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Soy yo, no tengáis miedo
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DÉCIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
13 de agosto de 2023
Primera lectura: 1Reyes 19, 9a.11-13a
Salmo: 85(84),9ab y 10.11-12.13-14 (R. 8)
Segunda lectura: Romanos 9,1-5
Evangelio: Mateo 14,22-33
Orientaciones para la Predicación
Introducción
Luego de la multiplicación de los panes del domingo pasado, la liturgia nos presenta el episodio de la tempestad calmada. Mensaje dirigido a los seguidores de Jesús para que crean que Él es Dios con nosotros, que para salvarnos nos exige no tener miedo y creer en Él.
La barca sacudida de un lado para otro es símbolo de las distintas realidades que golpean la vida de la Iglesia y la propia vida. Hoy el Señor nos da la certeza que, para no ahogarnos en las dificultades, debemos creer en Él.
El cristiano camina seguro en medio de las exigencias de la vida y sus dificultades, solo cuando se aferra a la Palabra de Dios, si duda de ella, el hombre se hundirá irremediablemente.
Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El primer libro de los Reyes, en el capítulo 19 nos presenta una de las páginas más bellas del Antiguo Testamento, donde Dios se reveló en el silencio de un suave viento. Recordamos como después que Elías deja en ridículo a más de cuatrocientos profetas de Baal, la reina Jezabel inicia una persecución a muerte al profeta Elías, haciéndolo huir al desierto. En su camino por el desierto Elías experimenta el rigor de la aridez, casi hasta la muerte, a la vez, siente como la providencia de Dios no lo abandona y le exige seguir adelante hasta llegar al monte Horeb. En este monte, Elías tiene la experiencia de encuentro con Dios, que no se manifiesta ni en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en una brisa suave. En este encuentro Elías recibe la misión de regresar a la ciudad y continuar con su misión de profeta.
El Salmo 85 (84), canta el regreso de Israel del desierto, destacando, cómo Dios lleno de paz y misericordia, cuida con amor a su pueblo: “muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”. El autor de este salmo proclama cómo la salvación está ya cerca de los que creen, de los que son fieles del Señor.
El apóstol Pablo en la Carta a los Romanos, en el capítulo 9 que leemos hoy, hasta el capítulo 11, expresa el apasionado amor que Pablo siente hacia su pueblo, su preocupación por la suerte del pueblo de Israel, “los de mi raza según la carne”. Lamenta que los suyos no han hecho la opción por Cristo, después de tantos testimonios narrados y expresados con esperanza en el Antiguo Testamento, el pueblo de la antigua alianza no ha sido capaz de reconocer la presencia viva de Dios en la historia.
San Mateo en el capítulo 14, narra cómo Jesús después de haber multiplicado los panes y de saciar el hambre de la multitud, al atardecer se retira el solo a orar, es su costumbre después de realizar grandes signos. Los apóstoles en la barca, pasando a la otra orilla, estaban viviendo momentos de angustia, pues el viento recio y contrario sacudía la barca de un lado para otro. En medio de esta fatigosa travesía, al amanecer, se les aparece el Señor caminando sobre el agua, haciendo del momento ya difícil, una experiencia de pánico y de gritos. El Señor les habla y su voz trae la calma. Pedro pide que le deje caminar sobre el lago, da los primeros pasos y pierde confianza, tiene miedo y empieza a hundirse, clama al Señor: “Señor sálvame” y el Señor extendiendo su mano lo rescata y le exige tener fe. Al subir a la barca se calma el viento y todos se postran reconociendo “Realmente eres Hijo de Dios”.
Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
El Señor hoy también nos exige creer en su Palabra, aceptar su presencia divina entre nosotros, reconocerlo como el Hijo de Dios que ha venido a salvarnos. Este Domingo la Palabra nos quiere ayudar a reconocer que Jesús es Dios con nosotros, es el Dios del silencio del Horeb, es el Dios de la paz y la misericordia del salmista, Jesús es el Dios anunciado y predicado desde antiguo como lo expresa San Pablo, Jesús es el Dios que calma las tempestades, las angustias, dudas y miedos de nuestras vidas, así como lo escuchamos hoy en el Evangelio.
San Pablo quisiera que todos sus conciudadanos, hermanos de raza, creyeran en Jesús, así como él y muchos otros han dado ese paso de fe. Pero sabemos que muchos son obstinados, duros de corazón y de cabeza para experimentar el encuentro con Dios en la Persona de Jesús. Ante la falta de fe y el rechazo del pueblo de la Alianza, San Pablo siente dolor y una gran tristeza. Esta angustia de Pablo hoy debería ser la de todos los que creemos en Cristo, de los padres para con sus hijos, de los educadores para con sus estudiantes, de los catequistas para con sus catequizandos, de los misioneros para con los destinatarios de su misión, de nosotros ministros ordenados para con todo el pueblo de Dios, especialmente con los más alejados; todos deberíamos experimentar un profundo deseo para que toda persona conozca a Jesús y crea en su Palabra.
El testimonio del Profeta Elías es muy elocuente, el profeta huyendo de la muerte llega al monte santo del Horeb, donde desea encontrar a Dios en la fuerza del huracán, del terremoto, del fuego, seguramente, así como lo vio actuar con los profetas de Baal, en ninguna de estas fuerzas está Dios, solo lo percibe cuando viene una brisa suave, un elocuente silencio. Dios le enseña a Elías a calmar su temperamento a serenar su ímpetu, Dios prefiere una cercanía suave, discreta, hecha mayormente en el silencio de nuestra oración.
El Señor Jesús quiere dar una lección a sus seguidores más cercanos, quiere afianzar en sus corazones la certeza de su fe, de sus convicciones; luego de reconocerlo como aquel que calma el hambre, que multiplica el pan, como don de Dios para una multitud hambrienta, luego de orar, se les aparece caminando sobre el lago, por encima de las fuerzas de la naturaleza, Él es Dios. En medio de fuertes vientos y del miedo, el Señor con su Palabra trae paz a los que están en la barca, quita el miedo y calma la tempestad. Para el apóstol Pedro y para todos nosotros, una lección de confianza, Pedro empieza a caminar sobre el agua como Jesús lo hace, pero se llena de miedo, le falta fe y se hunde, clama al Señor pidiendo su ayuda, y Jesús responde “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? Hoy el Señor quiere rescatarnos, quiere calmar la tempestad de nuestras vidas, el extiende su mano para no dejarnos hundir, pero nos exige reconocer su divinidad, su presencia actual entre nosotros, que seamos capaces de decir con los apóstoles “realmente eres Hijo de Dios”.
Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
La manifestación de Dios en el Horeb a Elías, la confianza del salmista en Dios que acompaña a Israel en el desierto, la tristeza de Pablo por los hombres de su propia raza que no creen y la actitud de Pedro llamado a tener más fe y confianza en el Señor; nos hacen pensar en lo importante que es hoy pedirle a Dios la gracia de poder encontrarlo en el silencio de nuestra oración, experimentar su compañía en las horas de desierto, sentir la necesidad de anunciarlo, para que muchos crean y la oportunidad de confiar cada vez más en su presencia que calma toda tempestad en la vida.
Hoy se nos ofrece una amplia diversidad de creencias, filosofías, ideologías y prácticas espirituales, aprender a descubrir lo fundamental en medio de tanto ruido, de las angustias cotidianas, de los desiertos por los que pasa la existencia humana, se vuelve abrumador, exigente, pero sin duda, no imposible de buscar la verdad, encontrarnos con Dios, sentir su mano que rescata, todo esto se hace realidad en el corazón de quien es capaz de dar el paso de la fe. Hoy la Palabra de Dios señala un camino excepcional, ese camino es Cristo, en quien debemos confiar más y creerle.
El Evangelio nos coloca en medio de una tempestad, sin duda no es difícil percibir la barca de nuestras vidas sacudidas por situaciones que nos llevan de un lado para otro: violencia, pobreza, injusticia social, divisiones en los hogares, entre muchas otras realidades. Todas estas amenazas hacen que las personas faltas de fe y de confianza en el Señor, incapaces de reconocerlo presente en la historia, sucumban en medio de las tempestades de la vida y otros como Pedro, sean rescatados por la mano del Señor, trayendo la calma y serenidad propias de quien confía plenamente en su Palabra. La historia de la iglesia, desde sus orígenes hasta nuestros días, nos ha demostrado que su andar no ha sido fácil, si Cristo no está en la barca de la Iglesia, de la propia vida, corremos el riesgo de naufragar, si lo dejamos subir a la barca el viento amaina y encontramos las fuerzas necesarias para sobrevivir sin miedo en medio de las fatigas y desesperanzas que pretenden alejarnos de Dios y de su querer.
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Recomendaciones prácticas:
Asunción de la Bienaventurada Virgen María, 15 de agosto.
Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Monición introductoria de la Misa
Sean todos bienvenidos a la celebración de la Eucaristía, el día del Señor. Nos hemos reunido para escuchar la Palabra de Dios y participar de la Fracción del pan, somos invitados a buscar a Dios, a encontrarnos con Él en el silencio de nuestras plegarias y a confiar plenamente en sus promesas. No tengamos miedo y dejemos que esta liturgia serene nuestras vidas, fiándonos de la presencia y protección de Dios presente en esta celebración. Participemos con fe.
Monición a la Liturgia de la Palabra
La Iglesia y la propia vida están sometidas a fuerzas que pretenden separarnos de Dios, producen miedo y desesperación, solo quien cree en Dios y sabe escucharlo en el silencio de su plegaria, encuentra la paz y la serenidad necesarias para enfrentar los sucesos que traen consigo tribulación. Escuchemos atentamente.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Oremos a Dios nuestro Padre, para que escuche la oración de los que con fe venimos a clamar su ayuda.
R. Te rogamos, óyenos.
Por la Iglesia, para que confiada en el Señor siga su tarea evangelizadora y muchos crean en el salvador del mundo, el Señor Jesús. Oremos
Por la paz del mundo y de nuestra patria, para que el reconocimiento de la presencia del Señor entre nosotros apague la tormenta de la guerra. Oremos
Por los pobres y los que más sufren, para que sus angustias y miedos se vean mitigados por la paz y la solidaridad de los que creen en Cristo. Oremos
Por los que están sometidos a la enfermedad, extraviados por el mal uso de la libertad, por quienes están en las cárceles, para que el Señor sea fuente de salud, libertad y paz. Oremos
Por nosotros y los que están buscando a Dios, para que en el silencio de la oración encontremos su presencia siempre nueva y misericordiosa. Oremos
Oración conclusiva
Señor Dios nuestro,
a quien reconocemos presente en los acontecimientos de nuestra historia, concede en abundancia lo que hemos pedido hoy con fe,
para poder así, avanzar confiados con tu amorosa protección y ayuda.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
La migración, una realidad que nos sigue interpelando
Vie 25 Sep 2026
Por el cuidado del agua
Jue 24 Sep 2026
Vie 11 Sep 2026
¿No debías tú también tener compasión?
VIGÉSIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO13 Septiembre 2026Primera lectura: Sir 27,30 - 28,7Salmo: Sal 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12 (R. 8a)Segunda lectura: Rm 14,7-9Evangelio: Mt 18,21-35.I.Orientaciones para la Predicación1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro del Sirácida advierte con claridad: el rencor y la ira no conducen a la vida. Quien alimenta el resentimiento se encierra en una lógica de muerte. Por eso invita a recordar los mandamientos y a pensar en el final de la vida, donde cada uno necesitará la misericordia de Dios. El perdón no es una opción secundaria, sino una condición para recibir el perdón divino.El salmo proclama precisamente esa misericordia: el Señor es compasivo y clemente, lento a la ira y rico en amor. No nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas; aleja de nosotros nuestras faltas como el oriente está lejos del occidente. La experiencia del creyente es la de haber sido profundamente perdonado.San Pablo recuerda que nuestra vida no nos pertenece: vivimos y morimos para el Señor. Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos. Esta pertenencia cambia nuestra manera de relacionarnos: si somos del Señor, no podemos vivir dominados por el juicio y la dureza hacia los demás.En el Evangelio, Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar, y Jesús rompe toda medida humana: “setenta veces siete”. La parábola del siervo despiadado revela la incoherencia de quien, habiendo sido perdonado de una deuda inmensa, no es capaz de perdonar una pequeña. El mensaje es claro: la paz y la comunión nacen de la conciencia agradecida de haber sido perdonados.En conjunto, los textos muestran que el perdón es el camino indispensable hacia la paz. Solo quien ha acogido la misericordia de Dios puede ofrecerla a los demás y construir relaciones nuevas.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La divina palabra nos invita a abandonar el odio vengativo y la venganza odiosa (primera lectura), pues todos somos del Señor (segunda lectura), ya que de su cuerpo místico somos miembros, de manera tal que el mejor don que podemos otorgarnos unos a otros es el perdón generoso (evangelio).¿Qué dice el texto? El paso del evangelio hace parte del llamado discurso eclesiástico (Mt 18), conclusión de la sección de Mateo que presenta a la Iglesia como inicio y germen del reino (Mt 13,53-18,35). El evangelio que escuchamos es el final de esta importante sección, el cual puede dividirse en dos partes: la pregunta de Pedro y la respuesta de Jesús (Mt 18,21-22) y la parábola del siervo inmisericorde (Mt 18,23-34), coronadas ambas secciones por la conclusión que se halla en el versículo 35: “esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.¿Qué nos dice el texto del evangelio? El perdón de Dios es el motivo y la medida del perdón fraterno. Perdonamos «porque» hemos sido perdonados; perdonamos «como» hemos sido perdonados; perdonamos «para» ser perdonados.A quien se equivoca, sin ofenderme, le debo la corrección fraterna; a quien, equivocándose, me ofende, le debo la gracia del perdón fraterno. En efecto, el perdón es una de las más bellas expresiones del amor humano y cristiano.Quien no es capaz de perdonar, difícilmente es capaz de amar, pues condicionar el amor a una ofensa recibida significa no haber comprendido el significado del amor mismo. Sólo aquel que es bastante grande para perdonar, sabe amar. Amamos cuando perdonamos y perdonamos cuando amamos; amamos cuanto perdonamos y perdonamos cuanto amamos.Al tiempo de Jesús, un Israelita debía perdonar tres veces a su ofensor: después de esto se acudía a la vía legal. Pedro ha entendido que Jesús propone un perdón más amplio y por ello cree ser muy generoso cuando propone perdonar siete veces. La respuesta de Jesús le revela cuánto sea todavía mezquino en la concesión del perdón.«Hasta setenta veces siete», es decir, un perdón total, integral, pleno, perfecto. Si el descendiente del fratricida Caín proponía una venganza sin límites, exigiendo ser vengado setenta y siete veces (Gn 4,24), Jesús, que da la vida por amor a sus hermanos, propone perdonar setenta veces siete. La venganza lleva a la muerte; el perdón lleva a la vida.El perdón es el triunfo constante del amor, es la imitación continua del Señor. La bondad de un corazón no se mide tanto por el amor que muestra hacia sus amigos, cuanto por la misericordia que demuestra hacia sus enemigos. Perdonar es el valor de los valientes. Nada más liberador que el perdón; nada más sanador que el perdón; nada más enriquecedor que el perdón.El Señor ilustra su mensaje con una parábola en tres escenas. En la primera el rey encuentra a un siervo que le debía diez mil talentos. Éste suplica y el rey, con entrañas maternas, le perdona toda su deuda. Para hacerse a una idea, se cree que en la época de Cristo un talento equivalía a 58,9 kilos, de modo que la deuda de aquel siervo era de unas 589 toneladas de oro. Para transportarlas serían necesarios 589 furgones con capacidad de carga de una tonelada cada uno, los que formarían una fila de unos cinco kilómetros. Sencillamente era una deuda impagable.La segunda escena es escalofriante por la dureza del siervo perdonado. Encuentra a otro que le debe cien denarios, una deuda pequeña, que se podría pagar con un poco más de tres meses de trabajo. Su corazón de monstruo se mostró duro y sin piedad para con quien le suplicaba. Lo agarraba del cuello y lo asfixiaba en el cuerpo, como lo estaba asfixiando en el alma.En la tercera escena, los compañeros escandalizados ante tanta impiedad, informan al rey sobre lo sucedido. Éste llama al siervo impío y lo define con uno de los calificativos más duros que se encuentran en el evangelio: «siervo malvado». Le hace la pregunta que Dios te hace a ti y a mí: «¿No debías tú tener compasión de tu consiervo, como yo tuve compasión de ti?»La moraleja se resume en una severa advertencia, que en práctica clausura la propuesta de Cristo sobre el reino: «así hará mi padre del cielo con vosotros, si cada uno no perdona de corazón a su hermano». Los hijos del mismo Padre hermanos son y porque hermanos han de perdonar y ser perdonados de corazón. Porque el amor es personal, también el perdón es personal: «cada uno» ha de perdonar, «cada uno» ha de ser perdonado. Cada uno, pues, así como nadie te puede sustituir en el arte de amar, nadie te puede sustituir en el arte de perdonar.El apóstol nos ha recordado que «tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor», pertenencia que el Señor pagó a precio de su vida donada (Rom 14,7-9: segunda lectura). Los que pertenecen al Señor viven un estilo de vida diverso, con actitudes nuevas y relaciones nuevas. Una de estas actitudes es la disponibilidad al perdón siempre, pues como enseña el sabio en el libro del Eclesiástico (27,33˗28,9: primera lectura): «el rencor y la ira son cosas detestables» y «del vengativo se vengará el Señor». Quien venga, no tiene nada que ganar; quien perdona, no tiene nada que perder. El amor da testimonio “de las fuerza de las relaciones fundadas en la Trinidad” (DFSS, 34).María santísima, de corazón misericordioso, nos ayude a vivir y convivir en la práctica del perdón, de modo que el perdón que otorgamos sea reflejo y continuación del perdón que recibimos. Perdonadores porque perdonados.«¿Quieres ser feliz por un instante? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz por siempre? ¡Perdona!» (Tertuliano).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesucristo, que eres llamado Príncipe de la Paz,que eres Tú mismo nuestra paz y reconciliación,que tan a menudo dijiste: "La Paz contigo, la paz les doy."Haz que todos hombres y mujeres den testimoniode la verdad, de la justicia y del amor fraternal.Destierra de nuestros corazones cualquier cosaque podría poner en peligro la paz.Ilumina a nuestros gobernantespara que ellos pueden garantizary puedan defender el gran regalo de la paz.Que todas las personas de la tierrase sientan hermanos y hermanas.Que el anhelo por la paz se haga presentey perdure por encima de cualquier situación.(San Juan XXIII)_______________________Recomendaciones prácticas:•Concluye la semana por la paz.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoriaHermanos, al concluir la Semana por la Paz, la Palabra de Dios nos conduce al corazón mismo de toda reconciliación: el perdón. El libro del Sirácida nos exhorta a dejar la ira y el rencor; el salmo proclama que el Señor es compasivo y misericordioso; san Pablo nos recuerda que pertenecemos al Señor en la vida y en la muerte; y Jesús nos enseña que el perdón no tiene medida.No puede haber paz verdadera sin corazones reconciliados. La paz comienza cuando renunciamos al resentimiento y acogemos la misericordia que Dios ha tenido con nosotros.Dispongamos el alma para celebrar esta Eucaristía como escuela de perdón y fuente de paz.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra inspirada y proclamada nos invita a donar el perdón recibido, con generosidad, totalidad e integridad, para poder testimoniar la belleza de la comunión.Oración de fielesPresidente: Al Padre misericordioso, que perdona nuestras culpas y nos llama a perdonar, elevemos nuestras súplicas diciendo:R/. Señor, haznos instrumentos de tu perdón.1.Por la Iglesia, para que sea signo creíble de reconciliación y testimonio vivo de la misericordia de Dios en medio del mundo.2.Por nuestra nación, para que los procesos de diálogo y reconciliación estén sostenidos por la verdad, la justicia y la voluntad sincera de perdonar.3.Por las víctimas de la violencia y por quienes han causado daño, para que encuentren caminos de sanación, conversión y restauración.4.Por las familias y comunidades heridas por divisiones antiguas, para que la gracia del Señor les conceda dar el paso del perdón sincero.5.Por nosotros, para que recordando cuánto hemos sido perdonados, aprendamos a perdonar sin límites y construyamos la paz desde el corazón.Oración conclusivaEscucha, Padre misericordioso, la oración de tu pueblo deseoso de testimoniar el perdón, por Cristo tu Hijo, quien, Contigo y el Espíritu, vive y reina por los siglos de los siglos.R. Amén.
Vie 24 Jul 2026
“El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido”
DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO26 Julio 2026Primera lectura:1R 3,5.7-12Salmo: Sal 119(118),57 y 72. 76-77.127-128.129-130 (R. 97a)Segunda lectura: Rm 8,28-30Evangelio: Mt 13,44-52Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónOptar por la docilidad en la elección del bien es el camino que conduce a la verdad y a la vida en persona, a Jesús, a Dios, y con Él tenemos el tesoro por el que verdaderamente vale la pena darlo todo, venderlo todo. Esto exige esfuerzo, como nos lo indican las parábolas de la perla preciosa y del tesoro escondido; solamente quienes se esfuerzan por vivir según el querer del Todopoderoso, podrán gozar de los bienes que nos promete.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Aquí tienes la síntesis en prosa de los textos:En el primer libro de los Reyes, Salomón, recién constituido rey, reconoce su pequeñez y pide a Dios no riquezas ni poder, sino un corazón dócil para gobernar y discernir entre el bien y el mal. Dios se complace en esa petición y le concede sabiduría. El verdadero tesoro no es el éxito exterior, sino la capacidad de escuchar y comprender según el corazón de Dios.El salmo es una declaración de amor a la Ley del Señor. La Palabra es herencia, consuelo, riqueza mayor que el oro. Quien descubre su valor la estima por encima de cualquier bien material y encuentra en ella luz y dirección.En la carta a los Romanos, san Pablo afirma que todo coopera para el bien de los que aman a Dios. El proyecto divino es conducirnos a conformarnos con la imagen de su Hijo. No somos fruto del azar: hemos sido llamados, justificados y destinados a la gloria. La vida del creyente está sostenida por una intención amorosa de Dios.En el Evangelio, Jesús compara el Reino de los cielos con un tesoro escondido y con una perla de gran valor. Quien los descubre vende todo con alegría para poseerlos. El Reino no se impone; se descubre. Y cuando se reconoce su valor, todo lo demás pasa a segundo plano. La parábola de la red recuerda que el Reino también implica discernimiento y responsabilidad ante la verdad.En conjunto, los textos convergen en una misma enseñanza: el verdadero tesoro es el Reino de Dios, que se acoge con sabiduría, se ama como riqueza suprema y orienta toda la vida hacia el cumplimiento del designio divino.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?En la actual sociedad de consumo se nos ofrecen muchos planes y cosas que prometen felicidad; hemos de estar atentos y vigilantes, pues el Padre de la mentira quiere perdernos y siempre usa la misa estrategia que vemos en el Génesis: nos muestra muy atractivo el fruto prohibido y, al mismo tiempo, nos hace sospechar de la bondad de Dios al pedirnos que sigamos su voluntad. Nuestra actitud ha de consistir en la vigilancia y la atención; pero esto solamente es posible si reflexionamos, si nos paramos a pensar; de esta manera le damos espacio a Dios para que su luz nos ilumine y nos ayude a descubrir qué es lo que verdaderamente cuenta, qué es lo importante y perdurable, qué es lo que nos puede dar vida y vida en abundancia.Una vez descubierto el bien y el bien verdadero, entonces viene la decisión: un corazón dócil al bien que se descubre. No temamos al trabajo, al cansancio y a la fatiga, pues cuando se invierten las energías en lo que verdaderamente vale, la recompensa llega al momento, pues la existencia se va llenando de alegría, paz y esperanza. El Evangelio es para valientes, dispuestos a los duros combates de la fe, pero con la conciencia de nunca ser abandonadas en la batalla y de tener la victoria asegurada.En la medida en que vayamos avanzado en la adquisición de este tesoro, mejor, en la medida en que nos vayamos disponiendo y dejando que el gran tesoro entre a nuestro corazón, estaremos dispuestos a los más altos sacrificios, pues todo lo demás comparado con Jesús es basura y perdición. Él en nosotros hará posible lo más sublimes heroísmos y el corazón se llenará cada vez más de luz y de gozo, de un gozo inefable que anticipa, en cierta manera, la bienaventuranza eterna.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor: no permitas que nos dejemos engañar por el tentador astuto; por el contrario, danos luz para discernir lo mejor y elegirlo, conforme a tu ejemplo que siempre hiciste lo que más agradaba a tu Padre. No nos dejes caer en el desaliento por los esfuerzos y los trabajos que implica seguir tu voluntad. Ayúdanos a ser valientes y decididos para elegir siempre y en todo momento el bien, tanto en los pequeños y sencillos momentos de la vida diaria, como en las situaciones más difíciles que puedan llegar a nuestra existencia.Pensemos: ¿Qué tesoro hay en mi vida y que impide que el verdadero Tesoro entre a mi corazón? Solamente despojándonos de los tesoros que no valen podremos tener al gran Tesoro, que enriquece hasta la vida eterna. No temamos renunciar, sacrificar todo lo que pareciera importante, pero que nos separa de Jesús o nos impide acercarnos más a Él. Procuremos, particularmente, empeñarnos en una vida de caridad que nos permitirá tener cada vez más al Señor en nuestro corazón, pues nos dijo que todo lo que hagan a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicieron (Mt 25,40)._______________________Recomendaciones prácticas:Jornada Mundial de los abuelos y de los mayores.Moniciones y Oración Universal o de los FielesMonición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos habla del verdadero tesoro: la sabiduría que viene de lo alto y el Reino que vale más que cualquier riqueza. Salomón pide un corazón dócil; el salmista proclama que la Ley del Señor es más preciosa que el oro; y Jesús nos invita a descubrir el Reino como el tesoro escondido por el que vale la pena entregarlo todo.En esta Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, damos gracias por quienes, con su experiencia y fe perseverante, nos ayudan a reconocer lo que realmente vale en la vida. Ellos son memoria viva, testigos de fidelidad y custodios de esperanza.Celebremos esta Eucaristía pidiendo un corazón sabio para descubrir el tesoro del Reino y agradecer el don de nuestros mayores.Monición a la Liturgia de la PalabraLa vida auténtica y feliz depende del discernimiento y la elección del bien y del mayor bien en cada momento; así, obtendremos el tesoro que nos hará verdaderamente ricos y poderosos. Escuchemos con fe y atención.Oración Universal o de los FielesPresidente: Al Señor, tesoro verdadero y fuente de sabiduría, elevemos nuestras súplicas diciendo:Por la Iglesia, para que sea siempre comunidad que custodia y transmite la fe, valorando la sabiduría y el testimonio de los mayores.En esta Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, por nuestros abuelos y personas mayores, para que se sientan amados, respetados y acompañados, y su experiencia sea reconocida como un tesoro para la sociedad y la Iglesia.Por los ancianos que viven en soledad, enfermedad o abandono, para que encuentren cercanía, cuidado y consuelo en sus familias y comunidades.Por las familias, para que sepan integrar a sus mayores con gratitud y aprendan de ellos la paciencia, la memoria y la fe perseverante.Por nosotros, para que, como Salomón, pidamos un corazón sabio y sepamos elegir el Reino de Dios como el bien más grande de nuestra vida.Oración conclusivaPadre bueno, que nos llamas a participar de tu Reino y nos das en nuestros mayores un testimonio de fidelidad, escucha nuestras oraciones y haznos crecer en sabiduría y amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.R.Amén.
Vie 19 Jun 2026
“Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre…”
DÉCIMOSEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO21 junio 2026Primera lectura: Jr 20, 10-13Salmo: Sal 69(68), 9-10.14.33-34 (R. 35,10)Segunda lectura: Rm 5,12-15Evangelio: Mt, 10,26-33.I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIONIntroducción•El profeta Jeremías experimenta la persecución, la calumnia y el miedo, pero en medio de la amenaza proclama su confianza: el Señor está con él como guerrero poderoso y no lo abandona. El salmo recoge el clamor del justo que sufre por fidelidad a Dios, pero que espera en su auxilio y alaba su misericordia.•San Pablo, en la carta a los Romanos, presenta un contraste decisivo: por un solo hombre entró el pecado y la muerte en el mundo, pero por Jesucristo ha venido la gracia sobreabundante que trae justificación y vida para todos.•En el Evangelio, Jesús invita a sus discípulos a no tener miedo ante la persecución ni ante el juicio humano. Les recuerda que la verdad será manifestada y que el Padre cuida incluso de los detalles más pequeños de la creación. Por eso, quien lo reconozca delante de los hombres será reconocido por Él ante el Padre. Es una llamada a la confianza, a la valentía y a la fidelidad en medio de la adversidad.1.Lectio: ¿Que dice la Sagrada Escritura?La identidad del cristiano se traduce en alimentar todos los días, la confianza en el Señor, y desechar el temor de raíz, pues quien confía en Dios no tiene miedo.Al estilo de los apóstoles, los tiempos que nos correspondió vivir, exigen una relación plena con Jesús, para exhibir valentía ante los detractores del evangelio, y para esparcir la fragancia del amor de Dios, pues la ilusión de un fiel cristiano, es misionar al estilo de Jesús.Siempre habrá dificultades, como las que le toco afrontar en su tiempo al profeta Jeremías, quien es consciente de que sus adversarios, buscaron un momento para acecharlo y causarle daño, como lo escuchamos en la primera lectura., es decir a pesar del paso de los años y de los siglos, a un seguidor de Jesucristo, le corresponde enfrentar al mundo terreno, que cree tener la sabiduría que transciende, pero lo que exhibe es la dimensión de pecado de los hombres. 2.Meditatio: ¿Que me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?Por un hombre entró el pecado al mundo, así lo menciona el capítulo 5 de la carta a los romanos. Pero lo más importante no es el establecimiento del pecado, sino la gracia de Dios, que purifica, que sana, que levanta y construye. Solo el que tiene conciencia del encuentro con el Señor, sabe qué No debe tener miedo, pues Dios es el dueño de todo, pues hasta los cabellos de la cabeza están contados, y los seres humanos valemos más que muchos pajarillos.Las comunidades que conformamos la gran iglesia de Jesucristo, deben estar impregnadas por la presencia infinita de Dios, que las lleva a distinguirse como comunidades valientes, que dan testimonio del amor de dios, así construiremos, la iglesia, que él fundó, y que nosotros ayudamos a edificar día tras día.3.Oratio y Contemplatio: ¿Que suplicamos al señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La dimensión cristiana, se refleja en el arte de descubrir permanentemente el alcance de la palabra Misión, hasta el punto que se hacen uno solo, la misión y el enviado; que tiene claro que no hay nada encubierto, que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo importante es encontrarle sentido a la vida, entregando todo por el evangelio, para que se cumpla la sentencia del Señor, si alguien se declara a mi favor ante los hombres, también yo me declararé a su favor ante mi Padre que está en los cielos.Anunciar la misión, requiere discípulos auténticamente cristianos, según el corazón de Dios, Pues Él es el que le da sentido a toda la existencia. Así que la misión evangelizadora no es una opción sino una responsabilidad de amor, que nos compromete como persona, como familia, como comunidad, como integrante de la iglesia, que se funda en el amor, y en la certeza de que Dios siempre, pero siempre está al lado, del que lo invoca sinceramente.Misión es reconocer que los dones recibidos se reciben para transmitirlos. Lo que recibiste gratis dadlo gratis. De tal manera que, despojados de toda consideración mundana, que nos aleje de Dios, llenemos el mundo que vivimos con la fragancia plena del compartir todo lo que tenemos, porque solo así, haremos presente al Dios que nos dio la vida, para ser como Él.Recomendaciones Practicas•Hoy, en la segunda vuelta presidencial, recordemos que participar responsablemente en la democracia, votando con conciencia y buscando el bien común, es también una forma concreta de vivir nuestra fe y amar a Colombia.II.MONICIONES Y ORACION UNIVERSAL O DE FIELESMonición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos habla del temor, de la persecución y de la confianza. El profeta Jeremías experimenta la hostilidad y la calumnia, pero proclama con firmeza: “El Señor está conmigo como fuerte soldado”. San Pablo nos recuerda que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y Jesús nos exhorta: “No tengan miedo”, invitándonos a confiar en la providencia del Padre.En este día en que nuestra nación vive la segunda vuelta de la elección presidencial, venimos a la Eucaristía para poner a Colombia en manos de Dios. Que esta celebración fortalezca nuestra esperanza, ilumine nuestra conciencia y nos ayude a vivir este momento con responsabilidad, serenidad y fe.Monición a la liturgia de la PalabraA pesar de nuestras limitaciones y miedos, el Señor, nos acompaña, y nos acoge con el verdadero valor de sus fieles, que somos más valiosos que muchos pajarillos.Oración Universal o de los FielesPresidente: Confiando en el Señor que cuida de cada uno de sus hijos, presentemos nuestras súplicas diciendo:R/. Señor, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que en medio de las tensiones sociales anuncie con valentía la verdad, promueva la justicia y sea signo de reconciliación y esperanza.2.Por nuestra nación en esta jornada electoral, para que los ciudadanos participen con responsabilidad y conciencia, y el proceso se desarrolle en paz, respeto y transparencia.3.Por quien sea llamado a ejercer la presidencia, para que gobierne con sabiduría, sentido de servicio y compromiso con el bien común, especialmente de los más pobres y vulnerables.4.Por quienes sienten miedo, incertidumbre o división ante la situación del país, para que la palabra de Cristo —“No tengan miedo”— fortalezca sus corazones y los abra al diálogo y a la fraternidad.5.Por nosotros aquí reunidos, para que demos testimonio público de nuestra fe con coherencia, sin avergonzarnos de Cristo, y seamos constructores de paz en nuestras familias y comunidades.Oración ConclusivaPadre bueno, tú que conoces hasta el número de nuestros cabellos y sostienes la historia con tu providencia, escucha nuestras oraciones y guía a nuestra nación por caminos de justicia y paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
Vie 12 Jun 2026
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”
DÉCIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDIANARIO14 junio 2026Primera lectura: Éx 19,2-6aSalmo: Sal 100(99),1-2.3.5(R.3c)Segunda lectura:Rm 5,6-11Evangelio: Mt 9,36–10,8I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónAmar, formar y enviar son tres verbos que describen la relación entre Dios y el ser humano en la liturgia de la Palabra. La iniciativa del Señor, al revelarse a la humanidad, se fundamenta en un amor que se convierte en proyecto, el cual propone un camino e implica una respuesta personal y comunitaria, anclada en la fe y en la fidelidad. Tal proyecto de amor recibe el nombre de “Alianza”, el modo como Dios decide acercarse sin imposiciones, sino desde la libertad, para hacer una invitación en la cual encontramos plenitud y vida nueva. Vivir la Alianza como un proyecto de vida que corresponde al amor del Señor implica formar el corazón, es decir, disponer la vida para que la Palabra nos moldee, nosconfronte e impulse al crecimiento. Este es el itinerario de Jesús con sus discípulos, quien, amándolos a la manera del Padre, los forma desde la Palabra y las acciones en el sentido del Reino, y camina junto a ellos para acompañar y cuidar. Finalmente, vivir la Alianza tiene un componente misionero y evangelizador. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento hay un envío a la misión: ser testigos de la manera como Dios ama y transforma, a través de la cotidianidad de nuestras acciones y relaciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En el relato del libro del Éxodo se describe el propósito de Dios para su pueblo: ser su propiedad personal y hacer de ellos una nación santa. Este propósito es comunicado a Moisés de forma íntima, contundente y tierna. Sube la montaña (lugar que en la Sagrada Escritura representa el encuentro con el Señor) y, al estilo de los profetas, lo encarga de expresar al pueblo su mensaje. En lo que Dios comunica hay detalles clave necesarios de resaltar: les recuerda quién los ha liberado de la esclavitud y los ha conducido a Él sobre alas de águila (gesto que simboliza protección, ternura y cuidado). Los invita a la escucha de su voz y a la vivencia de su alianza, lo que se traduce en una vida colmada por la obediencia y la fidelidad al amor.Es Dios llamando a su pueblo a caminar y permanecer junto a Él. Este llamado resuena también en el evangelio. Jesús, como enviado del Padre, proclama el Reinado de Dios y, de manera progresiva, involucra a los discípulos en esta tarea. Los ha instruido en la Palabra esperanzadora y en la acción justa; ahora ha llegado el tiempo del envío. Tras invitarlos a la oración al dueño de la mies para que mande obreros, los llama a cada uno por su nombre, lo que simboliza el gesto amoroso del Señor y la responsabilidad personal para la misión, con la autoridad para transformar y sanar.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La alianza es nuestro proyecto de vida personal y comunitario; es el deseo de Dios para nosotros: que vivamos la libertad pascual sin renunciar a su amor que nos convoca, y viviendo según la inspiración de su Palabra. Para vivir la certeza y el camino de este proyecto, debemos tener en cuenta algunas claves:1. Subir a la montaña para el encuentro:En diversos relatos del Pentateuco, Dios llama a Moisés a las alturas. Allí lo forma, lo exhorta y le indica la forma como debe ejercer su liderazgo. Nosotros somos invitados a la montaña en la vivencia de los sacramentos, la oración personal y la vida en comunidad, que se teje desde una espiritualidad fraterna y servicial. Subimos a las alturas para ser formados e inspirados por la Palabra. Que siempre haya lugar en el corazón para peregrinar a la montaña donde el amor nos encuentra y nos indica el camino.2. Escuchar la Palabra y guardar la alianza:La escucha es la capacidad de direccionar el corazón a Dios, para discernir, decidir y actuar. Es la acción que suscita la formación humana y espiritual, que posibilita la obediencia y garantiza la disposición a que el Señor actúe en nosotros. Ante los múltiples ruidos de la sociedad que nos conducen a la dispersión y nos desenfocan de lo fundamental, escuchar es una actitud sabia y contundente que silencia las exterioridades pasajeras y se concentra en la vitalidad de un proyecto de amor construido desde las relaciones que se hacen camino, familia y comunidad. ¡Que la escucha determine nuestros discernimientos y decisiones!3. Transformar y sanar, la razón por la que somos enviados:El espíritu de una Iglesia sinodal se vislumbra en la misión, en tener buenas noticiaspara proclamar con sencillez, alegría y convicción. Del mismo modo que a los discípulos, Jesús nos llama por nombre propio, porque cada uno, desde lo que es y hace, puede ser noticia de esperanza para otros. Al llamarnos, nos da la autoridad que se refleja en la coherencia y el servicio, y pone en nuestras manos la artesanal obra de ayudar a cicatrizar las heridas y vencer, desde el amor, las rupturas del mundo. Nuestros contextos cotidianos son escenarios de misión; como discípulos, asumamos el desafío de sanar a los heridos y amar los corazones que odian.Estos tres aspectos expresan un modo cotidiano como podemos vivir, personal y comunitariamente, el proyecto de la alianza, como invitación a caminar y permanecer junto al Señor.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La meditación de la Palabra orienta el corazón a la contemplación de la ternura y la cercanía de Dios. Los textos leídos suscitan en nosotros la plegaria y el deseo de subir a la montaña para que su amor nos encuentre, de acrecentar en nosotros la escucha como actitud que nos impulsa a crecer en la fidelidad y el amor. Finalmente, a reconocer que en el Señor somos llamados y enviados para sanar a los heridos y vencer las rupturas del mundo en clave de amor. Hoy pidamos al buen Dios que fortalezca en nosotros su alianza, la escucha y la certeza de nuestro llamado a pasar por el mundo haciendo el bien, al estilo de Jesús.Recomendaciones prácticas:•Día del padre.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos recuerda que somos un pueblo elegido, propiedad suya, llamado a ser reino de sacerdotes y nación santa. San Pablo nos anuncia el amor inmenso de Dios, que nos amó cuando aún éramos débiles y pecadores. Y en el Evangelio vemos a Jesús compadecerse de la multitud y enviar a sus discípulos como obreros a su mies.Celebramos la Eucaristía agradeciendo el amor que nos precede, nos reconcilia y nos envía. Que esta celebración renueve en nosotros la conciencia de ser pueblo amado y enviado a anunciar el Reino con obras de misericordia.Monición a la Liturgia de la Palabra Los textos propuestos por la Iglesia para este domingo nos sitúan en la experiencia del encuentro, el llamado y el envío. En el relato del Éxodo, Dios indica a Moisés que comunique al pueblo la vivencia de su proyecto de amor. Por su parte, san Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda la acción salvífica de Dios por la Pascua, que nos reconcilió con su amor, y en el evangelio se nos recuerda que somos llamados y enviados.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Dios que nos ha hecho su pueblo y nos envía como servidores de su Reino, elevemos nuestras súplicas diciendoR. Señor, envíanos como obreros a tu mies.1.Por la Iglesia, para que viva con gratitud su elección y anuncie con valentía el amor reconciliador de Cristo en medio del mundo.2.Por quienes tienen responsabilidades de gobierno y liderazgo en nuestra sociedad, para que ejerzan su misión con espíritu de servicio, buscando siempre el bien común y la dignidad de los más vulnerables.3.Por las comunidades que se sienten cansadas o desorientadas, para que experimenten la compasión de Cristo y encuentren pastores y servidores que las acompañen con cercanía y verdad.4.En este Día del Padre, por los padres de familia, para que, fortalecidos por el amor de Dios que nos reconcilia, vivan su vocación con responsabilidad, ternura y fidelidad.5.Por todos nosotros, para que respondamos con generosidad al llamado del Señor y hagamos de nuestra vida un servicio concreto a los hermanos.Oración conclusivaPadre bueno, que en tu Hijo nos has reconciliado y nos llamas a trabajar en tu mies, escucha nuestras súplicas y haznos fieles a tu envío. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.