SISTEMA INFORMATIVO
“Con Colombia, hasta el último rincón”: Iglesia activa campaña solidaria para apoyar a las comunidades afectadas por el terremoto
Tags: campaña con colombia hasta el ultimo rincón iglesia católica en Colombia conferencia episcopal de colombia secretariado nacional de pastoral social cáritas colombiana terremoto en colombia obispos colombianos emergencia en Colombia monseñor francisco múnera
La Conferencia Episcopal de Colombia y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana convocan a las jurisdicciones eclesiásticas, parroquias, comunidades de fe y agentes pastorales a acompañar a las comunidades afectadas, articular la ayuda y movilizar la solidaridad ante la emergencia que vive el país. La iniciativa incluye una campaña nacional de recaudo y una Jornada Nacional de Oración el próximo domingo 16 de agosto.
Ante las afectaciones provocadas por el terremoto del pasado 10 de agosto, la Iglesia católica en Colombia articula una respuesta nacional para acompañar a las personas y comunidades afectadas y poner sus capacidades al servicio de quienes enfrentan las consecuencias de la emergencia.
Bajo el lema “Con Colombia, hasta el último rincón”, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana hacen extensiva esta iniciativa que busca hacer visible la solidaridad y la caridad cristiana, acompañar a quienes sufren, articular la ayuda y sostener juntos la esperanza, especialmente en las comunidades que enfrentan mayores afectaciones.
La cercanía del Papa y el llamado de la Iglesia en Colombia
En un mensaje dirigido al pueblo colombiano con motivo de esta emergencia, monseñor Francisco Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, agradeció y transmitió la cercanía y oración del papa León XIV en sus recientes mensajes desde el Vaticano. Destacó, igualmente, los mensajes de solidaridad recibidos de diferentes Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe, América del Norte y Europa, así como de organizaciones nacionales e internacionales que han expresado su solidaridad con Colombia.
La convocatoria de la Iglesia
Frente a esta realidad, el llamado del Presidente del Episcopado Colombiano para todos los fieles en Colombia es a traducir la caridad cristiana en acciones concretas: acompañar, servir y poner las capacidades de las comunidades e instituciones eclesiales al servicio de quienes más lo necesitan.
“Hoy necesitamos estar cerca, cerca de las familias que sufren, cerca de quienes tienen miedo y viven la incertidumbre, cerca de quienes buscan a sus seres queridos, cerca de quienes trabajan incansablemente por salvar vidas”, señaló monseñor Múnera.
Las comunidades, en el centro de la respuesta
La campaña “Con Colombia, hasta el último rincón” buscará que las voces de las personas afectadas y de quienes las acompañan desde los territorios tengan un lugar central. Sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes de pastoral, voluntarios y comunidades podrán compartir sus testimonios, las necesidades que enfrentan y las acciones que se desarrollan en cada lugar.
Esta dinámica permitirá visibilizar la respuesta de la Iglesia desde los territorios y favorecer la articulación entre las distintas jurisdicciones eclesiásticas y otros actores que participan en la atención de la emergencia. Entre ellos, la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO).
Campaña de recaudo para las comunidades afectadas
Como parte de esta respuesta, el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana habilitó distintos canales de recaudo de fondos que serán destinados a apoyar las acciones de atención a las personas y familias afectadas a través del Servicio Nacional de Emergencias, de acuerdo con las necesidades identificadas en los territorios.
Los aportes pueden realizarse a través de los siguientes canales:
Banco de Bogotá
Cuenta de ahorros 081789224
Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas Colombiana
NIT: 860.039.273-3
Bre-B: 0092651552
Bancolombia
Cuenta de ahorros 82900024657
Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas Colombiana
NIT: 860.039.273-3
Bre-B: 0092879108
También es posible realizar donaciones en línea a través de la página web de Cáritas Colombiana.
Jornada Nacional de Oración: domingo 16 de agosto
Como parte de la respuesta de la Iglesia, la Conferencia Episcopal de Colombia convoca también a una Jornada Nacional de Oración el próximo domingo 16 de agosto en todas las parroquias y comunidades de fe del país.
La invitación es a orar por quienes han perdido la vida, por sus familias, por los heridos y damnificados, por quienes continúan buscando a sus seres queridos y por quienes trabajan sin descanso en esta emergencia.
La jornada también será una oportunidad para encomendar a Dios a los organismos de socorro, al personal de salud, a los voluntarios y a todas las personas que participan en las labores de búsqueda, rescate, asistencia y acompañamiento.
Para facilitar la preparación de las celebraciones, la Conferencia Episcopal de Colombia pone a disposición un subsidio de oración y las orientaciones litúrgicas elaboradas para esta jornada.
El material propone que las comunidades se reúnan en oración como una sola familia y que la celebración sea un espacio de consuelo, solidaridad y esperanza en medio de la emergencia.
La Jornada Nacional de Oración recoge también el llamado del papa León XIV, quien, al expresar su cercanía con el pueblo colombiano, pidió al Señor que conceda a los afectados “los dones de la fortaleza espiritual y la esperanza cristiana”.
Afectaciones en templos y espacios de la Iglesia
El terremoto también ocasionó daños en templos, casas curales, conventos, capillas y otras edificaciones eclesiales. Además de su dimensión religiosa y patrimonial, estos lugares son espacios donde se desarrolla la vida cotidiana de numerosas comunidades.
Entre los daños reportados se encuentran los de la Catedral de Manizales, cuya torre sufrió un derrumbe parcial y quedó inclinada sobre la fachada, y la destrucción del templo del barrio El Carmen.
En la Diócesis de Pereira se registraron graves daños en la parroquia Nuestra Señora del Carmen – Iglesia San José, el desplome del templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, en Dosquebradas, y afectaciones en la torre del templo parroquial de La Virginia.
La Basílica del Señor de los Milagros de Buga presenta grietas en su cúpula central y caída de material, mientras que en la Basílica Nuestra Señora de la Pobreza de Cartago colapsó el techo de la nave central.
En la Arquidiócesis de Popayán se reportaron daños en el templo de Santo Domingo y en templos parroquiales de El Tambo, Morales, Totoró y Caldono. En la Arquidiócesis de Cali, el Convento de La Merced sufrió el desplome de la cubierta del presbiterio y grietas en sus paredes.
La Arquidiócesis de Ibagué informó daños estructurales en templos de Anzoátegui y del corregimiento de Balboa, además de afectaciones en la casa cural de la parroquia de Roncesvalles.
Por su parte, la Diócesis de Jericó adelanta evaluaciones en varias edificaciones, entre ellas la Casa de Encuentros Lisieux, la Basílica Menor de Jardín, parroquias y capillas de Caramanta, Andes, Hispania y Tapartó, la Casa Cural de San José y el Seminario San Juan Eudes.
En la Diócesis de Quibdó, ubicada en una de las zonas más afectadas por el sismo, se han informado daños estructurales en la casa episcopal y en algunos templos parroquiales. El balance continúa en consolidación debido a las dificultades de comunicación que persisten en algunas comunidades.
También se han reportado afectaciones en templos y casas curales de las diócesis de Girardota, Cartago y La Dorada-Guaduas, así como en el Santuario de San José, en Venecia, Antioquia.
Este es un balance preliminar, las jurisdicciones continúan realizando verificaciones y evaluaciones técnicas para determinar la magnitud de los daños y las medidas de seguridad y recuperación necesarias. Se calcula que pueden superar los 50 templos.
El compromiso de la Iglesia con el país
“Colombia nos necesita unidos. Acompañemos, sirvamos y oremos”, expresó monseñor Francisco Múnera, al convocar a la Iglesia y al país a responder juntos ante esta emergencia.
Por esto, la Iglesia Católica en Colombia continuará articulando sus capacidades y acompañando a las comunidades afectadas a través de las jurisdicciones eclesiásticas, la pastoral social, las parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios que participan en esta respuesta nacional.
Vea el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia a continuación:
La migración, una realidad que nos sigue interpelando
Vie 25 Sep 2026
Por el cuidado del agua
Jue 24 Sep 2026
Vie 25 Sep 2026
Diócesis de Santa Marta convoca a las familias a orar por la paz y reconstruir la fraternidad
La Vigilia familiar podrá realizarse entre este sábado 26 de septiembre y el domingo 4 de octubre. La iniciativa busca que hogares, parroquias y comunidades de fe se unan en oración ante la situación de violencia que afecta al Magdalena y, al mismo tiempo, invita a traducir la fe en gestos concretos de reconciliación, cuidado y fraternidad.En medio de la situación de violencia, temor y alteración del orden público que ha afectado a distintas comunidades del Magdalena, la Diócesis de Santa Marta convocó a una Vigilia familiar de oración por la paz y la reconciliación, con la invitación a que los hogares se unan durante los próximos días para orar por la paz y presentar ante Dios las necesidades de sus municipios, veredas, barrios y familias.La iniciativa, liderada por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, podrá realizarse este sábado 26 de septiembre o en cualquier día de la semana siguiente, hasta el domingo 4 de octubre, con el propósito de que toda la Diócesis pueda orar “con un mismo corazón”. Los párrocos también podrán adaptarla para celebraciones comunitarias.La iniciativa lleva por lema «Él es nuestra paz» (Ef 2,14) y está pensada para que padres, madres, abuelos, jóvenes y niños puedan participar juntos en un momento de oración. El subsidio litúrgico (documento orientador) preparado por la Diócesis propone hacer de cada hogar un espacio de encuentro con Dios, escucha de la Palabra y reflexión sobre la realidad que viven las comunidades.Una convocatoria que nace de una preocupación más ampliaLa Vigilia se inscribe en la respuesta que la Iglesia en Santa Marta ha venido ofreciendo ante la situación que atraviesa el territorio.El pasado 22 de septiembre, en medio del paro armado anunciado por las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, monseñor José Mario Bacci hizo un llamado al respeto de la población civil y pidió el cese de las medidas que estaban restringiendo la movilidad y el sustento de miles de familias.En ese mismo comunicado, la Diócesis expresó su disposición para acompañar mecanismos humanitarios orientados a proteger la vida y aliviar el sufrimiento de las comunidades de la Sierra.Dos días después, el obispo volvió a referirse públicamente a la situación y señaló que, además de las acciones encaminadas a recuperar el control territorial, es necesario avanzar en procesos de recuperación social, intervenciones humanitarias y acercamiento que permitan abrir nuevas oportunidades. En este contexto, habló de la necesidad de construir una “paz desarmada y desarmante”. La Diócesis ha presentado estos planteamientos como parte de su preocupación por la población civil y su disposición a acompañar iniciativas humanitarias.Es en esta perspectiva más amplia donde se ubica la Vigilia: no como una respuesta únicamente a una coyuntura de orden público, sino como una invitación a mirar las raíces de una realidad que viene dejando heridas en las comunidades y a fortalecer, desde la fe, los vínculos que permiten reconstruir la vida social.“Este templo empieza en cada hogar”En la circular mediante la cual presentó la Vigilia este 24 de septiembre, monseñor Bacci reconoce las heridas que la violencia, las amenazas y la extorsión han dejado en los campos, la Sierra Nevada, las riberas del río Magdalena y los barrios de las ciudades. Frente a ello, plantea que la reconstrucción del tejido social necesita también una transformación desde la fe, la reconciliación y la fraternidad.“Este templo empieza en cada hogar”, afirma el obispo al referirse a la familia como Iglesia doméstica y como primer lugar donde se aprende a orar, perdonar y reconocer al otro como hermano. Por eso, invita a que en cada casa de la ciudad y de la Diócesis se encienda una luz, se abra la Palabra y se levante la Cruz de la Paz como signos de una comunidad que busca reconstruirse desde Dios.La propuesta parte de una convicción expresada también en el subsidio: la oración permite interpretar la realidad desde la mirada de Dios y actuar en consecuencia para transformarla. Por eso, la Diócesis invita a vivir este momento de oración sin prisa y con el corazón abierto, pero también pide que lo que se rece se convierta en acciones concretas de cuidado, cercanía y reconciliación.Una vigilia para toda la familiaEl subsidio propone preparar en cada hogar un pequeño altar con una Biblia abierta y una vela o cirio. También contempla una “Cruz de la Paz” y siluetas de manos o palomas de papel, en las que cada integrante de la familia puede escribir o dibujar una palabra o intención relacionada con la paz.La celebración incluye la escucha de la Palabra, una meditación, un espacio de diálogo familiar, una oración universal y un gesto de reconciliación. Uno de los momentos centrales es el signo “Derribando muros, construyendo paz”, mediante el cual cada miembro de la familia presenta ante la Cruz de la Paz una intención por su barrio, municipio, colegio o familia.La propuesta también busca que niños y jóvenes tengan una participación activa. Las preguntas para el diálogo familiar los invitan a identificar situaciones de burla, rechazo, indiferencia o miedo que puedan estar presentes en sus entornos y a pensar cómo contribuir a derribar esos “muros”. A los adultos se les propone reflexionar sobre cómo evitar que el temor frente a las noticias de violencia termine convirtiéndose en indiferencia o parálisis.Orar por quienes sufren y por quienes tienen responsabilidadesLas intenciones de la Vigilia ponen rostro a las distintas realidades que preocupan a la Iglesia en el territorio. Se ora por los niños y jóvenes de Santa Marta, Ciénaga, Zona Bananera, Aracataca, Fundación y los pueblos del río; por las familias que enfrentan desplazamiento, extorsión, desempleo o la pérdida de seres queridos; y por las comunidades afectadas por la violencia.También se eleva una oración por quienes tienen en sus manos decisiones políticas, de seguridad y de justicia en el departamento, pidiendo que actúen con honestidad y rectitud y que protejan la vida humana. Asimismo, se pide por quienes siembran violencia y discordia, para que puedan abandonar las armas y emprender caminos de justicia, reconciliación y respeto por la vida.La Vigilia concluye con una oración por el Magdalena que pide que la fe no sea un refugio para huir de la realidad, sino una fuerza para permanecer y transformar; una fuerza capaz de generar redes de solidaridad, perdón, justicia y fraternidad y de hacer de las familias, barrios, veredas y comunidades espacios donde se proteja la vida y se siembre esperanza.Una invitación a toda la DiócesisMonseñor José Mario Bacci pidió a los párrocos y a los Equipos Parroquiales de Animación Misionera hacer llegar el subsidio a las familias y difundirlo en las celebraciones dominicales, grupos apostólicos, instituciones educativas y medios digitales de las parroquias, con el propósito de que ningún hogar quede sin la posibilidad de unirse a esta cadena de oración.Así, mientras el territorio avanza en la recuperación de sus actividades cotidianas tras los hechos recientes de orden público, la Iglesia en Santa Marta propone mirar también hacia una tarea de más largo aliento: reconstruir los vínculos sociales que la violencia deteriora y cultivar, desde los hogares, una cultura de fraternidad, reconciliación y cuidado de la vida.
Jue 24 Sep 2026
Alimentos, equipos y voluntarios: la respuesta de la Iglesia ante emergencia por incendios en el Tolima
La Arquidiócesis de Ibagué, a través de la Pastoral Social y el Banco Arquidiocesano de Alimentos ha movilizado ayudas humanitarias, voluntarios y equipos para apoyar a las comunidades y a los organismos de socorro que enfrentan la emergencia.Más de 5.000 familias afectadas por los incendios forestales que desde finales de julio golpean diferentes zonas del Tolima han recibido el acompañamiento de la Iglesia Católica a través de la Arquidiócesis de Ibagué, que ha desplegado una respuesta que incluye ayudas humanitarias, voluntariado y equipos para apoyar la atención de la emergencia.Al 22 de septiembre, las autoridades departamentales reportaban 270 incendios forestales atendidos en 44 de los 47 municipios del Tolima, con ocho conflagraciones activas y dos controladas. Ese mismo día, la Gobernación señaló que el departamento completaba 50 días de incendios y que más de 60.000 hectáreas habían sido deterioradas por el fuego.La emergencia ha dejado afectaciones ambientales, daños en zonas rurales y pérdidas para comunidades campesinas, además del impacto sobre la fauna silvestre. Frente a esta realidad, el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Ibagué y la Pastoral Social han llevado ayudas directamente a las comunidades afectadas.La Iglesia llega a las zonas afectadasEn el municipio de Coello, uno de los territorios afectados por los incendios, la Arquidiócesis entregó 3.035 kilos de ayudas, entre alimentos, agua, elementos de aseo, cobijas, linternas y colchonetas.La atención también llegó a las veredas Chagualá, Cunira, Dosquebradas y Santa Bárbara, en el corregimiento de Coello, donde fueron entregados alimentos, colchonetas, linternas y frazadas a familias damnificadas.“Gracias a nuestros hermanos en Colombia, que a pesar de tantas situaciones, están ayudando a nuestro Tolima”, explicó el padre José Ferney Quimbayo Garrido, director del Banco Arquidiocesano de Alimentos de Ibagué, quien destacó la participación de parroquias, empresas, voluntarios, otros bancos de alimentos y la Pastoral Social en esta respuesta.Más de $100 millones en ayudas y equiposLa respuesta de la Iglesia también ha buscado apoyar a quienes están en primera línea frente al fuego.Además del apoyo espiritual, el Banco Arquidiocesano de Alimentos puso a disposición de los equipos de emergencia una motobomba para fortalecer su capacidad de respuesta. La adquisición del equipo fue posible gracias a la articulación entre la Arquidiócesis de Ibagué, la Pastoral Social, ABACO (Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia), empresas, benefactores y ciudadanos.De acuerdo con el padre Quimbayo, la Arquidiócesis también ha destinado más de 100 millones de pesos en diferentes elementos para atender la emergencia, entre ellos bombas estacionarias, equipos de fumigación de espalda, elementos de protección, agua y mercados.Una respuesta que moviliza a parroquias y voluntariosLa emergencia ha generado además una amplia movilización de voluntariado. Los días 3 y 4 de septiembre, jóvenes, adultos, empresas, instituciones y ciudadanos participaron en una jornada convocada por el Banco Arquidiocesano de Alimentos para clasificar y organizar los productos destinados a las familias afectadas.Las parroquias de la Arquidiócesis también se han sumado con aportes económicos y voluntarios, mientras otros bancos de alimentos del país han contribuido con donaciones. Entre ellos, el Banco de Alimentos de Zipaquirá, que entregó ayudas para apoyar a las familias afectadas por estas conflagraciones en el Tolima.La respuesta continúa mientras el departamento enfrenta una de las temporadas de incendios forestales más prolongadas registradas en este periodo. Desde el territorio, la Arquidiócesis de Ibagué mantiene el acompañamiento a las comunidades afectadas y articula esfuerzos con organizaciones, empresas, voluntarios y organismos de socorro para atender las necesidades que deja la emergencia.En palabras del padre Quimbayo, se trata de una respuesta que ha sido posible gracias a la solidaridad de distintos sectores: una red que permite que las ayudas lleguen a las familias y que también contribuya a fortalecer la capacidad de quienes trabajan para contener el fuego.Vea el informe audiovisual a continuación:
Mié 23 Sep 2026
Conferencia Episcopal de Colombia expresa su cercanía a monseñor Ovidio Giraldo Velásquez tras el fallecimiento de su madre
La Conferencia Episcopal de Colombia expresa su solidaridad y cercanía fraterna a monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, obispo de Barrancabermeja, ante el fallecimiento de su madre, la señora Judith Velásquez de Giraldo.Los obispos elevan sus oraciones al Señor Resucitado por el eterno descanso de la señora Judith y piden que conceda consuelo y fortaleza a monseñor Ovidio, a sus familiares y seres queridos.En esperanza cristiana, la Iglesia en Colombia acompaña a la familia Giraldo Velásquez, confiando en la promesa de la vida eterna.
Mié 23 Sep 2026
Concejo de Bogotá reconoce al padre Darío Echeverri González por su trayectoria al servicio de la paz y la reconciliación
El Concejo de Bogotá entregó al padre Darío Echeverri González la Orden Civil al Mérito José Acevedo y Gómez, en el grado de Gran Cruz, como reconocimiento a una trayectoria de más de 25 años dedicada al acompañamiento de comunidades, la defensa de la vida, la reconciliación y la construcción de paz en Colombia.El sacerdote, párroco de la Basílica Menor del Voto Nacional en Bogotá desde el año 2004, fue durante más de dos décadas secretario general de la Comisión de Conciliación Nacional de la Conferencia Episcopal de Colombia, desde donde acompañó escenarios de diálogo, gestiones humanitarias y procesos orientados a generar confianza entre actores enfrentados por el conflicto armado.Una vocación de servicio inspirada en el carisma claretianoEl padre Darío Echeverri González es misionero claretiano, una pertenencia que ayuda a comprender la raíz espiritual de una vida sacerdotal marcada por la evangelización, el servicio y el compromiso con la realidad de quienes viven situaciones de vulnerabilidad.El carisma claretiano, inspirado en san Antonio María Claret, se comprende desde la misión evangelizadora y el servicio a las personas y comunidades. La propia Congregación se reconoce como servidora de la Palabra y plantea entre sus rasgos la escucha de los pobres, la denuncia de estructuras injustas y la búsqueda de alternativas, así como un diálogo que favorezca la paz y la reconciliación.En esta perspectiva, la opción por el diálogo y el acompañamiento a quienes sufren la violencia no aparece como un elemento separado de la misión evangelizadora, sino como una manera concreta de hacer presente el Evangelio en realidades marcadas por el conflicto, la exclusión y la vulneración de derechos. La familia claretiana señala, además, el compromiso social con la justicia, la paz y la integridad de la creación como parte de su identidad misionera.Esta dimensión encuentra un particular eco en la trayectoria del padre Darío, quien durante décadas ha ejercido su ministerio en territorios y escenarios atravesados por diferentes expresiones de violencia y ha puesto su experiencia pastoral al servicio del encuentro, la defensa de la vida y la reconciliación.El reconocimiento a una labor construida en distintos escenariosEl homenaje también reunió a personas que compartieron con el padre Darío distintos momentos de esta trayectoria. Juan Mayr, exministro de Medio Ambiente y antiguo integrante de la Comisión de Conciliación Nacional, recordó que conoció al sacerdote cuando este lo invitó a integrar esta instancia de la Iglesia Católica dedicada a aportar a los procesos de paz y reconciliación.Mayr destacó los numerosos escenarios nacionales e internacionales en los que trabajaron conjuntamente, incluidos espacios relacionados con las negociaciones de paz en Cuba y acercamientos con la comunidad internacional. Resaltó la “convicción profunda por la paz, por la reconciliación, por el diálogo en nuestro país” que caracterizó aquel trabajo y recordó el vínculo construido durante esos años.Una vocación de servicio que nació en el territorioAl recibir la condecoración, el padre Darío llevó el reconocimiento a sus raíces familiares y pastorales y a las personas que han acompañado su camino. Recordó especialmente a su madre, a quien dedicó el homenaje, y evocó las experiencias que marcaron su vocación de servicio desde su infancia y posteriormente durante su ministerio sacerdotal.El sacerdote recordó también sus años de servicio pastoral en el Chocó, su trabajo con comunidades afrodescendientes e indígenas y su compromiso con los derechos humanos. Relató que, durante su ministerio en la Diócesis de Quibdó, acompañó situaciones relacionadas tanto con comunidades afectadas por el conflicto como con integrantes de la fuerza pública, experiencias que, según expresó, marcaron su decisión de dedicar su vida a la construcción de una Colombia reconciliada y en paz.Aquella experiencia en el territorio fue también el punto de partida de una trayectoria en la que la cercanía con las comunidades, la escucha y la búsqueda de caminos para superar la violencia ocuparon un lugar central.“El único camino posible es el diálogo”Su trayectoria también ha estado vinculada a iniciativas de diálogo en diferentes regiones del país y a procesos de acercamiento con actores enfrentados por la violencia. Desde la Comisión de Conciliación Nacional, junto con su equipo de trabajo y diferentes integrantes de la sociedad civil, acompañó iniciativas que tuvieron como horizonte la reconciliación nacional.Durante su intervención en el Concejo, el padre Darío reiteró una convicción que ha atravesado buena parte de su labor: “para la Comisión de Conciliación el único camino posible para construir una Colombia reconciliada y en paz es el del diálogo”. A esta apuesta sumó la necesidad de avanzar en el perdón y la reconciliación y de reconocer la dignidad humana incluso en medio de profundas diferencias.Una Iglesia que acompaña la búsqueda de la pazEl homenaje tuvo lugar en el marco del Día Internacional de la Paz, una fecha que llevó a los participantes a reafirmar el compromiso con la vida y con la búsqueda de caminos no violentos para afrontar los conflictos.Para la Iglesia Católica en Colombia, la trayectoria del padre Darío Echeverri constituye también un testimonio de una presencia pastoral que, durante décadas, ha buscado acompañar a personas y comunidades en escenarios de especial complejidad, tendiendo puentes, promoviendo el diálogo y poniendo al servicio de la reconciliación las capacidades de la Iglesia y de sus agentes pastorales.En ese camino, su experiencia como sacerdote y misionero claretiano se ha encontrado con una realidad colombiana que ha exigido presencia, escucha y capacidad de acompañamiento. Su trayectoria permite reconocer una dimensión de la misión de la Iglesia que se desarrolla en medio de las comunidades y junto a quienes han vivido de manera directa las consecuencias de la violencia.“Todos podemos poner nuestras semillitas de paz”Al cerrar su intervención, el sacerdote manifestó que ofrecería el reconocimiento en la Eucaristía por Colombia, por quienes han perdido la vida en el conflicto armado y por las víctimas, reiterando su esperanza de que el país pueda continuar avanzando hacia una sociedad reconciliada y en paz.“Todos podemos poner nuestras semillitas de paz”, expresó el padre Darío, al referirse a la responsabilidad que cada persona puede asumir en la construcción de una Colombia reconciliada.Vea a continuación la transmisión del evento en el Concejo de Bogotá: