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25 años de ‘Familias Misioneras’: sembrando fe y esperanza en los hogares de la Diócesis de Sonsón-Rionegro
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Con el eco del llamado universal a ser “Misioneros de esperanza entre los pueblos”, hecho durante el pasado 19 de octubre, Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), la Diócesis de Sonsón-Rionegro conmemora por estos días los 25 años de la iniciativa pastoral 'Familias Misioneras'. Este programa, que nació en la Parroquia El Señor de las Misericordias, en el municipio de El Santuario (Antioquia), es hoy un signo vivo de una Iglesia en salida que responde a ese llamado desde lo más profundo de su territorio.
Una celebración en sintonía con la Iglesia Universal
En el contexto del Mes Misionero, la celebración de aniversario no pudo ser más significativa: unió la historia local de fe con el corazón mismo de la misión universal de la Iglesia. “Estuvimos de fiesta porque perseveraron muchas familias a lo largo de 25 años y han expandido el Evangelio”, explicó el padre Renzo Martínez, Delegado Episcopal para la Animación Misionera.
La Eucaristía fue presidida por monseñor Fidel León Cadavid Marín, obispo diocesano. Durante la homilía, resaltó que las 'Familias Misioneras' son “semilla de comunión, testimonio de amor y signo visible de una Iglesia en salida que evangeliza desde el hogar”.
Más que un grupo, una obra de animación misionera
'Familias Misioneras' no es una asociación o movimiento más, es una obra de propagación de la fe que presta un servicio de animación misionera a toda la Iglesia. Su objetivo es formar familias que sean misioneras en su interior, en su comunidad local y hacia todas las personas.
“Este programa consiste en ver a la familia como una célula vital para la evangelización de otras familias”, explica el padre Martínez. “Para los cristianos y bautizados, ser cristiano exige ser misionero. Está en el ADN propio, es decir, compartir la experiencia del encuentro con Cristo”. Y agrega: “Si queremos un ciudadano de bien, hay que mirar cómo se educa al niño. Estaremos edificando al hombre del mañana”.
Un método que transforma: del hogar al mundo
El programa ofrece un camino concreto de formación y acción. Martha Oliva Salazar, una de las fundadoras, describe la metodología: “Se evangeliza primero dentro del hogar. Tenemos un día semanal donde compartimos una comida especial, colocamos la Palabra de Dios, el Rosario, una luz y conversamos con los hijos sobre el amor de Dios”.
Luego, la misión se expande a todo el territorio diocesano. “Nos pide que salgamos a la comunidad, que es nuestro vecino. Vamos, le hablamos de Dios, le leemos la Palabra, rezamos un rosario y compartimos un alimento”, añade Martha. Este sencillo pero profundo gesto ha sido semilla de numerosas conversiones y reconciliaciones.
Testimonios de transformación
El poder transformador de 'Familias Misioneras' se ve en historias como la de Ángela Janeth Orozco. “Inicié Familias Misioneras a los seis años de haber construido mi relación. Mi esposo era un hombre de mucho mundo...Licor, peleas”, recuerda. A través del acompañamiento constante de integrantes de esta obra misionera, y “con mucha oración y paciencia”, Ángela logró que su esposo se acercara a la fe y transformara su relación. “Ahora sí, Eucaristía como debe ser, confesión, comunión y a formar a mis niños”, enfatiza.
Marta Jaramillo, otra pilar del programa junto a su esposo, destaca el trabajo de consejería y acompañamiento que realizan: “Encontramos conflictos familiares, dificultad para la convivencia...Hemos hecho varios procesos para que parejas que llevan muchos años en unión libre regularicen su situación sacramental”.
Frutos que se multiplican en el territorio
De las diez familias fundadoras, el programa ha dado frutos abundantes. Hoy existen grupos de oración, escuelas de evangelización, el Rosario de casa en casa y un Centro de Escucha en unión con la Pastoral Familiar. “Son ramitas que se han desprendido de Familias Misioneras”, comenta Marta Jaramillo.
La celebración de estos 25 años, que incluyó una Asamblea Familiar y una Eucaristía de acción de gracias, contó con la presencia de la Secretaria Nacional de la Obra de la Propagación de la Fe, la hermana Patricia Llano, y del presidente nacional de Familias Misioneras, José Benjumea, quienes destacaron la trayectoria de este movimiento que ha formado generaciones de familias evangelizadoras al servicio de la Iglesia. Un acontecimiento que permite seguir estrechando el vínculo entre la misión local y el servicio misionero universal.
'Familias Misioneras' se ha convertido un faro de esperanza que, desde el corazón de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, demuestra que la familia, evangelizada, se convierte en la mejor evangelizadora, respondiendo con creces al llamado del DOMUND y construyendo, día a día, el Año Jubilar de la Esperanza.
“Amar a la familia. Primero amemos a nuestra familia…Segundo, la riqueza que tenemos como familia, el tejido humano cristiano, compartámoslo con los demás. Qué bonito es que la familia esté en salida”, son las invitaciones que hace el padre Renzo Martínez a las demás familias del país.
Vea a continuación el informe audiovisual:
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Vie 23 Oct 2026
Comunicado de la Diócesis de Ipiales: llamado urgente a los actores armados para que respeten la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades
La Iglesia en Ipiales, representada por monseñor José Saúl Grisales Grisales, hace nuevamente un llamado a los actores armados para que respeten el Derecho Internacional Humanitario y protejan la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades afectadas por el conflicto armado. Se trata de poblaciones que han sufrido heridas, han perdido sus hogares y se han visto obligadas a desplazarse ante las amenazas contra su vida y su tranquilidad.En su comunicado, monseñor Grisales retoma las palabras del papa León XIV: “Exhorto a todos a rechazar cualquier forma de violencia y optar decididamente por el camino de la paz” (Audiencia general, 29 de abril de 2026).La Iglesia que camina en los territorios colombianos reitera su disposición de acompañar a las víctimas y a las comunidades, escuchando sus necesidades y trabajando por la construcción de la paz. Asimismo, hace un llamado a las instituciones y organizaciones humanitarias para que unan esfuerzos y garanticen a las familias afectadas una atención oportuna y digna, así como el respeto efectivo de los derechos humanos.Este pronunciamiento expresa la preocupación de la Iglesia por la persistencia de la violencia en nuestros territorios y, especialmente, por el sufrimiento de quienes padecen las consecuencias de las confrontaciones armadas. Ante esta realidad, la Iglesia continúa anunciando la paz de Cristo resucitado, esa “paz humilde y perseverante” de la que nos habla el papa León XIV.Fiel a su misión de ser experta en humanidad, la Iglesia seguirá acompañando a las comunidades que sufren y alzando su voz en defensa de la vida, la dignidad humana y el derecho de todos a vivir en paz.Descargue aquí el comunicado completo de la Diócesis de Ipiales.
Lun 19 Oct 2026
Presidente del episcopado colombiano llama a fortalecer la pastoral familiar tras encuentro en el Vaticano
Al concluir en el Vaticano el encuentro internacional sobre la exhortación apostólica del papa Francisco, monseñor Francisco Javier Múnera Correa destacó el protagonismo evangelizador de las familias y la necesidad de acompañarlas en sus distintas realidades. El papa León XIV invitó a compartir los frutos de esta reflexión con las Iglesias locales.La necesidad de renovar el compromiso evangelizador con las familias, fortalecer el acompañamiento pastoral y reconocer su protagonismo en la vida de la Iglesia fueron algunos de los principales énfasis del encuentro internacional «Diez años después de Amoris Laetitia: proclamando el Evangelio con las familias hoy», que concluyó el 14 de octubre en el Vaticano con la participación de monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia.Al término de las jornadas, desarrolladas del 7 al 14 de octubre por convocatoria de la Santa Sede, el prelado colombiano señaló que este aniversario constituye una oportunidad para profundizar en la riqueza doctrinal y pastoral de Amoris Laetitia, exhortación apostólica publicada por el papa Francisco en 2016, como fruto de los dos Sínodos de los Obispos sobre la Familia realizados en 2014 y 2015.«Tal vez la primera invitación que necesitamos todos es volver a conocerla, profundizar la riqueza doctrinal y pastoral que ella nos ofrece», expresó monseñor Múnera en un mensaje grabado desde Roma el día de la clausura del encuentro.Las familias, protagonistas de la evangelizaciónUno de los énfasis del presidente del episcopado colombiano fue el papel de las propias familias en la transmisión de la fe y en el acompañamiento a otros hogares. Destacó que aquellas que viven su vocación evangelizadora pueden convertirse en referentes para los nuevos matrimonios y, al mismo tiempo, brindar apoyo concreto a quienes atraviesan dificultades.«Las familias evangelizadoras son, por una parte, faro para ayudar a los nuevos matrimonios, a las nuevas familias. Pero también se necesita esa lámpara concreta, cercana, que apoya, que acompaña a las familias en dificultades, a las familias heridas», afirmó.Esta perspectiva estuvo en sintonía con las reflexiones del encuentro, en el que se abordaron las transformaciones sociales, culturales y económicas que inciden en la vida familiar, así como la necesidad de acompañar las fragilidades de los hogares y ofrecer respuestas pastorales acordes con sus circunstancias.Entre los asuntos destacados estuvo la importancia de brindar ayuda espiritual y concreta ante situaciones de violencia y maltrato en el hogar, con especial atención a la protección de los niños y las personas vulnerables. También se insistió en la necesidad de promover espacios de escucha y apoyo que permitan a las familias buscar ayuda sin estigmatización.Ante estos desafíos, monseñor Múnera hizo un llamado a fortalecer la articulación pastoral y la participación de las comunidades eclesiales. «Es una invitación para que podamos construir pastorales más articuladas, más sinodales, más centradas en la acción evangelizadora de la familia», señaló.Papa León XIV: compartir los frutos del encuentro con las Iglesias localesAl concluir las jornadas, el papa León XIV envió un mensaje a los participantes, en el que agradeció las oraciones, el trabajo realizado y el intercambio de experiencias, así como los testimonios de las familias que compartieron sus alegrías, dificultades y esperanzas.El Santo Padre anunció que leerá los resultados de las deliberaciones y ofrecerá sus reflexiones posteriormente. Entretanto, invitó a los participantes a compartir lo vivido y aprendido con sus respectivas conferencias episcopales y diócesis, y a continuar anunciando el Evangelio con las familias, inspirados en la riqueza de Amoris Laetitia.En particular, expresó su deseo de que las familias sigan participando activamente en la vida y la misión de las Iglesias locales, contribuyendo también al discernimiento de los caminos pastorales por seguir.El mensaje pontificio refuerza una de las orientaciones centrales de las jornadas: las familias no son únicamente destinatarias de la acción pastoral, sino participantes activas en la evangelización y en la construcción de comunidades eclesiales más cercanas a las realidades de las personas.La familia, escuela de humanidad y solidaridadEn su balance, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia destacó el aporte de la familia al cuidado y la protección de la vida, la formación humana y el surgimiento de las vocaciones. También la describió como una escuela de solidaridad, cuyo valor trasciende el ámbito doméstico y repercute en la vida comunitaria.Por ello, agradeció a los movimientos, asociaciones, comunidades parroquiales, obispos, matrimonios y familias que asumen la tarea de acompañar y sostener a otros hogares. De manera especial, reconoció el testimonio de quienes proponen a las nuevas generaciones la belleza del matrimonio y la vida familiar.«Las familias son y están llamadas a ser protagonistas de la acción misionera y evangelizadora para con todas las familias, en todas sus situaciones concretas, apoyarlas y sostenerlas», concluyó monseñor Múnera.El encuentro culminó con la presentación y discusión de un documento de síntesis que recoge las principales reflexiones de las jornadas. Entre sus ejes se encuentran los cambios que afrontan las familias en el mundo contemporáneo, la fragilidad, el acompañamiento pastoral y la necesidad de encontrar respuestas a los nuevos interrogantes que surgen en una sociedad en transformación.Vea a continuación el mensaje conclusivo del presidente del episcopado colombiano:
Vie 16 Oct 2026
Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia
El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual:
Mar 13 Oct 2026
La Iglesia colombiana se une en oración por el papa León XIV tras confirmarse su diagnóstico de cáncer pulmonar
El examen del tejido extirpado durante una cirugía torácica confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar. Según informó la Santa Sede, la intervención concluyó sin complicaciones y el Santo Padre despertó con normalidad. La Iglesia Católica en Colombia se une en oración por su salud e invita a todos los fieles del país a acompañarlo espiritualmente.La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó este martes 13 de octubre sobre la evolución del papa León XIV, luego de la intervención de cirugía torácica a la que fue sometido, según lo previsto. El procedimiento consistió en la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica asistida por video.En el comunicado, se confirma que el examen histológico realizado durante la intervención permitió establecer el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, "como se sospechaba a partir de las pruebas preoperatorias".Sobre el desarrollo de la cirugía, la Santa Sede precisó que el Santo Padre permaneció aproximadamente tres horas en el quirófano y que la intervención tuvo una duración cercana a los 90 minutos. El comunicado señala que "la intervención fue exitosa y no hubo complicaciones".Tras el procedimiento, el Papa "se despertó con normalidad" y, después de un breve periodo de observación, regresó a su habitación en el Policlínico Universitario Agostino Gemelli, conocido como Hospital Gemelli, según el informe médico.La Iglesia en Colombia se une en oración por el Santo PadreAnte esta noticia, la Iglesia Católica en Colombia expresa su cercanía espiritual al papa León XIV y se une en oración por su salud y recuperación. La Conferencia Episcopal de Colombia invita a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y a todos los fieles del país a elevar sus oraciones a Dios por el Santo Padre, pidiendo que lo fortalezca en este momento y acompañe su proceso de recuperación.Asimismo, anima a las comunidades parroquiales, movimientos apostólicos y familias a hacer de la oración una expresión de comunión eclesial, esperanza y cercanía con el pontífice, encomendándolo a la protección maternal de la Virgen María.Vea a continuación el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia: