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obispos colombianos

Mar 14 Abr 2026

Abril pascual y bautismal

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Por el mes de abril comienza con la gran solemnidad de la Pascua de resurrección del Señor. Es la alegría de la victoria de Cristo sobre la muerte la que debe embargar nuestros corazones y sentimientos, de manera que aun en medio de las dificultades que encontramos en el camino, sea la fuerza del Resucitado la que nos aliente y fortalezca.Eje central de las fiestas pascuales, y especialmente de la noche de la Pascua, es el Bautismo. En la arquidiócesis de Cali hemos querido dedicar este año a redescubrir el valor y la fuerza de este sacramento. Cómo es de necesario y urgente que los bautizados tomemos más en serio el significado de los compromisos propios de la vida cristiana, que se reciben con el sacramento del Bautismo, mediante el cual, nos hacemos hijos de Dios, nos incorporamos a la Iglesia, nos hacemos hermanos en Cristo y por el baño del agua, las palabras del Bautismo, la unción del crisma y demás ritos del sacramento, llegamos a ser sacerdotes, profetas y reyes.Por el Bautismo somos enviados a la misión. Somos constituidos discípulos y misioneros para hacer que muchos conozcan la vida nueva que nos regala el Resucitado.El Catecismo de la Iglesia Católica dedica los números 1213 a 1284 al sacramento del Bautismo que vale la pena releer. Dice entre otras cosas, que el Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos” (n. 1213).Presenta el Bautismo en la economía de la salvación, recordando que “desde el origen del mundo, el agua es la fuente de la vida y la fecundidad” (n. 1218), y es figura de los distintos acontecimientos que han dado la vida nueva, como la creación y el paso del mar rojo. El agua “simboliza la vida y la muerte, y significa la comunión con la muerte de Cristo (n. 1220). El agua representa el Espíritu Santo (Jn. 3,5). El Bautismo hace que podamos renacer del agua y espíritu. “El Bautismo es necesario para la salvación” (n.1257).Pero hay un número que es sumamente importante en el que se afirma que “el Bautismo es el sacramento de la fe (cf. Mc. 16, 16). Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. Solo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los fieles” (n. 1253). En comunidad la fe se fortalece y se hace misionera para que muchos conozcan al Señor y se hagan partícipes de la salvación que nos ofrece. Ante la disminución de cristianos y bautizados, urge que los cristianos vivamos con coherencia la fe, para antojar a otros a bautizarse o a volver al amor primero en la Iglesia.Y dirá, además, que “en todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo. Por eso, la Iglesia celebra cada año en la noche pascual la renovación de las promesas del Bautismo… El Bautismo es la fuente de la vida nueva en Cristo, de la cual brota toda vida cristiana” (n. 1254). Una fe que no se cuida puede apagar su ardor. Entristece que un número importante de cristianos y católicos se denominen católicos no practicantes. ¿Qué hacer entonces?Si tomáramos realmente en serio la fuerza de este sacramento, de seguro que el testimonio de los cristianos sería avasallador. La vida cristiana de la que se nos habla, reflejaría que en nosotros habita el Señor, y que el Espíritu Santo recibido en el sacramento, nos ayudaría no solo a cumplir los mandamientos, sino a tener los sentimientos de Cristo Jesús.Más aun, hará posible que, en la vivencia de la vida cristiana que debe emerger del sacramento recibido, podamos transformar el mundo siendo fermento de esperanza. Un buen cristiano debe ser un excelente ciudadano. No podemos restringir el bautismo a solo un rito. La caridad, la solidaridad, el amor mutuo y la celebración de la fe en los distintos sacramentos de la Iglesia, como la reconciliación y la eucaristía, deben ser una constante.Durante este tiempo pascual estamos siendo llamados a renovar con esperanza los compromisos del Bautismo. Hago este reiterado llamado para se haga la renovación con el convencimiento de que los tiempos que vivimos requieren una fuerza interior que nos permita discernir lo que Dios quiere para los cristianos y católicos en los tiempos convulsionados que vivimos.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Mar 14 Abr 2026

Iglesia en Colombia expresa cercanía y comunión con el Papa León XIV ante su llamado firme por la paz

La Iglesia en Colombia ha reiterado su cercanía, comunión y respaldo al Papa León XIV, destacando su liderazgo espiritual como signo de unidad y guía para la humanidad en medio de las actuales tensiones y conflictos globales.Este sentir ha sido expresado recientemente por el arzobispo de Cali, monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, quien, a través de un mensaje oficial, invitó a los fieles a unirse en oración y solidaridad con el Santo Padre, reconociendo su voz profética en favor de la paz y la dignidad humana.“No tengan miedo”: una invitación a perseverar en la misiónEn su mensaje, el prelado colombiano recordó las palabras de Jesús: “no tengan miedo”, alentando a los creyentes a mantenerse firmes en la fe y en la misión de anunciar el Evangelio de la vida y de la paz, incluso en contextos marcados por la incertidumbre, la violencia y la incomprensión.Monseñor Rodríguez subrayó que los llamados del Papa León XIV no responden a intereses políticos, sino a su fidelidad al Evangelio, desde donde clama con fuerza por el fin de la guerra, la violencia y el sufrimiento de los inocentes. En este sentido, destacó que la voz del Sucesor de Pedro recoge el dolor de las víctimas y el anhelo de paz de los pueblos, convirtiéndose en un referente moral para el mundo contemporáneo.Una vigilia que interpela: la oración como fuerza transformadoraEste mensaje del Arzobispo de Cali se ve iluminado por las palabras pronunciadas por el Santo Padre durante la reciente vigilia de oración por la paz del pasado sábado 11 de abril, en la que insistió en que la oración no es evasión ni refugio pasivo, sino una fuerza transformadora que compromete a los creyentes con la realidad: una respuesta “gratuita, universal y disruptiva” frente a la violencia y la muerte.Un llamado urgente ante la crisis globalEl Pontífice advirtió sobre la gravedad del momento histórico que vive la humanidad, señalando que los equilibrios en la familia humana están “gravemente desestabilizados” y que crece un peligroso “delirio de omnipotencia” que alimenta la guerra y la confrontación. Frente a ello, hizo un llamado urgente a detener la lógica bélica y a abrir caminos de diálogo y mediación.La paz: tarea de todosEn su mensaje, el Papa León XIV recordó que, aunque los gobernantes tienen responsabilidades ineludibles, la construcción de la paz también compromete a cada persona. “La guerra divide, la esperanza une; la prepotencia pisotea, el amor levanta”, afirmó, invitando a transformar los corazones y a asumir la paz como una tarea cotidiana que se construye en los hogares, las comunidades y la sociedad.Escuchar el clamor de las víctimasEn esa jornada, el Santo Padre también elevó una voz particularmente significativa al invitar a escuchar el clamor de las víctimas, especialmente el de los niños afectados por los conflictos, cuya experiencia revela con crudeza la inhumanidad de la guerra. En este contexto, reiteró con fuerza el llamado a que nunca más la violencia sea considerada un camino válido.Una responsabilidad que exige conversiónAsimismo, retomando el legado de San Juan Pablo II, el Papa reafirmó que la paz es una responsabilidad compartida que exige decisiones concretas, pero también una profunda conversión del corazón. De ahí su invitación a “volver a creer en el amor, en la moderación y en la buena política”, promoviendo una cultura del encuentro que supere la indiferencia y la confrontación.Llamado a ser artesanos de la pazEn sintonía con este llamado, monseñor Rodríguez invitó a las comunidades a fortalecer la oración por la paz, especialmente en este tiempo pascual, y a asumir con compromiso el llamado a ser “artesanos y pregoneros de la paz”, promoviendo la reconciliación en los entornos cotidianos.Este mensaje refleja el sentir del episcopado colombiano que, en comunión con el Papa, reafirma una vez más su compromiso con la paz, la vida y la dignidad humana, y que continúa ofreciendo esperanza a la sociedad en medio de los desafíos actuales.

Jue 9 Abr 2026

Iglesia en Colombia se unirá a la Vigilia de Oración por la Paz convocada por el Papa León XIV

En medio de la violencia que afecta a Colombia y a distintas regiones del mundo, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) llama a los fieles católicos a unirse el próximo sábado 11 de abril a la Vigilia de Oración por la Paz, convocada por el Papa León XIV. La celebración central se realizará en el Vaticano, en la Basílica de San Pedro, a las 6:00 p.m. (hora Roma) y 11:00 a.m. (hora Colombia). Será retransmitida a través de la página en facebook y el canal en YouTube de la CEC.A través de un mensaje oficial, la Comunidad de Presidencia de la CEC invita a las Iglesias particulares, comunidades parroquiales, movimientos eclesiales y a todos los creyentes a sumarse a esta jornada espiritual, como un signo concreto de comunión y esperanza ante las realidades de sufrimiento que vive la humanidad.“Con el gozo de la Paz del Resucitado, queremos unirnos en Colombia al llamado del Santo Padre (…) Todo esfuerzo en este sentido vale la pena, especialmente cuando nace del clamor de un pueblo que, como el nuestro, también anhela el perdón, la reconciliación y la paz”, expresa el mensaje.En la invitación, la Iglesia reconoce “los dolorosos momentos de guerra globales y locales, el sufrimiento de las víctimas y la incertidumbre que aún pesa sobre tantas familias”, subrayando la urgencia de reavivar la esperanza a través de la oración y el compromiso con la paz.En este sentido, los obispos del país retoman palabras recientes del Santo Padre, quien en su bendición Urbi et Orbi exhortó:“Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen; que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz. No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo”.La Conferencia Episcopal ha animado a que esta vigilia se viva de manera simultánea en todo el país, promoviendo iniciativas locales que permitan la participación activa de las comunidades.“Que este sábado 11 de abril nuestra oración sea una sola”, enfatiza el comunicado, destacando el valor de la unidad en la fe como camino para aportar a la transformación de la realidad.Con esta convocatoria, la Iglesia Católica en Colombia reafirma su compromiso evangélico con la paz, la reconciliación y la cultura del encuentro, reconociendo en la oración una fuerza viva que impulsa el cambio personal y social.

Lun 6 Abr 2026

Iglesia en Colombia actualiza lineamientos para la prevención, atención y reparación de abusos y el fortalecimiento de prácticas de cuidado

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) presenta la segunda versión del documento “Cultura del Cuidado en la Iglesia Católica Colombiana: Líneas Guía” (cuya edición anterior fue publicada en julio de 2022), junto con “Apóstoles del Cuidado: Líneas Operativas o Buenas Prácticas”, que actualiza el texto publicado en agosto de 2023.Ambos documentos, aprobados por la Asamblea Plenaria del Episcopado en febrero de 2026, son complementarios: las Líneas Guía establecen los principios, criterios y orientaciones generales; mientras que las Líneas Operativas —definidas como anexo y parte integrante— desarrollan las formas concretas de aplicación en la vida eclesial.Entre las novedades: actualización normativa y articulación del sistemaLa nueva versión de las Líneas Guía incorpora el magisterio pontificio reciente, la normativa canónica vigente y las órdenes dadas por la Corte Constitucional en la Sentencia de Unificación 315 de 2025, especialmente en lo relacionado con el deber de denuncia. Este marco actualizado refuerza criterios como la centralidad de las víctimas/sobrevivientes, la transparencia y la corresponsabilidad institucional.Por su parte, las Líneas Operativas actualizan y organizan las buenas prácticas que permiten llevar estos principios a la acción, con un enfoque más estructurado y articulado al Sistema para la Cultura del Cuidado, facilitando su promulgación e implementación en las distintas realidades eclesiales.De los principios a la acción: ejes estratégicosUno de los aportes centrales de las Líneas Operativas es la estructuración de la acción en ejes estratégicos: prevención; detección y revelación; atención integral; y reparación integral, junto con un eje transversal orientado a la gestión, la transparencia, la comunicación y la rendición de cuentas.Este enfoque permite traducir las orientaciones en prácticas concretas y verificables, incluyendo procesos de selección, formación, generación de ambientes seguros —también en entornos digitales—, así como mecanismos para la atención y acompañamiento de las personas afectadas.Implementación y responsabilidad institucionalAmbos documentos insisten en la necesidad de su acogida, adopción e implementación mediante decretos diocesanos, de modo que adquieran carácter vinculante en cada jurisdicción eclesiástica.En particular, las Líneas Operativas establecen que estas orientaciones deben concretarse en normas, protocolos y procedimientos propios, garantizando el cumplimiento del deber de denuncia inmediata ante las autoridades civiles competentes frente a cualquier noticia o sospecha de abuso sexual.Centralidad de las víctimas/sobrevivientes y reconocimientoLas nuevas orientaciones reafirman la centralidad de las víctimas/sobrevivientes como eje transversal de toda la acción eclesial en esta materia.En este sentido, proclamando el Amor de Dios que se ofreció y “amó hasta el extremo” (Jn 13, 1), los obispos colombianos expresan en la introducción de las Líneas Operativas:“Ese Amor nos anima con corazón contrito a reconocer, una vez más, como Iglesia nuestros errores, nuestras negligencias, nuestras culpas y a asumir nuestras responsabilidades”.Asimismo, reiteran su petición de perdón y la necesidad de fortalecer procesos de atención y reparación integral, incluyendo el acompañamiento espiritual, psicológico y terapéutico, en un marco de respeto por los derechos de todas las personas involucradas.Una cultura que se traduce en prácticas concretasEn la presentación de las Líneas Guía, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, subraya el alcance de este proceso:“Se trata de ayudar a formar, en toda la Iglesia, una cultura del cuidado, en la que la protección de los menores y de las personas en situaciones de vulnerabilidad no se considere una obligación extraña, sino una exigencia evangélica”.Por su parte, la doctora Ilva Myriam Hoyos Castañeda, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado, afirma en la presentación de las Líneas Operativas:“Este documento tiene, ante todo, una orientación práctica, encaminada a la acción. Sí, a la acción de todos aquellos que estamos llamados a ser Apóstoles del cuidado”Y añade:“Estas nuevas Líneas, de carácter operativo, son, precisamente, la manera de organizar el servicio del cuidado de la Iglesia colombiana”.Alcance eclesial y socialLa publicación conjunta de estos documentos establece un marco actualizado para la acción de la Iglesia en Colombia frente a los abusos, articulando principios y prácticas en un mismo sistema.Ambos textos se ponen a disposición para su conocimiento e implementación, orientando la adopción de medidas concretas que fortalezcan la prevención, la denuncia, la atención y la reparación, así como la generación de entornos seguros, en todos los ambientes eclesiales.

Lun 6 Abr 2026

Vida nueva en Jesucristo Resucitado

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Con gran alegría y gozo vivimos la Resurrección del Señor, después de un tiempo de gracia en el que hemos caminado en el perdón y la reconciliación, que nos ha dispuesto a recibir el don de la paz, que nos trae Jesucristo Resucitado, para tener una vida nueva en Él: “por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva” (Rom 6, 4). Esto nos permite vivir transformados en Cristo y comunicarlo a otros como experiencia de fe, cimiento de nuestra vida cristiana tal como lo señaló San Pablo: “si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes no tiene sentido y siguen aún sumidos en sus pecados” (1Cor 15, 17).La Resurrección de Jesucristo es la revelación suprema, la roca firme sobre la que está cimentada nuestra fe y esperanza, la manifestación decisiva para decirle al mundo que no reina el mal, ni el odio, ni la venganza, sino que reina Jesucristo Resucitado que ha venido a traernos amor, perdón, reconciliación, con el don de la paz y una vida renovada en Él, para tener vida eterna. La Resurrección de Cristo es esperanza verdadera y firme para el ser humano, que muchas veces camina vacío, en el mal y la violencia que conducen a la muerte. Realmente Jesucristo ha Resucitado, tal como lo atestiguan los evangelistas: “ustedes no teman; sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado como lo había dicho” (Mt 28, 5 - 6). Él es la fuente de la verdadera vida, la luz que ilumina las tinieblas, el camino que nos lleva a la vida eter¬na a participar de la Gloria de Dios.Nuestro caminar diario tiene que conducirnos a un encuentro personal con Jesucristo vivo y Resucitado, “que me amó y se entregó por mí” (Gal 3, 20). Ahora Resucitado vive y tiene en su poder las llaves de la muerte y del abismo, para levantarnos del pecado mediante el perdón, devolvernos la gracia que nos renueva desde dentro con una vida nueva y convertirnos en misioneros transmitiendo todo lo que nos ha enseñado, según el mandato entregado a los discípulos: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 - 20). Esta misión guía nuestro trabajo pastoral en este año de gracia del Señor.Así lo entendieron los primeros creyentes que vieron a Jesucristo y lo palparon Resucitado, Pedro, Tomás que al principio no creyó que había Resucitado, los apóstoles y los discípulos, al verlo, comprendieron perfectamente que su misión consistía en ser testigos de la Resurrección de Cristo, porque de este acontecimiento único y sorprendente dependería la fe en Él y la difusión de su mensaje de salvación. También nosotros en el momento presente de nuestra fe, somos confirmados en el Resucitado, para llevar a cabo la misma misión de Cristo que ha venido a traer perdón, reconciliación y paz. La fe apostólica que recibimos por la predicación de la Iglesia, es la que transmitimos a los demás hermanos.La primera palabra de Jesús para los discípulos fue de paz y solo esa palabra fue suficiente para que se llenarán de alegría y todos los miedos, dudas e incertidumbres que tenían quedaran atrás y se convirtieran en fuente de esperanza para la Iglesia y la humanidad. Un mensaje de paz que contiene la misericordia y el perdón del Padre Celestial. Con este mensaje los discí¬pulos fueron enviados a anunciar la misericordia y el perdón: “a quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados” (Jn 20, 23), dejando la paz a todos, porque no puede existir paz más intensa en el corazón que sentirse perdonado. Esa realidad renueva toda la vida, para que sigamos adelante cumpliendo el mandato misionero de comunicar a Jesucristo Resucitado.Dejemos a un lado nuestros odios, resentimientos, rencores y venganzas que causan división y producen violencia y muerte. Oremos por nuestros enemigos, perdonemos de corazón a quien nos ha ofendido y pidamos perdón por las ofensas que hemos hecho a nuestros hermanos. Dios hace nuevas todas las cosas, no temamos, no tengamos preocupación alguna, pongámonos en las manos del Padre que perdona. La Eucaristía que vivimos con fervor es nuestro alimento, es la esperanza y la fortaleza que nos conforta en la tribulación; una vez fortalecidos, queremos transmitir esa vida nueva con mucho entusiasmo a nuestros hermanos, a nuestra familia, para que todos tengan vida nueva en Jesucristo Resucitado.La esperanza en la Resurrección debe ser fuente de consuelo, de paz y fortaleza ante las dificultades, ante el sufrimiento físico o moral, cuando surgen las contrariedades, los problemas familiares, cuando vivimos momentos de cruz, de dolor, de enfermedad y de muerte. Un cristiano no puede vivir como aquel que ni cree, ni espera. Porque Jesucristo ha Resucitado, nosotros creemos y esperamos en la vida eterna, en la que viviremos dichosos con Cristo y con todos los santos. Necesitamos esforzarnos constantemente para estar más cerca de Jesús. Tenemos esta posibilidad gracias a su Resurrección. La comunión que recibimos en cada Eucaristía nos renueva interiormente, nos transforma en Cristo, hasta llegar a decir con San Pablo “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20).Los animo a que sigamos adelante en ambiente de alegría pascual y gozo por la Resurrección del Señor, con la esperanza que un día llegaremos a ser resucitados con Cristo. Que la oración pascual nos ayude a seguir a Jesús Resucitado con un corazón abierto a su gracia y a dar frutos de fe, esperanza y caridad para con los más necesitados y siempre puestos en las manos de Nuestro Señor Jesucristo, que es nuestra esperanza. También, bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca San José, que nos protegen. Felices Pascuas para todos.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Mar 24 Mar 2026

Elogio de la monogamia

Por Mons. Miguel Fernando González Mariño - Este no es el título de una novela antigua ni de una poesía medieval, sino el subtítulo de la nota doctrinal Una Caro [una carne] sobre “el valor del matrimonio como unión exclusiva y de pertenencia mutua”, firmada por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, aprobada por León XIV tras una audiencia el pasado 21 de noviembre de 2025.Con este documento se busca dar elementos para profundizar teológicamente en este tema que, según registra el autor, no ha sido suficientemente estudiado. Está dirigido en primer lugar a obispos y teólogos, recogiendo abundantes textos y centrándose únicamente en la primera propiedad esencial del matrimonio, la unidad, que puede definirse como “la unión única y exclusiva entre una sola mujer y un solo hombre, o, en otras palabras, como la pertenencia mutua de ambos, que no puede compartirse con otros".La monogamia tiene un fundamento antropológico, indica el documento que el propósito unitivo de la sexualidad no se limita a asegurar la procreación, sino que contribuye a enriquecer y fortalecer la unión única y exclusiva y el sentido de pertenencia mutua, pero se eleva a la trascendencia: “La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios”, señala el documento, además "Santo Tomás sostiene que la monogamia deriva esencialmente del instinto natural, inscrita en la naturaleza de todo ser humano; por lo tanto, esta esfera prescinde de las exigencias de la fe”.No obstante, dirigiendo la mirada a los fenómenos sociales que inciden en el tema, vemos hoy situaciones ambiguas, pues "nuestra época, experimenta diversas tendencias en relación con el amor: el aumento de las tasas de divorcio, la fragilidad de las uniones, la trivialización del adulterio y la promoción del poliamor. A la luz de todo esto, cabe reconocer que las grandes narrativas colectivas (novelas, películas, canciones) siguen exaltando el mito del "gran amor" único y exclusivo. La paradoja es evidente: las prácticas sociales socavan lo que la imaginación celebra. Esto revela que el deseo de amor monógamo permanece inscrito en lo más profundo del ser humano, incluso cuando los comportamientos parecen negarlo".Vamos a las cifras de nuestro país sobre infidelidad matrimonial: Colombia es el segundo país con más situaciones de infidelidad en Latinoamérica después de Brasil (unisabana.edu.co) trayendo como consecuencia la pérdida de confianza en la pareja, convirtiéndose en la primera causa de divorcio. Encuestas al respecto anotan que 8 de cada 10 hombres y 6 de cada 10 mujeres han sido infieles en sus relaciones de pareja.Otro dato inquietante lo proporciona un estudio de la OCDE sobre el porcentaje de niños nacidos fuera del matrimonio: Colombia ocupa el preocupante primer lugar con el 87%, seguida de Chile con el 78.1% y Costa Rica con el 74%. En los últimos lugares están: Corea con el 4,7%, Turquía con el 3,1% y Japón con el 2.4%. (OCDE. Babies Born Outside of Marriage).Como vemos, mientras nuestra Iglesia nos ayuda a profundizar en la teología de la monogamia, nuestro pueblo está muy lejos de practicarla. Es una realidad que debe interpelarnos seriamente sobre la eficacia de la pastoral familiar. Gracias a Dios, el Santo Padre ha convocado para el próximo mes de octubre a los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo a un encuentro de escucha recíproca y discernimiento sinodal sobre los pasos a seguir para anunciar el evangelio a las familias de hoy. Concluyamos entonces con la propuesta que hace Una caro, dándonos luces sobre el trabajo a realizar: "No basta con denunciar los fracasos; partiendo de los valores que aún se conservan en el imaginario popular, debemos preparar a las generaciones para abrazar la experiencia del amor como un misterio antropológico. El mundo de las redes sociales, donde el pudor se desvanece y prolifera la violencia simbólica y sexual, demuestra la urgente necesidad de una nueva pedagogía. El amor no puede reducirse a un impulso: siempre apela a la responsabilidad y la capacidad de esperanza de toda la persona. (...) Así, la educación en la monogamia no es una restricción moral, sino una iniciación en la grandeza de un amor que trasciende la inmediatez. Dirige la energía erótica hacia una sabiduría de perdurabilidad y una apertura a lo divino. La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios.Mons. Miguel Fernando González MariñoObispo de la Diócesis de El EspinalPresidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Lun 16 Mar 2026

Monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya asume como noveno obispo de Montería: llama a la fe, la unidad y el desarrollo humano integral

En una solemne celebración eucarística realizada este sábado 14 de marzo en la Catedral San Jerónimo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya tomó posesión canónica como nuevo obispo de la Diócesis de Montería, convirtiéndose en el noveno pastor de esta Iglesia particular del departamento de Córdoba.La Eucaristía fue presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien en representación del Papa León XIV, dio cumplimiento al nombramiento pontificio mediante los ritos propios de la posesión episcopal.La ceremonia congregó a cientos de fieles, sacerdotes, religiosos, seminaristas y autoridades civiles del departamento, así como a doce obispos provenientes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país, signo visible de la comunión episcopal que caracteriza la vida de la Iglesia. Entre ellos estuvo monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, junto con los pastores de las diócesis que conforman la Provincia Eclesiástica de Cartagena, a la que pertenece Montería.Una Iglesia que acoge a su nuevo pastorDurante las palabras de bienvenida, monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano, quien se desempeñó como administrador apostólico de Montería durante el tiempo de sede vacante, destacó el significado eclesial de este momento para la diócesis y la alegría de las comunidades al recibir a su nuevo pastor.“Hoy lo recibe un departamento pujante, una ciudad perla del Sinú, emprendedora y una diócesis madura. Hoy todo su pueblo le dice: estas tierras son suyas mientras las camine, este cielo es suyo mientras lo contemple y estos corazones son suyos porque lo acogemos como nuestro pastor”, expresó.El prelado también presentó al nuevo obispo la realidad pastoral de la diócesis: un presbiterio comprometido con su pueblo, comunidades parroquiales vivas, religiosos y religiosas que enriquecen la misión evangelizadora, así como jóvenes en camino de formación sacerdotal.Asimismo, destacó la capacidad de las comunidades para responder solidariamente ante las dificultades recientes, como las inundaciones que han afectado a diversos sectores de la región.La cercanía del Papa y la importancia de la unidadAntes de los actos de posesión canónica, el Nuncio Apostólico transmitió el saludo y la cercanía del papa León XIV a la Iglesia que peregrina en Montería y subrayó el significado apostólico del ministerio episcopal.“Esta asamblea eucarística convocada por el Señor Jesús lo acoge como su obispo y pastor con gratitud a Dios y profunda alegría”, afirmó monseñor Rudelli, recordando que el obispo está llamado a ser “garante de la fe, de la unidad y de la tradición que se remonta a Cristo Jesús, Pastor supremo”.El representante pontificio también evocó la solidaridad de la Iglesia con las familias afectadas por las recientes inundaciones en la región, resaltando la respuesta generosa de las comunidades y de las Iglesias hermanas del país.Asimismo, animó a la diócesis a caminar en comunión con su nuevo pastor, recordando palabras del Santo Padre según las cuales toda acción pastoral debe orientarse a que “Cristo sea conocido en la Palabra, encontrado en la oración, amado en la Eucaristía y servido en el pueblo de Dios, especialmente en los más necesitados”.“La Iglesia está para evangelizar”En su primera homilía como obispo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo expresó su gratitud por la nueva misión confiada por la Iglesia y manifestó su alegría por comenzar esta etapa pastoral al servicio del pueblo cordobés.“Elevo hoy mi voz a lo más alto del cielo para bendecir, agradecer y poner en las manos divinas esta nueva misión que inicio en esta mi nueva querida Diócesis de Montería”, afirmó.El nuevo obispo recordó que la identidad de la Iglesia está directamente ligada al anuncio del Evangelio.“La Iglesia ha recibido de nuestro Señor Jesucristo un encargo muy importante: ir al mundo entero y proclamar este amor. La Iglesia en el mundo está para evangelizar, para anunciar”, señaló.En este sentido, insistió en que el anuncio del Evangelio se fundamenta ante todo en el testimonio de vida: “El anuncio no es proselitismo, sino un tema de atracción, de contagio personal. El mundo necesita más testigos que predicadores”.Evangelio y compromiso con la dignidad humanaDurante su mensaje pastoral, monseñor Jaramillo también se refirió a los desafíos sociales que atraviesa Colombia, señalando que la fe y la enseñanza de la Iglesia ofrecen criterios para afrontar realidades como la violencia, la corrupción, la pobreza y los desastres naturales que afectan a muchas comunidades.En este contexto, destacó que el anuncio del Evangelio no puede separarse del compromiso con la dignidad humana y el bien común.“La doctrina y enseñanza de la Iglesia y la Palabra de Dios contienen elementos fundamentales para superar las dificultades y llegar al desarrollo humano integral, en donde todos podamos sentarnos en la misma mesa y tratarnos como hermanos”, expresó.El nuevo Obispo de Montería invitó así a las comunidades a seguir construyendo una sociedad más justa y fraterna desde los valores del Evangelio, promoviendo la solidaridad, la reconciliación y la esperanza en medio de los desafíos que vive el país.De Buenaventura a Montería: una nueva misión pastoralAntes de su nombramiento en Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya pastoreó la Diócesis de Buenaventura desde julio de 2017, ministerio que recordó con gratitud durante su homilía.“Vengo de la tierra del Pacífico, en donde por casi nueve años el Señor me regaló una gran comunidad que he amado profundamente y amaré siempre...Vengo con la nostalgia de los pueblos afros, indígenas, campesinos y mestizos que me permitieron ser su pastor y su servidor”, afirmó, evocando la riqueza espiritual de quienes habitan el Puerto.Al iniciar su ministerio en la llamada “Perla del Sinú”, expresó su deseo de ser un pastor cercano a su pueblo.“Le pido a Dios que me ayude a ser un pastor bueno, que vaya en busca de la oveja perdida, que cure las heridas y que pueda cargar sobre sus hombros a quienes están tristes y afligidos”.

Vie 27 Feb 2026

Obispos llaman a votar con responsabilidad y en libertad democrática durante las próximas elecciones en Colombia

En medio del ambiente preelectoral que vive el país, los obispos colombianos llaman a los ciudadanos a votar “con plena libertad, sin sobornos” y en un clima de paz durante los comicios de 2026. A través de un mensaje dirigido al Pueblo Colombiano, invitan a participar activamente en las elecciones al Congreso de la República, que se realizarán el próximo 8 de marzo, y en los comicios presidenciales del 31 de mayo, ejerciendo el voto como un deber y un derecho orientado al bien común.En este nuevo mensaje, la Conferencia Episcopal de Colombia exhorta a los ciudadanos a asumir con responsabilidad su participación democrática, recordando que el voto es una forma concreta de contribuir al futuro del país y una oportunidad para fortalecer la convivencia social y aportar a la construcción de una sociedad más justa y solidaria.Discernir las propuestas con criterios éticosJunto con la invitación a participar en las urnas, los pastores llaman a los ciudadanos a analizar con responsabilidad las propuestas de los candidatos, teniendo en cuenta principios fundamentales que contribuyan al desarrollo integral de la nación.En ese sentido, invitan a discernir las distintas propuestas “a la luz de los valores humanos y cristianos”, promoviendo la defensa de la vida, la dignidad de la persona humana, el cuidado de la casa común, así como la verdad, la justicia, la libertad y la solidaridad como bases para la construcción del bien común.Este llamado busca fomentar una participación consciente e informada que fortalezca la democracia y contribuya a un ejercicio responsable de la ciudadanía.Candidatos: un llamado a la altura en el debate públicoEl mensaje de los obispos también está dirigido a quienes aspiran a cargos de elección popular. En él, reconocen su disposición de servicio al país y los invitan a promover un clima de respeto en medio de la contienda electoral.En particular, los exhortan a cultivar la amabilidad en los debates políticos y en sus intervenciones públicas, así como a renunciar a la calumnia y a cualquier tipo de estrategia desleal que afecte la transparencia del proceso electoral y la confianza ciudadana.Asimismo, piden a las instituciones del Estado continuar promoviendo la participación democrática y al Gobierno Nacional reforzar las garantías necesarias para que los comicios se desarrollen en condiciones de paz y seguridad.La política como servicio al bien comúnEn su mensaje, los obispos recuerdan que la acción política está llamada a ser una forma de servicio a la sociedad y una oportunidad para trabajar por el bien común.Por eso, expresan su deseo de que la política pueda vivirse como un compromiso auténtico con el desarrollo humano integral, orientado a la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y solidaria.Invitación a las comunidades parroquialesComo parte de este llamado pastoral, la Conferencia Episcopal de Colombia ha invitado a que este mensaje sea dado a conocer entre los fieles durante las eucaristías que se celebren el domingo 1 de marzo en las parroquias del país.De este modo, los obispos animan a los fieles católicos a asumir su compromiso ciudadano con espíritu ético y sentido de responsabilidad, recordando su vocación a ser en medio de la sociedad "sal de la tierra y luz del mundo".El Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia se refiere al mensaje: