Protocolos en la Semana Santa

Por: Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Se acerca la semana mayor para los cristianos, y en particular para la Iglesia católica. Se me ocurre pensar que aparte de las motivaciones implícitas que animan la celebración anual de la pasión, muerte y resurrección del Señor, este año, cuando podemos al menos parcialmente, hacer posible que los fieles vengan a nuestros templos y capillas, debemos ser conscientes de la realidad que vivimos, que ayuda, sin duda, a darle una especial significación a los días del triduo pascual.

Lo primero es lo primero, y es tener presente lo que vamos a conmemorar: un acto de amor, pues “tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo, para que todos los que creen en Él tengan vida” (Jn. 3,16). El Concilio Vaticano II resume así estos días de gracia: “La obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo el Señor la realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa ascensión. Por este misterio, con su muerte destruyó nuestra muerte y con su resurrección restauró nuestra vida” (Sacrosanctum concilium, 5).

Por esto, si bien es cierto que acompañamos a Cristo en su dolorosa pasión, también estamos llamados a descubrir su fruto, que radica esencialmente en la vida nueva que nos regala. En Cristo y por Cristo somos hechos criaturas nuevas. Así, el sentimiento que nos debe animar en la semana santa es la alegría de la pascua, el gozo de sabernos amados y salvados en y por Cristo.

Una segunda realidad que está latente en el pueblo santo de Dios, es el deseo de tener nuevamente la experiencia del encuentro con el Señor, mediado, por demás, por el encuentro con los demás hermanos en la fe. La pandemia ha sido un obstáculo para los encuentros comunitarios presenciales, y esto lo siente profundamente la comunidad que tiene la necesidad de encontrarse, de compartir no solo las angustias y dolores que la pandemia ha dejado en tantos, sino también la fe que nos une y hace hermanos.

Es una magnífica oportunidad para que los sacerdotes y animadores pastorales y servidores de la liturgia, anuncien la buena nueva del Señor en la semana santa 2021, y ayuden a que el encuentro con Él sea realmente transformador.

Vamos a celebrar la semana santa en medio de una “nueva normalidad” social, marcada por los protocolos de bioseguridad y la amenaza de nuevos contagios, o el llamado tercer pico de la pandemia. Así, vale la pena recordar nuevamente lo que dijo el Concilio en la Sacrosanctum concilium: “En consecuencia, simplifíquense los ritos, conservando con cuidado la sustancia; suprímanse aquellas cosas menos útiles que con el correr del tiempo se han duplicado o añadido” (n. 50). Aquí está la clave para entender que lo simple, por ser simple, no deja de ser solemne. Por eso mismo, en el fondo, los protocolos ayudan a participar digna, decorosa y alegremente en la liturgia católica. En eso debemos insistir.

Más aun, en el silencio orante y contemplativo, en la quietud del cuerpo, cuando no habrá desplazamientos o procesiones, o cantos efusivos que se recomiendan evitar, seguramente va a haber una mejor disposición para poner la mirada en lo esencial, en el Crucificado - Resucitado, que dio su vida para nuestra salvación.

Muchos feligreses están sedientos del consuelo divino. Algunos por la pandemia o por la violencia perdieron familiares o amigos; otros pasan dificultades económicas porque se quedaron sin empleo o han visto reducidos fuertemente sus ingresos; otros la pandemia afectó su salud física o psicológica; otros tantos experimentaron el rompimiento de vínculos familiares o amistades, y otros están poniendo en tela de juicio la fe en Dios. En la pascua 2021, considero que más que hablar mucho, hay que orar mucho. “Al orar, no hablen mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados” (Mt., 6, 7), y se recuerda además cómo la oración hecha con fe es siempre eficaz: “pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se le abrirá” (Mt. 7, 7). Por eso los mensajes, las homilías, los sermones, deberán ayudar a los ministros y fieles a renovar la confianza en el Señor de la vida, que probado en todo, superó la adversidad, que fue tentado para darnos ejemplo, y que con su muerte venció la muerte.

Una sola palabra que llegue al alma de una persona, dicha con la fuerza que viene de lo alto, de seguro que ayudará a traer paz y sosiego a los tristes, a los apesadumbrados, a los que piensan que este mundo se acabó y que no hay nada qué hacer.

Esta semana santa será la de la esperanza confiada en Dios, que prometió no abandonar a sus hijos.

Pascua 2021, la pascua de la vida nueva, donde estamos llamados a abrir las puertas de nuestros corazones y de nuestras casas al Dios del amor. Será la pascua de la familia. Con María y San José, teniendo como centro a su hijo Jesús, tendremos la oportunidad de celebrar este misterio de redención más plenamente.

Muchas personas, por las razones antes dichas de la pandemia, no asistirán a los templos a las ceremonias, pero se unirán a ellas a través de las transmisiones televisivas y por las redes. Esta realidad se convierte en un nuevo reto para los  ministros que presidirán las ceremonias y recogerán las experiencias vividas desde hace un año, para hacer de las transmisiones una ocasión para evangelizar, para celebrar y para dejar un mensaje renovador lleno de esperanza al pueblo creyente. El lenguaje mediático requiere simplicidad y contundencia, tal como lo hizo Jesús: ámense los unos a los otros, perdonen y serán perdonados, oren sin descanso, crean…

Se ha de tener especial cuidado en el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad, de manera que la disciplina que la Iglesia católica ha tenido, haciendo de los templos lugares seguros, siga siendo lección de vida para la comunidad. Los protocolos para nosotros, son un acto de amor hacia el hermano que debe ser cuidado y hacia cada uno.

Finalmente, serán muchas las personas que van a buscar en las celebraciones pascuales de este año el conforto de la misericordia y del amor de Dios. Acojámoslas con la ternura de Dios, y hagámosles llegar en las palabras del Cristo de la cruz, el abrazo de acogida del hijo de Dios que dio su vida para darnos vida: “Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20). Sí, aun en medio de la adversidad y temores que suscita la pandemia, el Señor de la vida está con nosotros animándonos siempre.

Felices pascuas, en Cristo resucitado.

+ Luis Fernando Rodríguez Velásquez
Obispo Auxiliar de Cali

Posted by editorCEC1

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