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Mensaje de Navidad 2022 y bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco
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Con motivo de la celebración de Navidad este 25 de diciembre, el Papa Francisco impartió la tradicional Bendición “Urbi et Orbi” (a la ciudad e Roma y al mundo).
El Papa en su mensaje Urbi et Orbi recordó los conflictos que afectan a la humanidad y los países donde se muere de hambre. Al mencionar Ucrania, dijo que desde que comenzó allí la guerra muchos países especialmente en el Cuerno de África y Afganistán están en peligro de carestía. Pidió que hoy, mientras disfrutamos la alegría de encontrarnos con nuestros seres queridos, en una mesa bien preparada, pensemos en las familias que están más heridas por la vida, y en aquellas que, en este tiempo de crisis económica, tienen dificultades a causa de la falta de trabajo y de lo necesario para vivir.
Jesús nace entre nosotros: es Dios con nosotros
Que el Señor Jesús, nacido de la Virgen María, traiga a todos ustedes el amor de Dios, fuente de fe y de esperanza; junto con el don de la paz, que los ángeles anunciaron a los pastores de Belén: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!» (Lc 2,14).
En este día de fiesta volvamos la mirada a Belén. El Señor vino al mundo en una gruta y fue recostado en un pesebre para los animales, porque sus padres no pudieron encontrar un albergue, a pesar de que a María le había llegado ya la hora del parto. Vino a estar entre nosotros en el silencio y en la oscuridad de la noche, porque el Verbo de Dios no necesita reflectores ni el clamor de voces humanas. Él mismo es la Palabra que da sentido a la existencia, la luz que alumbra el camino. «La luz verdadera, al venir a este mundo —dice el Evangelio—, ilumina a todo hombre» (Jn 1,9).
“Jesús nace entre nosotros, es Dios-con-nosotros. Viene para acompañar nuestra vida cotidiana, para compartir todo con nosotros, alegrías y dolores, esperanzas e inquietudes. Viene como un niño indefenso. Nace en el frío, pobre entre los pobres. Necesitado de todo, llama a la puerta de nuestro corazón para encontrar calor y amparo”.
Palabras del Papa Francisco en el mensaje Urbi et Orbi de este 25 de diciembre, donde nos pide que, como los pastores de Belén, dejemos que nos envuelva la luz y vayamos a ver el signo que Dios nos ha dado. Francisco nos pidió que venzamos el letargo del sueño espiritual y las falsas imágenes de la fiesta que hacen olvidar quién es el homenajeado, que salgamos del bullicio que anestesia el corazón y nos conduce a preparar adornos y regalos más que a contemplar el Acontecimiento: el Hijo de Dios que nació por nosotros.
Adoremos al Príncipe de la Paz
Jesús, es nuestra paz; esa paz que el mundo no puede dar y que Dios Padre dio a la humanidad enviando a su Hijo, recordó el Santo Padre mencionando además a San León Magno, que tiene “una expresión que, en la concisión de la lengua latina, resume el mensaje de este día: «Natalis Domini, Natalis est pacis», «el Nacimiento del Señor es el Nacimiento de la paz» (Sermón 6,5)”.
Jesucristo es también el camino de la paz, dijo en su mensaje el Papa, Jesús con su encarnación, pasión, muerte y resurrección, abrió el paso de un mundo cerrado, oprimido por las tinieblas de la enemistad y de la guerra, a un mundo abierto, libre para vivir en la fraternidad y en la paz. Francisco nos pidió que sigamos esa senda, pero para ser capaces de seguir a Jesús “debemos despojarnos de las cargas que nos lo impiden y que nos mantienen bloqueados”.
Cargas que no nos permiten seguir a Jesús
Las cargas que nos impiden seguir al Príncipe de la Paz, son las mismas pasiones negativas que impidieron que el rey Herodes y su corte reconocieran y acogieran el nacimiento de Jesús, señaló Francisco: el apego al poder y al dinero, la soberbia, la hipocresía, la mentira.
“Estas cargas imposibilitan ir a Belén, excluyen de la gracia de la Navidad y cierran el acceso al camino de la paz. Y, en efecto, debemos constatar con dolor que, al mismo tiempo que se nos da el Príncipe de la paz, crudos vientos de guerra continúan soplando sobre la humanidad”.
Que sea la Navidad de Jesús y de la paz
“Si queremos que sea Navidad, la Navidad de Jesús y de la paz”, dijo el Papa, contemplemos a Belén y fijemos la mirada en el rostro del Niño que nos ha nacido:
“Y en ese pequeño semblante inocente reconozcamos el de los niños que en cada rincón del mundo anhelan la paz”.
Francisco una vez más recordó a Ucrania, pidió que nuestra mirada se llene de los rostros de los hermanos y hermanas ucranianos, que viven esta Navidad en la oscuridad, a la intemperie o lejos de sus hogares, a causa de la destrucción ocasionada por diez meses de guerra.
Que abramos el corazón a Dios y que permitamos que el Señor nos disponga a realizar gestos concretos de solidaridad para ayudar a quienes están sufriendo. Que Dios, dijo, ilumine las mentes de quienes tienen el poder de acallar las armas y poner fin inmediatamente a esta guerra insensata.
“Lamentablemente, se prefiere escuchar otras razones, dictadas por las lógicas del mundo. Pero la voz del Niño, ¿quién la escucha?”
El mundo necesita paz
En su mensaje Urbi et Orbi, el Papa Francisco recordó otros escenarios de conflictos, algunos que llevan tiempo, algunos han sido olvidados por la humanidad:
“Nuestro tiempo está viviendo una grave carestía de paz también en otras regiones, en otros escenarios de esta tercera guerra mundial. Pensemos en Siria, todavía martirizada por un conflicto que pasó a segundo plano pero que no ha acabado; pensemos también en Tierra Santa, donde durante los meses pasados aumentaron la violencia y los conflictos, con muertos y heridos. Imploremos al Señor para que allí, en la tierra que lo vio nacer, se retome el diálogo y la búsqueda de confianza recíproca entre israelíes y palestinos”.
Pidió que el Niño Jesús sostenga a las comunidades cristianas que viven en todo el Oriente Medio, para que en cada uno de esos países se pueda vivir “la belleza de la convivencia fraterna entre personas pertenecientes a diversos credos”. Francisco pidió al Niño Jesús que ayude al Líbano, para que, con el apoyo de la comunidad internacional y con la fuerza de la fraternidad y la solidaridad pueda recuperarse.
Que Dios ayude a la región del Sahel, donde la convivencia pacífica entre pueblos y tradiciones se ve perturbada por enfrentamientos y violencia. Pidió por una tregua en Yemen y hacia la reconciliación en Myanmar y en Irán, para que cese todo derramamiento de sangre.
América Latina también en el corazón del Papa, pidió al Niño Jesús, que inspire a las autoridades políticas y a todas las personas de buena voluntad en el continente americano, a esforzarse por pacificar las tensiones políticas y sociales que afectan a varios países, recordó a Haití que está sufriendo hace mucho tiempo.
La humanidad sufre de hambre
Francisco, pensando en este día, en el que se reúne la familia en una mesa “bien preparada”, pidió no desviar la mirada de Belén, que significa “casa del pan”, y cada uno piense en las personas que sufren hambre, sobre todo los niños. Recordó una vez más, que, mientras se desperdician grandes cantidades de alimentos y se derrochan bienes a cambio de armas, pueblos enteros sufren de hambre.
Desde que comenzó la guerra en Ucrania, poblaciones enteras en Afganistán y los países del Cuerno de África, están sufriendo la carestía. Las guerras provocan hambre, afirmó el Papa, y usan “la comida como arma, impidiendo su distribución a los pueblos que ya están sufriendo”.
Que, aprendiendo del Príncipe de la paz, afirmó, nos comprometámonos todos —en primer lugar, los que tienen responsabilidades políticas—, para que la comida no sea más que un instrumento de paz.
Un mundo enfermo de indiferencia
Francisco dijo por último, que, hoy como en ese entonces, Jesús, la luz verdadera, viene a un mundo enfermo de indiferencia, que no lo acoge, más bien lo rechaza, como ocurre hoy día con los extranjeros, o se le ignora a Jesús, como pasa con los pobres.
"No nos olvidemos hoy de tantos migrantes y refugiados que llaman a nuestra puerta en busca de consuelo, calor y alimento. No nos olvidemos de los marginados, de las personas solas, de los huérfanos y de los ancianos que corren el riesgo de ser descartados; de los presos que miramos sólo por sus errores y no como seres humanos".
Belén, afirmó, muestra la sencillez de Dios, que no se revela a los sabios y a los doctos, sino a los pequeños, a quienes tienen el corazón puro y abierto comolos pastores. Nos pide que como ellos, vayamos también nosotros sin demora y dejémonos maravillar por el acontecimiento impensable de Dios que se hace hombre para nuestra salvación.
"Aquel que es fuente de todo bien se hace pobre y pide como limosna nuestra pobre humanidad. Dejémonos conmover por el amor de Dios y sigamos a Jesús, que se despojó de su gloria para hacernos partícipes de su plenitud. ¡Feliz Navidad a todos!".
Fuente: Vatican News
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Conferencia Episcopal de Colombia precisa el sentido y alcance de sus pronunciamientos en el actual contexto electoral
A través de un comunicado, el Departamento de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia precisa el sentido pastoral y alcance de los mensajes emitidos por los obispos en el marco de las elecciones a la Presidencia y Vicepresidencia de la República para el periodo 2026-2030.La institución reitera que estos pronunciamientos, inspirados en el Evangelio, la Doctrina Social de la Iglesia y el Magisterio, no buscan favorecer candidatura alguna y deben ser comprendidos en su contexto integral. Asimismo, invita a verificar la información y consultar siempre las fuentes oficiales antes de replicar o interpretar sus contenidos.
Vie 5 Jun 2026
Fallece monseñor Ignacio Gómez Aristizábal, recordado por su cercanía pastoral y compromiso con la promoción humana integral
La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) expresa su profundo pesar por el fallecimiento de monseñor Ignacio Gómez Aristizábal, arzobispo emérito de Santa Fe de Antioquia, ocurrido este viernes 5 de junio de 2026.Los obispos de Colombia se unen en oración por su eterno descanso y elevan una acción de gracias a Dios por la vida, el ministerio y el legado de este pastor que dedicó más de seis décadas al servicio de la Iglesia y de las comunidades.Monseñor Gómez Aristizábal fue reconocido por su profunda vida de fe, su cercanía con la gente y su compromiso permanente con la promoción humana integral. A lo largo de su ministerio sacerdotal y episcopal impulsó numerosas iniciativas pastorales, educativas y sociales que dejaron huellas significativas en las regiones donde ejerció su servicio.La Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, jurisdicción que pastoreó durante cerca de quince años, manifestó a través de redes sociales su “profundo pesar, pero sostenida esperanza cristiana en la Resurrección” e invitó a sacerdotes, religiosos y fieles laicos a unirse a las exequias y a acompañar este momento de duelo desde la fe.La Arquidiócesis ha informado que el cuerpo de monseñor Ignacio Gómez Aristizábal será velado en cámara ardiente durante la tarde de este viernes 5 de junio en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción de Santa Fe de Antioquia. La Eucaristía de exequias se celebrará el sábado 6 de junio, a las 11:00 de la mañana, en el mismo templo.Una vida entregada al servicio de la IglesiaMonseñor Ignacio Gómez Aristizábal nació en El Peñol, Antioquia, el 2 de diciembre de 1929. Realizó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Medellín y posteriormente adelantó estudios de Ciencias Sociales en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.Fue ordenado sacerdote el 17 de agosto de 1958 en Sonsón, Antioquia. Durante sus primeros años de ministerio desempeñó diversas responsabilidades pastorales en la Diócesis de Sonsón-Rionegro, entre ellas las de vicario cooperador, coordinador de pastoral, delegado para programas de acción social y párroco.El 24 de julio de 1972 fue nombrado segundo obispo de la Diócesis de Ocaña, recibiendo la ordenación episcopal el 8 de septiembre de ese mismo año.Un pastor que impulsó el desarrollo social de las regionesDurante sus veinte años de servicio episcopal en Ocaña, monseñor Gómez Aristizábal promovió proyectos que trascendieron el ámbito estrictamente pastoral y contribuyeron al desarrollo social, educativo y económico del Catatumbo y de la provincia de Ocaña. "Dejó una huella imborrable en medio de nosotros...Además de toda la realidad espiritual que sembró, por todas las obras que hizo...Lo recordamos con mucha gratitud y cariño", expresó monseñor Orlando Olave Villanoba, obispo de Ocaña al referirse, con esperanza, a la partida de monseñor Gómez.Entre las iniciativas impulsadas bajo su liderazgo se destacan la creación de CREDISERVIR, el fortalecimiento del Seminario Mayor El Buen Pastor, la puesta en marcha del Hogar de los Abuelos y la consolidación de la Emisora Diocesana Radio Catatumbo, instituciones que continúan prestando importantes servicios a la comunidad.Por esta labor es recordado como uno de los líderes eclesiales más influyentes de la región, caracterizado por su cercanía con las comunidades, su sensibilidad frente a las necesidades sociales y su permanente búsqueda del bien común.Posteriormente, el 10 de octubre de 1992, fue designado arzobispo de Santa Fe de Antioquia por san Juan Pablo II. Allí continuó promoviendo procesos de evangelización y desarrollo humano integral en favor de las comunidades del Occidente antioqueño.Durante su ministerio arquidiocesano impulsó importantes iniciativas sociales y educativas, entre ellas TECOC y FUNDEPAZ, entidades que contribuyeron al fortalecimiento comunitario y al desarrollo de numerosos proyectos en la región. Asimismo, prestó servicios a la Iglesia en Colombia como administrador apostólico de diversas jurisdicciones eclesiásticas.El 12 de enero de 2007, el papa Benedicto XVI aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, pasando a ser arzobispo emérito.El amor cristiano como mensaje finalAun en sus últimos años, monseñor Ignacio Gómez Aristizábal mantuvo una activa reflexión pastoral. Uno de sus más recientes escritos, publicado en noviembre de 2025 en los medios de la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, estuvo dedicado al papel del amor cristiano como respuesta a los desafíos contemporáneos.En aquel texto advertía sobre las consecuencias del odio, la división y la indiferencia en el mundo actual, y defendía la necesidad de construir relaciones marcadas por la solidaridad, la fraternidad, la justicia y la paz. Allí insistía en que el amor debía ser el fundamento de toda acción pastoral y social de la Iglesia.Su reflexión concluía retomando las enseñanzas de san Pablo y del papa Francisco, recordando que “lo primero es el amor” y que el mayor peligro para la humanidad es dejar de amar.Hoy, mientras la Iglesia en Colombia eleva sus oraciones por su descanso eterno, permanece vivo el testimonio de un pastor que dedicó su existencia a anunciar el Evangelio, acompañar a las comunidades y promover iniciativas concretas para el desarrollo humano y la construcción de una sociedad más fraterna.Que Cristo Resucitado, a quien sirvió con fidelidad durante toda su vida, le conceda participar de la plenitud de su Reino.Escuche aquí el mensaje de monseñor Orlando Ovale Villanoba, obispo de Ocaña, a propósito de la partida de monseñor Ignacio Gómez Aristizábal.
Jue 4 Jun 2026
Iglesia en Colombia define nuevas líneas de acción pastoral para fortalecer el acompañamiento y la participación de las personas mayores
El Encuentro Nacional de Pastoral de las Personas Mayores 2026 reunió a representantes de distintas jurisdicciones eclesiásticas de Colombia para buscar caminos conjuntos que permitan fortalecer la respuesta pastoral frente a los desafíos del envejecimiento y promover una cultura del cuidado, la inclusión y el diálogo intergeneracional.La Iglesia en Colombia reafirmó su compromiso con la dignidad, la participación y el protagonismo de las personas mayores durante el Encuentro Nacional de las Personas Mayores, convocado por el Departamento de Estado Laical de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), del 26 al 28 de mayo, en Bogotá.En el espacio participaron 28 animadores de esta pastoral provenientes de diversas jurisdicciones eclesiásticas del país, junto con representantes de organizaciones e iniciativas dedicadas al acompañamiento de las personas mayores. Contó, además, con la presencia de monseñor José Luis Henao Cadavid, obispo de la Diócesis de El Líbano y miembro de la Comisión Episcopal de Estado Laical, quien acompañó las jornadas de reflexión y discernimiento.Bajo el lema bíblico “Sus ancianos tendrán sueños” (Jl 3,1), los participantes reflexionaron sobre los desafíos actuales del envejecimiento en Colombia, el papel evangelizador de las personas mayores y las acciones necesarias para consolidar una pastoral renovada que responda a las realidades de esta población.Una convicción compartida: las personas mayores son un don para la Iglesia y la sociedadUna de las principales conclusiones del encuentro fue reconocer que las personas mayores no son únicamente destinatarias de la acción pastoral, sino discípulos misioneros que continúan aportando a la vida de la Iglesia y de la sociedad desde su experiencia, su fe, su memoria y su capacidad de acompañamiento.La hermana Arelis Gaviria, directora del Departamento de Estado Laical de la CEC, destacó que este espacio permitió fortalecer la convicción de que la vejez es una etapa de gracia, fecundidad espiritual y misión. En este sentido, los participantes insistieron en la necesidad de promover una pastoral que favorezca la dignidad, la participación y el protagonismo de las personas mayores, así como consolidar estructuras pastorales que fortalezcan su presencia activa en las parroquias y diócesis del país.Asimismo, se reafirmó el llamado a construir una Iglesia cada vez más sinodal, donde las personas mayores sean escuchadas, acompañadas y reconocidas como sujetos activos de evangelización.Soledad, exclusión y cultura del descarte: desafíos que exigen respuestasDurante los espacios de análisis y discernimiento surgieron con fuerza diversas situaciones que afectan la calidad de vida y la dignidad de las personas mayores en Colombia. Entre ellas, la soledad, el abandono, la pobreza, la exclusión social, las dificultades de acceso a servicios de salud y el debilitamiento de los vínculos familiares y comunitarios.Los participantes manifestaron especial preocupación frente a la denominada “cultura del descarte”, que, con frecuencia, invisibiliza a las personas mayores o las considera una carga para la sociedad.Frente a esta realidad, el encuentro hizo un llamado a fortalecer una cultura del cuidado, del reconocimiento y de la inclusión, promoviendo además procesos de acompañamiento pastoral en situaciones de envejecimiento, enfermedad, dependencia y duelo, mediante espacios de escucha, cercanía y esperanza.De una mirada asistencial a una visión vocacional de la vejezUno de los ejes centrales de la reflexión fue la necesidad de avanzar desde una visión meramente asistencial hacia una comprensión más amplia de la vejez como vocación y misión dentro de la Iglesia.Los participantes destacaron que esta etapa de la vida constituye una oportunidad privilegiada para el testimonio, la transmisión de la fe, la oración, la reconciliación, el acompañamiento y el servicio a la comunidad.Este cambio de enfoque implica generar espacios donde las personas mayores participen activamente en la evangelización, en la formación de las familias, en los procesos catequéticos y en la vida comunitaria, pasando del “hacer para ellos” al “caminar con ellos”.La pastoral intergeneracional, una apuesta de futuroEl encuentro también subrayó la importancia de fortalecer los vínculos entre generaciones como camino para enriquecer la vida eclesial y social.Entre las propuestas surgidas se encuentran la creación de espacios de encuentro entre niños, jóvenes, adultos y personas mayores; proyectos de memoria familiar y comunitaria; iniciativas de acompañamiento mutuo; y procesos formativos donde los mayores puedan transmitir valores, tradiciones y experiencias de fe.Los participantes coincidieron en que la sabiduría de los mayores y el dinamismo de los jóvenes pueden complementarse mutuamente, haciendo de la evangelización una tarea compartida que fortalezca la comunión y la esperanza.Compromisos para fortalecer la Pastoral de las Personas Mayores en ColombiaComo fruto del encuentro, se definieron varias líneas de acción para fortalecer esta pastoral en las distintas jurisdicciones eclesiásticas del país. Entre ellas, la consolidación de equipos diocesanos y parroquiales, la formación permanente de agentes pastorales, la promoción de espacios de escucha y acompañamiento espiritual, y una mayor articulación con la pastoral familiar, la pastoral de la salud, la pastoral social y los procesos de niñez y juventud.También se acordó impulsar iniciativas de pastoral intergeneracional, compartir experiencias significativas entre jurisdicciones y promover la celebración y apropiación pastoral de la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.Durante el encuentro se conocieron experiencias que evidencian el valioso aporte de las personas mayores a la vida de las comunidades, donde participan como catequistas, animadores de grupos de oración, acompañantes espirituales, visitadores de enfermos y promotores de la vida comunitaria.Uno de los testimonios más significativos fue el de un matrimonio de 94 y 90 años de edad que compartió con los asistentes su alegría a través de la música y el baile, recordando que los sueños, el amor y la esperanza no tienen fecha de vencimiento.Hacia una red nacional de acompañamiento, comunión y misiónComo proyección de este proceso, la Conferencia Episcopal de Colombia continuará fortaleciendo una red nacional de Pastoral de Adulto Mayor que favorezca la comunión, la formación, el acompañamiento y el intercambio de experiencias entre las distintas jurisdicciones eclesiásticas.En este horizonte adquiere especial relevancia la próxima Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, que se celebrará el próximo 26 de julio bajo el lema propuesto por el papa León XIV: “Yo no te olvidaré” (Is 49,15).Desde el Departamento de Estado Laical, la Conferencia Episcopal de Colombia seguirá acompañando este camino mediante encuentros nacionales y regionales, procesos formativos y la difusión de materiales pastorales orientados a promover una nueva cultura del envejecimiento iluminada por la fe.
Mar 2 Jun 2026
Tras primera vuelta electoral en Colombia, obispos alertan sobre la violencia verbal y la instrumentalización de emociones en la contienda política
Tras la jornada electoral del pasado 31 de mayo en Colombia y de cara a la segunda vuelta presidencial que se llevará a cabo el 21 de junio, los obispos hacen un llamado urgente a los candidatos, a los actores políticos y a toda la ciudadanía para rechazar la violencia verbal, promover una comunicación responsable y fortalecer la convivencia democrática.A través del mensaje titulado “Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar a Colombia”, la Comunidad de Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia expresa su preocupación por el tono que ha venido marcando el debate político nacional y por el impacto que este puede tener sobre la unidad social y la construcción de la paz.Preocupación por el deterioro del debate públicoLos obispos advierten que, tras la primera vuelta presidencial, se ha intensificado una dinámica de confrontación que legitima la agresión verbal y deteriora el respeto por la dignidad de las personas. En este sentido, recuerdan las palabras del papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti, donde señala que los insultos, maltratos y descalificaciones pueden llegar a “destrozar la imagen y la dignidad del otro”.Los prelados manifiestan una especial preocupación por el uso estratégico de emociones como el miedo, la indignación y la venganza dentro de las contiendas democráticas. Según afirman, la instrumentalización de estos sentimientos pone a la ciudadanía en riesgo de una mayor fractura social y puede alimentar escenarios de violencia.“Convertir la política en una dinámica marcada por el miedo, el odio y la polarización debilita la deliberación racional, rompe el reconocimiento recíproco entre los ciudadanos y termina erosionando las bases éticas de la democracia”, expresan en el comunicado.Un llamado a privilegiar las propuestas y el bien comúnAnte esta situación, el episcopado invita a los colombianos a actuar con serenidad y cordura, y a exigir que el debate electoral se centre en las propuestas para responder a las principales necesidades del país. Los obispos exhortan a que la atención pública se concentre en los programas de gobierno, los compromisos concretos de los candidatos y su capacidad para gobernar en favor de todos los ciudadanos.El mensaje insiste en que la búsqueda del bien común debe estar por encima de los intereses particulares o de las confrontaciones partidistas, promoviendo valores como la equidad, la justicia, la unidad, el perdón, la reconciliación y la paz.Desarmar la comunicación para construir la pazEn consonancia con el Evangelio y retomando una reciente exhortación del papa León XIV, los prelados hacen también un llamado a “desarmar la comunicación de todo prejuicio, rencor, fanatismo y odio”, favoreciendo una cultura del encuentro y del diálogo.Citanto al Santo Padre, recuerdan que “no sirve una comunicación estridente y de fuerza, sino una comunicación capaz de escuchar y de acoger la voz de los débiles que no tienen voz”. Asimismo, destacan que una comunicación “desarmada y desarmante” permite construir una mirada distinta sobre la realidad y actuar de manera coherente con la dignidad humana.Un llamado especial a quienes aspiran a gobernar ColombiaDe manera particular, a quienes aspiran a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, los obispos refieren la trascendencia de sus palabras y actuaciones en este momento decisivo para la nación. “Su responsabilidad es enorme, delicada y decisiva”, afirman, al tiempo que les exhortan a promover la paz y el diálogo como caminos para la construcción del futuro del país.En ese contexto, recuerdan que “pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas”, e invitan a reconocer en los demás no enemigos a derrotar, sino personas con quienes es posible dialogar y construir acuerdos.La paz como responsabilidad de todosEl mensaje concluye con una reflexión que resume el espíritu del llamado episcopal y la responsabilidad compartida de todos los actores sociales y políticos en este momento electoral.Retomando una advertencia del papa Pío XII, los obispos recuerdan que “con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo puede perderse”.Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia: