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Así va la CXIX Asamblea: Obispos colombianos analizan desafíos y oportunidades de su misión ante crisis nacional
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Los obispos colombianos iniciaron su CXIX Asamblea Plenaria priorizando el análisis de la realidad nacional y regional. Un panel con expertos, asesores del Servicio Episcopal para el Perdón, la Reconciliación y la Paz conformado por los obispos durante la asamblea pasada, así como sesiones de trabajo por provincias eclesiásticas, dieron paso a un diagnóstico que reveló patrones alarmantes de violencia, abandono estatal y economías ilegales que siguen fracturando al país desde los territorios.
Durante la instalación del encuentro, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia, manifestó la preocupación del episcopado ante el complejo y fragmentado panorama político que tiene la nación, que, según refirió, debilita la visión colectiva, el sentido de pertenencia y la defensa institucional.
Más tarde, en el análisis de la realidad nacional, se desarrolló un panel al que invitaron a tres miembros del equipo asesor del Servicio Episcopal para el Perdón, la Reconciliación y la Paz de la Conferencia Episcopal, conformado durante la pasada asamblea, para dar una respuesta más integral al país en esta materia: María Victoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz, Ernesto Borda, consultor en gestión estratégica de riesgos y el sacerdote jesuita John Jairo Montoya, delegado de la Iglesia para el acompañamiento a la Mesa de diálogo con el EMBF- FARC. Durante el diálogo, moderado por el sacerdote eudista Camilo Bernal Hadad, parte de este mismo equipo, los expertos centraron sus reflexiones en tres niveles: paz y seguridad; Colombia en el panorama mundial y los esfuerzos de solución política a la violencia.
Tras este panel, los prelados trasladaron su análisis al panorama regional. Por grupos de provincias, discernieron sobre los desafíos actuales en esos territorios y la necesidad avanzar con hechos concretos a nivel de región para no caer en la tentación de verse superados por el mal y la violencia.
"Cuando el Estado no llega, los ilegales escriben las reglas", afirmó monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, tras el análisis realizado en su grupo, integrado por los obispos de las provincias eclesiásticas de Florencia y Villavicencio. El prelado compartió una de las ideas planteadas:
"Tener conciencia de que nuestra presencia tiene que ser sobria pero significativa. Es decir, que nuestra tarea evangelizadora conduzca a la paz...Tenemos también la idea de seguir haciendo las peregrinaciones de la vida y la esperanza allí, en aquellos territorios donde la gente más ha sufrido por alguna masacre, por alguna situación de violencia".
Monseñor Orlando Olave, obispo de Ocaña, dio cuenta de una de las realidades compartidas en las jurisdicciones que conforman las provincias eclesiásticas de Bucaramanga y Nueva Pamplona:
"Es esa ausencia del Estado [...] que tiene como resultado la presencia de actores armados que van copando esos territorios. Ese elemento que alimenta esa situación de violencia [...] es la misma realidad de lo ilegal, no solamente el narcotráfico, sino también la minería, pero también los cobros y extorsiones".
Pese a esta compleja situación, el prelado afirmó que la Iglesia seguirá caminando en la esperanza que proviene de Dios. Destacó la presencia permanente que tienen párrocos, agentes de pastoral y catequistas en esos territorios para continuar esta misión.
Por su parte, monseñor Omar Sánchez destacó la importancia de coordinación entre las jurisdicciones de las provincias eclesiásticas de Popayán y Cali para acompañar de forma más consistente e integral a tantas comunidades que hoy están sufriendo en esas zonas críticas del pacífico y suroccidente del país:
“Alentar en la esperanza a partir de nuestros planes de pastoral, llevados a su máxima expresión a partir de un trabajo de unidad episcopal donde nos hagamos visible en las crisis a partir de unos procesos, con las estructuras que ya tenemos de nuestras pastorales sociales que han sido de gran aliento para las comunidades en momentos de crisis. De modo que podamos servir de puente de diálogo, de encuentro, sin que seamos nosotros la solución, podamos sumar como parte de la solución con otros sectores sociales y otros sectores que necesariamente deben involucrarse para poder ayudarle a los territorios a ir resolviendo".
Sobre estos y otros acontecimientos, conozca más detalles a través del informativo del Episcopado Colombiano. Vea a continuación la emisión de este lunes 7 de julio:
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Mar 27 Oct 2026
¿Cómo seguir transmitiendo la fe en este cambio de época? Claves del documento “Venite ad Me”, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe
El 22 de octubre de 2026, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con la aprobación del Santo Padre, dio a conocer el documento Venite ad Me, que ofrece algunas consideraciones para seguir transmitiendo la fe en una sociedad cada vez más secularizada.La reflexión parte de una pregunta fundamental para la misión evangelizadora de la Iglesia: ¿cómo anunciar a Jesucristo y favorecer la transmisión de la fe cuando esta ya no puede darse por supuesta como parte de la herencia cultural y de la vida familiar?¿Se ha debilitado la transmisión de la fe en la familia?En alguna ocasión, el papa Benedicto XVI afirmó: “Cuando, en la percepción de muchos, la fe católica ya no es patrimonio común de la sociedad (…), difícilmente podrá llegar al corazón mediante simples discursos o exhortaciones morales, y menos aún a través de referencias genéricas a los valores cristianos. La apelación valiente e íntegra a los principios es esencial e indispensable; sin embargo, la simple enunciación del mensaje no llega hasta lo más profundo del corazón de la persona, no toca su libertad ni transforma su vida. Lo que fascina es, sobre todo, el encuentro con personas creyentes que, mediante su fe, atraen hacia la gracia de Cristo y dan testimonio de Él”.Estas palabras, pronunciadas por Benedicto XVI el 13 de mayo de 2010, en Fátima, ofrecen una clave para comprender la preocupación que atraviesa el documento Venite ad Me: la necesidad de renovar la evangelización y recuperar la centralidad del encuentro personal con Jesucristo.En efecto, el documento constata una crisis en la transmisión generacional de la fe, especialmente en las sociedades de antigua tradición cristiana. En muchos contextos, ya no es posible dar por supuesta la transmisión de la fe en el ámbito familiar. Esta realidad invita a fortalecer el acompañamiento pastoral y a buscar nuevas formas de anunciar a Jesucristo, sin dejar de reconocer la importancia insustituible de la familia en la educación cristiana.Como recuerda la exhortación apostólica Evangelii gaudium, del papa Francisco, “Tampoco podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico”. El documento señala, además, que muchas personas se sienten desencantadas y dejan de identificarse con la tradición católica, mientras aumenta el número de padres que no bautizan a sus hijos ni les enseñan a rezar.No se trata, por tanto, de afirmar que la familia haya dejado de ser un lugar de transmisión de la fe, sino de reconocer que esta tarea ya no puede darse por descontada y que necesita ser acompañada, fortalecida y renovada.Al centro está de nuevo el primer anuncio: el kerigmaLa preocupación por renovar la transmisión de la fe ya estaba presente en el magisterio del papa Francisco, quien solicitó al Dicasterio para la Doctrina de la Fe una reflexión sobre esta cuestión. Posteriormente, el papa León XIV retomó esta urgencia en su discurso a los obispos italianos, en junio de 2025, al insistir en la necesidad de poner a Jesucristo en el centro del anuncio y de la existencia cristiana.En aquella ocasión, el Santo Padre señaló la importancia de ayudar a las personas a vivir una relación personal con Cristo para descubrir la alegría del Evangelio. En un contexto de gran fragmentación, insistió en la necesidad de volver a los fundamentos de la fe, al kerigma, como primer compromiso que impulsa todos los demás.En esta misma perspectiva, Venite ad Me propone volver al kerigma, es decir, al anuncio de lo esencial de la fe. Se trata de reconocer que las referencias a los valores morales y las exhortaciones a los principios cristianos, aun siendo importantes, no pueden dar por supuesto aquello que es previo y fundamental: el encuentro con Cristo.Para transmitir la fe hoy no basta con enseñar un conjunto de contenidos doctrinales o de informaciones religiosas, como podía suceder hace varias décadas, cuando el Evangelio se “respiraba” cotidianamente en la familia y en la sociedad.Volver al kerigma significa poner en el centro el anuncio de que Dios nos ama, que Jesucristo entregó su vida por nuestra salvación, resucitó y permanece vivo y presente en medio de nosotros. No se trata de restar importancia a la formación doctrinal, sino de reconocer que esta debe estar vinculada con el encuentro personal con Cristo y con una experiencia de fe capaz de transformar la vida.¿Cuáles son las consideraciones para seguir transmitiendo la fe?El documento invita a reconocer los espacios y las experiencias que hacen posible el encuentro con Cristo y favorecen una transmisión viva de la fe.En primer lugar, destaca la importancia de la familia y de la comunidad eclesial. Como señala el número 30, mientras la Iglesia está llamada a comunicar y hacer resplandecer la luz de Cristo, “la familia constituye el primer y más esencial lugar de transmisión de la fe”.Este desafío exige acompañar a las familias y ayudarles a descubrir que la transmisión de la fe no se reduce a comunicar conocimientos religiosos. También supone enseñar a orar, compartir la vida cristiana, celebrar la fe y dar testimonio de ella mediante las decisiones cotidianas y el servicio a los demás.De igual manera, resulta fundamental el testimonio de las personas que han experimentado el encuentro con Cristo o han redescubierto una relación viva con Él. Sus experiencias pueden convertirse en una invitación para que otros se acerquen a la fe y descubran la presencia de Dios en sus propias vidas.Por eso, la transmisión de la fe no puede depender únicamente de discursos, actividades formativas o estrategias de comunicación. Necesita comunidades acogedoras en las que el anuncio del Evangelio se haga visible mediante relaciones fraternas, el acompañamiento personal, la celebración de los sacramentos y el compromiso con quienes más sufren.La tarea evangelizadora implica, en definitiva, crear condiciones para que las personas puedan encontrarse con Jesucristo, profundizar en su relación con Él y descubrir cómo la fe ilumina sus decisiones, sus relaciones y su compromiso con los demás.El aporte de la Conferencia Episcopal de ColombiaEl documento recoge testimonios personales y eclesiales que permiten comprender los desafíos de la transmisión de la fe en distintos contextos culturales. Para su elaboración, numerosas conferencias episcopales enviaron materiales y experiencias que contribuyen a enriquecer la reflexión.En Colombia, como en otros lugares, los abuelos desempeñan un papel significativo al suplir, en algunos casos, las carencias de la catequesis en el hogar, junto con el acompañamiento de las parroquias. En otros contextos, las condiciones culturales pueden influir incluso en el momento en que las familias solicitan el Bautismo para sus hijos, como se señala en el caso de algunas comunidades de la Amazonía peruana.Estas experiencias muestran que la transmisión de la fe ya no puede considerarse un proceso automático. La realidad de cada comunidad exige discernir cómo anunciar el Evangelio, acompañar a las familias y favorecer experiencias significativas de encuentro con Cristo.Entre los testimonios recogidos en el documento también se encuentra una experiencia procedente de Colombia que ilustra la fuerza transformadora del anuncio cristiano. Se trata de una persona que, después de atravesar situaciones de drogadicción, delincuencia y desamparo, encontró un camino de conversión gracias al acompañamiento de una fundación cristiana. La oración del rosario, la lectio divina y la Eucaristía fueron elementos importantes en su proceso de transformación. Posteriormente, esta persona llegó a convertirse en misionera y comenzó a acompañar a otros jóvenes.Este testimonio permite reconocer que la transmisión de la fe no se limita a la infancia ni termina con la catequesis sacramental. El encuentro con Cristo puede abrir nuevos horizontes en distintas etapas de la vida, especialmente cuando está acompañado por una comunidad que acoge, escucha y ayuda a reconstruir la esperanza.La experiencia colombiana pone así de relieve dos desafíos complementarios: fortalecer la transmisión de la fe en el ámbito familiar y comunitario, y promover procesos de evangelización capaces de acompañar a quienes buscan un sentido para su vida, atraviesan situaciones difíciles o desean reencontrarse con Dios.Signos de esperanza para una nueva etapa evangelizadoraLa situación actual de la Iglesia no debe conducir a la desesperanza. Por el contrario, el cambio de época puede convertirse en una oportunidad para una adhesión a la fe más consciente, libre y convencida.Los obispos de Bélgica destacan que esta situación permite a las personas elegir conscientemente profundizar en su fe. En una perspectiva semejante, los obispos de Chile señalan que la fe ya no puede presuponerse como una herencia cultural estable ni como una adhesión espontánea a un universo simbólico compartido. Se presenta, más bien, como una propuesta que debe ser acogida libremente y acompañada mediante procesos que tengan sentido para la vida.En este contexto, resulta especialmente esperanzador el aumento de conversiones y retornos a la Iglesia, particularmente entre jóvenes y adultos jóvenes. Francia constituye un ejemplo notable: en 2026, el número de adultos bautizados creció un 28 % respecto al año anterior y superó en más de tres veces la cifra registrada en 2016. La mayoría de quienes solicitan el Bautismo tiene menos de 40 años, y aproximadamente la mitad está entre los 18 y los 25 años.Entre las motivaciones para acercarse a la fe se encuentran las crisis personales, como el duelo o la enfermedad; las experiencias espirituales y de belleza, y el encuentro con otros creyentes, tanto presencialmente como a través de las redes sociales.Estos signos invitan a reconocer que, incluso en sociedades marcadas por la secularización, siguen existiendo búsquedas espirituales y oportunidades para anunciar el Evangelio. La respuesta de la Iglesia está llamada a integrar el anuncio explícito de Jesucristo, el testimonio de vida, el acompañamiento y el compromiso con los demás, sin reducir la misión a una estrategia de conservación institucional.Volver a Cristo para renovar la transmisión de la feEl documento Venite ad Me invita, en definitiva, a iniciar una nueva etapa evangelizadora, como ya lo había pedido el papa Francisco en Evangelii gaudium y ha reiterado el papa León XIV.La misión de la Iglesia no puede reducirse a conservar lo recibido ni a transmitir contenidos de manera aislada: está llamada a anunciar a Jesucristo, propiciar el encuentro con Él y dar testimonio de una fe que transforma la vida.En este cambio de época, el desafío no consiste solamente en encontrar nuevas formas de comunicar el Evangelio, sino en hacer visible, mediante familias acompañadas y comunidades acogedoras y misioneras, la alegría de haber encontrado a Cristo.Volver al kerigma es, por tanto, volver al corazón de la fe y de la misión de la Iglesia: anunciar a Jesucristo para que cada persona pueda encontrarse con Él, acoger libremente su amor y descubrir la esperanza que nace del Evangelio.
Vie 23 Oct 2026
Comunicado de la Diócesis de Ipiales: llamado urgente a los actores armados para que respeten la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades
La Iglesia en Ipiales, representada por monseñor José Saúl Grisales Grisales, hace nuevamente un llamado a los actores armados para que respeten el Derecho Internacional Humanitario y protejan la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades afectadas por el conflicto armado. Se trata de poblaciones que han sufrido heridas, han perdido sus hogares y se han visto obligadas a desplazarse ante las amenazas contra su vida y su tranquilidad.En su comunicado, monseñor Grisales retoma las palabras del papa León XIV: “Exhorto a todos a rechazar cualquier forma de violencia y optar decididamente por el camino de la paz” (Audiencia general, 29 de abril de 2026).La Iglesia que camina en los territorios colombianos reitera su disposición de acompañar a las víctimas y a las comunidades, escuchando sus necesidades y trabajando por la construcción de la paz. Asimismo, hace un llamado a las instituciones y organizaciones humanitarias para que unan esfuerzos y garanticen a las familias afectadas una atención oportuna y digna, así como el respeto efectivo de los derechos humanos.Este pronunciamiento expresa la preocupación de la Iglesia por la persistencia de la violencia en nuestros territorios y, especialmente, por el sufrimiento de quienes padecen las consecuencias de las confrontaciones armadas. Ante esta realidad, la Iglesia continúa anunciando la paz de Cristo resucitado, esa “paz humilde y perseverante” de la que nos habla el papa León XIV.Fiel a su misión de ser experta en humanidad, la Iglesia seguirá acompañando a las comunidades que sufren y alzando su voz en defensa de la vida, la dignidad humana y el derecho de todos a vivir en paz.Descargue aquí el comunicado completo de la Diócesis de Ipiales.
Lun 19 Oct 2026
Presidente del episcopado colombiano llama a fortalecer la pastoral familiar tras encuentro en el Vaticano
Al concluir en el Vaticano el encuentro internacional sobre la exhortación apostólica del papa Francisco, monseñor Francisco Javier Múnera Correa destacó el protagonismo evangelizador de las familias y la necesidad de acompañarlas en sus distintas realidades. El papa León XIV invitó a compartir los frutos de esta reflexión con las Iglesias locales.La necesidad de renovar el compromiso evangelizador con las familias, fortalecer el acompañamiento pastoral y reconocer su protagonismo en la vida de la Iglesia fueron algunos de los principales énfasis del encuentro internacional «Diez años después de Amoris Laetitia: proclamando el Evangelio con las familias hoy», que concluyó el 14 de octubre en el Vaticano con la participación de monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia.Al término de las jornadas, desarrolladas del 7 al 14 de octubre por convocatoria de la Santa Sede, el prelado colombiano señaló que este aniversario constituye una oportunidad para profundizar en la riqueza doctrinal y pastoral de Amoris Laetitia, exhortación apostólica publicada por el papa Francisco en 2016, como fruto de los dos Sínodos de los Obispos sobre la Familia realizados en 2014 y 2015.«Tal vez la primera invitación que necesitamos todos es volver a conocerla, profundizar la riqueza doctrinal y pastoral que ella nos ofrece», expresó monseñor Múnera en un mensaje grabado desde Roma el día de la clausura del encuentro.Las familias, protagonistas de la evangelizaciónUno de los énfasis del presidente del episcopado colombiano fue el papel de las propias familias en la transmisión de la fe y en el acompañamiento a otros hogares. Destacó que aquellas que viven su vocación evangelizadora pueden convertirse en referentes para los nuevos matrimonios y, al mismo tiempo, brindar apoyo concreto a quienes atraviesan dificultades.«Las familias evangelizadoras son, por una parte, faro para ayudar a los nuevos matrimonios, a las nuevas familias. Pero también se necesita esa lámpara concreta, cercana, que apoya, que acompaña a las familias en dificultades, a las familias heridas», afirmó.Esta perspectiva estuvo en sintonía con las reflexiones del encuentro, en el que se abordaron las transformaciones sociales, culturales y económicas que inciden en la vida familiar, así como la necesidad de acompañar las fragilidades de los hogares y ofrecer respuestas pastorales acordes con sus circunstancias.Entre los asuntos destacados estuvo la importancia de brindar ayuda espiritual y concreta ante situaciones de violencia y maltrato en el hogar, con especial atención a la protección de los niños y las personas vulnerables. También se insistió en la necesidad de promover espacios de escucha y apoyo que permitan a las familias buscar ayuda sin estigmatización.Ante estos desafíos, monseñor Múnera hizo un llamado a fortalecer la articulación pastoral y la participación de las comunidades eclesiales. «Es una invitación para que podamos construir pastorales más articuladas, más sinodales, más centradas en la acción evangelizadora de la familia», señaló.Papa León XIV: compartir los frutos del encuentro con las Iglesias localesAl concluir las jornadas, el papa León XIV envió un mensaje a los participantes, en el que agradeció las oraciones, el trabajo realizado y el intercambio de experiencias, así como los testimonios de las familias que compartieron sus alegrías, dificultades y esperanzas.El Santo Padre anunció que leerá los resultados de las deliberaciones y ofrecerá sus reflexiones posteriormente. Entretanto, invitó a los participantes a compartir lo vivido y aprendido con sus respectivas conferencias episcopales y diócesis, y a continuar anunciando el Evangelio con las familias, inspirados en la riqueza de Amoris Laetitia.En particular, expresó su deseo de que las familias sigan participando activamente en la vida y la misión de las Iglesias locales, contribuyendo también al discernimiento de los caminos pastorales por seguir.El mensaje pontificio refuerza una de las orientaciones centrales de las jornadas: las familias no son únicamente destinatarias de la acción pastoral, sino participantes activas en la evangelización y en la construcción de comunidades eclesiales más cercanas a las realidades de las personas.La familia, escuela de humanidad y solidaridadEn su balance, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia destacó el aporte de la familia al cuidado y la protección de la vida, la formación humana y el surgimiento de las vocaciones. También la describió como una escuela de solidaridad, cuyo valor trasciende el ámbito doméstico y repercute en la vida comunitaria.Por ello, agradeció a los movimientos, asociaciones, comunidades parroquiales, obispos, matrimonios y familias que asumen la tarea de acompañar y sostener a otros hogares. De manera especial, reconoció el testimonio de quienes proponen a las nuevas generaciones la belleza del matrimonio y la vida familiar.«Las familias son y están llamadas a ser protagonistas de la acción misionera y evangelizadora para con todas las familias, en todas sus situaciones concretas, apoyarlas y sostenerlas», concluyó monseñor Múnera.El encuentro culminó con la presentación y discusión de un documento de síntesis que recoge las principales reflexiones de las jornadas. Entre sus ejes se encuentran los cambios que afrontan las familias en el mundo contemporáneo, la fragilidad, el acompañamiento pastoral y la necesidad de encontrar respuestas a los nuevos interrogantes que surgen en una sociedad en transformación.Vea a continuación el mensaje conclusivo del presidente del episcopado colombiano:
Vie 16 Oct 2026
Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia
El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual: