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Renovación evangelizadora y turismo religioso: claves del legado de los 500 años de fe y cultura en la Diócesis de Santa Marta
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Con una Eucaristía presidida por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, el viernes 5 de septiembre culminó la visita de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) a la Diócesis de Santa Marta, un hecho histórico que marcó la Semana de la Evangelización 2025 y enriqueció las celebraciones por los 500 años de fe, evangelización y cultura de la primera diócesis en tierra firme en América.
La presencia de los catorce arzobispos, encabezados por monseñor Francisco Múnera Correa, presidente de la CEC y acompañados por monseñor Germán Medina Acosta, secretario general, transcendió una reunión administrativa para convertirse en un poderoso signo de comunión, cercanía y refuerzo pastoral para la Iglesia samaria. También estuvo presente en esta experiencia monseñor Joaquín Humberto Pinzón Güiza, vicario apostólico de Puerto Leguízamo-Solano.
Una visita pastoral con sello misionero
La integración de la reunión de la Comisión Permanente con la Semana de la Evangelización honró la historia y riqueza evangelizadora de la Iglesia samaria y sirvió como un impulso para proyectar el futuro.
Monseñor José Mario Bacci Trespalacios, Obispo de Santa Marta, explicó el profundo significado de este evento: “La venida de la Comisión Permanente del Episcopado surgió como un deseo de la diócesis de hacer presente la Iglesia a través de un signo concreto en la ciudad por la celebración de sus 500 años…Era justo y necesario que también en modo expresivo y concreto, la Iglesia en Colombia se hiciera presente en Santa Marta, una de las cunas de la evangelización en el país”.
Uno de los momentos más especiales de esta visita sucedió el jueves 4 de septiembre, cuando los arzobispos se desplazaron a parroquias de la ciudad de Santa Marta, del municipio de Ciénaga y al monasterio de las Hermanas Concepcionistas que hacen presencia desde hace 55 años en esta jurisdicción, para vivir una verdadera dispersión misionera. En cada lugar, compartieron tres momentos: una catequesis sobre los 500 años, la celebración de la Eucaristía y un encuentro fraterno con la comunidad. “Me consta que esas visitas fueron recibidas con altura, con sentido de Iglesia, con verdadero gozo misionero”, afirmó monseñor Bacci.
Monseñor Francisco Múnera fue acogido por la parroquia San Juan Bautista de Ciénaga, la segunda fundada en la Diócesis. Allí, el prelado invitó a la comunidad a tener “memoria agradecida en el pasado, confianza profunda en el presente y mirar con mucha esperanza hacia el futuro”. Exhortó a “remar mar adentro” y a “sacar a tanta gente de las tinieblas para enseñarle la luz del Evangelio, la luz de Jesucristo, la fuerza transformadora que ha construido esta hermosa historia de evangelización”.
La feligrés María de los Ángeles Rojas destacó lo significativo de esta visita e hizo eco del llamado de monseñor Múnera. “Nos invitó a buscar y formar más discípulos misioneros, y ser unos verdaderos y auténticos evangelizadores de la Palabra de Dios”. Por su parte, Alfredo José Dávila Murano, también feligrés de Ciénaga, destacó que “esta experiencia nos invita a seguir evangelizando sin miedo a llevar la Palabra del Señor a los rincones más incógnitos de esta tierra evangélica”.
Cimientos para una transformación misionera
La Semana de la Evangelización también sirvió como un espacio fundamental de reflexión y formación para sentar las bases del futuro pastoral de la diócesis. Monseñor Bacci explicó el propósito de fondo: “Quisimos renovar nuestra conciencia y nuestra práctica misionera. Abordamos temas de fondo: ¿Qué es evangelizar? ¿Cómo se vive el proceso de evangelización?”.
El obispo conectó directamente esta formación con su proyección evangelizadora: “Queda hacia adelante el trabajo de articular todas esas intuiciones en un concreto plan de pastoral. Estamos en camino de elaboración del nuevo Plan Diocesano de Pastoral y hemos encontrado en toda esta actividad muchas inspiraciones, muchos retos, muchos llamados a la conversión”. Y reveló el objetivo último: “El gran propósito es lograr la transformación misionera de la Diócesis de Santa Marta. Implica asociar cada vez más a los laicos y laicas en papeles protagónicos, de manera que todos los bautizados nos sintamos responsables de esta misión”.
El padre Juan Carlos Carvajal, vicerrector de la Universidad San Dámaso de Madrid y uno de los formadores internacionales invitados por la Diócesis, valoró positivamente la respuesta del pueblo de Dios samario y confirmó que este puede ser “un antes y un después para la diócesis”; recalcó la necesidad de volver la mirada a la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi del papa Pablo VI y subrayó elementos esenciales como “la necesidad de hacer una catequesis que inicia la vida cristiana” y la importancia de que “los cristianos sean bautizados con experiencia de Cristo, con experiencia de Dios”.
Diálogo Iglesia-Sociedad y el impulso al turismo religioso
El viernes 5 de septiembre, la Universidad Sergio Arboleda fue escenario del “Encuentro Iglesia y Sociedad: 500 años de Fe, Evangelización y Cultura”. Este espacio de diálogo contó con la participación central del cardenal Luis José Rueda Aparicio, quien, junto a académicos y líderes sociales, reflexionó sobre el rol de la Iglesia en la educación, la defensa de la dignidad humana y la construcción de paz en Colombia.
El evento, en el que estuvieron presentes los arzobispos, también sirvió para anunciar un hito para el futuro de la diócesis: su incorporación oficial a la Red Mundial de Turismo Religioso, liderada por el Tourism and Society Think Tank. Monseñor Bacci destacó la dimensión pastoral de este paso: “El turismo religioso es una necesidad pastoral, brota en realidad del discernimiento de los signos de los tiempos que pide de la Iglesia presencia eficaz donde hay personas, donde están circulando turistas que llegan a ser peregrinos”. Explicó que quienes llegan “motivadas por las bellezas naturales de Santa Marta pueden también, si la Iglesia sabe salirles al paso, ir a su encuentro, vivir una experiencia espiritual profunda de fe cristiana, de evangelio de Jesucristo”.
Testimonios de una fe renovada
Los agentes de pastoral y fieles que participaron en la semana expresaron cómo estas experiencias impactaron su fe y su misión.
Para Alfonso Campo González, de las Comunidades Neocatecumenales, las enseñanzas recibidas resonaron profundamente con su experiencia: “Me ha llamado mucho la atención ver que la realidad que vivo realmente el Camino Neocatecumenal es lo que vivimos”. Destacó el llamado a “ser enviados del obispo a poder anunciar el amor de Dios a los demás” y el interés general de la Iglesia por participar.
La Hermana Daniela, religiosa de la comunidad Hijas del Fiat, vio en la semana “una riqueza para todos los bautizados” y un capítulo nuevo en la diócesis. Para su comunidad, significó “fundamentos sólidos para la misión” y una oportunidad para “vincularnos con la iglesia local…Conocer lo social, lo político, lo económico para también como comunidad, plantearnos ¿y ahora qué sigue?”.
El padre José Didier Pineda, de la Parroquia del Espíritu Santo, lo asumió como un llamado personal a renovar su sacerdocio movido por la Esperanza en Cristo. Enfatizó la necesidad de “volver a las pequeñas comunidades donde surgió la Iglesia, teniendo ese encuentro con la misma Palabra de Dios y teniendo un compromiso con una Iglesia en salida”.
Los llamados del Cardenal: Gratitud, Reconciliación y Esperanza
La jornada concluyó con una solemne Eucaristía en la Catedral Basílica de Santa Marta, presidida por el cardenal Rueda Aparicio y concelebrada por monseñor Bacci y por los prelados presentes en la Comisión Permanente.
En su homilía, el pupurado desarrolló una profunda reflexión tomando la parábola del “vino nuevo en odres nuevos” (Lc 5). Señaló que Jesucristo es el vino nuevo que renueva las vasijas de la comunidad, la familia y la sociedad, e invitó a la Diócesis de Santa Marta y, por extensión, a todo el país, a vivir tres actitudes renovadas para el futuro:
1. Gratitud: “Agradecidos por una historia de salvación… Por la gracia de los sacramentos celebrada en estos 500 años”.
2. Reconciliación: “Solamente el camino de la reconciliación y del perdón nos llevará a la verdadera paz que empieza en el corazón de cada uno”.
3. Esperanza: “Celebrando el Jubileo de la Esperanza, las familias de Santa Marta deben ser familias portadoras de esa virtud teologal”.
El purpurado elogió el camino de escucha y discernimiento que lleva la diócesis en cabeza de su pastor para elaborar un plan de evangelización hacia el 2033, cuando se cumplirán 500 años de vida diocesana, y los instó a ser “misioneros y misioneras de la gratitud, de la reconciliación y de la esperanza”.
Un legado para el futuro
La integración de estos cinco eventos—la Semana de la Evangelización, la visita de los arzobispos, el diálogo Iglesia-Sociedad, la Eucaristía presidida por el cardenal y la entrada de la Diócesis de Santa Marta a la Red de Turismo Religioso—debuja el panorama de una Iglesia samaria que, honrando su pasado milenario, avanza con gratitud, busca la reconciliación y se abre al futuro con esperanza misionera, rumbo a la celebración de sus 500 años como diócesis en el 2033.
Vea a continuación el informe audiovisual de la Semana de la Evangelización en la Diócesis de Santa Marta:
Vea a continuación los momentos más destacados de la Eucaristía celebrada por el cardenal en la Catedral Basílica de Santa Marta:
La familia, camino de reconciliación y constructora de paz
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Vie 26 Jun 2026
54 misioneros de la Diócesis de Sonsón-Rionegro compartieron fe, servicio y escucha con comunidades del Vaupés
La Misión Diocesana Sinodal 2026 reunió a sacerdotes, religiosas y laicos de la Diócesis de Sonsón-Rionegro con comunidades amazónicas del Vicariato Apostólico de Mitú, en una experiencia que fortaleció la comunión entre Iglesias hermanas y renovó el compromiso misionero de la Iglesia en Colombia.Entre el 6 y el 13 de junio de 2026, cincuenta y cuatro misioneros de la Diócesis de Sonsón-Rionegro viajaron hasta el Vicariato Apostólico de Mitú, en el departamento del Vaupés, para vivir una intensa experiencia de evangelización, encuentro y servicio junto a las comunidades indígenas y amazónicas de esta región del país.La iniciativa hizo parte de la Misión Diocesana Sinodal, una de las expresiones concretas del actual Plan Diocesano de Pastoral de la diócesis antioqueña, y se desarrolló en el marco del proceso de hermanamiento misionero que la Iglesia en Colombia viene promoviendo entre distintas jurisdicciones eclesiásticas para fortalecer la comunión, la corresponsabilidad y la cooperación evangelizadora.Los participantes —sacerdotes, religiosas y laicos provenientes de parroquias, movimientos apostólicos y comunidades eclesiales— fueron distribuidos en doce comunidades pertenecientes a la Parroquia Catedral María Inmaculada, la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, la Parroquia San Pablo Apóstol y la Cuasiparroquia Santa Laura Montoya.Durante una semana realizaron visitas casa a casa, encuentros con familias, acompañamiento a enfermos y adultos mayores, celebraciones litúrgicas, catequesis, espacios de escucha, encuentros con niños y jóvenes, formación de agentes pastorales y diversas actividades de animación misionera.Sin embargo, para quienes participaron, el principal fruto de la experiencia fue mucho más allá de las acciones pastorales desarrolladas.Un encuentro que transformó a todosLa misión permitió el encuentro entre dos Iglesias particulares con realidades distintas, pero unidas por una misma fe y una misma vocación evangelizadora.Los misioneros llegaron al Vaupés con el propósito de anunciar el Evangelio, pero también con la disposición de escuchar, aprender y compartir la vida de las comunidades. A su vez, los pueblos amazónicos abrieron las puertas de sus hogares y de sus tradiciones, ofreciendo el testimonio de una fe vivida en medio de grandes desafíos geográficos, sociales y pastorales.Las comunidades compartieron con los visitantes su profundo sentido comunitario, su capacidad de resiliencia, el respeto por la memoria de los mayores y una relación armónica con la creación que forma parte esencial de su identidad cultural y espiritual.Este intercambio de experiencias se convirtió en una auténtica vivencia de sinodalidad, donde el caminar juntos se expresó en la escucha mutua, el respeto por la diversidad y el reconocimiento de los dones presentes en cada comunidad.El Vicariato Apostólico de Mitú: una Iglesia con rostro indígena y corazón amazónicoLa experiencia permitió a los misioneros acercarse a una de las realidades eclesiales más singulares del país.El Vicariato Apostólico de Mitú está ubicado en el corazón de la Amazonía colombiana y acompaña pastoralmente a comunidades distribuidas a lo largo de extensos territorios atravesados por selvas, ríos y grandes distancias. En esta región habitan 27 pueblos indígenas que conservan sus lenguas, tradiciones y formas ancestrales de organización comunitaria.La presencia de la Iglesia en el territorio es fruto de más de un siglo de labor misionera iniciada por los Misioneros Montfortianos en 1914 y continuada posteriormente por los Misioneros Javerianos de Yarumal, quienes han contribuido al anuncio del Evangelio, la promoción humana, la educación y el acompañamiento de los pueblos amazónicos.Actualmente, el vicariato es pastoreado por monseñor Medardo de Jesús Henao del Río, quien impulsa una Iglesia cercana a las comunidades indígenas, comprometida con el diálogo intercultural, la evangelización y el cuidado de la casa común.A pesar de la riqueza humana y espiritual de este territorio, persisten importantes desafíos relacionados con las grandes distancias, las limitaciones de conectividad, la escasez de agentes pastorales y diversas situaciones de vulnerabilidad que afectan especialmente a las comunidades más apartadas.Una misión nacida del hermanamiento entre IglesiasLa presencia de los misioneros de Sonsón-Rionegro es fruto de un proceso más amplio de cooperación eclesial que la Iglesia colombiana ha venido fortaleciendo durante los últimos años.El programa de hermanamiento misionero entre jurisdicciones eclesiásticas busca compartir recursos humanos, experiencias pastorales y apoyo solidario entre diócesis, vicariatos apostólicos y otras circunscripciones eclesiásticas del país.En este contexto, la relación entre la Diócesis de Sonsón-Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú se ha consolidado como una experiencia significativa de comunión y corresponsabilidad evangelizadora.La misión de este año también refleja el espíritu del actual plan pastoral de la diócesis antioqueña, orientado por el lema “Por una Diócesis Sinodal: Comunión, Participación y Misión”, que promueve una Iglesia en salida, donde sacerdotes, religiosos y laicos asumen conjuntamente la tarea de anunciar el Evangelio.Una escuela de sinodalidad y esperanzaLas condiciones propias del territorio amazónico se convirtieron también en parte del aprendizaje. Los desplazamientos por río, las lluvias frecuentes, las limitaciones logísticas y la sencillez de la vida cotidiana permitieron a los participantes descubrir nuevas formas de vivir la misión desde la cercanía y la fraternidad.Muchos de los misioneros coincidieron en señalar que la Amazonía no solo recibe evangelizadores, sino que también los forma. Allí aprendieron que la misión comienza escuchando, que la presencia vale tanto como las palabras y que las periferias tienen mucho que aportar a toda la Iglesia.La experiencia confirmó además el protagonismo de los laicos en la tarea evangelizadora. Personas de distintas edades, procedentes de movimientos, comunidades y parroquias, asumieron con generosidad el llamado misionero, evidenciando que la misión es responsabilidad de todo el Pueblo de Dios.Un signo para la Iglesia en ColombiaLa Misión Diocesana Sinodal 2026 representa un testimonio concreto de la Iglesia que promueve hoy el magisterio eclesial: una Iglesia cercana, misionera, participativa y capaz de construir puentes entre comunidades diversas.Más que una actividad concreta, la experiencia vivida entre la Diócesis de Sonsón-Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú se presenta como un signo de esperanza para la Iglesia colombiana, mostrando que la comunión se fortalece cuando las Iglesias particulares comparten sus dones, caminan juntas y se comprometen con quienes enfrentan mayores desafíos evangelizadores.
Jue 25 Jun 2026
"Tendamos nuestra mano solidaria a Venezuela": Iglesia Católica en Colombia llama a la solidaridad con los afectados por los terremotos
En un mensaje dirigido a los colombianos, el Episcopado invitó a transformar la cercanía con el pueblo venezolano en ayuda concreta para las familias afectadas por la tragedia y habilitó, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, un canal para recibir aportes destinados a apoyar la atención humanitaria de las comunidades damnificadas.Ante la emergencia humanitaria provocada por los terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, los obispos colombianos hicieron un llamado a la solidaridad nacional con las miles de personas afectadas por la tragedia. La invitación está dirigida a fieles católicos, comunidades eclesiales y ciudadanos de buena voluntad que deseen sumarse a esta respuesta fraterna impulsada por la Iglesia Católica en Colombia.A través de un nuevo mensaje firmado por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), los prelados expresaron su cercanía con el pueblo venezolano y convocaron a los colombianos a brindar apoyo a quienes hoy afrontan las consecuencias de esta emergencia.Un llamado a responder con generosidadEn este mensaje especial, los obispos recuerdan que el sufrimiento de las comunidades afectadas interpela la conciencia y la fraternidad de todos los pueblos, especialmente de quienes comparten vínculos históricos, culturales y eclesiales con Venezuela.“Invitamos a los fieles católicos, a las comunidades eclesiales y a todas las personas de buena voluntad a manifestar su solidaridad mediante una respuesta generosa, organizada y oportuna, que contribuya a atender las necesidades de quienes han sido golpeados por esta emergencia”.La convocatoria busca sumar esfuerzos para aliviar el sufrimiento de las familias afectadas y contribuir a la atención de las necesidades más urgentes derivadas de esta tragedia.Canal disponible para ayudar a través de la IglesiaLas personas que deseen canalizar sus aportes económicos a través de la Iglesia Católica en Colombia para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos en Venezuela podrán hacerlo a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana.Para ello, se ha dispuesto la siguiente cuenta bancaria:Cuenta de ahorros No. 081789224 Banco de BogotáTitular: Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3Los recursos recaudados serán destinados a apoyar la atención de las necesidades humanitarias más urgentes de las personas y comunidades afectadas por esta emergencia.Una expresión de fraternidad entre pueblos hermanosLos obispos colombianos destacaron que esta convocatoria surge de la cercanía histórica, humana y eclesial que une a Colombia y Venezuela, así como del compromiso cristiano de acompañar a quienes atraviesan momentos de dolor y dificultad.“Como pueblo hermano e Iglesia hermana, seguimos caminando junto a Venezuela en la fe y la esperanza, tendiendo nuestra mano solidaria para acompañar su dolor y contribuir a la reconstrucción de aquello que ha sido afectado”.El mensaje concluye invitando a las comunidades católicas del país a mantener la oración por las víctimas, sus familias, los damnificados y quienes trabajan en las labores de atención y recuperación, confiando al pueblo venezolano a la protección de la Santísima Virgen María y pidiendo al Señor fortaleza y esperanza para superar esta difícil situación.
Jue 25 Jun 2026
Episcopado colombiano expresa su cercanía espiritual y solidaridad con Venezuela tras los devastadores terremotos
La Iglesia en Colombia manifiesta su cercanía espiritual y solidaridad con el pueblo venezolano luego de los devastadores terremotos registrados el 24 de junio, una tragedia que ha dejado más de 160 personas fallecidas, cientos de heridos y graves afectaciones materiales en distintas regiones del país.El mensaje fue enviado por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) a monseñor Jesús González de Zárate Salas, arzobispo de Valencia y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, como expresión de comunión eclesial ante una emergencia que enluta a toda la nación.Una Iglesia que acompaña en medio del dolorEn su comunicación, los obispos colombianos reafirmaron la cercanía de la Iglesia con quienes hoy sufren las consecuencias de esta tragedia y aseguraron su oración por las víctimas, sus familias y las comunidades afectadas.“Conocedores de la emergencia en la que se encuentra el pueblo venezolano, a causa de los terremotos del día de ayer, la Iglesia Católica en Colombia se solidariza con el pueblo venezolano, en primer lugar, a través de la oración, y con sentimientos de profundo dolor y espíritu de comunión eclesial”.Condolencias para las familias y comunidades afectadasEl Episcopado Colombiano expresó también su pesar por la pérdida de vidas humanas y su cercanía con quienes enfrentan el impacto de la emergencia, especialmente las familias que han perdido seres queridos, viviendas o medios de sustento.“Expresamos a Su Excelencia y, a través suyo, a todos los afectados, nuestras más sinceras condolencias por la irreparable pérdida de los fallecidos, a quienes encomendamos a Dios Misericordioso para que les conceda el descanso eterno; así como acompañamos, con respeto y solidaridad, a las comunidades y familias que perdieron a sus seres queridos, sus viviendas y medios de sustento”.Reconocimiento a quienes sirven en la emergenciaLos obispos dirigieron también una oración y una palabra de aliento a los equipos de rescate y a las numerosas personas e instituciones que participan en la atención de los damnificados, destacando que este momento exige una respuesta solidaria que trascienda fronteras.“Enviamos nuestra bendición a los equipos de rescate y a todos los que se unen desde Colombia y otros países a las iniciativas para responder a esta situación que pone a prueba la solidaridad”.Confiados a la protección de Nuestra Señora de CoromotoEl mensaje concluye con una invocación a Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, para que acompañe al pueblo venezolano en esta hora de sufrimiento y fortalezca los esfuerzos de recuperación y esperanza.
Mié 24 Jun 2026
Tras las elecciones presidenciales, obispos destacan la participación ciudadana y convocan a la unidad nacional
Luego de la jornada electoral celebrada el pasado 21 de junio y tras la conclusión del proceso de escrutinio, la Conferencia Episcopal de Colombia agradece a Dios por el desarrollo pacífico de las elecciones presidenciales, destaca la participación ciudadana y llama a todos los colombianos a trabajar unidos en la construcción del futuro del país.A través de un mensaje dirigido al pueblo colombiano, los obispos expresan su gratitud por la manera como transcurrió la jornada democrática en todo el territorio nacional y valoran el compromiso de los ciudadanos con el ejercicio electoral.Una jornada que fortalece la democraciaLos prelados destacan el ambiente pacífico en el que se desarrollaron las elecciones y el incremento en la participación ciudadana, elementos que, según señalan, reflejan la fortaleza institucional del país y el avance de la sociedad colombiana en su madurez democrática.“Valoramos el ejercicio electoral realizado este 21 de junio y el modo pacífico como transcurrió la jornada en todo el territorio nacional con una creciente participación de los ciudadanos”, expresan los obispos en el mensaje.Asimismo, afirman que estos hechos “dan prueba de la solidez de nuestras instituciones democráticas y del proceso de madurez en el que vamos avanzando como sociedad”.Oración por quienes han sido elegidos para gobernar el paísLa Conferencia Episcopal felicita a Abelardo de la Espriella y a José Manuel Restrepo, elegidos Presidente y Vicepresidente de la República, respectivamente.Los obispos manifestan su cercanía espiritual con los nuevos mandatarios y aseguran su oración para que el servicio que asumirán al frente de la nación contribuya al bienestar de todos los colombianos.“Les ofrecemos nuestra oración para que en el ejercicio de su servicio al país podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad”, señalan, retomando las palabras de la Primera Carta a Timoteo.Un llamado a la unidad y al compromiso compartidoMás allá de los resultados electorales, el mensaje episcopal invita a los colombianos a reconocer lo construido como nación y a asumir juntos la responsabilidad de seguir edificando el futuro del país.Los obispos recuerdan que Colombia es una tarea compartida que exige la participación de todos los sectores sociales y llaman a valorar la diversidad como una oportunidad para fortalecer la convivencia y la búsqueda del bien común.En este sentido, evocan las palabras del papa León XIV, quien señala que “en la pluralidad de voces y visiones, existe una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad”.“Colombia nos necesita a todos”El mensaje concluye con una invitación a avanzar con esperanza y sentido de corresponsabilidad en la construcción del país.“Avancemos juntos con esperanza en la construcción del país que anhelamos. Colombia nos necesita a todos”, expresan los obispos.Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia: