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"La espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción"

Mié, 11/11/2020 - 09:08 editorCEC1

Tags: predicación orante lecturas dominicales departamento de liturgia evangelio Iglesia

TRIGÉSIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 
15 de noviembre

Primera lectura:  Pr 31,10-13.19-20.30-31
Salmo: 128(127),1-2.3.4-5 (R. 1a) 
Segunda lectura: 1Ts 5,1-6
Evangelio: Mt 25,14-30

I.   Orientaciones para la Predicación

Introducción

Ideas fuerza que nos ofrece la Palabra de Dios:
•  Los cristianos están llamados a vivir preparados y dispuestos para dejar que Dios se revele en sus vidas.
•  Es importante la guarda del respeto y del amor, como interpretación y vivencia del temor de Dios.
•  Es necesaria la decisión, disposición y administración del Reino de Dios, para heredar la vida eterna, a través de la imagen del banquete festivo.

1.   Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El último capítulo del libro de los proverbios está dedicado a destacar las virtudes y el valor que significa los dotes de una mujer en el contexto de un libro que está basado en las enseñanzas de carácter religioso y moral, que anticipan el plan de preparación virtuoso del que Pablo le habla a la comunidad de Tesalónica, casi como un presagio de la disposición en el contexto cristiano a la parusía. Mientras que el evangelio de Mateo en el capítulo 25 narrará tres parábolas (las 10 vírgenes, los talentos y el juicio final), en este domingo -XXXIII del tiempo ordinario-, la liturgia nos invita a detenernos en la «parábola de los talentos» y en ella, el evangelista nos insta a observar con atención el ejemplo de los tres siervos que ajustan su relación con el amo por medio de la administración de sus talentos, recordando así la vocación al servicio, propia de la vida cristiana. 

Los cristianos están llamados a vivir preparados, dispuestos y dedicados a dejar que Dios se revele en sus vidas. Por ello las virtudes que el libro de los Proverbios muestra en la mujer que, con su manera de ser, honra y hace magna la vida del hogar, ponen de manifiesto, lo que el autor sapiencial repite en la descripción de la mujer. El texto reiterará y centrará las acciones que ella puede hacer por medio de sus manos; por ello en la destreza y sostén para manejar lo material, el texto le dará un reconocimiento a la habilidad que tiene ella para manejar el hogar.

Mientras que, en la relación con los más necesitados, la mujer hacendosa, abre y extiende sus manos, porque en su corazón siempre hay generosidad y bondad para darle a los demás, aquello que hace parte de sí misma. De esta manera la mujer debe ser exaltada, porque por su capacidad de hacer las cosas con sus manos, ella se convierte en un ejemplo para la comunidad y no sólo para su casa.

La recitación del salmo 127 con el estribillo: «dichoso el que teme al Señor», le recuerda al creyente la importancia de guardar respeto y amor, como interpretación del temor, más allá de la comprensión primaria de asociarlo con el miedo. De allí que el recuerdo para que el hombre obtenga la bendición, por parte de su Dios, viene a ser la prosperidad por siempre como promesa que Dios cumple en quienes lo honran y buscan con sincero corazón.

La unidad narrativa del evangelio de Mateo en el capítulo 25 contiene tres parábolas en las que se destacan tres verbos para acoger el Reino de Dios, disponer, administrar y heredar. Sin embargo, para este domingo, la parábola sobre la que recae la liturgia es aquella de los talentos. Ella relata la decisión que toma un hombre que, al partir al extranjero, confía sus bienes a tres de sus sirvientes.

La parábola de los talentos es desafiante porque confronta al lector con la capacidad que tienen los siervos escogidos para administrar los talentos que les han distribuido. El amo para asignar los talentos debe conocer muy bien las facultades y capacidades que los siervos tienen porque sólo así les podrá dar según su capacidad de administrar aquello que les será confiado.

El texto pone de manifiesto que, no sólo el amo, conoce a sus siervos, sino que ellos también conocen muy bien a su amo. Por ello hay en los siervos comprometidos una moral de responsabilidad que los lleva a ser merecedores de aquellos decoros que provienen de su patrón; de allí que el entrar en el banquete de su Señor se convierte en el mayor premio obtenido por aquellos administradores honrados y buenos. La infelicidad de aquel que, por miedo al amo, entierra el talento recibido, deja en claro, que no se hace merecedor del banquete del amor que su señor ha reservado para los que han renunciado a la pereza y desidia, sino que, al contrario, se hacen dignos del premio y herencia de su señor, solo aquellos que vencen la desidia como una tentación constante a no querer hacer nada por los demás.

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? 
La palabra de Dios en este domingo nos recuerda que el cristiano es siervo del Señor, y que tal y como la mujer del libro de los Proverbios, administra bien sus dones por medio de las obras de sus manos, de la misma manera el Señor pone su confianza en las capacidades que cada uno de sus siervos tiene. Él es el Señor de la vida quien conoce bien a cada uno de los que asumen su compromiso como siervos del amor. Es así como cada servidor está llamado a no compararse ante los otros, sino que debe, reconocer aquello con lo que Dios mismo lo ha dotado y responder a su vocación con generosidad y bondad.

De este modo, la labor del siervo es reconocer que debe dar buenos fruto y que sus dones los debe poner al servicio de los demás, teniendo en cuenta su entorno. Por tanto, rechazar el don es enterrar el talento del servicio y disponibilidad a salir de sí para darse a los demás. En la esperanza de una segunda venida del Señor como lo dice Pablo, los talentos que nos vienen de Dios no son para sí, al contrario, deben contribuir con la esperanza y la alegría que tenemos de acoger y dar fruto, desde el servicio, en favor de los más vulnerables de la sociedad, tal como lo invita constantemente a vivir el Papa Francisco, especialmente, con su ejemplo de acogida a los migrantes.

Si aceptamos y estimamos la vida como un tesoro invaluable, tendremos que reconocer que somos portadores de muchos talentos y que, como lo reitera el Papa Francisco, es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás (Cfr. Catequesis, 24 abril 2013). De esta manera el cristiano busca cómo vivir de una forma libre y disponible el amor que viene del Señor, para compartir con los demás lo mejor de sí como una consecuencia del amor a Dios, a través de los demás y en sus respectivas comunidades.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Este domingo es un espacio privilegiado para pedirle al Señor que renueve en cada cristiano, la capacidad de entender el valor que proviene de los talentos o dones recibidos, por la gracia del amor a Dios y por medio del servicio. Los frutos abundantes del servicio del siervo honrado y cumplidor estimulan al siervo a seguir dando frutos desde sus capacidades. Solo cuando el siervo se abre a la obediencia hacia el amo, extiende su bondad sobre los demás en quienes reconoce el amor de su Señor y Dios. Por tanto, insistirá el Papa Francisco que en consonancia con el apóstol Pablo "la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción. Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo" (ídem)

II.   Moniciones y Oración Universal o de los Fieles

Monición introductoria de la Misa
Este domingo todos estamos llamados por Dios a vivir en comunidad el misterio de su amor por medio de la celebración de la eucaristía. Sean todos bienvenidos al banquete del amor pascual, en donde todos estamos llamados a dar lo mejor de sí, para el bien de la comunidad y así poder darle cumplimiento al mandato del Señor de amarnos todos como hermanos. Dispongamos nuestros corazones para acoger con alegría los dones que el Señor nos dará con su palabra y su pan partido y repartido con amor. Participemos con fe.

Monición a la Liturgia de la Palabra
La escucha de la Palabra de Dios en este contexto celebrativo nos invita a reflexionar sobre nuestras obras y la respuesta que le damos al Señor por medio de la comunidad, en la justa y recta administración de los talentos que hemos recibido de su bondad. Que esta liturgia de la Palabra nos siga disponiendo a la espera gloriosa de la segunda venida de nuestro salvador. Escuchemos con el corazón y la mente abierta el mensaje que nos trae el Señor. 

Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Oremos por las necesidades de la Iglesia y del mundo entero, para que nuestro Padre amoroso escuche las súplicas de su pueblo y nos prodigue lo que, por su voluntad, sea para el bien de todos y digamos:

R. Padre misericordioso escucha nuestra oración
1.  Por el Papa y todos los obispos para que sean ejemplo de servicio en nuestras comunidades y, así, todos busquemos dar lo mejor de nosotros mismos por el bien de la comunidad. Oremos al Señor. 
2.  Por la Iglesia para que, a ejemplo de la mujer virtuosa del libro de los Proverbios, busque ser protectora de la vida y ejemplo para la sociedad, en el servicio y el amor por los más necesitados. Oremos al Señor. 
3.  Por los gobernantes de nuestro país, para que no desperdicien los dones que les han sido otorgados para administrar y trabajar por el bien común y, desde el servicio, multipliquen sus obras a favor de la vida. Oremos al Señor. 
4.  Por los que sufren y pasan necesidad, para que experimenten la fuerza de Dios y la solidaridad de los creyentes, y no se dejen vencer por las dificultades. Oremos al Señor. 
5.  Por nuestra comunidad para que sea dócil a la escucha de la Palabra y sirva con la alegría del amor de Dios presente en su corazón. Oremos al Señor.

En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales

Oración conclusiva

Escucha Padre de misericordia
las súplicas que te dirigimos con fe y esperanza
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

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Vie 11 Nov 2022

Estén en vela para estar preparados

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO Noviembre 27 de 2022 Primera Lectura: Isaías 2,1-5 Salmo: 122(121), 1-2.4-5.6-7. 8-9 (R. cf. 1) Segunda Lectura: Romanos 13, 11-14a Evangelio: Mateo 24, 37-44 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • El Adviento, como lo enfatiza la Palabra y la tradición eclesial, es preparación para la doble venida de Cristo: Su nacimiento entre nosotros y su llegada al final de los tiempos. • La invitación del profeta Isaías resume bien el espíritu del Adviento: “Vamos, caminemos a la luz del Señor”. • El discipulado cristiano nos exige “estar en vela”, que es la actitud de permanecer fielmente en el Señor. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El profeta Isaías nos anticipa la obra que realizará el Mesías a su llegada. La propone en tres dimensiones: la reunión del pueblo de Dios antes disperso que, en comunión, sube al monte del Señor; la instrucción en la ley del Señor, para que todos marchen por sus sendas, y el establecimiento de la paz entre los pueblos. Concluye con una exhortación para la comunidad: “Ven, caminemos a la luz del Señor”. El apóstol Pablo invita a tomar clara conciencia de la “hora” que vive la comunidad, esto es, de la cercanía de la salvación. Es elocuente la imagen de la noche y el día, con la que se evidencia la necesidad de vivir en la luz; también lo es la figura de revestirse de Cristo, que invita a los bautizados al testimonio y a la coherencia. El Evangelio nos hace dirigir la mirada hacia la segunda venida de Cristo, anunciada como la llegada del Hijo del hombre con figuras y expresiones tomadas de los pasajes apocalípticos de la escritura. Frente a lo que sucederá, la invitación es estar en vela o estar preparados. Para la comunidad cristiana, que debe anhelar esta segunda venida del Señor, la vigilancia y la preparación es igual a la fidelidad constante en el discipulado y la misión. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? El inicio del Adviento pide de todos nosotros una renovada disposición para ir al encuentro de Cristo que viene. La exhortación es para cada uno y para la comunidad: “Ven, caminemos a la luz del Señor”; con ésta se propone un modo de vida que siempre este dirigido por Cristo, que es Luz del mundo, y abarca todas las dimensiones de la existencia. Como lo pide el apóstol Pablo, es necesario tomar plena conciencia del momento de gracia que vivimos y de las profundas implicaciones de la espera de la venida del Señor. Esto significa, entre otras cosas que no debemos celebrar el Adviento pensando únicamente en disponer cosas materiales o decoraciones para la fiesta navideña. Tampoco se puede olvidar la doble connotación del Adviento, pues con frecuencia se prefiere desconocer la espera escatológica de la segunda venida de Cristo. El propósito del Adviento es llevar a la comunidad cristiana a caminar a la luz del Señor, ahora y siempre. No se trata de una espera pasiva sino de un camino que recorremos juntos, como el pleno día, con las armas de la luz, revestidos de Jesucristo. Esta vivencia del Adviento, en el marco de la celebración del nacimiento del Señor y con el impulso de la esperanza de su retorno, debe ser manifestada en una comunión más fuerte entre los miembros del pueblo de Dios, en una apertura total para dejarnos instruir por su palabra y en una decisión firme para construir la paz que el Salvador nos trae. Estos propósitos coinciden fundamentalmente son los del camino Sinodal que recorremos convocados por el Papa Francisco. En efecto, si escuchamos atentamente la Palabra en este día notamos una insistencia marcada en la comunidad o pueblo que espera al Señor. Estar en vela o estar preparados reclama de cada uno y de la comunidad un continuo esfuerzo de fidelidad al Evangelio, al mismo tiempo que una manifestación explicita de su horizonte escatológico, el mismo que expresaba la primera comunidad cristiana diciendo ¡Maranathá! Ven, Señor Jesús. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Hoy iniciamos el Adviento con los sentimientos del salmo que proclama ¡Vamos alegres a la casa del Señor! Hemos de pedir al Señor que nos permita vivir santamente este tiempo, con la viva conciencia de que está más cerca nuestra salvación. Supliquemos que la celebración de la Navidad esté precedida de una verdadera disposición del corazón, de gestos de reconciliación, de acciones de misericordia, de contemplación del misterio del amor de Dios. Hoy es un buen momento para preguntarnos interiormente ¿cómo queremos vivir este Adviento y esta Navidad?, y también, ¿cómo estamos en vela y nos preparamos para la segunda venida del Señor? _______________________ Recomendaciones prácticas: • Es recomendable leer, por tiempos litúrgicos, todo el conjunto de Recomendaciones Prácticas, para tener una visión de conjunto y poder preparar con tiempo y debidamente las celebraciones litúrgicas y de piedad popular, de modo que se logre un mejor fruto espiritual en el pueblo de Dios • Por su propia naturaleza y espiritualidad, el Adviento es un tiempo de sobriedad que contrasta con la explosión festiva y ornamental de la Navidad. Sin embargo, a diferencia de la Cuaresma, no es un tiempo tan austero (por ejemplo, en Adviento se canta el Aleluya, cosa que no se realiza en la Cuaresma). Se permite el uso de instrumentos siempre que se utilicen con moderación o, como dice el Ceremonial de los Obispos, “sin que se anticipe la alegría plena de la Navidad” (CE 236). Se entona el aleluya, no se dice el “Gloria”, se usa con moderación los instrumentos musicales y las flores para adornar el altar. • Sugerir la corona del Adviento como expresión de piedad popular y signo de la espera de Jesús, luz del mundo. Por lo tanto, podría hacerse en este domingo la respectiva bendición. Esta corona tiene cuatro velas y cada domingo de Adviento se enciende una de las luces, a la par que el ministro realiza una oración adecuada para el caso. • En la Eucaristía dominical, las velas podrían ser encendidas después del saludo y por distintas personas de la comunidad, debidamente preparadas. • En este domingo se puede encender la primera luz de la corona de Adviento, con su respectiva oración; y así sucesivamente en los otros domingos. • Si se realiza este rito de la Corona de Adviento, se omite el acto penitencial. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos: Iniciamos hoy el tiempo de preparación para la doble venida del Señor, el Adviento. Se trata del recorrido que hacemos hacia “el que viene”, pero también de una senda para sentir la presencia “del que está”; será camino hacia el Señor glorioso y apertura al Señor que se acerca. Despertemos del sueño y mantengamos una actitud vigilante; llenemos nuestros corazones de esperanza porque el Señor hace nuevas todas las cosas. Comencemos alegres nuestra celebración. Monición a la Liturgia de la Palabra Las lecturas de hoy deben llenarnos de alegría y no de miedo ni angustia; porque, como dice el profeta Isaías, avanzamos hacia la luz del Señor, que nos encamina no hacia la destrucción, sino hacia un tiempo de salvación en el que reina la paz y convivencia fraterna. Por eso mismo el salmista nos invita a estar alegres y alabar a Dios mientras peregrinamos a la casa del Señor, y san Pablo, a llevar un estilo de vida propio de los hijos de la luz. Escuchemos atentos. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos, mientras esperamos llenos de gozo la venida de nuestro Señor Jesucristo, imploremos misericordia, pues El viene a anunciar la salvación a todos los hombres. Supliquemos con fe viva diciendo: R. Escúchanos, Señor. 1. Por la Iglesia, para que el Padre encienda en los corazones de todos sus fieles el deseo ardiente de recibir gozosamente a su Hijo que llega para salvarnos. Oremos. 2. Por los gobernantes de las naciones, para que los rijan con rectitud y justicia y busquen el bien integral de todos los que se les han confiado. Oremos. 3. Por los que sufren, para que el Padre alivie a los enfermos, dé pan a los hambrientos y aleje del mundo toda tribulación. Oremos. 4. Por nuestros hogares, para que, permaneciendo en la verdad sean auténticos testigos del amor cristiano. Oremos. 5. Por esta asamblea eucarística, para que, al prepararse para la venida del Señor mediante la Palabra de Dios, sean luz y alegría en medio del mundo. Oremos. Oración conclusiva Dios, refugio y fortaleza nuestra, Tú que inspiras toda verdadera petición escucha las plegarias de tu Iglesia y haz que cuanto hemos pedido con fe lo obtengamos plenamente. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Vie 11 Nov 2022

Con su perseverancia salvarán sus almas

TRIGÉSIMO TERCER DOMINGODEL TIEMPO ORDINARIO Noviembre 13 de 2022 Primera Lectura: Ml 3, 19-20a Salmo: Sal 98(97),5-6.7-8.9 (R. cf. 9) Segunda Lectura: 2Ts 3,7-12 Evangelio: Lc 21, 5-19 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • La liturgia del trigésimo tercer domingo del Tiempo Ordinario evoca la última venida del Señor. • La Biblia habla frecuentemente de este tema que está en el centro de la profesión de fe de todos los cristianos. • A ello se orienta toda la celebración sacramental y especialmente la Eucaristía que es el memorial del Señor “hasta que Él vuelva”. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? v. 5: “Como dijeran algunos acerca del templo”. Se refiere al templo espléndido construido por Herodes en diez años, empleando 100.000 obreros y 1.000 sacerdotes entrenados como albañiles para los trabajos en las partes más sagradas. La construcción comenzada en el año 20 a.C, continuó por largo tiempo para las decoraciones. Terminará solamente en el año 64 d.C, seis años antes de su destrucción. Desde el comienzo del Nuevo Testamento el templo nuevo fue identificado tanto con Jesús muerto y resucitado (Mc 14, 58; Jn 2, 21), en quien habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Col 2, 9), como con la Iglesia (cf. 1Co 3, 9.16ss). v. 7: “Cuál será la señal”. Ante el anuncio de Jesús de que no quedará de ese templo “piedra sobre piedra” los oyentes tratan de leer, en lo que acontece, el presagio de lo que les interesa: ¿cuándo será el final? Es la misma pregunta que angustia a muchos creyentes también hoy, atreviéndose incluso a formular o repetir ciertas teorías. Esto se puede prestar para engaños pues quien aterroriza con el miedo a la muerte y le ofrece la salvación puede engañarlo como quiere. Por eso Jesús, así como nos libera del miedo de la muerte (12, 4ss), así también aparta de nosotros todo miedo al fin del mundo, para hacernos vivir en la libertad de los hijos del Padre. También lo dice San Pablo: “no se dejen alterar tan fácilmente en sus ánimos, ni se alarmen por alguna manifestación del Espíritu (revelaciones privadas), que haga suponer que es inminente el día del Señor” (2Ts 2, 1s). v. 9: “Pero el fin no es inmediato”. Ante las guerras y revoluciones el evangelista Lucas que ya puede escribir su libro desde el cumplimiento de lo que Jesús había anunciado previamente, sabe que el final no es inmediato. Tanto la muerte de Jesús como la destrucción del templo son ciertamente el fin del mundo, pero no como lo pensamos nosotros: es el fin de un mundo antiguo que, ahora redimido por Cristo en la Cruz, permite el inicio de un mundo nuevo. Lucas, entonces, vio cumplida esa profecía de cómo Dios ofrece la salvación a todos y permite que se viva el presente como el tiempo de la paciencia, en vista de nuestra conversión. La continuación de la historia hasta nuestros días es este intervalo que se concede “por un año todavía” (cf. 13, 6ss) después del juicio de Dios que ya se ha realizado y ha sido revelado, para que todos los hijos encuentren la casa del Padre. Así la historia es realmente historia de salvación. Entonces las guerras, los terremotos, la carestía, las pandemias es lo que sucede en el tiempo de Lucas y en todo tiempo. No es la señal de algo nuevo, es más bien el viejo mundo que con monotonía insiste en vivir en un mundo antiguo, es decir, sin la redención de Cristo. v. 13: “Esto sucederá para que den testimonio”. Los discípulos de Cristo continúan viviendo en la historia la salvación que viene de la cruz y predicando que la entrega de Cristo en la Cruz es el final del mundo viejo, en donde se rompió el muro del odio y del pecado para dar paso al mundo nuevo. v. 19: “Con su perseverancia salvarán almas”. La paciencia es la característica del Hijo del hombre, el samaritano que se hace cargo del mal. Ella asocia al discípulo al misterio de la muerte y resurrección: al perder la vida, la salva (9, 24). En el testimonio, en un mundo a veces hostil, se gana la propia identidad con Jesús, el Hijo muerto y resucitado, signo de un mundo nuevo y reconciliado con Dios. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Jesús dice a sus discípulos: “Con su perseverancia salvarán sus almas” y es el llamado también para nosotros hoy: continuar teniendo fe en un mundo que apuesta a oponerse al Evangelio de Cristo, por eso el llamado de Jesús a resistir en la lucha, para salvar nuestras almas; es necesario permanecer fieles al Señor, a pesar de las dificultades. En este discurso en el que Jesús anuncia el final, se está refiriendo sobre todo a su propia final, es decir, la pasión, muerte y sepultura, pero a partir de allí nacerá un mundo nuevo. Es importante que todos conservemos esta “tensión” hacia lo que está por cumplirse, porque el riesgo es detenernos en el presente y no mirar al futuro sin esperar aquello que mañana puede venir, es decir, la vida eterna. Es ser conscientes que las opciones que hoy hagamos tendrán consecuencia mañana, aquello que hacemos “ahora” tendrá sus efectos en el futuro. Esta responsabilidad hacia el futuro es la sugerencia que los últimos domingos del ciclo litúrgico nos recuerdan. De hecho, en la primera lectura del profeta Malaquías, uno de los últimos textos del Antiguo testamento, anuncia la llegada de un día ardiente como un horno. Los soberbios serán como paja, en cambio aquellos que viven el “temor” de Dios, no que tienen miedo de Dios, sino que toman en serio el seguimiento del Señor, aquel día recibirán la salvación que vendrá como en los rayos del sol. No podemos quedarnos sin hacer nada esperando que venga el fin del mundo, es lo que dice Pablo a los Tesalonicenses, porque el ocio es el origen de otros vicios. Por eso la exhortación a continuar con nuestro trabajo, manteniendo una “tensión” hacia el futuro. Esperar al Señor no significa dejar de vivir en el mundo y trabajar por él hasta el último momento de nuestra vida. Se trata de vivir intensamente todas las dimensiones del mundo: empeñarse en el trabajo, en la familia, en dejar un mundo mejor de como lo encontramos, eso es lo que quiere el Señor. Pero sepan que no termina todo aquí, la tensión positiva hacia lo que vendrá da sentido a todo aquello que hacemos. Por eso dice Jesús que con la perseverancia en el empeño cotidiano salvaremos nuestras almas. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? • Entro en oración invocando la presencia del Espíritu Santo. • Me recojo imaginándome que estoy delante del templo en su esplendor, y ese templo será destruido. • Me pregunto: ¿Qué significa para mí el fin de los tiempos? Pienso en que un mundo antiguo ha terminado con la muerte de Cristo y con su resurrección ha inaugurado un mundo nuevo. • Medito en la frase de Jesús: “quien persevera hasta el final salvará su alma”. • Pido lo que quiero: comprender que este mundo termina y que mis acciones de hoy tienen una repercusión en el futuro, en la vida eterna. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Recomendar la vivencia de la Eucaristía que en la Palabra y en el Cuerpo de Cristo recibido en la comunión, es el gran sacramento que sostiene nuestra peregrinación hasta que “Él vuelva”. • Motivar al Ministerio musical para que entone cantos litúrgicos que hablen de la peregrinación del Pueblo de Dios hacia la patria celestial sin cesar en el empeño y compromiso que como cristianos tenemos cada día. • Motivar el momento de la Sagrada Comunión con esta monición: “Estar con Cristo en la vida eterna es nuestra meta. Hoy podemos tener ya un anticipo de esa gloria celestial comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. Acerquémonos a recibirle”. • Jornada Mundial de los Pobres. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos: es larga la lista de los acontecimientos devastadores y aterradores que hay en el mundo como las guerras y la pandemia, que parecen anunciar el fin de los tiempos. Pero la historia ha conocido otros momentos que también parecían anunciar el fin. Estos terribles acontecimientos no tienen nada que ver con el fin del mundo y, aunque son muy duros y dolorosos de vivir, no deben asustar a los creyentes ni desanimarlos en su empeño por contribuir a un mundo mejor con esperanza y perseverancia. Esa es la mejor manera de dar testimonio de nuestra fe en Cristo y de caminar siempre a su lado. Monición a la Liturgia de la Palabra En la primera lectura el profeta Malaquías evoca el juicio definitivo de Dios, que puede ser condenatorio o salvador. El salmista nos dice que Dios llega a nosotros trayendo en sus manos la salvación y la victoria. La espera de la venida del Señor, nos dice San Pablo en los Tesalonicenses, no exime a nadie de las obligaciones y compromisos de la vida diaria. Y, según el Evangelio, los discípulos de Jesús no se pueden sorprender por tener que sufrir persecuciones ni dejarse seducir por charlatanes. Deben mantenerse firmes. Nada debe debilitar su esperanza. Al final de la prueba alcanzarán la salvación. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos: dirijamos nuestra mirada hacia el Señor y, como ya recibimos en herencia la fe en el mundo que ha de venir, orémosle confiadamente: R. Concédenos, Señor, tu gracia y tu bendición. 1. Por los pastores y fieles de la santa Iglesia, perseguidos a causa del nombre de Jesús, para que el Espíritu Santo les dé palabras de sabiduría, oremos. 2. Por los que sufren la injusticia que les provocan otras personas y por las víctimas de los flagelos naturales, para que Dios los ampare en la prueba, oremos. 3. Por los que trabajan día y noche con esfuerzo y por todos los que están desempleados, para que a ninguno le falte el pan de cada día, oremos. 4. Por las personas que viven angustiadas por el futuro o son tentados por los muchos mesianismos en la sociedad, para que Jesús se les revelé en las Sagradas Escrituras y les dé paz, oremos. 5. Por todos los cristianos de esta parroquia y por los que se reúnen cada domingo en asamblea, para que el Espíritu renueve sus corazones, oremos. Oración conclusiva Señor, Padre santo, concede a todos los hombres y mujeres la gracia de saber que son tus hijos y de construir sobre esta alegría sus vidas, en la esperanza de la plena manifestación de los hijos de Dios. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. R. Amén.

Vie 4 Nov 2022

Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo

TODOS LOS SANTOS Noviembre 1° de 2022 Primera Lectura: Ap 7, 2-4.9-14 Salmo: Sal 24(23),1-2.3-4ab.5-6 (R. cf. 6) Segunda Lectura: 1Jn 3, 1-3 Evangelio: Mt 5, 1-12ª I. Orientaciones para la Predicación Introducción Caminando de cara a Dios en el ejercicio de la fe, la esperanza y el amor, participa el hombre de la vida de Dios. No sólo participaremos en él, sino que seremos semejantes a él. Esta esperanza transformadora debe animar nuestros pasos por la gran tribulación. Aquellos que fueron los amigos de Dios entonan su canto después de haber participado de la sangre del Cordero. Eso significan también las bienaventuranzas. La victoria de la Cruz, la dicha de un sufrimiento transformador. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En las visiones del Apocalipsis aparece hoy una muy dinámica: el panorama de una gran asamblea, "una muchedumbre inmensa de toda nación, raza y lengua", los bienaventurados, que están en el cielo "de pie delante del trono (de Dios Padre) y del Cordero (Cristo) vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos", y cantan con voz potente las alabanzas de Dios. El número 144.000 es evidentemente simbólico, el resultado de esta multiplicación: 12 por 12 por 1000, la plenitud de las doce tribus de Israel. Además de ese número, se habla de una multitud innumerable. Esta multitud de creyentes que ya participan de la salvación tienen una historia: "son los que vienen de la gran tribulación". En el cielo se unen a los ángeles, los "ancianos", los "cuatro vivientes" y todos adoran a Dios y le entonan himnos de alabanza. El salmo se fija en los que ya gozan de la victoria, pero señalando cuál ha sido su camino para llegar a esta alegría: "estos son los que buscan al Señor". Porque "quién puede subir al monte del Señor... el hombre de manos inocentes y puro corazón". La idea que más veces repiten las cartas de Juan, que somos hijos de Dios y objetos de su amor de Padre, se une hoy a la de nuestro destino en la salvación definitiva. La realidad de ahora ya es gozosa, pero todavía tiene que llegar lo mejor: "ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos". Cuando llegue el final, "cuando se manifieste", "seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es". El evangelio elegido para esta fiesta es el de las bienaventuranzas, porque se consideran el mejor camino para llegar a esa felicidad definitiva del cielo, el camino que han seguido los Santos de todos los tiempos. Dando inicio al sermón de la montaña, Jesús proclama unas sorprendentes bienaventuranzas: llama felices a los pobres, a los que sufren, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los que son perseguidos por su fe. En realidad, hay una novena bienaventuranza, esta vez en segunda persona: "dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan...", mientras que las ocho anteriores están en tercera: "dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de los Cielos". 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Es una fiesta que nos transmite alegría y optimismo. No es nada extraño que haya calado muy hondo en la sensibilidad del pueblo de Dios, junto con el recuerdo de los difuntos el día siguiente. ¡Qué hermoso es el canto de "introito" clásico en este día, el "Gaudeamus": "alegrémonos todos en el Señor, al celebrar este día de fiesta en honor de todos los Santos". Las innumerables personas que ya gozan de la plenitud de vida en el cielo son nuestros hermanos. De la mayoría no conocemos los nombres. Algunos, pocos en comparación con la muchedumbre de los bienaventurados, han sido canonizados o beatificados, reconocidos por la Iglesia en su "Martirologio" y propuestos como modelos de vida cristiana. De ellos, a algunos, también muy pocos en comparación con los varios miles del Martirologio, se les rinde culto oficial en la Iglesia universal o en las particulares: son los que aparecen en el Calendario litúrgico. Hoy celebramos a todos, no sólo a los que constan en las listas oficiales, sino a los que están en la lista de Dios, que son muchísimos más. Nuestra contabilidad no tiene ni punto de comparación con la de Dios. El prefacio de hoy afirma que son "nuestros hermanos", "los mejores hijos de la Iglesia" y que "en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad". Son personas que han tenido los mismos oficios y las mismas dificultades y tentaciones que nosotros, que han seguido a Cristo, viviendo su evangelio» y ahora gozan de la plenitud de la vida en Dios. Entre ellos, están la Virgen María y los Santos más importantes y conocidos, los patronos de las diócesis o de la ciudad o de la parroquia, los fundadores de comunidades religiosas, los que aparecen en los vitrales o en los varios laterales de nuestras iglesias. Otros, la mayoría, nos son desconocidos, pero han tenido el mérito de una fe sufrida y humilde, y ahora gozan de Dios. Entre ellos seguramente, familiares y conocidos nuestros. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Hoy damos gracias a Dios porque los Santos son un regalo del Espíritu. En un mundo en que no abundan ni las noticias positivas ni los modelos de vida coherente, vale la pena subrayar lo que representan los Santos: un regalo de Dios a la humanidad y el mejor don del Espíritu a su Iglesia. Es bueno que hayan aparecido y sigan apareciendo carismas, instituciones y movimientos: pero sobre todo podemos alegrarnos de que el Espíritu Santo nos regale personas santas, que son la mejor gloria de la familia cristiana y hasta de la humanidad. Hayan sido o no importantes, hayan dejado o no grandes obras escritas o fundado familias religiosas, o hayan vivido sencillamente, desconocidas de todos menos de Dios, dando un ejemplo de entereza y generosidad. Estas personas son las que nos devuelven la fe en el género humano. Muchos van obteniendo premios y medallas por sus éxitos deportivos o artísticos o culturales. Es muy bueno que así́ sea, porque vale la pena premiar a los que enriquecen de alguna manera a la humanidad. Pero hoy podríamos pensar que los que merecen más premios y homenajes son estas personas, famosas o desconocidas, que han cumplido su carrera recibiendo los aplausos de Dios y ennobleciendo a la humanidad entera. El que la Iglesia realice beatificaciones y canonizaciones, tiene la finalidad: que puedan alegrarse todos, en la Iglesia universal o en las Iglesias locales, de que el Espíritu sigue enriqueciendo a su comunidad con el don de la santidad, y así́ pueden mirarlos como a modelos e intercesores más cercanos. Así lo decía el Papa Francisco celebrando la Solemnidad de Todos los Santos el 1 de noviembre de 2019: “La santidad, además de un don, es también una llamada, es una vocación común de todos nosotros cristianos, de los discípulos de Cristo; es el camino de plenitud que todo cristiano está llamado a recorrer en la fe, procediendo hacia la meta final: la comunión definitiva con Dios en la vida eterna. La santidad se convierte así en respuesta al don de Dios, porque se manifiesta como una asunción de responsabilidad. Desde este punto de vista, es importante asumir un compromiso cotidiano de santificación en las condiciones, en los deberes y en las circunstancias de nuestra vida, tratando de vivir cada cosa con amor, con caridad”. _______________________ Recomendaciones prácticas • Hoy es un día propicio para promover entre los fieles la proclamación de las Letanías de los Santos. • Comienza el mes de los Fieles Difuntos. • Incentivar la oración por los Fieles Difuntos a lo largo del mes. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Sean todos bienvenidos a esta Celebración. En este día la Iglesia Universal celebra, la solemnidad de Todos los Santos, demos gracias a Dios por el testimonio de tantos hermanos nuestros en la fe que durante su vida lucharon por vivir el Evangelio, acogiéndonos a su intercesión, para poder ser, también nosotros, fieles a las enseñanzas de nuestro Señor. Celebremos con fe y alegría esta Eucaristía. Monición a la Liturgia de la Palabra En el centro de la liturgia de hoy están sobre todo los grandes temas de la Comunión de los Santos, del destino universal de la salvación, de la fuente de toda santidad que es Dios mismo, de la esperanza cierta en la futura e indestructible unión con el Señor, de la relación existente entre salvación y sufrimiento y de una bienaventuranza que ya desde ahora caracteriza a aquellos que se encuentran en las condiciones descritas por Jesús. Escuchemos con atención la Palabra de Dios. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Oremos a Dios Padre, creador del universo, para que en comunión con todos los santos del cielo alcancemos bendiciones en esta tierra. Digamos confiados: R. Te rogamos, óyenos. 1. Por la Iglesia santa de Dios, para que siempre se conserve unida en la oración y así sea luz para todo el mundo. Roguemos al Señor. 2. Por los gobernantes de todos los pueblos, para que fomenten siempre la dignidad humana con proyectos de justicia y de paz. Roguemos al Señor. 3. Por todos los enfermos de nuestra comunidad y por todos los que sufren, para que la oración que hacemos en la comunión de los santos los llene de consuelo, de esperanza y de salud. Roguemos al Señor. 4. Por nuestros hermanos difuntos, que han vivido según las enseñanzas de Cristo, para que el Señor les otorgue la plenitud de la vida y puedan gozar de su presencia en la patria celestial. Roguemos al Señor. 5. Por nosotros para que aceptando el proyecto de las bienaventuranzas que Jesús nos propone podamos alcanzar la patria celeste y la participación plena en la comunión de los santos. Roguemos al Señor. Oración conclusiva Padre de todo lo creado, escucha estas súplicas que tu Iglesia, que peregrina en esta tierra anhelando la patria celeste. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Jue 27 Oct 2022

El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

TRIGÉSIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Octubre 30 de 2022 Primera Lectura: Sb 11,22 - 12,2 Salmo: Sal 145(144), 1-2.8-9.10-11.13cd-14 (R. cf. Sab 11,23) Segunda Lectura: 2Ts 1, 11 - 2,2 Evangelio: Lc 19, 1-10. I. Orientaciones para la Predicación Introducción Vamos terminando el año litúrgico y el tono de las lecturas va tomando una perspectiva escatológica. Hoy podemos registrar tres temas fundamentales en las lecturas de este domingo: El Evangelio, con la escena de Zaqueo, y la página sapiencial del Antiguo Testamento nos hablan del perdón de Dios. El salmo, nos anima a todos, que somos pecadores y necesitamos de esta misericordia de Dios, a confiar en él. Y el último tema lo contiene la segunda lectura: Mantenerse firmes y dignos de su vocación en el camino de la fe. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? • Este momento es un ejercicio de búsqueda del sentido, o mejor dicho, de los sentidos que tiene un texto bíblico. Abordemos cada uno de los textos de este domingo resaltando algunos detalles. • El libro de la Sabiduría, uno de los últimos del AT, nos ofrece una reflexión sobre la grandeza de Dios: "el mundo entero es ante ti como un gramo en la balanza" (11,22). Y a la vez su misericordia: "te compadeces de todos porque todo lo puedes... y no aborreces nada de lo que hiciste" (11,23.24). • Su autor resalta que Dios perdona: "a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida" (11,26). A los que hace falta corregirles, lo hace con tolerancia y amor: "corriges poco a poco a los que caen; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti" (12,2). • El salmo responsorial 145 (144) es una gozosa alabanza al Señor como soberano amoroso y tierno, preocupado por todas las criaturas: "el Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad... el Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan". • Tesalónica es una ciudad de Grecia, y san Pablo escribe dos cartas a su comunidad cristiana. La segunda, que es la que leeremos durante tres domingos, está llena de recomendaciones para que los de Tesalónica se mantengan firmes y dignos de su vocación en el camino de la fe. • En la segunda lectura el apóstol Pablo nombra la última venida de Cristo y nuestro encuentro con él. Pero a la vez dice que no es inminente, y que nadie se debe alarmar por supuestas revelaciones sobre el final del mundo, "como si afirmáramos que el día del Señor está encima" (2Ts 2,2). • En el Evangelio nos encontramos esta vez no con una parábola, si un hecho que sucedió al llegar Jesús a la ciudad de Jericó, ciudad comercial y rica, muy apta para que los recaudadores de impuestos "prosperen". Zaqueo, "jefe de publícanos y rico" (19,2), se siente movido primero por la curiosidad. Pero luego, la cercanía de Jesús, que se ha autoinvitado a comer en su casa, le toca el corazón y se convierte, sacando unas conclusiones muy concretas para reparar las injusticias que había cometido. • El comentario, gozoso, de Jesús es: "hoy ha sido la salvación de esta casa: también este es hijo de Abrahán" (19,9). Es una ocasión más en las que Jesús, de palabra y de hecho, nos ofrece el retrato de un Dios que perdona. Él mismo, Jesús, "ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido" (19,10) 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? El Papa Francisco Francisco reflexionando sobre la palabra de este día nos dice: “Y Jesús se detuvo, no pasó de largo precipitadamente, lo miró sin prisa, lo miró con paz. Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida como a Zaqueo, a Bartimeo, a María Magdalena, a Pedro y también a cada uno de nosotros. Aunque no nos atrevemos a levantar los ojos al Señor, Él siempre nos mira primero. Es nuestra historia personal; al igual que muchos otros, cada uno de nosotros puede decir: yo también soy un pecador en el que Jesús puso su mirada. Los invito, que hoy en sus casas, o en la iglesia, cuando estén tranquilos, solos, hagan un momento de silencio para recordar con gratitud y alegría aquellas circunstancias, aquel momento en que la mirada misericordiosa de Dios se posó en nuestra vida. Su amor nos precede, su mirada se adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. Sabe ver más allá de la categoría social a la que podemos pertenecer. Él ve más allá de todo eso. Él ve esa dignidad de hijo, que todos tenemos, tal vez ensuciada por el pecado, pero siempre presente en el fondo de nuestra alma. Es nuestra dignidad de hijo. Él ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejémonos mirar por Jesús, dejemos que su mirada recorra nuestras calles, dejemos que su mirada nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida. (Homilía de S.S. Francisco, 21 de septiembre de 2015). Las lecturas de hoy nos obligan a confrontar nuestras vidas con este retrato de Dios que nos ofrecen los pasajes del AT y el Evangelio. Ante todo, porque también nosotros le damos ocasión a Dios para ejercitar esta misericordia: todos necesitamos su perdón, en varios momentos de nuestra vida. No debemos perder la confianza, si creemos todo eso que han dicho las lecturas sobre cómo es nuestro Dios. Pero también nos interpelan estas lecturas sobre nuestra actitud con respecto a los demás. ¿Somos personas de buen corazón, misericordiosos, fáciles al perdón? ¿o, por el contrario, somos fáciles en la condena, como los fariseos que murmuraban porque Jesús "ha entrado en casa de un pecador"? Deberíamos ser capaces de dar un voto de confianza a las personas, por pecadoras que nos parezcan, de hacerles fácil la rehabilitación a las personas que han dado algún mal paso en su vida, sabiendo descubrir que, por debajo de una posible mala fama, a veces tienen valores interesantes. Pueden ser "pequeños de estatura", como Zaqueo (y seguramente en más de un sentido), pero en su interior -¿quién lo diría?- hay el deseo de "ver a Jesús", y pueden llegar a ser auténticos "hijos de Abrahán". 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Cada Eucaristía nos ayuda a vivir las dos direcciones de esta palabra. Jesús no se invita a nuestra casa, sino que nos invita a la suya. Nuestra Eucaristía es algo más que recibir, como Zaqueo, la visita del Señor. Es ser invitados por él a entrar en comunión con él mismo, que se ha querido convertir en nuestro alimento de vida. Cada vez sucede lo que sucedió en casa del publicano: "hoy ha sido la salvación de esta casa". Pero, a la vez, la Eucaristía es una escuela práctica en la que aprendemos a ser abiertos de corazón para con los demás. Imitando a ese Dios que quiere la salvación de todos, que no odia a nadie, que "es amigo de la vida", y a ese Jesús que se alegra del cambio de vida de Zaqueo, nosotros, en nuestra celebración, al rezar y cantar juntos y, sobre todo, al participar juntos del Cuerpo y Sangre de Cristo, sea cual sea nuestra raza, formación, edad y condición social, aprendemos a ser más comprensivos con los demás y a perdonar, si es el caso, lo que haya que perdonar. ______________________ Recomendaciones prácticas: • Primero de noviembre. Día de todos los santos. • Dos de noviembre: Conmemoración de los fieles difuntos. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Sean todos bienvenidos a esta celebración. Una vez más el Señor pone su mirada sobre nosotros y nos invita a compartir alrededor de la mesa de la Palabra y de la Eucaristía que fortalecen nuestra vida de bautizados. Hoy la gratitud hace presencia y nos recuerda cómo el don recibido en lo cotidiano de nuestra vida revela la calidad de nuestro corazón. Participemos de manera plena, activa y consciente. Monición a la Liturgia de la Palabra Los textos bíblicos de hoy nos hablan de la misericordia divina. Es lógico que se repita tanto esta inefable realidad, porque la misericordia de Dios es una fuente inagotable de esperanza y porque nosotros estamos muy necesitados de la clemencia divina. Todos necesitamos que se nos recuerde muchas veces que el Señor es clemente y misericordioso. Escuchemos con atención la Palabra de Dios. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Oremos al Padre misericordioso y presentémosle nuestras peticiones y necesidades. Unámonos diciendo. R. Dios de amor, fortalécenos en tu amor. 1. Por la Iglesia, congregada en este día en torno a la mesa del sacrificio y del banquete del amor, para que alimentada de estos santos misterios sea signo de unidad en medio del mundo. Roguemos al Señor. 2. Por los que gobiernan de las naciones para que la participación en la Eucaristía los haga más solidarios con los más necesitados de sus comunidades. Roguemos al Señor. 3. Por los que sufren, por los enfermos, por los tristes y afligidos, para que la Eucaristía los fortalezca y consuele en sus anhelos y esperanzas. Roguemos al Señor. 4. Por los que aún desconocen o no reconocen la misericordia de Dios, para que encuentren en el camino personas buenas que los animen a hacer parte del rebaño del Señor. Roguemos al Señor. 5. Por todos nosotros, para que dándonos prisa como Zaqueo, dejemos entrar al Señor en nuestra casa y encontremos descanso y consuelo en su corazón misericordioso. Roguemos al Señor. Oración conclusiva Padre Santo, que en Jesús nos has mostrado tu misericordia, atiende estas oraciones que dirigimos a Ti seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.