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Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida

Jue, 06/05/2021 - 23:06 editorCEC1

Tags: predicación orante San Pedro san juan eucaristía reflexión evangelio Iglesia Liturgia

SEXTO DOMINGO DE PASCUA 
Mayo 9 de 2021
 

Primera Lectura: Hch 10,25-26.34-35.44-48 
Salmo: 98(97),1.2-3ab.3cd-4 (R. cf. 2b) 
Segunda Lectura: 1Jn 4,7-10 
Evangelio: Jn 15,9-17 

I.  Orientaciones para la Predicación

Introducción
El Sexto domingo de la Pascua nos pone en camino de contemplación de una promesa: el don del Espíritu.  Pero este anuncio del Espíritu, que se derrama sobre todos, continúa fortaleciendo el trabajo de la comunidad en el amor y este amor nace de la experiencia que se tiene de un amor total de donación y entrega en Jesucristo.

En el itinerario pascual, las lecturas de este domingo nos mueven a una nueva dimensión del amor en la medida del agapé, es decir, del amor extremo que no conoce reservas ni se mide en darse.  Esa es la verdadera comprensión de las consecuencias de ser pascualizados en el Bautismo: nos configuramos en el misterio pascual de Cristo en un amor en la dimensión de la cruz.

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? 
Para este sexto domingo, las lecturas van llevando un hilo conductor que se marca en el tema del amor, que supera límites de raza y por eso establece una manera de ser cristiano que supera el reduccionismo de la religiosidad natural para entrar en la dimensión de la fe pascual, que da sentido y marca horizonte a la vida cristiana.

Primera lectura (Hechos 10): El discurso misional de Pedro en la Casa de Cornelio es un claro intento de la comunidad cristiana de los Hechos de los Apóstoles por comprender que el favor de Dios no se circunscribe a los límites geográficos, étnicos o religiosos, sino que supera las fronteras y fruto del don del Espíritu se crea una nueva fraternidad universal que nace de la experiencia pascual.

Salmo responsorial: En realidad este salmo marca el mensaje que puede conducir toda liturgia de la Palabra, porque “El Señor revela a las naciones su salvación” y en este sentido, salvación y actuación histórica de Dios con su pueblo se van identificando.  Cantar las alabanzas del Señor es cantar cómo Dios está salvando en la historia concreta la vida de los hombres.

Segunda lectura: La lectura continuada de la Primera carta de Juan llega a hora su clímax con la identificación de Dios como amor, estableciendo así una nueva formación en el amor fraterno para la comunidad.  La primacía de todo es el amor de Dios y a partir de este espejo se genera la necesidad del amor fraterno.

Evangelio (Jn 15): Como consecuencia de la alegoría de la vid y los sarmientos, se desarrolla ahora el tema del permanecer en el amor y ello genera una nueva dimensión en la comunidad de fe, porque los lazos de la fraternidad se fundamentan en la entrega de Cristo.  Conocer es entrar en intimidad y por eso conocer y creer se identifican en la teología joánica, de ahí que ser comunidad implica permanecer unidos entre sí, solo sí cada uno permanece íntimamente unido a Cristo.  Este es el verdadero amor fraterno.

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? 
El Itinerario pascual, no olvida que forma todo un ciclo con la Cuaresma.  Desde el comienzo de la Cuaresma hubo dos ideas que se fueron fortaleciendo (conversión y bautismo), por eso la pascua no puede bajar la guardia en recordar que la verdadera conversión es un camino de amor que nace en el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

La Patria ha pasado por momentos históricos fuertes de polarización e intereses mezquinos y quizás ha faltado levantar la voz profética para iluminar esas realidades concretas, pero la fe y el testimonio de creyentes concretos pueden cambiar el horizonte.  La pregunta fundamental en este domingo es si de verdad hemos experimentado un amor tan grande que nos haga proyectarlo a los demás, si nos hemos sentido amados por Dios para poder vivir el amor fraterno auténtico.

El qué me dice y qué nos dice la Palabra nos debe llevar a una introspección del acontecimiento salvador para que llenos de Dios podamos comunicarlo con acciones concretas y no solo con Palabras.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
En este domingo, la Palabra nos conduce a la oración eucarística para buscar en el altar la razón de ser del amor y valdría la pena recordar aquí en oración las palabras del prefacio VIII dominical:

EN verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque has querido reunir de nuevo, por la sangre de tu Hijo y la fuerza del Espíritu, a los hijos dispersos por el pecado; de este modo tu Iglesia, unificada por virtud y a imagen de la Trinidad, aparece ante el mundo como cuerpo de Cristo y templo del Espíritu, para alabanza de tu infinita sabiduría.

Para contemplar podría tomarse como síntesis el mensaje del Evangelio “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” y repetirlo hasta hacerlo parte del pensamiento diario.

No puede olvidarse que la Palabra conduce a la acción y como reflejo de esta palabra debe aparecer un claro deseo de renovar, en primer lugar, el propio ministerio como un don para donarse, pero como consecuencia de ello debe invitarse a la comunidad para sumir en serio el mensaje pascual de la comunidad en el amor: acciones concretas de caridad como la visita a los enfermos y ancianos, expresiones de cercanía con los habitantes de calle, etc.

II.   Moniciones y Oración Universal o de los Fieles

Monición introductoria de la Misa
En este domingo en el que celebramos el día de la madre y somos convocados por el Señor para participar en este banquete eucarístico, celebremos el amor que Dios nos ha manifestado en Cristo y participemos como hermanos en esta eucarística, que es una muestra más del amor que Dios nos sigue teniendo a lo largo de la historia. Participemos con fe y esperanza.

Monición a la Liturgia de la Palabra
La Palabra de Dios es siempre una buena noticia, porque nos recuerda que el amor de Dios nos hace capaces y nos fortalece para llevar una vida cristiana auténtica en la caridad y en la fraternidad, que anima a no perderse ni un día de la buena noticia.  Escuchemos con atención la Palabra de Dios.

Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Dios es amor y en él no hay engaño, por eso presentemos nuestras súplicas, seguros de que serán escuchadas. Digamos con fe:

R.  Tu amor nos haga ser hermanos

1.  Por la Iglesia, que, unificada en virtud de la Trinidad, se esfuerce todos los días por llevar, con fuerza y esperanza, el amor de Dios a los hombres y, así, así se renueve siempre en su misión por la acción del Espíritu Santo.  Te rogamos, óyenos.
2.  Por los pueblos de la tierra que luchan por el desarrollo y el bienestar, para que los gobernantes descubran su tarea desde la misión que Dios les entrega para administrar en función del servicio y la entrega generosa a sus gentes.  Te rogamos, óyenos.
3.  Por las madres de familia que desempeñan su misión en medio de luchas y fatigas, para que fortalecidas en el Señor, su entrega abnegada deje ver el amor de Dios a sus hijos y sean bendecidas con la protección de Dios.  Te rogamos, óyenos.
4.  Por los enfermos, los abatidos y los tristes que reclaman una presencia solidaria, para que, los seres humanos experimentemos con mayor fuerza la vocación fraterna del amor y no abandonemos nunca la obra de Dios.  Te rogamos, óyenos.
5.  Por nosotros aquí reunidos en esta eucaristía que es la celebración del amor, para que, no olvidemos que celebrar nos compromete y nos lanza a la misión universal para ser hermanos, sin discriminación y acogiendo a los más desfavorecidos.  

Te rogamos, óyenos.

Oración conclusiva
Experimentado tu amor y tu misericordia, 
Padre Santo, te presentamos 
las oraciones de tu iglesia unida en la fe. 
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén

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Mié 14 Sep 2022

No pueden servir a Dios y al dinero

VIGÉSIMOQUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Septiembre 18 de 2022 Primera Lectura: Am 8, 4-7 Salmo: Sal 113(112), 1-2.4-6.7-8 (R. 9, 19a) Segunda Lectura: 1Tm 2, 1-8 Evangelio: Lc 16, 1-13 I. Orientaciones para la Predicación Introducción El Dios altísimo que se abaja para mirar su creación, para levantar lo que está por el suelo, nos ejemplifica para fomentar el bien de todos desinteresadamente, especialmente de los necesitados. En la liturgia de este domingo, la Iglesia acoge el mensaje del Señor, que manifiesta su benevolencia hacia los pobres y rechaza la instrumentalización de estos, ello no implica de ninguna forma el desprecio de quienes han sido constituidos en autoridad, porque Él quiere que todos los hombres se salven. El Directorio Homilético, respecto del mensaje de los textos sagrados correspondientes a este día, propone algunas líneas de meditación, por ejemplo: el llamado al «amor a los pobres», la insistencia en que «nadie puede servir a dos señores [Dios y el dinero]» y la importancia de «orar en favor del otro, no por los propios intereses» (cf, Directorio Homilético, Apéndice I, ciclo C, Vigésimo quinto domingo del Tiempo Ordinario). 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La lectura de la profecía de Amós (Am 8,4-7) está inserida en el contexto propio de algunos capítulos que transmiten las consecuencias negativas que sobrevendrían al pueblo de Samaria por sus conductas corruptas, si bien siempre con la apertura al anuncio de la restauración que vendrá por el Mesías. Con esta claridad, el Señor advierte, por medio del profeta, que no olvidará jamás la instrumentalización de los necesitados, concretamente en el rechazo de los pobres y en la eliminación de los humildes de la nación (v. 4), en el robo de estos por medio del precio de usura, de la medida fraudulenta de su alimento básico, el grano (v. 5), y del usarlos aprovechando su situación de indigencia (v. 6). El contenido del salmo de respuesta (Sal 112,1-2. 4-6. 7-8) continúa la defensa del pobre en medio del llamado a la alabanza divina por la compasión del Señor (vv. 1-2), que se abaja desde su posición “altísima” para mirar su creación (vv. 4-6); esa concepción tiene una repercusión en el ámbito social, a saber, el rescate de la fama del pobre ante la situación de los más favorecidos, los príncipes de su pueblo (vv. 7-8). La segunda lectura, tomada del capítulo segundo de la Primera carta a Timoteo, propone «que se hagan oraciones por toda la humanidad a Dios, que quiere que todos los hombres se salven»; sin embargo, es cierto que algún contenido del pasaje puede estar ligado, en el contexto litúrgico, a los pasajes anteriores, como el llamado a la unidad en la oración para superar las iras y las divisiones (v. 8) con la mediación de Cristo, que vino a la humanidad para la salvación de todos, evitando el desprecio de los favorecidos, los reyes y de aquellos que han sido constituidos en autoridad, en eminencia (v. 2). El pasaje evangélico de Lucas (Lc 16,1-13) tiene como enseñanza principal, e intencionalmente en afinidad con la primera lectura y el salmo que la sigue, una sentencia del Señor: «no pueden servir a Dios y al dinero» (v. 13). La fidelidad en el uso de las cosas de este mundo, es ampliada por mucho con la fidelidad al Señor, para ello se propone el ejemplo negativo del administrador o mayordomo de los bienes de un hombre rico que, habiendo conocido la noticia de su despido a causa del despilfarro de los haberes del patrón, se dedica a ganarse injustamente el aprecio de los deudores de su amo rebajándoles la deuda (vv. 1-7). Si bien lo anterior es reprochable, porque es una muestra de astucia inmoral («mayordomo malo», v. 8), esta sagacidad debería ser implementada, en cambio, para buscar la fidelidad al Señor (cf. vv. 10-13). 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La Sagrada Escritura, como sabemos, no da una calificación inmoral al dinero en sí mismo, como tampoco al salario devengado como fruto del trabajo o a las riquezas, que pueden crecer a lo largo de la vida, en cambio rechaza, desde el Antiguo Testamento, el dar el corazón a los bienes, el uso de los mismos para obras de injusticia y el ser faltos de compasión con los más necesitados, por mencionar un poco. Justamente en el día del Señor, memoria de la Resurrección, pensemos como el dinero, en este mundo, puede pretender quitarle el señorío a Dios. El día de la Resurrección de Jesucristo, «los guardias, los soldados, que estaban en el sepulcro para no dejar que vinieran los discípulos y llevarse el cuerpo, le han visto: le han visto vivo y resucitado. Los enemigos le han visto, y después han fingido que no le habían visto. ¿Por qué? Porque fueron pagados. Aquí está el verdadero misterio de lo que Jesús dijo una vez: “Hay dos señores en el mundo, dos, no más: dos. Dios y el dinero. Quien sirve al dinero está contra Dios”. Y aquí está el dinero que hizo cambiar la realidad. Habían visto la maravilla de la resurrección, pero fueron pagados para callar» (FRANCISCO, Audiencia general 31 de marzo de 2021). En el salmo, el orante, eleva a Dios su alabanza porque se fija en la humillación de los marginados para enaltecerlos ante los poderosos del mundo; esto es cuánto ha hecho con su Hijo Jesucristo, con María su Madre y con la multitud de los fieles. Esta actitud divina del abajamiento a la miseria humana, para levantar al necesitado, es una motivación a la caridad efectiva también en el ámbito de la celebración, en la que se comparte la mesa común de la Palabra y de la Eucaristía. El cristiano tiene ante sí, en esta celebración, la evidencia de la injusticia e inequidad existentes en el mundo, la urgencia de la caridad y el rechazo al odio de clases, que es promovido por algunos sectores de la sociedad. De hecho, la instrucción de la Iglesia para la propuesta de las intenciones que debiera contener la oración de los fieles, incluye la oración por los que gobiernan y por la salvación de todos los hombres, por la humanidad (cf. Sacrosanctum Concilium, 53; IGMR 70). 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Esta oración nos puede ayudar a interiorizar lo propuesto por la selección de textos presentados en la liturgia de la Palabra y a suplicar lo que necesitamos para vivir con mayor compromiso la misión: «Oh Padre, que nos llamas a amarte y servirte como único Señor, ten piedad de nuestra condición humana; sálvanos de la codicia de las riquezas y concédenos que, levantando al cielo manos libres y puras, te demos gloria con toda nuestra vida». El señorío único de Dios, pensemos, implica amar y respetar su voluntad respecto de los más necesitados y acatar su advertencia sobre el riesgo de permitir al apego al dinero avanzar sobre el “espacio” que corresponde únicamente a él, el de la adoración. Para contemplar nos pueden servir las imágenes que tenemos por proximidad con la celebración del domingo anterior, del Dios que rescata lo perdido («levanta de la basura al pobre») incluso cuando “tiene más”, porque cada uno es importante para Él: recordemos el gozo que experimenta quien recupera una oveja perdida, aun teniendo cien; el gozo de la mujer que encuentra una moneda (dracma) perdida, aun teniendo diez; y el gozo del padre que recupera a su hijo perdido, aun teniendo otro, porque aquel había partido de la casa paterna y de su tierra a dilapidar la herencia reclamada al padre y esto es perdición. El Señor no está de acuerdo con divisiones e iras entre los que conformamos la humanidad, en cambio nos impulsa a la fraternidad solidaria. La promoción de los marginados y el rechazo a la injusticia, siempre en el amor a cada miembro de la familia humana, es un reflejo del encuentro con Jesucristo en nuestra vida. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Día del Migrante II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hemos sido congregados por el Señor, para vivir este encuentro de unidad por excelencia, para tomar parte en la mesa común de los hermanos, para comulgar con el santo alimento de la Palabra y de la Eucaristía; esto nos impulsa a abandonar toda actitud que encubra la desigualdad y la injusticia, a buscar la hermandad en medio de la tentación propuesta por la división. ¡Únicamente en Dios está la salvación para todos! Monición a la Liturgia de la Palabra En la santa Palabra, que ahora será proclamada, Dios manifiesta su voluntad, aquella que nos orienta; acojámosla, pues es verdadera riqueza que nos impulsa a dar gloria al Señor con nuestras vidas, en obras de justicia y caridad. ¡Atentos! Oración Universal o de los Fieles Presidente: Amados hermanos y hermanas, elevemos súplicas y oraciones a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y pidamos, por la mediación única de su amado Hijo Jesucristo, que nos asista con su Espíritu para pedir como conviene. R. Señor, socorre a tu pueblo. 1. Por la santa Iglesia, para que venciendo cualquier tentación mundana se dedique a la edificación de tu Reino en las obras del amor y la justicia. Oremos. 2. Por los gobernantes y cuantos han sido constituidos en autoridad, para que sean genuinos administradores del bien común en sus diversas formas y luchen contra la marginación de los menos favorecidos Oremos. 3. Por los que sufren aflicción a causa de enfermedades o pruebas, para que reciban tu consuelo y valentía, respaldados por nuestra cercanía y misericordia. Oremos. 4. Por nuestra comunidad parroquial, para que se nos conceda el llevar adelante la vida sin descuidar las necesidades del prójimo en servicio humilde a sus necesidades. Oremos. 5. Por los migrantes, refugiados y personas desplazadas, para que puedan encontrar comunidades seguras y amorosas, así como la oportunidad de salir adelante. Oremos. Oración conclusiva Dios omnipotente y eterno, Tú que eres el único Señor y quieres ser amado, sobre todo, escucha las oraciones de tu pueblo para que cumplamos plenamente tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Jue 1 Sep 2022

Aquel que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío

VIGÉSIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Septiembre 4 de 2022 Primera Lectura: Sb 9, 13-18 Salmo: Sal 90(89), 3-4.5-6.12-13. 14 y 17 (R. cf. 12b) Segunda Lectura: Flm 9b-10.12-17 Evangelio: Lc 14, 25-33 I. Orientaciones para la Predicación Introducción: La liturgia de la Palabra en este Domingo nos invita a descubrir la verdadera sabiduría, que permite descubrir la voluntad de Dios. En la segunda lectura, Pablo escribe una nota a Filemón para que reciba a su esclavo fugitivo, Onésimo, no ya como un esclavo sino como un hermano, y con esta exhortación nos invita a todos los creyentes a vivir verdaderas relaciones de fraternidad. En el Evangelio, Jesús, que sube a Jerusalén, continúa enseñando sobre el valor de la cruz para el creyente y sobre la necesidad de renunciar a los bienes para ser verdaderamente discípulo suyo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La primera lectura es la conclusión de una hermosa oración que trae el capítulo 9 del libro de la Sabiduría pedir a Dios la verdadera sabiduría, que consiste en conocer y en poner en práctica la voluntad de Dios. La sabiduría es un don de Dios y a la vez, fruto del discernimiento constante del creyente, que debe superar la mezquindad de la condición humana para comprometerse a hacer visible y real en esta tierra el proyecto amoroso de Dios para el mundo. En la segunda lectura, la nueva relación de fraternidad que propone Pablo para Filemón y Onésimo, enmarca de modo maravilloso la semana por la Paz que hoy se inicia, y concreta de modo admirable el proyecto de Dios al que hacía referencia la primera lectura: el cristiano debe ser un artesano de la paz y un promotor incansable de la fraternidad y de la justicia social. Y esta vocación del creyente la concreta Jesús en el texto del Evangelio, cuando recuerda que todo discípulo debe llevar la cruz, símbolo del amor verdadero, y debe considerar secundarias todas las demás cosas, particularmente los bienes materiales, que están llamados a ser un medio para la construcción de una sociedad más justa y fraterna. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Saber discernir. La vida es un constante ejercicio de discernimiento, un permanente esfuerzo de ponderación sobre lo que debemos hacer o no hacer, decir o no decir, sentir, pensar o evitar. Pero más allá de las decisiones cotidianas, la Palabra de este domingo nos invita a discernir el verdadero sentido de nuestra vida. ¿Para qué estamos en este mundo? ¿Cuál es el propósito de nuestra vida sobre la tierra? ¿Dónde encuentro la plenitud de la existencia? Más allá de una opción profesional o académica, estamos invitados a pedir y a encarnar la verdadera sabiduría, que, en últimas, consiste en descubrir el querer de Dios para nosotros y para el mundo. Todos podemos constatar lo efímeros que son los bienes materiales, los triunfos y los éxitos, las alegrías y los placeres. Y también, a medida que avanzamos por la vida descubrimos cómo el tiempo es corto y pasa cada vez más rápido. Y como no podemos dejar pasar la existencia sin pena ni gloria, Dios nos ofrece la verdadera sabiduría para que oriente y dé sentido a nuestra existencia. Pero se exige un esfuerzo de discernimiento constante de parte del creyente para ir descubriendo qué es lo que Dios quiere de nosotros y cómo podemos comprometernos en Su proyecto de salvación. Amar y servir. Para poder entender en profundidad el texto del Evangelio es necesario decir que el término “odiar” en la lengua de Jesús no significa ese mal sentimiento al que se refiere el verbo castellano, sino sobre todo “amar menos”, o “poner en segundo plano”. Cuando Jesús habla de “odio” se refiere a las rupturas que es necesario hacer cuando se trata de vivir con coherencia los valores del Evangelio, a renunciar a todo lo que nos impide seguirlo con fidelidad. Por eso el Señor pone como condición para el verdadero discípulo el llevar la propia cruz. No se refiere a soportar con paciencia las contrariedades, los pequeños o grandes sufrimientos de la vida, ni a hacer mortificaciones y sacrificios constantes. Se refiere a lo que la Cruz significó en su propia pasión, es decir, la mayor manifestación de amor de un Dios que entrega su vida por los pecadores. Es este amor que el discípulo debe cargar y encarnar, manifestándolo en una constante actitud de servicio. Amar y servir como Jesús es lo único que puede dar verdadero sentido a nuestra vida. Renunciar a los bienes. Las dos breves parábolas introducen un tercer elemento del discipulado. No se trata de dar unas monedas a un habitante de la calle o una limosna en el templo, sino de entregar todo lo que somos y tenemos para que se realice el proyecto amoroso de Dios para el mundo. Pero tampoco se trata de una exhortación a vivir en la miseria o a volvernos mendigos viviendo de la caridad ajena. ¡Ojalá todos los creyentes tuvieran dinero, y mucho, no para “botar para lo alto”, sino para servir! ¡Ojalá todos los creyentes tuvieran poder y cargos importantes, no para llenarse de soberbia, sino para construir un mundo más justo! Ese es el sentido de la renuncia: asumir que todo lo que somos y tenemos es para servir a los demás y para construir la civilización del amor. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Semana por la paz. Desde hace más de treinta años se realiza en Colombia la Semana por la paz, en la semana que enmarca la fiesta de san Pedro Claver (9 de septiembre). Son muchas las actividades que se realizan y las iniciativas que proponen colectivos y organizaciones que trabajan por hacer realidad la paz que ha sido tan esquiva a nuestra nación colombiana. Pero lo más importante es que cada creyente se comprometa a ser constructor e instrumento de paz en su propio contexto, en el medio en el que se mueve. Y esto se logra disminuyendo la agresividad, eliminando la violencia, favoreciendo procesos de perdón y reconciliación. ¿Cómo puedo ser yo constructor de paz en mi familia, en mis espacios laborales o académicos? Fratelli Tutti. La reciente encíclica del Papa Francisco desarrolla más ampliamente la reflexión que los textos de la Palabra presentan en esta eucaristía. Sería una buena ocasión para leerla y meditarla, pero, sobre todo, para hacer un examen de conciencia sobre el nivel y la calidad de mis relaciones interpersonales. El caso de Onésimo en la segunda lectura es significativo porque Pablo nos invita a tratarnos como verdaderos hermanos, y aunque la esclavitud ya acabó hace mucho tiempo, todavía podemos seguir tratando a otros como esclavos y queriendo que los que nos rodean sean nuestros siervos. ‘¿Cómo puedo ser más fraterno para hacer más visible el amor de Dios por medio de mis palabras, sentimientos y acciones? _________________________ Recomendaciones prácticas: • Difundir el material y las actividades de la Semana por la Paz. • Orar y en lo posible entregar la “Oración por la paz” atribuida a san Francisco de Asís. • El viernes 9 de septiembre se celebra el Día de los Derechos humanos (en Colombia), memoria de San Pedro Claver. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hoy nos reunimos para celebrar el Día del Señor y el inicio de la Semana por la Paz. Dispongámonos a dejarnos alimentar por la Palabra y por la Eucaristía, que nos recuerdan nuestra vocación de amar y servir. Participemos con fe y con alegría. Monición a la Liturgia de la Palabra En este Domingo la Iglesia nos propone la necesidad de buscar la verdadera sabiduría; nos recuerda que debemos vivir verdaderamente como hermanos; y se nos invita a tomar la cruz como el Señor Jesús, para amar más y servir mejor a los más necesitados. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Queridos hermanos, elevemos nuestras súplicas al Padre celestial, confiados en su infinita misericordia, porque estamos seguros de que Él hace posible lo que para nosotros es imposible. R. Padre misericordioso, escucha nuestra oración 1. Por la Iglesia y por todas las comunidades eclesiales, para que en medio de las dificultades siga haciendo presente el mensaje de Salvación de Cristo Jesús y siga siendo luz que oriente el caminar de toda la humanidad. 2. Por nuestros gobernantes, para que puedan conducir a nuestros pueblos hacia el desarrollo y la construcción de una sociedad cada vez más justa y fraterna. 3. Por los enfermos, por los que pasan hambre y necesidad, por los que están solos y desconsolados, para que encuentren en la fe la fuerza necesaria para superar sus dificultades y en sus hermanos los medios necesarios para lograrlo. 4. Por todos los cristianos, para que con esfuerzo constante implantemos la fraternidad en el mundo y esta produzca alegría y paz en los hombres. 5. Por esta comunidad, para que todos nos comprometamos en la construcción de la paz y en la práctica de la justicia, que hagan cada día más visible el proyecto amoroso de Dios para el mundo y para nuestra nación. Oración conclusiva Atiende Padre bueno las súplicas que te presentamos con la confianza de los hijos y con la sinceridad de un corazón que te busca y te necesita. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Vie 26 Ago 2022

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido

VIGÉSIMOSEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Agosto 28 de 2022 Primera Lectura: Sir 3,17-19.28-29 Salmo: Sal 68(67), 4-5ac. 6-7ab.10-11 (R. cf. 11b) Segunda Lectura: Hb 12, 18-19. 22-24a Evangelio: Lc 14, 1.7-14 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La liturgia de la Palabra en este domingo encuentra en la segunda lectura la enseñanza fundamental: El comportamiento del creyente se deriva, surge y se alimenta de la nueva Alianza sellada por Dios en Jesucristo. Es en la experiencia de la gratuidad de ese pacto amoroso, que el cristiano debe encontrar la motivación para vivir la humildad y la modestia a la que exhorta el libro de Sirácida en la primera lectura, así como el ejemplo del mismo Jesús, que se hizo servidor de todos, especialmente de los más pobres y necesitados y que en el texto del evangelio nos exhorta a la humildad y al desinterés en nuestras acciones. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La primera lectura está tomada del libro de Sirácida. Se llama así porque en su conclusión está firmado por “Jesús, hijo de Sirá”. En el prólogo de la obra, el autor cuenta que es la traducción al griego de la obra escrita en hebreo por su abuelo “sobre cuestiones de instrucción y sabiduría”, para que, especialmente los que viven fuera de Israel, progresen y lleven una vida más acorde con la Ley. El texto que se proclama en la liturgia toma algunos versículos del final del capítulo tercero, que exhortan a actuar con dulzura y humildad y a vencer el orgullo y la soberbia. La segunda lectura está tomada del final de la Carta a los Hebreos y compara la Alianza del Antiguo Testamento, rodeada de fuego, oscuridad, tinieblas y huracanes que llenaron de miedo al pueblo que tuvo que pedir la intercesión de Moisés, con la Nueva Alianza del Nuevo Testamento en la que el nuevo pueblo de Dios encuentra en Cristo el rostro del Dios amigo de la humanidad, que puede dirigirse directamente a Dios sin miedo ni temor. En el Evangelio, san Lucas narra la enseñanza de Jesús, invitado a comer en la casa de uno de los jefes de los fariseos, que aprovecha la oportunidad para enseñar que en su comunidad no puede haber discriminaciones, sino que los discípulos deben caracterizarse por vivir y testimoniar con los demás el amor gratuito y misericordioso del Padre. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Debemos estar atentos para que la fe no se convierta en un motivo de soberbia, que nos lleve a creernos superiores a los demás. Ese fue el pecado de Israel en el Antiguo Testamento y de los fariseos y escribas en la época de Jesús. Es lo que el Papa Francisco reiteradamente advierte al hablar de la tentación del “pelagianismo”, una doctrina herética que lleva a pensar que son nuestras buenas obras las que nos llevan a la salvación. Por el contrario, la fe cristiana es fundamentalmente la experiencia de la misericordia de Dios, que nos conduce a ser testigos de la misericordia con los que nos rodean. Servir a los más necesitados. El lavatorio de los pies por el que renovamos el Jueves Santo el gesto de Jesús en la Última Cena, nos invita a redescubrir el sentido de nuestra existencia en el mundo: todo lo que somos y tenemos se orienta al servicio, particularmente al servicio de los más necesitados. Dios nos ha puesto en este mundo para ser sacramento y signo de su amor. Finalmente, uno se muere y nada se lleva. Ayudar a quien pasa necesidad, respetar la dignidad de las personas más humildes, promover la construcción de una sociedad más justa y fraterna, es la misión del cristiano en el mundo. Es una buena oportunidad para recordar las obras de misericordia espirituales y materiales, como un camino concreto para vivir nuestra fe. Vivir con humildad y modestia. Viviendo en una sociedad capitalista que promueve el consumo de bienes muchas veces superfluos, la primera lectura nos recuerda que mientras más grandes seamos, más necesitamos ser humildes. No se trata de rechazar el éxito o de no aspirar a triunfar en la vida. Ojalá todos los creyentes fueran grandes líderes en todos los campos, pero recordando siempre que el poder y la riqueza no son un fin en sí mismo sino una oportunidad para poder servir más y mejor a los más necesitados. Eso exige estar siempre atentos, porque muchas veces la vida nos va llevando a crear necesidades, a llenarnos de soberbia, a creernos superiores a los demás. El modelo para el creyente debe ser siempre el Señor Jesús, que siendo Dios se hizo servidor de todos. Vivir la Nueva Alianza. El texto de la segunda lectura nos recuerda el sentido y la misión de la Iglesia como el pueblo de la Nueva Alianza y de cada uno de los que conformamos esta nueva comunidad, no basada en las leyes del Decálogo sino en el mandamiento del amor. La participación en la Eucaristía, la celebración de los mandamientos, la vida de oración del cristiano debe alimentar de manera constante la misericordia en el corazón del creyente. Misericordia que se manifiesta en el perdón, en el amor desinteresado, en la comprensión de la debilidad ajena, en la conciencia de la propia fragilidad. Y misericordia que se basa en la propia experiencia del amor misericordioso de Dios con nosotros. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Vivir conscientemente. “No hay peor ciego que el que no quiere ver y no hay peor sordo que el que no quiere oír”. Podemos escuchar la Palabra que la Iglesia nos propone para este domingo pensando en los otros, viendo la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. Podemos visualizar personas a nuestro alrededor que discriminan a los que les rodean, que gastan su dinero en cosas innecesarias, que miran por encima del hombro a los demás y se llenan de orgullo y de soberbia. Pero la Palabra se dirige a cada uno de nosotros para que examinemos nuestra propia vida, nuestras propias actitudes, para que nos dejemos interpelar y para que acojamos el llamado de Dios a la conversión. Pidamos hoy al Señor la gracia de contemplar críticamente nuestra vida y nuestras propias actitudes para poder ser más y mejores sacramentos de su misericordia en el mundo. Saber escuchar. Una última reflexión podría surgir de las últimas palabras de la primera lectura: “un oído atento es el anhelo de sabio”. En realidad, a medida que vamos avanzando en la vida, tenemos la tentación de hablar más y de escuchar menos, olvidando que Dios nos dio dos oídos y sólo una boca. Los mayores problemas que surgen en las relaciones interpersonales se dan porque no sabemos escuchar. Y no se trata de escuchar sólo con los oídos. Se trata de una actitud que debe alimentarse para estar atento a lo que nos dice Dios (en su Palabra, en nuestra conciencia, en la historia, por medio de los demás), a lo que nos dicen “los signos de los tiempos”, los acontecimientos de la vida, a lo que nos dicen los demás no sólo con palabras. El creyente atento sabe escudriñar el corazón de sus semejantes. El que ama verdaderamente, intuye las necesidades y no necesita esperar a que le pidan favores. ¿Cómo estoy escuchando? ¿Qué me está diciendo Dios en este momento de la vida? ¿Cómo podría mejorar mi capacidad para escuchar a los que me rodean? _____________ Recomendaciones prácticas: • Jornada Dona Nobis, para la obra evangelizadora de Conferencia Episcopal de Colombia. • Mañana se celebra la Jornada de Oración por los Cristianos Perseguidos. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Bienvenidos todos a esta celebración de acción de gracias en la que experimentamos la misericordia de Jesús, que nos invita a ser misericordiosos con los hermanos, a vencer el orgullo y la soberbia y a ser testigos del amor desinteresado. Dispongámonos a celebrar nuestra fe y a experimentar la presencia constante y misericordiosa de Dios en nuestra vida, en nuestra familia y en nuestra comunidad. Que esta celebración renueve nuestro espíritu de amor y servicio a los más pobres y necesitados de nuestra sociedad. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios nos invita a comportarnos sabiamente, a actuar con sabiduría, venciendo el orgullo y creciendo en humildad. Escuchemos con atención a ese Dios que quiere renovar en esta celebración la Nueva Alianza que tiene su fundamento en el mandamiento del amor. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Dirijamos nuestras súplicas y peticiones al Padre misericordioso con la confianza de los hijos, con la certeza de que Él hace posible lo que para nosotros es imposible y que con su sabiduría nos concede siempre lo que más nos conviene. R. ¡Escucha, Padre, nuestra oración! 1. Por la Iglesia universal, por nuestra Iglesia diocesana y por nuestra propia comunidad eclesial, porque también aquí reinan muchas veces las divisiones y las discriminaciones, para que todos seamos capaces de vencer el orgullo para vivir la verdadera fraternidad. 2. Por los pastores de la Iglesia, para que siempre den testimonio de fe y de fortaleza, para que puedan dar siempre ejemplo de humildad y de ternura, siendo, a ejemplo de Jesús, servidores de los más necesitados. 3. Por los cristianos perseguidos, que han experimentado la marginación y la violencia, y de modo especial por los que han perdido las fuerzas y la esperanza, para que encuentren en los que los rodean un testimonio eficaz de tu misericordia. 4. Por todas las personas que trabajan en el gobierno y en las organizaciones de servicio a los más necesitados y por todos los que arriesgan su vida por ayudar a los que más sufren, para que encuentren en la fe en Cristo la fuerza necesaria para ser incansables testigos de tu amor. 5. Por quienes comparten con alegría desde su pobreza, en esta Jornada Dona Nobis, promovida desde la Conferencia Episcopal de Colombia, para apoyar su acción evangelizadora. Oración conclusiva Escucha, Padre bondadoso, las plegarias que te dirigimos con la confianza de los hijos, porque sabemos que siempre nos concedes lo que más nos conviene. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. R. Amén.

Mié 17 Ago 2022

21 de agosto | Vendrán de oriente y occidente, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios

VIGÉSIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Agosto 21 de 2022 Primera Lectura: Is 66, 18-21 Salmo: Sal 117(116), 1.2 (R. cf. Rm 15,16) Segunda Lectura: Hb 12, 5-7.11-13 Evangelio: Lc 13, 22-30 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • La liturgia de la Palabra insiste hoy en la salvación universal, una llamada de Dios a todos los hombres de todas las naciones y de todas las razas a participar del Reino de Dios. • La escena del Evangelio de hoy nos ofrece una intervención de Jesús en la que nos señala el camino de la salvación, con la exigencia de entrar por la puerta estrecha. • Hacer la voluntad del Padre del cielo tiene una cuota de sacrificio, el buen manejo de la libertad que Dios nos otorga; cuando abusamos de esa libertad Dios nos corrige y reprende como un Padre amoroso que nos invita a fortalecer nuestras manos en la caridad y nuestras rodillas vacilantes para caminar con otros hacia la vida eterna. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El profeta Isaías en el capítulo 66 expresa con claridad como Dios quiere la salvación de todos, es decir, como Dios ofrece una salvación universal. La división entre los hombres en lenguas, naciones y razas fue consecuencia del pecado, ahora un signo del poder de Dios y de la salvación que actúa en el mundo es la reunión de todos los hombres. Isaías anuncia que Dios se hará presente “para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi Gloria” de todos los países traerán ofrendas al “monte santo de Jerusalén” traerán ofrendas “al templo del Señor”. De entre todos los presentes Dios escogerá “sacerdotes y levitas” ningún hombre se quedará excluido y Dios será el punto de convergencia de todos los pueblos y naciones, garantizando que no haya ninguna división. El libro de Isaías concluye con la llamada universal de Dios a todas las naciones, es así como el salmista hace resonar su plegaria en una invitación universal a alabar a Dios y a predicar su Evangelio. Este canto de alabanza que reúne a todos los pueblos de la tierra en uno solo, es el “pueblo de Dios” escogido y enviado como lo repetimos hoy en la aclamación inspirada en el mandato del Señor Jesús “Id al mundo entero y predicad el Evangelio”. La carta a los Hebreos 12, 4-7.11-13 tiene como intención animar a los cristianos que han encontrado dificultades en su camino de fe, Dios actúa como un padre que corrige a su hijo, no por capricho, sino por su bien, para conducirlo por el buen camino, el camino de la santidad. Dios permite que sus hijos actúen con libertad, que en ocasiones es mal utilizada, es en estas circunstancias que Dios actúa como un padre de familia reprendiendo y castigando a los hijos que ama y prefiere. El autor de la carta a los Hebreos nos ofrece la imagen de un Dios que corrige a quien ama, esta corrección luego produce justicia, salud, paz. Comprender la acción de Dios que actúa como un Padre amoroso, exige del cristiano un esfuerzo particular en la carrera hacia la vida eterna “fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes”. San Lucas en el capítulo 13, 22-30 presenta al Señor Jesús ante la pregunta casual de un oyente ¿serán pocos los que se salven? A lo que el Señor va a decir que muchos que no son judíos, procedentes de los cuatro puntos cardinales, vendrán a la mesa del Reino. Sin embargo, la salvación requiere un esfuerzo especial “entrar por la puerta estrecha” y añade que “muchos intentarán entrar y no podrán”. El entrar en la presencia de Dios, sentarse en la mesa del Reino, ganar la salvación no es privilegio solo del pueblo escogido; Jesús hace un giro en el modo de pensar de los judíos, para salvarse hay que vivir coherentemente como pueblo de Dios, con un estilo de vida acorde a la voluntad de Dios, quien no viva de esta manera se expone a una angustiosa sentencia “No sé quiénes sois”. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La Palabra de Dios de este Domingo tiene una especial insistencia en la voluntad de Dios de querer salvar a todos. La pregunta casual que le hacen a Jesús en el Evangelio, sigue siendo actual, ¿son pocos los que se salvan? Esta pregunta nos abre a muchas reflexiones que hoy nos hacemos sobre la vida eterna, el más allá, la propia salvación y la salvación de todos los hombres. Seguramente el que hizo la pregunta tenía en su entendimiento que sólo se iban a salvar los judíos. Ahora bien, también nosotros podemos pensar del mismo modo, que solo se salvan los que creen en Cristo, o simplemente porque vamos a misa o rezamos el rosario. Por una parte, la respuesta de Jesús es consoladora al descubrirnos que la salvación es para todos los hombres que creen en el único y verdadero Dios, como lo expresa el profeta Isaías y nos lo recuerda hoy san Lucas en el Evangelio, toda la humanidad está destinada a sentarse en la mesa del Reino de Dios, a entrar en su presencia. Este privilegio tiene también una obligación hacer que todas las naciones de la tierra conozcan y sigan a Dios. La puerta estrecha se convierte en la condición que ha de asumir el creyente para participar del banquete de la eternidad, Dios quiere salvarnos y esa salvación tiene un precio, que el cristiano tenga una fe viva, madura, clara, fuerte, capaz de acoger la verdad del Evangelio y encontrar en ella el camino estrecho de una vida austera, humilde y sencilla, de bondad y misericordia, de servicio y entrega generosa a los demás. El creyente sabe que lo que vale la pena cuesta, que el camino a la vida eterna tiene cruz y que el primero que recorrió ese camino fue el Señor Jesús. Evitar encontrar la puerta cerrada y oír el angustioso mensaje de no los conozco, implica estar siempre abiertos al Evangelio, anunciarlo con la vida, sentirnos siempre necesitados de la ayuda de Dios, abajarnos y servir a la causa de Jesús, estas actitudes evangélicas no nos deben hacer sentir seguros de la salvación, ni son fórmulas para tener vida eterna, son simplemente algunas pistas evangélicas que el cristiano debe asumir con radicalidad, sabemos que esto exige una fuerte cuota de humildad y sacrificio que en ocasiones no es fácil asumir, cuando estamos en un mundo que quiere la vía fácil, para deshacerse de los problemas y conflictos humanos en los que nos sumergimos hoy. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? El Señor Jesús nos ha sorprendido hoy al decirle al pueblo de la Alianza que no basta con pertenecer a ese pueblo para ganar la vida eterna, para salvarse, hay otros que, viniendo de otras latitudes del mundo, si tienen fe y viven conforme a la Buena Noticia predicada en el Evangelio, son llamados al banquete del Reino. A nosotros los que creemos en Cristo, también se nos puede aplicar el mismo mensaje, no basta con decir que pertenecemos a la Iglesia; la salvación además de implicar esa pertenencia, nos exige vivir y asumir con radicalidad, los valores del Evangelio. El seguimiento de Cristo, hacer la voluntad del Padre, servir a los hermanos, es exigente, es decir que este camino tiene cruz, es el camino estrecho del que nos habla el Evangelio por el que debe pasar todo creyente. El camino que el mundo no ofrece pareciera fácil, ligero, deshacernos de una vida, engañar, ser deshonesto, la guerra, etc., este es el camino ancho, la puerta amplia por la que pasan muchas personas, pero detrás de esas facilidades hay dolor, angustia, temor, vergüenza, humillación y pecado. Con este modo de ser se oscurece la mente, el corazón, la vida de las personas y de la sociedad. Este camino hace que perdamos identidad delante de Dios hasta el punto de escuchar “no los conozco” este no es el camino del Evangelio. La carta a los Hebreos nos ofrece una opción clara frente a las pruebas de la vida, esos momentos que nos confrontan y nos hacen cambiar la manera de pensar, que debemos entender como correcciones de Dios, pruebas del amor que Él nos tiene, así como un padre corrige a sus hijos. Ante las dificultades el Señor nos exhorta a “fortalecer las manos débiles” en la práctica de la caridad y el servicio a los hermanos, especialmente los más necesitados y también, “robusteced las rodillas vacilantes” para caminar con los otros, para ir con otros al encuentro de Dios, para transitar por el camino estrecho, llevando la Buena Noticia al corazón y la vida de muchos, a las distintas latitudes del mundo. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Promover Colecta para la Jornada Dona Nobis para la obra evangelizadora de Conferencia Episcopal de Colombia, que se celebrará el próximo Domingo 28 de agosto. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos hemos reunido este domingo, veintiuno del tiempo ordinario para escuchar la Palabra de Dios y participar de la fracción del pan. En esta Eucaristía estamos llamados a reconocer como la Iglesia nos acoge a todos por igual, nos convoca a celebrar un banquete universal en el que Cristo se ofrece como alimento que da vida eterna. Con alegría y dispuestos a orar por las necesidades de todos los hombres de toda raza y cultura, participemos con fe y esperanza en esta celebración. Monición a la Liturgia de la Palabra El profeta Isaías, el salmista y san Lucas en el Evangelio, insisten en que la salvación es una oferta universal, desde luego esta salvación tiene sus exigencias, el esfuerzo por vivir según la voluntad de Dios. Atentos, escuchemos este mensaje e integremos a nuestra vida los valores de esta Buena Noticia. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Pidamos al Señor que venga en nuestro auxilio y con su gracia encontremos el modo de llegar a Él. A cada intención nos unimos diciendo: R. Señor, ayúdanos a conocerte. 1. Por la Iglesia, para que continúe su misión de llevar la “Buena Nueva” de la salvación a todos los rincones de la tierra. Oremos. 2. Por el Papa Francisco, nuestro Obispo Monseñor N.N. presbíteros, diáconos y consagrados, para que anuncien con valentía la Palabra de Dios a todos los pueblos de la tierra. Oremos. 3. Por nuestros gobernantes, para que siembren esperanza en nuestros pueblos e impulsen proyectos que ayuden a superar la pobreza y la injusticia. Oremos. 4. Por los más necesitados, para que se encuentren con nuestras manos generosas y les ayudemos a transitar por el camino estrecho de la salvación. Oremos. 5. Por nosotros aquí reunidos, para que la semilla sembrada hoy en nuestros corazones nos lleve a la verdadera conversión y al servicio de todos los hermanos, sin importar raza y condición social. Oremos. Oración conclusiva Señor, tú que nos invitas a entrar por la puerta estrecha al gozo del banquete de tu Reino, escucha nuestras oraciones y concédenos la fuerza de tu Espíritu en el seguimiento del camino que nos señalas. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.