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Jesús tomó los panes y los repartió
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DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO
DEL TIEMPO ORDINARIO
Julio 28 de 2024
Primera lectura: 2R 4, 42-44
Salmo: 145 (144),10-11.15-16.17-18 (R. cf. Mt 6,11)
Segunda lectura: Ef 4, 1-6
Evangelio: Jn 6, 1-15
I. Orientaciones para la Predicación
Introducción
La liturgia de la Palabra, durante estos cinco domingos seguidos nos presentará el capítulo 6 del Evangelio de san Juan, donde se relata el discurso de Jesús sobre el pan de vida. Podríamos presentar así las ideas principales de estos domingos: la multiplicación de los panes (domingo 17: Jn 6, 1-15), que se encuentra en la liturgia de este día; Jesús es el verdadero alimento, el maná (domingo 18: Jn 6, 24-35); disputa acerca de la procedencia de Jesús (domingo 19: Jn 6, 41-51); el pan es la carne de Jesús (domingo 20: Jn 6, 51-58) y, finalmente, las reacciones de los oyentes y discípulos ante el discurso del pan de vida (domingo 21: Jn 6, 60-69).
Tres ideas temáticas que presentan las lecturas:
● Primera lectura: El texto elegido para este domingo pertenece a un conjunto de milagros realizados por Eliseo para reafirmar su misión profética: el aceite de la viuda, la sunamita y su hijo al que resucita, la olla envenenada, la multiplicación de los panes, la curación del sirio Naamán el leproso y la recuperación del hacha perdida. 2R 4, 42-44, nos presenta el relato donde Eliseo manda a su criado, que le trae veinte panes, a dárselos a la gente para que coman, pues estaban en tiempos de hambre y carestía. El criado le pregunta a Eliseo ¿Cómo voy a poner esto delante de cien hombres? Lo interesante de este relato, es que nos ofrece el modelo literario en que se inspirarán las multiplicaciones evangélicas (cf. Mc 6, 30-44; 8, 1-10 y par), así como sus distintos elementos: Orden de Eliseo, pregunta del criado, nueva orden, reparto satisfactorio.
● Segunda lectura: En este pasaje, tenemos la parte moral de la carta. Comienza rogando a los fieles que vivan conforme a la grandeza de la vocación cristiana, para luego exhortar a la unidad dentro de la pluralidad de los dones. La verdadera unidad tiene sus exigencias: la humildad, que vence a la soberbia y al egoísmo; la amabilidad, que crea y favorece la unión, y la paciencia frente a las faltas de caridad. Como podemos ver en el texto mencionado, la unidad en la Iglesia tiene un conjunto de fundamentos: un bautismo, un solo Señor, un solo cuerpo místico, un solo Espíritu y una sola esperanza en la patria a la que hemos sido llamados. Es clara, la mención de las tres personas divinas, donde se muestra que la unidad de la Trinidad es la fuente última de la unidad, dentro de la pluralidad, que tiene que existir en la Iglesia, en la diócesis, en nuestras comunidades parroquiales.
● De modo paralelo con la primera lectura, Jesús da de comer. Centrémonos pues en el Evangelio:
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El milagro de la multiplicación de los panes nos introduce en el “discurso del pan de vida” de todo el capítulo 6 y se sitúa en el centro de la actividad pública de Jesús. Afirmamos, que se trata de un signo querido por el Maestro para revelarse así mismo. El Texto de san Juan, que nos presenta la liturgia de este domingo, es muy parecido al de la tradición común. En continuidad con el relato de los panes multiplicado por Eliseo, como hemos señalado más arriba, este episodio se cuenta seis veces en los evangelios (cf. Mt 14,13-21 = Mc 6, 30-44 = Lc 9,10-17; Mt 15, 32-39 = Mc 8,1-10; Jn 6, 1-15), sin duda en virtud de la interpretación eucarística que se encuentra en todos los comentarios.
Juan presenta el signo como el nuevo milagro del Maná (cf. Ex 16), hecho por Jesús, nuevo Moisés, en un nuevo éxodo. El relato oculta, en suma, un significado cristológico y sacramental preciso, que no es tanto el de saciar el hambre de la muchedumbre como el de revelar la gloria de Dios en Jesús, Palabra hecha carne. El don del pan, también es paralelo al don del vino en Caná; el pan de la vida que anuncia el discurso evoca el don del agua viva prometido a la samaritana. El vino, el agua y el pan, símbolos propios de Juan, se complementan para significar, cada uno a su manera, la vida que Jesús comunica al creyente.
El texto lo podemos dividir de la siguiente manera: Introducción histórica (vv. 1-4); diálogo entre Jesús y los discípulos (vv. 5-10); descripción del signo-milagro (vv. 11-13); incomprensión de la muchedumbre y la soledad de Jesús, que se retira a orar en el monte (vv. 14ss).
Geográficamente todo sucede en el Lago y en torno a él. Jesús se marcha “a la otra parte del mar de Galilea”. Se trata de una región desértica, territorio de los gentiles. En términos de la actitud de Jesús, se aprecia el doble movimiento de retirarse a la soledad y volcarse hacia la multitud. Se retira porque el pueblo busca milagros y no fe; se vuelca por la necesidad física y espiritual del pueblo.
A diferencia de los sinópticos, Juan dice que quien toma la iniciativa es Jesús, Él se adelanta a la necesidad; además menciona a Andrés y Felipe (cf. Jn 1, 40-46; 12, 20-22), signo tal vez de la importancia de estos dos apóstoles en el entorno joánico.
2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?
El evangelio precisa diversos elementos que son importantes para nuestra reflexión personal:
● El hecho ocurre con una indicación temporal: “estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos”. Aquí se hace referencia a Moisés (Moisés dando de comer al pueblo en el desierto). Encontramos en esta indicación un elemento importante para la comprensión del relato de los panes. El signo se ubica en relación con la liberación, con la salida de Egipto, con la pascua como paso de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida, del pecado a la gracia. Esto sucede así, porque el evangelista busca dejarnos clara la relación que hay entre la Pascua y el pan multiplicado, que es prefiguración de la Eucaristía. El pan de vida es la Pascua. La Eucaristía es la Pascua de Cristo.
● La preparación del banquete maravilloso: la indicación de la cercanía de la pascua, que hemos mencionado anteriormente, podría pasar desapercibido en el desarrollo del relato, pero el evangelista la relaciona expresamente con la actuación de Jesús: “levantó los ojos y viendo…”. La expresión “levantar los ojos”, si no va seguida de “hacia el cielo”, no se introduce en una oración, sino en un determinado “ver”: Jesús sentado en la montaña fija su mirada en la gente que se acerca. El relato presenta ante todo a Jesús como donante generoso ante la multitud; su gesto, gratuito, depende de la mirada que ha dirigido sobre ella.
Jesús, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos pan para que coman estos?” se crea en esta pregunta de Jesús una expectación. Felipe parece reaccionar como Moisés, cuando se quejó a Yahvé: “¿De dónde voy a sacar carne para repartirla a todo el pueblo, que me viene llorando?” (Nm 11,13). En la pregunta de Jesús al Apóstol, se muestra la imposibilidad que tiene el hombre de procurarse el “verdadero” pan. Se comprende que Felipe se dejará confundir por los términos de la pregunta y permaneciera en el plano del dinero hablando de los denarios necesarios para la compra exigida, como si el don de la vida fuese de orden cuantitativo. Preguntémonos: ¿No debería haber interpretado las palabras de Jesús de manera metafórica, dada su familiaridad con la Escritura? El pueblo de Dios había utilizado los mismos términos: “¡Oh, todos los que están sedientos, vayan por agua, aunque no tengan dinero! Vengan, compren grano y coman, sin dinero y sin pagar, vino y leche” (Is 55,1). En el contexto de este texto de Isaías, bajo la imagen del alimento concedido gratuitamente, Yahvé invita a Israel a buscar lo que verdaderamente sacia, la Ley, su Palabra. En Jesús, todo esto tendrá plenitud. El don de Dios, se da gratuitamente y en abundancia; así lo expresaba un padre de la Iglesia: “[…] La obra del Señor todo lo consigue; en un instante, multiplicó un poco de pan. Aquello que los hombres hacen y trasforman en diez meses de trabajo, sus diez dedos lo hicieron en un instante… De la pequeña cantidad de pan resultó una multitud de panes. Como en el tiempo de la primera bendición: ‘Sean fecundos y multiplíquense’. Los pedazos de pan, antes estériles e insignificantes, gracias a la bendición de Jesús –como seno fecundo de mujer- dieron un fruto del cual hasta sobraron muchos pedazos” (SAN EFRÉN, Diatessaron, 12, 1.3).
● El Evangelio de san Juan nos ofrece pistas sobre la relación de este pasaje con la Eucaristía. Se dice en Jn 6,11: “Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado”. Tomar el pan, dar las gracias y repartirlo son gestos que tienen ya un acento eucarístico. Ahora se muestra a Jesús como el nuevo maná, pan que da la vida y sacia verdaderamente al hombre.
● También podemos tener en cuenta en el texto, las reacciones de la multitud ante Jesús y de Jesús ante las multitudes: “la gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: ‘Este es verdaderamente el profeta que va a venir al mundo’. Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo” (vv. 14-15). El profeta mencionado es el anunciado en Dt 18, 15.18, sucesor de Moisés para instruir al pueblo. En cambio, el “rey”, se refiere al Mesías descendiente de David. Esta última referencia adquiere un carácter político que Jesús quiere evitar a toda costa, Él busca la fe, no el entusiasmo eventual y mucho menos el fanatismo violento.
3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Señor, te doy gracias porque me bendices y realizas prodigios en mi vida, quiero escucharte más, obedecerte y dejar que obres sobre mí vida, en mis necesidades, de la misma manera como has bendecido los panes que compartió aquel muchacho y los has multiplicado. Eres el único que siempre está listo para ayudarme y proveerme en mis necesidades. Perdóname por aquellas veces cuando mi fe no es tan fuerte como yo quisiera, sobre todo en los momentos más difíciles, y te pido que en esos momentos no me abandones, mi Señor. Amén.
El Evangelio de este domingo contiene gestos realizados por Jesús que relacionamos con la Eucaristía, ya lo hemos dicho antes. En los relatos de la Última Cena, Jesús compartió con sus discípulos el “pan de vida”; en esta escena, instruye a sus discípulos para que ellos alimenten a la multitud. La Eucaristía es una fuente inagotable de alimento. En ella nos encontramos con el mismo Jesús, que se nos da como alimento. Por eso, también en esta celebración rogamos a Dios para que nos dé lo que necesitamos para poder seguir trabajando por el Reino. No olvidemos, después de esta celebración nuestro compromiso en la vida cristiana; somos enviados a alimentar a los que tienen hambre corporal y espiritual. Hagamos nuestro propósito personal, a la luz de estas preguntas: ¿Comparto el pan con los necesitados, con los que tienen hambre?, ¿cómo vivo en la comunidad, en la familia, en la sociedad, en la parroquia, en la pastoral, el desafío que Jesús le puso a Felipe?, ¿cómo colaboro para satisfacer la sed y hambre espiritual de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo?, ¿qué buscamos de Jesús?, ¿de qué manera superamos el conflicto entre lo que la gente “busca” y lo que realmente “ofrece” Jesús?
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Recomendaciones prácticas:
● Jornada Mundial de los abuelos y de los mayores.
● Compartir con la comunidad el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de los abuelos y de los mayores.
II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Monición introductoria de la Misa
Queridos hermanos y hermanas, les damos la bienvenida a la celebración eucarística del décimo séptimo domingo del tiempo Ordinario. Durante cinco domingos, a partir de hoy, interrumpimos la lectura de san Marcos para leer casi íntegro el capítulo 6 de Juan, con la multiplicación de los panes y el discurso de Jesús sobre el pan de la vida, que es Él mismo. Él es la respuesta a todas las necesidades de los hombres, es la causa de nuestra alegría plena. Nos saca de nuestras miserias, nos da el perdón, nos pone en relación con Dios Padre y se hace alimento para nosotros. Iniciemos, pues, con gran alegría, nuestra Eucaristía de hoy.
Monición a la liturgia de la Palabra
Vamos a escuchar a Dios que nos habla por medio de su Palabra. En el Evangelio, meditaremos el relato de la multiplicación de los panes y los peces, cuando Jesús da de comer a una gran multitud, que está hambrienta. La primera lectura prepara lo que sucederá en el Evangelio, ya que se nos explica cómo con pocos alimentos comió toda la comunidad. Ese alimento, que Jesús nos da, contiene una fuerza divina y nos sacia plenamente. Escuchemos con atención.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Con la fuerza del Espíritu, oremos, hermanos, y pidamos a Dios nuestro Padre, que escuche bondadosamente nuestra oración:
R/. Escucha a tu pueblo, Señor.
1. Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que ejerzan su ministerio siempre acompañado por la oración su rebaño. Oremos.
2. Por cuantos tienen autoridad en el mundo, para que se alejen de los actos de corrupción y se preocupen por llevar una vida digna, al servicio de los más necesitados de nuestra sociedad. Oremos.
3. Por toda la humanidad, para que Dios padre purifique al mundo de todo error, conceda salud a los enfermos, libertad a los oprimidos y paz a los que viven sin ella. Oremos.
4. Por todos nosotros, que celebramos esta liturgia, que a menudo no sabemos reconocer la presencia de Dios en nuestra vida, para que la gracia nos ayude a abrirnos a la escucha de la Palabra, y así toda nuestra existencia sea renovada por la alegría de la Pascua. Oremos.
5. Por todos los abuelos y mayores, para que el Señor les conceda la salud, el entusiasmo y la alegría, de tal manera que vivan en serenidad acompañados de sus seres queridos. Oremos.
Oración conclusiva
Escucha, Dios de misericordia,
las oraciones que te hemos presentado
con humildad y confianza,
y haz que deseemos siempre
cuanto te agrada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
Imitemos a María en la fe, esperanza y caridad
Lun 1 Jun 2026
La caridad es la puerta de entrada al cielo
Mié 20 Mayo 2026
Implementación de la Sinodalidad en la Diócesis de Pasto
Vie 22 Mayo 2026
Una deuda silenciosa: los sacerdotes olvidados…
Mié 22 Abr 2026
Vie 8 Mayo 2026
“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros”
SEXTO DOMINGO DE PASCUAMayo 10 de 2026Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17Salmo: Sal 66 (65), 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (R. 1b)Segunda lectura: 1P 3, 15-18Evangelio: Jn 14, 15-21I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónNos vamos acercando al final de este camino pascual y no podemos olvidar que vivir la fe y vivir esta Pascua significa dejarnos enamorar por Cristo, para que Él transforme con su Palabra nuestra vida. Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos ayudan a comprender cómo debemos abrir nuestro corazón a Cristo y dejarnos guiar por su Espíritu. El Espíritu Santo, que el Padre envía a los discípulos, los llena de fuerza y verdad para predicar con valentía el mensaje de Jesucristo y experimentar su presencia en medio de la comunidad de hermanos.Resaltemos algunas enseñanzas de esta Palabra:•“Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan”•“Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal”.•“Si me aman, guardarán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo Felipe, fruto de la persecución desatada contra la Iglesia de Jerusalén, fue dispersado, bajó a Samaría y predicó con fuerza el Evangelio de Jesús, no solo con palabras, sino también con los signos que realizaba (Hch 8, 6). La gente escuchaba con atención y agrado lo que decía Felipe, con un mismo espíritu, pues no era una predicación propia, no era su mensaje, sino el Evangelio de Cristo. Anunciaba la Palabra del Señor, que llenaba sus corazones de verdadera alegría. Más adelante, el relato muestra cómo quienes escucharon con atención a Felipe y abrieron el corazón a la Palabra del Señor experimentaron la fuerza transformadora de Dios, al punto de que hasta los espíritus inmundos salían de los posesos (Hch 8, 7).No se puede perder de vista que esta fuerza en la predicación de Felipe y la apertura de corazón de los samaritanos se debe al Paráclito, el Espíritu de la Verdad (Jn 14, 16-17). Jesús, por su relación de amor con cada discípulo, derrama este Espíritu para estar siempre presente, fortaleciendo la palabra de quien predica en su nombre y volviendo dóciles los oídos de quienes escuchan, para que se dejen transformar, sanar y liberar de sus “espíritus inmundos”, es decir, de actitudes, palabras y acciones que alejan de Dios. Este mismo Espíritu nos permite vivir con sencillez, pero con profundidad, el Evangelio de Jesucristo. Escuchar la Palabra y dejarnos inundar por el Espíritu Santo nos concede la gracia de obrar siempre el bien, vivir según la voluntad de Dios y dar testimonio de Cristo, dando razón de nuestra esperanza (1P 3, 15).2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La vida cristiana está marcada por la presencia del Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad que enseña, recuerda y aclara todo. Es Él quien permite que cada persona que se abandona en el Señor experimente la presencia del Resucitado, que lo renueva y sana todo, que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).La Palabra de Dios en este sexto domingo de Pascua nos invita a agudizar el oído para escuchar con el corazón el mensaje transformador del Evangelio. Se trata de dejarnos amar por Jesús, amarlo con todo el corazón y con todas las fuerzas, como lo hicieron la Virgen María, Pedro, María Magdalena y el discípulo amado. Amarlo de manera incondicional, aprender a escucharlo siempre, abandonar en Él nuestras angustias y poner en sus manos la vida entera.Solo así, llenos de su Espíritu, podremos dar testimonio como verdaderos discípulos, anunciando con palabras y obras el Evangelio de la vida en un mundo cada vez más dividido por guerras y violencias. Hoy necesitamos anunciar el Evangelio de la paz y del amor en medio de la oscuridad que viven tantos hermanos a causa de los vicios, la pobreza, la desintegración familiar, la ambición y la sed de poder.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Con María digamos: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).Señor, danos la gracia de hacer siempre tu voluntad. Danos docilidad de espíritu para escucharte, guardar en el corazón tu mensaje y dejarnos transformar por Él. Haz que, llenos de tu Espíritu, seamos verdaderos cristianos y discípulos misioneros, que con palabras y obras demostremos que te amamos con todo el corazón y con todas las fuerzas. Que, unidos a ti, vivamos también en una verdadera comunidad, signo de esperanza en el mundo, faro que guíe, luz que ilumine, sal que dé sentido a la vida y camino que ayude a otros a encontrarte._______________________Recomendaciones prácticas:•Día de la madre: programar en la parroquia una Eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas.•Día del Educador (15 de mayo): tener presentes a los profesores en las intenciones de la misa de este domingo.•El 15 de mayo comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Nos reunimos con alegría a celebrar la Eucaristía. No es un acto repetitivo ni una celebración cualquiera: es el encuentro con Jesucristo vivo. Cada Eucaristía es un momento maravilloso y único para encontrarnos con Aquel que nos ama infinitamente y a quien nosotros amamos. Dispongámonos desde el corazón, dejemos a un lado todo lo que pueda dispersarnos y encontrémonos con Jesús, quien da fuerza y sentido a nuestra vida. Hoy recordemos también, con gratitud, a todas nuestras madres y depositemos sus nombres en el altar del Señor.Monición a la liturgia de la Palabra Para crecer y fortalecer nuestra fe es indispensable escuchar con dedicación la Palabra de Dios. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón, y acojamos con atención el mensaje que el Señor tiene para cada uno de nosotros.Oración universal o de los fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas a nuestro buen Padre Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien vive plenamente en Él, para que nos conceda la gracia de vivir fielmente en su Hijo, y digámosle:R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Iglesia universal, para que, asistida por la fuerza del Espíritu Santo, sea signo del amor de Dios manifestado en la entrega de Cristo. Oremos al Señor.2.Por nuestro país y por sus gobernantes, para que se comprometan en construir una paz duradera y estable, luchen contra la corrupción y fortalezcan la democracia. Oremos al Señor.3.Por quienes son marginados y discriminados, por los que se sienten solos, para que encuentren en nosotros, los cristianos, un signo de esperanza y un reflejo del amor de Dios. Oremos al Señor.4.Por nuestras madres, para que experimenten siempre el amor y la gratitud de sus hijos. Oremos al Señor.5.Por cada uno de nosotros, para que seamos dóciles al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y demos testimonio auténtico de Él. Oremos al Señor.Oración conclusivaRecibe, Señor, estas oraciones y también las que guardamos en lo profundo de nuestro corazón y que solo tú conoces. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 10 Abr 2026
Felices los que no han visto, pero creen
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUAO DE LA DIVINA MISERICORDIAAbril 12 de 2026Primera lectura: Hch 2, 42-47Salmo: Sal 118 (117), 2-4. 13-15. 22-24 (R. 1)Segunda lectura: 1P 1, 3-9Evangelio: Jn 20, 19-31I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLas lecturas de este domingo nos presentan tres grandes ejes temáticos:•La comunidad cristiana como espacio de comunión, oración y caridad (Hch 2, 42-47).•La misericordia de Dios manifestada en la fe que purifica y fortalece en medio de la prueba (1P 1, 3-9).•El encuentro con el Resucitado, que trae la paz y envía con el poder del Espíritu (Jn 20, 19-31).De estas ideas, desarrollaremos el encuentro con el Resucitado como fuente de misericordia y misión, desde el Evangelio de Juan.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El Evangelio narra la aparición del Resucitado a los discípulos, encerrados por miedo. Jesús les ofrece la paz, les muestra sus llagas, sopla sobre ellos y les comunica el Espíritu Santo, dándoles el poder de perdonar los pecados. Ocho días después, se aparece de nuevo, esta vez con Tomás, quien al ver y tocar al Señor exclama con fe: “¡Señor mío y Dios mío!”.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Jesús se presenta en medio del miedo y la fragilidad con un mensaje que resuena en cada rincón de la historia: “La paz esté con ustedes”. Su presencia no reprocha, sino que cura, reconcilia y envía. En este día en que celebramos la Divina Misericordia, contemplamos cómo Dios no se cansa de acercarse a nosotros, de ofrecernos el perdón y de restaurar nuestra confianza.El gesto de mostrar las llagas recuerda que su amor fue llevado hasta el extremo y que ahora esas heridas son fuente de vida y misericordia. Tomás, que representa nuestras dudas, es transformado por el encuentro personal con Jesús. Él ve, toca y cree. Así, somos invitados a pasar de la incredulidad a la fe, y de la fe al testimonio.El Resucitado nos envía con su Espíritu para ser misioneros de la misericordia, para anunciar que su perdón es más fuerte que el pecado y que su paz es más poderosa que nuestros miedos.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Resucitado, tú que venciste el miedo y la muerte, entra en nuestras casas, en nuestras comunidades y en nuestras heridas. Llénanos de tu paz, de tu Espíritu y haznos testigos de tu misericordia. Danos la fe de Tomás, no para ver y luego creer, sino para reconocerte vivo en cada signo de amor y en cada gesto de perdón.La contemplación de tu misericordia nos mueve a ser constructores de comunión, sembradores de esperanza y servidores de los más frágiles. Que nuestras manos sean manos que curan, no que hieren; que nuestras palabras sean de consuelo, no de juicio._______________________Recomendaciones prácticas:•Es importante que la referencia a la Divina Misericordia no opaque el sentido pascual y bautismal de este domingo, donde todavía es día de resurrección. Esta devoción se encuentra al nivel de la piedad popular y se pueden tener momentos como la Coronilla en una hora oportuna.•El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia nos dice: “Puesto que la Liturgia del “II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia” –como se denomina en la actualidad– constituye el espacio natural en el que se expresa la acogida de la misericordia del Redentor del hombre, debe educarse a los fieles para comprender esta devoción a la luz de las celebraciones litúrgicas de estos días de Pascua. En efecto, El Cristo pascual es la encarnación definitiva de la misericordia, su signo viviente: histórico-salvífico y a la vez escatológico” (núm. 154).II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaQueridos hermanos, celebramos con gozo el segundo domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia. Jesús resucitado se hace presente en medio de sus discípulos para comunicarles la paz, el perdón y el Espíritu Santo. Hoy, nosotros también nos dejamos alcanzar por su amor misericordioso y acogemos la fe que transforma el miedo en misión. Dispongamos nuestro corazón para vivir con alegría esta Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraEn la liturgia de la Palabra contemplaremos cómo el amor de Dios se derrama sobre su Iglesia. Escucharemos cómo la primera comunidad vivía en comunión y caridad; cómo la fe nos sostiene en la prueba, y cómo el Resucitado se presenta para regalarnos su paz y su Espíritu. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Oremos, hermanos, al Dios de la vida y de la misericordia, que por la resurrección de su Hijo ha vencido el pecado y la muerte. A cada intención respondamos:R/. Jesús Resucitado, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que, renovada por el Espíritu Santo, sea testimonio fiel de la misericordia divina. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes y líderes del mundo, para que promuevan la justicia, la paz y el respeto a la dignidad humana. Roguemos al Señor.3.Por quienes viven en el dolor, la duda o el miedo, para que el encuentro con Cristo Resucitado les devuelva la esperanza. Roguemos al Señor.4.Por todos nosotros, para que aprendamos a perdonar como hemos sido perdonados y seamos signos vivos de la misericordia de Dios. Roguemos al Señor.Oración conclusivaDios de infinita misericordia, escucha nuestras súplicas y danos un corazón semejante al de tu Hijo, para anunciar con alegría la victoria de tu amor. Por Cristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Dom 5 Abr 2026
Vio y creyó
DOMINGO DE PASCUAEN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑORAbril 05 de 2026Primera lectura: Hch 10, 34a. 37-43Salmo: Sal 118 (117), 1-2. 16-17. 22-23 (R. 24)Segunda lectura: Col 3, 1-4 o 1Co 5, 6b-8Evangelio: Jn 20, 1-9I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónCelebrar la Pascua no puede reducirse simplemente a recordar un acontecimiento o a vivir, de manera momentánea y quizá cargada de sentimentalismo, la resurrección de Cristo. Celebrar la Pascua del Señor debe ser una verdadera experiencia de vida y de fe que transforme nuestro corazón. Más allá de actos solemnes o altares decorados, vivir y celebrar la resurrección del Señor debe impulsarnos a ponernos en camino, a acercarnos a Jesús, a guardarlo en el corazón para dejarnos transformar por Él y, luego, a salir a dar testimonio, sembrando en cada momento la semilla de la paz, la unidad y la fraternidad.Las lecturas de la Palabra de Dios nos muestran cómo la resurrección de Jesús transforma el corazón de sus discípulos:•Los apóstoles, que tuvieron la gracia de acompañar a Jesús y convivir con Él, experimentan cómo su predicación y sus signos milagrosos transforman sus vidas. Más tarde, llenos de fuerza, salen a dar testimonio de Cristo Resucitado, juez de vivos y muertos.•El apóstol Pablo, en la Carta a los Colosenses, invita a los creyentes a buscar las “cosas de arriba, donde está Cristo”, como consecuencia de haber resucitado con Él.•El evangelista san Juan relata cómo, tras el anuncio de María Magdalena, Pedro y el discípulo amado corren al sepulcro. Lo encuentran vacío y ven los lienzos y el sudario. El evangelio afirma que el discípulo amado entró, vio y creyó. La fe en el Resucitado es una experiencia de amor: un enamorarse de Jesús, que ha vencido la muerte y puede vencer todo mal y las consecuencias del pecado en nosotros.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Tras la captura de Jesús, su juicio y posterior crucifixión, los apóstoles y discípulos viven momentos de confusión y miedo: se dispersan, dudan, lo niegan. Toda esperanza y todo sueño de un futuro mejor parece desmoronarse. La mayoría lo abandona y se esconde. Sin embargo, los textos sagrados nos dejan entrever que los apóstoles, a pesar del caos, mantienen contacto y permanecen unidos en aquellos días tan difíciles.El evangelista san Juan destaca a tres personajes que, desde distintas circunstancias, conocieron a Jesús, experimentaron el poder de su Palabra y vivieron de manera singular la experiencia pascual:•María Magdalena: una mujer cuya vida fue renovada por Jesús, que la llamó por su nombre y la amó por encima de sus pecados (Lc 8, 1-2). Va al sepulcro de madrugada, ve la losa retirada y corre a anunciarlo a los apóstoles. Es la primera en hacer el “primer anuncio”, la primera en ver al Señor resucitado y recibe la misión de ir a los “hermanos” (Jn 20, 17) a proclamar que está vivo.•Pedro: al escuchar la noticia, corre al sepulcro, entra y ve los lienzos y el sudario. Inicia entonces un proceso de fe y comprensión de lo que anunciaban las Escrituras: que Jesús debía resucitar de entre los muertos (Jn 20, 9).•El discípulo amado: corre junto con Pedro, llega primero, espera a que Pedro entre y luego también él entra, ve y cree. No necesita más pruebas: su amor le permite creer en el Señor resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? Al escuchar las lecturas del Domingo de Resurrección, después de haber vivido con fe los días santos de la Pasión y Muerte del Señor, la Palabra de Dios y la experiencia de la Iglesia nos llaman a vivir la resurrección de Cristo no como un acontecimiento del pasado, algo externo o ajeno a nosotros.La resurrección es siempre actual y nos invita a enamorarnos de Jesús. María Magdalena lo expresa con sus gestos de amor; Pedro lo confiesa tres veces: “Tú sabes que te quiero” (Jn 21, 15); y el discípulo amado permanece fiel junto a la cruz y, por ese amor, puede creer que Jesús está vivo (Jn 20, 8). Solo quien ama profundamente puede permanecer de pie hasta el final y, luego, creer a pesar de todo.Celebrar la Pascua es aprender a morir con Cristo para también resucitar con Él, como enseña san Pablo en la Carta a los Colosenses. Las celebraciones litúrgicas de Semana Santa pueden haber sido solemnes, bien organizadas y llenas de devoción, pero si no resucitamos con Cristo, si no nos levantamos de nuestros pecados, si no dejamos que Él nos transforme y sane, todo quedará en ritos externos y nuestra fe será vacía. Jesús nos pide dejarnos resucitar por Él, dejarnos levantar y amar, para aspirar a las cosas de arriba.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?“Así pues, si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col 3, 1). Pidamos con fe que la Pascua de Resurrección sea para nosotros una oportunidad de renovar nuestra fe, levantarnos, convertirnos y recibir la fuerza para ser auténticos testigos del Resucitado. Que nuestras familias sean transformadas por la fuerza de Cristo vivo y que nuestras parroquias sean verdaderas casas de encuentro, donde todos se sientan amados y seguros._______________________Recomendaciones prácticas:•Con las Vísperas concluye el Sagrado Triduo Pascual.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misaHermanas y hermanos, nos hemos reunido como familia de Dios para celebrar la Eucaristía en un día grandioso y único, distinto a todos los demás. Hoy celebramos la victoria de la Vida sobre la muerte, de la Luz sobre las tinieblas, de Cristo sobre el pecado. Unidos a toda la Iglesia, dispongámonos con fe y alegría a vivir la resurrección del Señor, “que asciende victorioso del abismo” (Pregón Pascual).Monición a la liturgia de la Palabra La Palabra de Dios nos recuerda que Cristo ha resucitado y que estamos llamados a ser mensajeros de esta Buena Noticia. Dejémonos alimentar por la Palabra para luego dar testimonio de Jesucristo, siendo signos de fe y esperanza.Oración universal o de los fieles Presidente: En este gran día de la resurrección, presentemos al Señor nuestras súplicas diciendo:R/. Oh Señor, escucha y ten piedad.1.Por el Papa León, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que sean signo vivo de la resurrección de Cristo en medio de un mundo marcado por la oscuridad y la muerte. Oremos.2.Por los gobernantes de nuestra nación, para que, iluminados por Cristo Resucitado, trabajen por el bien común, la paz, la justicia, la democracia y el progreso de todos. Oremos.3.Por quienes hoy sufren la violencia, el hambre, la soledad o la esclavitud de los vicios, para que encuentren en los cristianos un ejemplo de amor y ayuda concreta. Oremos.4.Por nuestros hermanos difuntos, para que gocen de la vida eterna junto a Cristo resucitado. Oremos.5.Por nosotros, que celebramos la Pascua del Señor, para que nos levantemos de nuestros pecados y seamos verdaderos discípulos suyos. Oremos.Oración conclusivaPadre bueno, escucha nuestras súplicas y también aquellas que guardamos en lo más profundo de nuestro corazón. Llénanos de la alegría de creer y esperar en ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Sáb 4 Abr 2026
Allí me verán
EN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑORVIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTAAbril 04 de 2026Lecturas del Antiguo Testamento:Primera lectura: Gn 1, 1–2, 2 (forma larga) o Gn 1, 1. 26-31a (forma breve)Salmo: Sal 104 (103), 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c. (R. cf. 30) o Sal 33 (32), 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R. cf. 5b)Segunda lectura: Gn 22, 1-18 (forma larga) o Gn 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18 (forma breve)Salmo: Sal 16 (15), 5 y 8. 9-10. 11 (R. 1)Tercera lectura: Ex 14, 15–15, 1aSalmo: Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R. 1b)Cuarta lectura: Is 54, 5-14Salmo: Sal 30 (29), 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R. 2a)Quinta lectura: Is 55, 1-11Salmo: Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R. 3)Sexta lectura: Ba 3, 9-15. 32–4, 4Salmo: Sal 19 (18), 8. 9. 10. 11 (R. Jn 6, 68c)Séptima lectura: Ez 36, 16-17a. 18-28Salmo: Sal 42 (41), 3. 5cdef; 43 (42), 3. 4 (R. Sal 41, 2)Cuando se celebra el Bautismo:Salmo: Sal 51 (50), 12-13. 14-15. 18-19 (R. 12a) o Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R. 3)Lecturas del Nuevo Testamento:Epístola: Rm 6, 3-11Salmo: Sal 118 (117), 1-2. 16-17. 22-23Evangelio: Mt 28, 1-10I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa Vigilia Pascual, en la Noche Santa, propone en la liturgia de la Palabra un recuento de las mayores maravillas obradas por Dios a lo largo de la historia de la salvación, coronadas con el día de gozo en que fue realizada la resurrección de nuestro Salvador Jesucristo. Así, los momentos y temas cruciales de la Escritura se ponen en relación con el misterio pascual. Respecto de las siete lecturas del Antiguo Testamento, conviene advertir que son «textos representativos que proclaman partes esenciales de la teología del Antiguo Testamento, desde la creación al sacrificio de Abrahán, hasta la lectura más importante [entre aquellas], el Éxodo. Las cuatro lecturas siguientes anuncian los temas cruciales de los profetas» (Directorio Homilético 48). Las dos lecturas del Nuevo Testamento proclaman «el anuncio de la Resurrección junto a la lectura apostólica sobre el bautismo cristiano como sacramento de la Resurrección de Cristo» (OLM 99). De este modo, pueden servir como inspiración para la homilía algunos temas como «la Resurrección de Cristo y nuestra resurrección, la Pascua, el Día del Señor y los Sacramentos de la Iniciación Cristiana» (Directorio Homilético, Apéndice I, Ciclo A).1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La proclamación de los pasajes más significativos del Antiguo Testamento prepara el anuncio de la resurrección de Cristo de entre los muertos. Inicia con el relato de la Creación en el Génesis, en el que Dios contempla que todo lo que había hecho era muy bueno (Gn 1, 1. 26-31a), acompañado de una doble opción de salmo (Sal 103 o 32). Ambos expresan la admiración del orante hacia la obra del Creador: el primero pide que renueve su creación y el segundo proclama la eficacia creadora de su Palabra, expresión de su misericordia que llena la tierra.Continúa el sacrificio del patriarca Abrahán (Gn 22, 1-18), quien, movido por el temor de Dios, acepta la prueba de ofrecer en holocausto a su hijo único Isaac. El sacrificio no llega a realizarse porque la voluntad divina reconoce su obediencia, y en su lugar es ofrecido un carnero. A esta narración responde el pueblo invocando la protección del Señor, que no abandona a sus fieles a la corrupción de la muerte (Sal 15). Se llega luego al núcleo de las lecturas veterotestamentarias con el relato del Éxodo (Ex 14, 15–15, 1a). Israel, auxiliado por el Dios libertador, atravesó en seco el mar y alcanzó la libertad, dejando atrás la esclavitud egipcia. La respuesta a esta narración es un canto a la gloriosa victoria del Señor, cuyos beneficios se extienden a sus fieles por los siglos (Ex 15, 1b ss.).A continuación, los anuncios proféticos (de la cuarta a la séptima lectura) presentan diversos aspectos de la obra de Dios:•La cuarta lectura (Is 54, 5-14) revela su amor eterno hacia Israel, transformando su destino y cambiando el luto en danza. La comunidad responde ensalzando su santidad (Sal 29).•La quinta lectura (Is 55, 1-11) manifiesta el plan reconciliador del Señor: una alianza perpetua en la que su Palabra, como la lluvia y la nieve que fecundan la tierra, cumple el deseo de dar vida a sus fieles.•La sexta lectura (Ba 3, 9-15. 32–4, 4) exhorta al pueblo a no dejarse arrastrar por las costumbres paganas. Como elegidos de Dios, deben guardar sus mandamientos y caminar en la luz de su ley. La comunidad responde proclamando que el Señor tiene palabras de vida eterna (Sal 18).•La séptima lectura (Ez 36, 16-17a. 18-28) anuncia un bautismo con agua pura que transformará los corazones de piedra en corazones nuevos, animados por su Espíritu. La asamblea canta su sed de purificación (Sal 41; Is 12; Sal 50).Corona la liturgia de la Palabra el anuncio de la Resurrección, anticipado por la lectura del Apóstol y el salmo de acción de gracias. La epístola (Rm 6, 3-11) proclama a Cristo, vencedor de la muerte, quien “una vez resucitado de entre los muertos ya no muere más”. El Salmo 117 lo presenta como la piedra descartada que ahora es piedra angular. Finalmente, la asamblea recibe el anuncio del evangelista (Mt 28, 1-10): “Jesús el crucificado. No está aquí: ¡Ha resucitado!, como había dicho”.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Iglesia misma nos orienta a comprender el sentido de estas lecturas. Si bien se fundamentan en la literalidad, se amplían en los matices espirituales que de ellas se desprenden (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 116-117). Una forma óptima de interpretarlas es a través de las “Oraciones para después de las lecturas” de la Vigilia Pascual, pues “un riquísimo recurso para comprender el vínculo entre los temas del Antiguo Testamento y su cumplimiento en el misterio pascual de Cristo lo ofrecen las oraciones que siguen a cada lectura” (Directorio Homilético 50). De esta forma:•La Pascua es una obra aún más admirable que la creación del mundo.•La descendencia prometida a Abrahán se cumple en los hijos adoptivos de Dios, ganados por la Pascua de Cristo.•La maravilla del Éxodo se prolonga en todas las naciones mediante el paso por las aguas del bautismo.•La promesa de Dios de no destruir más la tierra con las aguas de Noé se amplía en la nueva descendencia de la promesa, regenerada por el bautismo.•La salvación es gratuita y la respuesta a Dios nace de su auxilio, no de las fuerzas humanas.•El Dios de la Primera Alianza, que no abandonó a su pueblo, protege al pueblo de la Alianza perpetua, purificado en la fuente bautismal.•La promesa de un lavacro con agua pura se cumple en Jesucristo, quien renueva lo viejo y restaura su integridad.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Iglesia, iluminada por la abundancia de la Palabra en esta Noche Santa, desea que participemos del triunfo de Cristo sobre la muerte. La escucha atenta de la Palabra y la comunión con el mensaje fundamental de nuestra fe en la resurrección de Jesucristo están vinculadas a nuestro propio paso de la muerte a la vida. En una sociedad marcada por tantos signos de muerte que oscurecen la esperanza, es vital abrir los ojos al resplandor de Cristo muerto y resucitado, cuya luz disipa las tinieblas que nos rodean.Este momento de contemplación y oración tiene como objetivo vivir la vigilia con espíritu de súplica atenta y perseverante: «En esta santísima noche, en la que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a sus hijos, dispersos por toda la faz de la tierra, a reunirse para vigilar y orar» (Monición inicial de la Vigilia Pascual)._______________________Recomendaciones prácticas:•Se rezan las Completas del domingo (después de las II Vísperas).•Quienes participan en la Vigilia Pascual no rezan las Completas.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Exultantes de gozo, llegamos al culmen del “Triduo del crucificado, sepultado y resucitado” en cuya celebración “se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir el tránsito del Señor de este mundo al Padre”. Participaremos de la abundancia de bienes que brotan de esta liturgia: la visión de la Luz, la escucha de la Palabra, la gracia del Bautismo y el alimento de la Eucaristía. (Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales).Monición introductoria presidencial La monición que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 194. Monición a la liturgia de la PalabraLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 311.Monición a la liturgia bautismalLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR pp. 316 (según haya o no bautizados en la celebración).Monición a la renovación de los compromisos bautismalesLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 321. Oración universal o de los fielesPresidente: En la alegría de esta Noche Santa, presentemos nuestras plegarias al Padre por medio de su Hijo, que ha vencido a la muerte, y digamos: R/. Jesús Resucitado, ruega por nosotros.1.Por la Iglesia y por todos los cristianos, para que demos siempre testimonio de la vida nueva de Jesús resucitado y caminemos sin miedo al anunciarlo a todas las gentes. Oremos.2.Por los que recibieron el bautismo en esta noche de Pascua, para que el Señor los bendiga y aumente en ellos la fe, la esperanza y el amor. Oremos.3.Por todas las naciones de la tierra, para que la paz y el bienestar lleguen a todos como don de Dios. Oremos.4.Por las personas de buena voluntad que sirven a los demás, para que el Espíritu Santo sea su fuerza y guía. Oremos.5.Por nosotros, reunidos en torno a la mesa del Señor, para que permanezcamos siempre unidos a Él y colmados de su amor. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre bondadoso, las plegarias que te presentamos con fe en esta celebración de la resurrección de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.R/. Amén.