas familiares permanecen abiertas durante años porque faltan espacios auténticos de encuentro. Con frecuencia se acumulan resentimientos, silencios dolorosos, palabras no dichas y situaciones que terminan debilitando la convivencia. Por ello, la reconciliación exige valentía. Requiere la decisión de entrar en una verdadera pedagogía del encuentro, donde cada persona se atreve a reconocer sus errores, a escuchar el sufrimiento del otro y a reconstruir puentes allí donde antes existían muros. Lejos de ser una muestra de debilidad, el perdón constituye una de las expresiones más elevadas de madurez humana y espiritual.La fe cristiana ofrece una luz particular para este proceso. El Evangelio nos presenta a Jesucristo acercándose constantemente a las personas heridas para devolverles la esperanza y restaurar su dignidad. Su vida nos enseña que ninguna situación humana está definitivamente perdida cuando se abre espacio al amor y a la misericordia. En este sentido, la reconciliación familiar no depende únicamente de los esfuerzos humanos; también es fruto de la gracia de Dios que transforma los corazones y renueva las relaciones.La familia posee una misión insustituible en la construcción de la paz. Antes de que la paz se convierta en una realidad social, política o cultural, debe nacer en el corazón de las personas. Y es precisamente en la familia donde se siembran las primeras semillas de esa paz. Allí se aprende a respetar las diferencias, a compartir, a resolver conflictos sin violencia, a cuidar de los más vulnerables y a reconocer la dignidad de cada persona.Por esta razón, la construcción de una cultura de paz comienza en la vida cotidiana del hogar. Cada gesto de escucha, cada palabra amable, cada acto de servicio y cada experiencia de perdón son semillas que, aunque parezcan pequeñas, tienen la capacidad de producir frutos abundantes para toda la sociedad. Lo que se cultiva en el interior de la familia termina proyectándose hacia la comunidad, las instituciones y las relaciones sociales.El Papa Francisco afirmaba que «el bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia» (Amoris Laetitia, 31). Esta afirmación pone de manifiesto la importancia de fortalecer los vínculos familiares, pues una familia reconciliada no solamente beneficia a sus miembros, sino que se convierte en una fuerza transformadora para la sociedad. Allí donde una familia vive el amor, el respeto y la solidaridad, se generan ciudadanos capaces de construir relaciones más justas, fraternas y pacíficas.De igual manera la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV insiste en la necesidad de custodiar la dignidad de toda persona y promover una auténtica cultura del encuentro. Esta invitación adquiere un significado especial dentro de la familia, donde cada miembro necesita sentirse escuchado, valorado y amado. La reconciliación comienza precisamente cuando dejamos de ver al otro como un adversario y volvemos a reconocerlo como un hermano, una hermana, un hijo o un padre que ha sido confiado por Dios a nuestro cuidado.La familia es también una escuela de esperanza. En un mundo marcado por la polarización, la violencia, la indiferencia y la incertidumbre, los hogares están llamados a ser espacios donde se cultive la confianza, la fraternidad y la capacidad de creer en el bien. La esperanza se aprende cuando los hijos observan a sus padres superar las dificultades con fe; cuando los esposos perseveran en el amor a pesar de las pruebas; cuando las familias descubren que las crisis no tienen la última palabra y que siempre es posible comenzar de nuevo.Por ello, resulta fundamental recuperar el valor del diálogo intergeneracional. Muchas tensiones familiares nacen de las diferencias de pensamiento, de las distintas experiencias de vida o de la influencia de factores externos que dificultan la comprensión mutua. Sin embargo, cuando las generaciones se escuchan con respeto, descubren que comparten los mismos anhelos fundamentales: amar, ser amados y construir una vida plena. El diálogo sincero abre caminos de reconciliación que antes parecían imposibles.La familia sigue siendo una de las mayores esperanzas para la Iglesia y para la humanidad. A pesar de las dificultades que enfrenta, conserva una extraordinaria capacidad para educar en el amor, transmitir valores y generar ambientes de paz. Cada acto de reconciliación vivido en el hogar contribuye a la construcción de aquello que san Pablo VI llamó la “civilización del amor”: una sociedad fundada en la dignidad humana, la solidaridad, la justicia y la fraternidad.Por ello, la reconciliación familiar debe entenderse como una tarea permanente. Es un camino que exige paciencia, humildad y perseverancia, pero cuyos frutos son inmensamente valiosos. Allí donde una familia logra sanar sus heridas y recuperar la comunión, nace una esperanza nueva para la Iglesia y para la sociedad. En medio de un mundo marcado por divisiones, conflictos y diversas formas de violencia, la familia está llamada a seguir siendo un signo concreto de que el amor es más fuerte que el odio, que el perdón puede vencer el resentimiento y que la paz es posible. La oración, la lectura y meditación de la Palabra de Dios, la vida sacramental y la práctica de la caridad son caminos privilegiados para fortalecer esta vocación. De este modo, las familias podrán convertirse verdaderamente en sembradoras de esperanza, constructoras de reconciliación y artesanas de paz para una auténtica civilización del amor.Mons. Félix Ramírez BarajasObispo de Málaga-SoatáMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Mié 17 Jun 2026

Obispos colombianos se reúnen con el Papa León XIV y envían mensaje de esperanza y unidad al país antes de las elecciones

Tras sostener una audiencia con el Papa León XIV en el Vaticano, los integrantes de la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia dirigen un mensaje al pueblo colombiano en el que invitan a vivir con esperanza, responsabilidad y serenidad la jornada electoral del próximo 21 de junio, y a seguir construyendo caminos de reconciliación, fraternidad y concordia.Durante el encuentro, el Santo Padre recibió a monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia; monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, vicepresidente; y monseñor Germán Medina Acosta, secretario general. Los obispos le transmitieron el saludo y el afecto del pueblo colombiano, mientras que el Pontífice reiteró su amor y preocupación por Colombia, animando a la Iglesia y a la sociedad a perseverar en la búsqueda de la paz, la unidad y la reconciliación.En el mensaje difundido desde la Ciudad del Vaticano, los prelados afirman que, en vísperas de los comicios presidenciales, Colombia está llamada a confiar en sí misma, a reconocer el valor y la dignidad de cada persona y a manifestar la bondad de la que es capaz como nación.“Más allá de los problemas que nos afectan y de las diferencias que nos distinguen, es posible construir juntos el país que anhelamos”, expresan los obispos, invitando a fortalecer aquello que une a los colombianos por encima de las divisiones.Un clamor que no esperaLos integrantes de la Presidencia del Episcopado colombiano acogen también el clamor que, según señalaron, resuena en todos los rincones de la geografía nacional: “No más injusticias, no más violencias, no más odios, no más muertes”.A partir de este llamado, reiteran que el país tiene la capacidad de trabajar unido por el bien común y de seguir construyendo una nación reconciliada, fraterna y en paz, que pueda ser habitada y disfrutada por las actuales y futuras generaciones.Invitación a la oración y al discernimientoLos obispos renuevan, además, la invitación a participar en la jornada nacional de oración convocada para este viernes 19 de junio, que contempla dos momentos: la Vigilia de Oración por Colombia en parroquias, comunidades eclesiales y diócesis del país, y la oración en familia con el encendido de una luz en los hogares.Según expresan en su mensaje, esta jornada busca “serenar los espíritus” y favorecer el buen juicio de los ciudadanos para elegir “con responsabilidad, libertad y conciencia” a quien tendrá la misión de conducir los destinos del país durante los próximos cuatro años.En ese mismo sentido, exhortan a todos los colombianos a acudir a las urnas con “alegría, esperanza y serenidad”, así como a acoger con madurez y confianza los resultados que arroje el proceso electoral, reconociendo y validando la seriedad y consistencia de las instituciones democráticas del país.Al concluir su mensaje, los obispos encomendaron el país a la bendición de Dios con las palabras del salmista: “¡Que el Señor bendiga a su Pueblo con la Paz!” (Sal 28,11).Una misión de comunión y trabajo con la Santa SedeLa audiencia con el papa León XIV hace parte de una agenda de trabajo que la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia desarrolla esta semana en Roma con diversos organismos de la Curia Romana.El martes 16 de junio los obispos sostuvieron un encuentro en el Dicasterio para la Evangelización. Este miércoles, además de la audiencia con el Santo Padre, visitaron el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.La agenda continuará hasta el viernes 19 de junio con encuentros en la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y la Secretaría de Estado.Estos espacios permiten compartir con la Santa Sede los desafíos, esperanzas y realidades que vive la Iglesia en Colombia, así como recibir orientaciones que fortalezcan la misión evangelizadora y el servicio pastoral en favor de la reconciliación, la dignidad humana, la construcción de la paz y el desarrollo integral de las comunidades.A continuación, la lectura del mesaje por parte del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia:

Sáb 13 Jun 2026

El 19 de junio, Colombia se unirá en una sola plegaria: vigilia comunitaria y oración en familia antes de las elecciones

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) convoca a los fieles del país a participar el próximo viernes 19 de junio en una gran jornada de oración por el país. La propuesta contempla, por una parte, la celebración de la Vigilia de Oración por Colombia en catedrales, parroquias y demás comunidades eclesiales. Además, invita a las familias a reunirse en sus hogares para encender una vela, cirio o velón y elevar una oración por Colombia, como expresión de confianza en Dios y compromiso con el futuro de la nación.La jornada, promovida por el Episcopado Colombiano, se realizará dos días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y busca, particularmente, encomendar el país al Señor, pedir por la paz, la reconciliación y el discernimiento de los ciudadanos, así como fortalecer la esperanza y la unidad nacional en un momento decisivo para la democracia colombiana.El Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano ha preparado un subsidio para la celebración que presenta esta jornada como un llamado a escuchar la voz de Dios en medio de las tensiones del actual contexto electoral. El texto recuerda que los colombianos han escuchado en los últimos meses “demasiadas palabras que hieren, que dividen, que señalan”, e invita a creyentes de distintas sensibilidades políticas a encontrarse en aquello que los une: el amor por Colombia, la esperanza en su futuro y la búsqueda del bien común.Una vigilia centrada en la paz y la reconciliaciónLa reflexión propuesta para la celebración presenta el Sagrado Corazón de Jesús, a quien este viernes 12 de junio el país renovó su consagración, como fuente de amor, mansedumbre, reconciliación y paz. Desde esta espiritualidad, se invita a contemplar a Cristo como un corazón “desarmado y desarmante”, capaz de derribar los muros de la división, sanar heridas y abrir caminos de encuentro entre los colombianos.En las peticiones de la vigilia se ora especialmente por el fin de la violencia verbal, por los candidatos presidenciales y sus equipos, por los votantes, por las instituciones encargadas de garantizar la transparencia del proceso electoral y por la reconciliación nacional.De manera particular, en el subsidio se pide que quienes tienen voz pública comprendan la responsabilidad que implica su palabra y eviten alimentar la confrontación social. También invita a los ciudadanos a ejercer el voto “sin miedo y sin odio en el corazón”, reconociéndose como hermanos aun en medio de las diferencias políticas.El llamado a “desarmar” el corazón, las palabras y las manosLa convocatoria se da en sintonía con el mensaje pronunciado este viernes 12 de junio por el cardenal Luis José Rueda Aparicio durante la Eucaristía de renovación de la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, celebrada en la Catedral Primada de Colombia.Durante la homilía, el Primado de Colombia recordó que el amor de Dios constituye la base sobre la cual deben edificarse las relaciones sociales, económicas, ambientales y políticas orientadas al bien común. En ese contexto, propuso tres compromisos concretos para avanzar hacia una sociedad más fraterna y reconciliada.El primero consiste en desarmar el corazón, dejando atrás el odio, el resentimiento y la autosuficiencia para abrirse a la escucha, la humildad y la conversión personal. El segundo invita a desarmar las palabras, renunciando a las expresiones agresivas, las descalificaciones y los discursos que alimentan la confrontación, especialmente en las familias, las redes sociales y los debates públicos. Finalmente, llamó a desarmar las manos, rechazando toda forma de violencia y promoviendo una cultura de la no violencia activa basada en el amor y la verdad.El Cardenal también elevó una oración por quienes participan en la vida democrática del país y pidió a los fieles encomendar a Dios a los líderes políticos y sociales de Colombia para que ejerzan sus responsabilidades con sabiduría y espíritu de servicio.Un llamado que recoge el magisterio reciente de los obispos colombianosLa jornada de oración se enmarca en una serie de pronunciamientos realizados por la Conferencia Episcopal de Colombia durante el actual proceso electoral.En sus recientes mensajes al pueblo colombiano, a los sacerdotes y a los candidatos presidenciales, los obispos han insistido en la necesidad de superar la polarización, rechazar el odio, respetar las instituciones democráticas y favorecer un clima nacional de serenidad y paz.Particularmente, en el mensaje “Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar a Colombia”, difundido tras la primera vuelta presidencial, expresaron su preocupación por la creciente agresividad verbal y por la instrumentalización de emociones como el miedo, la indignación y la venganza dentro de la contienda electoral.Los obispos exhortaron entonces a centrar los debates en propuestas concretas para responder a los grandes desafíos del país y recordaron que la política está llamada a ser una forma de servicio orientada al bien común, la justicia, la reconciliación y la paz.En sintonía con el magisterio del papa León XIVLa convocatoria de la Iglesia en Colombia también encuentra eco en el magisterio reciente del papa León XIV, quien ha insistido en la necesidad de construir una comunicación capaz de escuchar, dialogar y tender puentes.Tanto en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026 como en diversos discursos y documentos de su pontificado, el Santo Padre ha advertido sobre los riesgos de la polarización y de la utilización agresiva del lenguaje en la vida pública. Por ello, ha invitado reiteradamente a “desarmar las palabras”, purificando la comunicación de prejuicios, rencores, fanatismos y expresiones de odio.En su encuentro con los miembros del Parlamento español, celebrado el pasado 8 de junio en Madrid, el Pontífice exhortó a los dirigentes políticos a favorecer una auténtica cultura del encuentro, capaz de superar las narrativas divisivas y polarizantes. Además, los animó a pasar de las simplificaciones estériles a una apreciación más profunda y fecunda de la complejidad de la realidad, convencido de que el diálogo sincero y la búsqueda del bien común constituyen el camino para fortalecer la convivencia democrática.En este contexto, la Vigilia de Oración por Colombia y la oración en familia con el encendido de una luz convocadas por los obispos se presentan como signos concretos de fe, esperanza y comunión, a través de los cuales la Iglesia busca acompañar espiritualmente a los colombianos en vísperas de una nueva jornada electoral, confiando en que el encuentro prevalezca sobre el enfrentamiento y que la paz sea fruto de la justicia, la reconciliación y el respeto por la dignidad de todos.