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Iglesia promoverá proyecto nacional para impulsar la vida en Colombia
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La Conferencia Episcopal de Colombia reunió a los delegados de la pastoral de la vida de diversas jurisdicciones del país para construir las bases de lo que será un proyecto nacional que impulse la vida humana desde distintos niveles y la sitúe en el centro del compromiso eclesial.
Al encuentro, desarrollado del 20 al 22 de febrero en Bogotá, asistieron 28 representantes, entre sacerdotes, religiosas y laicos, de 14 diócesis y arquidiócesis. Desde abril de 2016, este es el cuarto encuentro de este tipo que convoca el Departamento de Promoción y Defensa de la Vida del Secretariado Permanente del Episcopado Colombia (SPEC). Monseñor Francisco Antonio Ceballos Escobar, obispo de Riohacha y presidente de la Comisión Episcopal de Promoción y Defensa de la Vida, lideró el espacio.
Entre las principales estrategias propuestas para este plan, fruto de los espacios de diálogo y trabajo conjunto desarrolladas durante la reunión, se destacan: la necesidad de brindar mayor formación a las personas vinculadas a estas pastorales, el trabajo conjunto entre provincias eclesiásticas, y la articulación de los diferentes actores y sectores que propenden por la vida. Acciones que, según afirman organizadores y participantes, permitirán alcanzar un mejor impacto eclesial, así como mayor incidencia a nivel social y legislativo.
“Primeramente saber el activo que tenemos, qué diócesis tienen la pastoral de defensa y promoción de la vida humana. Luego, encontrarnos como agentes de pastoral para crear proyectos comunes y, de esa manera, tener un poco más de fuerza de injerencia con una voz que sea escuchada por los diferentes sectores de la sociedad”, afirmó monseñor Ceballos sobre la motivación y los alcances de este encuentro.
Para el obispo de Riohacha, otro de los grandes desafíos que abordará este plan se enmarca en la necesidad de lograr mayor incidencia sobre actual agenda legislativa del país en temas asociados a la vida. Agenda que, según ha dicho, parece favorecer más una “cultura de la muerte”.
“Qué bueno que nosotros como Iglesia también formemos la conciencia de los legisladores, porque muchas veces legislan sin conocimientos concretos y si nosotros nos ofrecemos dar algunas pautas de conocimiento, de la ética misma, pienso que ellos lo pensarán dos veces antes de tomar las decisiones”, agregó el prelado.
El encuentro contó con la intervención de diversos especialistas en el tema de la vida. Estos, abordaron dimensiones como la situación jurídica de la promoción y defensa de la vida en Colombia, actualización que estuvo a cargo de la abogada Ana María Idárraga Martínez, vinculada a la Clínica Jurídica de Interés Público y Derechos Humanos de la Universidad de La Sabana.
En el espacio también se socializaron algunas experiencias pastorales significativas en torno a la promoción y cuidado de la vida humana. Entre ellas, el Centro de Orientación para la vida y la familia de la Diócesis del Espinal; la iniciativa sobre dignidad Humana y salud mental que se impulsa desde el Obispado Castrense; el programa “Viñedo de Raquel”, fundamentado en el acompañamiento psicológico y espiritual para el apoyo a la sanación después de un aborto; así como el “Itinerario espiritual de acompañamiento a la gestación”.
Existen otras iniciativas impulsadas a nivel de Iglesias particulares expuestas durante el encuentro que también han dado importantes frutos pero que, a través de este plan, se podrían fortalecer. Por ejemplo, en la Arquidiócesis de Cartagena se lleva a cabo el impulso de la pastoral de la vida con rostro social y solidario a través de diversos programas desde los que se atiende y acompaña a niñas y adolescentes que han sufrido abusos o violencias en sus entornos familiares, escolares o comunitarios, como el caso de Talitha Qum; o la Casa María Revive que atiende a personas en situación de calle. Además, el trabajo articulado con la pastoral hospitalaria que atiende a los enfermos y familiares.
“Estamos obviamente trabajando para que el tema de la defensa de la vida también vaya cubriendo los inicios y los finales de la vida, sobre todo cuando se trata del tema de aborto y todo el tema de la eutanasia y encarnizamiento terapéutico”, agrega el padre Víctor Antonio Bustamante, delegado de esta jurisdicción.
Desde la Diócesis de Chiquinquirá y a través de comunidades religiosas como las Hijas Misioneras del Siquén de María, quienes atienden tanto a familias en crisis, como a aquellas que se quieren conformar. También, acompañan a jóvenes que están por tener hijos, o a quienes ya teniéndolos enfrentan dificultades para transmitirles los valores cristianos, especialmente los asociados al cuidado de la vida, al respeto del que está por nacer y también del abuelo.
“Desde la Iglesia tenemos ese gran reto de formarnos más profundamente en temas de bioética, en temas de cuidado también e involucramiento con las familias para volver a recordar nuestros valores, nuestra moral cristiana a cada una de estas familias. Es muy importante que nos articulemos, que esa formación no sea aislada, que somos una sola Iglesia y que, como Cristo es uno, nosotros también estamos llamados no solo a formarnos, a ejecutar juntos, sino a permanecer siempre con el mismo objetivo y horizonte”, expresa la hermana Natividad del Sagrado Corazón de Jesús, delegada de esta Iglesia particular en Boyacá.
Por su parte, la Diócesis de San José del Guaviare realiza un trabajo permanente por la defensa de la vida en articulación directa con la organización de acción internacional conocida como '40 días por la vida'. Sin embargo, trabajan ya en la conformación de una pastoral diocesana de la vida que les permita unir todas las dimensiones y esfuerzos.
“Se va a formar la pastoral del sufrimiento, que es la que articula hospitales, la parte de los geriátricos, cárcel, vulnerabilidad y de mamas en crisis de aborto y situaciones relacionadas con suicidios”, afirma Ibeth Unda Rayo, Virgen Consagrada, representante de estas diócesis en el departamento del Guaviare.
A continuación, vea el informe audiovisual del evento:
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Jue 27 Ago 2026
Monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias inició su ministerio como nuevo obispo de Yopal
En una celebración marcada por la comunión episcopal, sacerdotal y laical, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias asumió este jueves 27 de agosto el pastoreo de la Diócesis de Yopal, luego de su nombramiento por parte del papa León XIV el pasado 29 de junio.La Catedral San José de Yopal fue escenario este jueves 27 de agosto de la posesión canónica de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como tercer obispo de la Diócesis de Yopal. La celebración reunió a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas, autoridades civiles y militares, delegaciones parroquiales, movimientos apostólicos, fieles laicos y familiares del nuevo pastor.Como metropolitano de la provincia eclesiástica a la que pertenece la Diócesis de Yopal, monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzobispo de Tunja y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, tuvo a su cargo la lectura de las letras apostólicas mediante las cuales el papa León XIV confió a monseñor Sanabria Arias esta nueva misión pastoral.El nombramiento había sido anunciado por la Santa Sede el pasado 29 de junio. Hasta entonces, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias se desempeñaba como vicario apostólico de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, servicio que ejerció desde 2016 y desde el cual ahora llega a la Iglesia particular de Yopal. La celebración contó también con la presencia de los anteriores pastores de esta diócesis: monseñor Misael Vacca Ramírez, actual arzobispo de Villavicencio, y monseñor Édgar Aristizábal Quintero, actual obispo de Duitama-Sogamoso. A ellos se sumaron los obispos de la Provincia Eclesiástica de Tunja y otros pastores de diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país, como expresión de la comunión que caracteriza la vida de la Iglesia. En representación de la Nunciatura Apostólica en Colombia, estuvo monseñor In Je Hwang.También acompañaron la celebración sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos provenientes del Vicariato Apostólico de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, comunidad eclesial que acompañó a monseñor Sanabria durante los años de su ministerio episcopal en el Caribe colombiano.“Más que un territorio le entregamos una misión”Durante la celebración, el padre Jeison Andrey Salguero, quien estuvo al frente de la diócesis como administrador diocesano durante el periodo de sede vacante, dio la bienvenida al nuevo obispo en nombre de la comunidad eclesial de Yopal.Al recordar la historia de esta Iglesia particular y agradecer el servicio de quienes la han pastoreado, destacó que monseñor Sanabria Arias recibe una diócesis con fortalezas y desafíos, comunidades que necesitan ser revitalizadas, sacerdotes que entregan generosamente su vida, familias que buscan permanecer firmes, jóvenes que esperan ser escuchados y personas que necesitan experimentar el rostro misericordioso de Cristo.“Más que una estructura, hoy queremos entregarle una familia; más que una institución queremos entregarle un pueblo y más que un territorio le entregamos una misión”, expresó el sacerdote.El administrador diocesano manifestó además la disposición del clero y de las comunidades para caminar junto al nuevo obispo, poniendo a su servicio sus dones, experiencia y voluntad de trabajar por una Iglesia “más unida, más cercana, más servidora, más misionera”.La Diócesis de Yopal permanecía en sede vacante desde el 19 de julio de 2024, fecha en la que monseñor Édgar Aristizábal Quintero dejó esta jurisdicción para asumir como obispo de Duitama-Sogamoso.Una Iglesia que reconoce a Cristo como único PastorEn su primera homilía como obispo de Yopal, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias centró su reflexión en el mandato misionero de Jesús: “Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio”, afirmando que con estas palabras comienza su ministerio episcopal en la diócesis casanareña.A partir de las lecturas proclamadas durante la celebración, presentó tres aspectos que, según explicó, definen su comprensión de la misión episcopal.El primero es reconocer a Dios como el único y verdadero Pastor. Recordó que el obispo no es dueño de la comunidad, sino colaborador del Buen Pastor, llamado a guiar, escuchar y acompañar al pueblo de Dios. En este sentido, retomó una reflexión del papa Francisco para señalar que el obispo debe saber estar “al frente” para orientar, “en medio” para escuchar y “detrás” para acompañar y levantar a quienes puedan quedar rezagados.El segundo eje planteado por el nuevo obispo es el propósito de avanzar hacia una Iglesia sinodal, en la que todos los bautizados puedan participar activamente en la misión evangelizadora.“Una Iglesia sinodal nos invita a caminar juntos”, afirmó, señalando tres desafíos concretos: reconocer que la verdad se busca comunitariamente bajo la guía del Espíritu Santo; superar las polarizaciones y convertir las tensiones en oportunidades para el discernimiento; y promover un estilo participativo en el que laicos y consagrados tengan voz activa en la misión de la Iglesia.Para monseñor Sanabria, la sinodalidad implica vivir desde la “mentalidad de Cristo”, poniendo en el centro la comunión y el servicio.Santidad y misión para una Iglesia abierta a su territorioEl tercer aspecto de su reflexión estuvo dirigido especialmente al presbiterio de Yopal. El nuevo obispo subrayó que la santidad de los evangelizadores es indispensable para anunciar a Jesucristo y construir una Iglesia sinodal.También destacó que la misión de la Iglesia se extiende hacia todos aquellos que están llamados a creer y participar en ella, recordando que la misión evangelizadora no es tarea exclusiva de los ministros ordenados, sino que involucra a todo el pueblo de Dios.En esta perspectiva, invitó a fortalecer tanto la unidad al interior de la diócesis como su compromiso misionero hacia el territorio. Recordó el legado de los jesuitas, agustinos recoletos, capuchinos y otros religiosos que contribuyeron a la evangelización del Casanare, así como el testimonio de san Ezequiel Moreno, quien recorrió estos territorios llaneros con espíritu misionero.Al referirse a la identidad de la región, monseñor Sanabria destacó la riqueza natural de la Orinoquía y la necesidad de promover una ecología integral que involucre a las comunidades, trabajadores, empresarios, arroceros, ganaderos y petroleros, poniendo en el centro la dignidad humana y, particularmente, a las personas más pobres.“Que seamos una región acogedora, que valora su biodiversidad y la protege”, expresó.El nuevo obispo de Yopal también tuvo presente a las comunidades que atraviesan situaciones de sufrimiento en Colombia y llamó a no olvidar a las familias afectadas por diferentes catástrofes y situaciones difíciles.Al concluir su homilía, encomendó su ministerio y la vida de la Diócesis de Yopal a Nuestra Señora de los Dolores, pidiendo su protección para acompañar la misión evangelizadora de esta Iglesia particular.
Jue 27 Ago 2026
Iglesia Católica se une a la jornada de oración “Colombia, un solo corazón”, por las víctimas del terremoto
La Conferencia Episcopal de Colombia anima a las parroquias y comunidades eclesiales del país a unirse este viernes 28 de agosto a la jornada nacional de oración “Colombia, un solo corazón”, en memoria de las víctimas del terremoto del pasado 10 de agosto y como expresión de solidaridad con las familias y comunidades afectadas.La Iglesia Católica en Colombia se unirá este viernes 28 de agosto a la jornada nacional de oración “Colombia, un solo corazón”, convocada desde la Capellanía de la Presidencia de la República, para elevar una plegaria por quienes han sufrido las consecuencias del terremoto que el pasado 10 de agosto afectó diferentes regiones del país.En este contexto, la Conferencia Episcopal de Colombia anima a las parroquias, comunidades y demás espacios de oración a participar de esta jornada, haciendo de ella un momento de comunión, memoria y solidaridad con quienes viven el dolor de la pérdida, la incertidumbre y las consecuencias de la emergencia.La participación de la Iglesia en esta iniciativa se inscribe en un camino de oración que las comunidades católicas del país han venido recorriendo desde los primeros días de la emergencia. El pasado 16 de agosto, la Conferencia Episcopal de Colombia había convocado directamente a una Jornada Nacional de Oración con quienes viven el dolor de la pérdida, la incertidumbre y las consecuencias del terremoto. A esta intención se han sumado también diversas jurisdicciones eclesiásticas, que han promovido celebraciones, velatones, momentos de oración y otras expresiones de cercanía con las comunidades afectadas.Una oración por las víctimas, sus familias y quienes sirvenPara acompañar esta jornada, la Conferencia Episcopal de Colombia ha dispuesto un subsidio litúrgico que puede ser utilizado por las parroquias y comunidades que deseen unirse a la iniciativa.El material propone como texto bíblico de referencia las palabras del Salmo 46: “El Señor es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre presente en la angustia”. Desde esta perspectiva, la oración reconoce el sufrimiento provocado por el terremoto, pero también invita a poner la esperanza en Dios y a fortalecer la solidaridad entre los colombianos.La oración universal incluida en el subsidio contempla distintas intenciones: por quienes perdieron la vida y por sus familias; por los damnificados, heridos y demás víctimas; y por quienes continúan prestando su servicio en medio de la emergencia, entre ellos los organismos de socorro, miembros de la Fuerza Pública, personal de salud y voluntarios.Asimismo, invita a dar gracias por la respuesta de solidaridad que ha unido a Colombia y a la comunidad internacional en torno a las personas afectadas, y a pedir que esta solidaridad pueda mantenerse como respuesta concreta ante el sufrimiento de los hermanos.La oración final pide especialmente por el descanso eterno de los fallecidos, el consuelo de las familias, la recuperación de las víctimas y los heridos, y el sostenimiento de quienes han resultado damnificados, así como por todos aquellos que continúan acompañándolos y atendiéndolos.Unirse como Iglesia y como paísCon esta jornada, la Iglesia Católica en Colombia renueva su cercanía con las comunidades que han sufrido las consecuencias del terremoto y anima a mantener viva la oración por ellas.Las parroquias y comunidades que deseen participar pueden incorporar el subsidio litúrgico preparado para esta jornada, disponible para su consulta y uso.
Mié 26 Ago 2026
“Educar y servir”: monseñor Diego Luis Rendón Urrea recibió la ordenación episcopal
En una celebración marcada por la acción de gracias, la comunión eclesial y el llamado al servicio, monseñor Diego Luis Rendón Urrea recibió este 25 de agosto la ordenación episcopal como nuevo obispo de Jericó. La Eucaristía tuvo lugar en la Catedral Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, de Santa Rosa de Osos, diócesis en la que desarrolló buena parte de su ministerio sacerdotal.La celebración reunió a arzobispos y obispos, entre ellos monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, vicepresidente de la CEC, quienes acompañaron la ceremonia en representación de la Presidencia del episcopado colombiano. También estuvieron presentes sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, familiares, autoridades civiles y fieles de distintas comunidades que han acompañado el camino vocacional y ministerial del nuevo obispo.Para la Diócesis de Santa Rosa de Osos, la celebración tuvo un significado particular. Monseñor Luis Albeiro Maldonado Monsalve, obispo de esta Iglesia particular y primer ordenante, destacó que se trataba de un momento en el que “nuestra diócesis de Santa Rosa entrega un hijo para servir a la hermana Iglesia de Jericó”. El prelado resaltó además que la presencia de las distintas comunidades eclesiales constituía una expresión de la unidad y la fe que vinculan al pueblo de Dios y un impulso para la misión de la Iglesia en Colombia.Del bautismo al ministerio episcopalEl ministro consagrante principal fue monseñor Jairo Jaramillo Monsalve, arzobispo emérito de Barranquilla, quien 59 años atrás había bautizado a Diego Luis Rendón Urrea en la Catedral de Rionegro. Durante la homilía, recordó este particular recorrido vocacional y presentó la ordenación episcopal como la continuidad de un camino que comenzó en el bautismo, pasó por el ministerio sacerdotal y ahora alcanza la plenitud del sacramento del Orden.“No se trata de un ascenso”, afirmó monseñor Jaramillo, al explicar que el episcopado supone una configuración más profunda con Cristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia. Desde esta perspectiva, recordó que el obispo está llamado a enseñar, santificar y gobernar, entendiendo el gobierno eclesial como un servicio al pueblo de Dios.El arzobispo emérito de Barranquilla invitó al nuevo obispo a asumir estas tareas desde la oración, la comunión, la cercanía y la misericordia. Le pidió ser “hombre de Dios antes que hombre de gestión” y mantener la oración como una prioridad de su vida pastoral, para que las comunidades puedan reconocer en su pastor a un hombre que intercede por ellas.También lo exhortó a cuidar la comunión con el Papa, los obispos, los sacerdotes, la vida consagrada, los seminaristas, los laicos y las autoridades, así como a mantener una especial cercanía con quienes viven situaciones de pobreza, enfermedad, privación de la libertad o abandono.“Sal a las periferias”, fue otra de las invitaciones dirigidas a monseñor Diego, animándolo a visitar las veredas y parroquias y a estar cerca de quienes sufren. El llamado estuvo acompañado por una exhortación a ejercer el ministerio con “entrañas de misericordia” y con la actitud del Buen Pastor.En este contexto, monseñor Jaramillo afirmó que el pueblo de Dios que peregrina en Jericó espera al nuevo pastor “no con miedo, sino con mucha esperanza”, y encomendó su ministerio a la intercesión de la Virgen María.Una historia vocacional marcada por la educación y el servicioEn sus palabras al finalizar la celebración, monseñor Diego Luis Rendón Urrea expresó su gratitud al Papa León XIV por el llamado al ministerio episcopal y a los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, familiares, formadores y comunidades que han acompañado su camino vocacional.De manera especial, recordó su tierra natal, Rionegro; sus años de juventud y formación; la experiencia pastoral vivida en la Diócesis de Riohacha; y su paso por la Diócesis de Santa Rosa de Osos, donde ejerció como presbítero y desarrolló diversos servicios pastorales y educativos.También recordó los 15 años de servicio en la Fundación Universitaria Católica del Norte, institución desde la que vivió, según sus propias palabras, la misión de “evangelizar educando”.Este recorrido encuentra una síntesis en el lema que acompañará su ministerio episcopal: “Educar y servir” —Docere et servire—, inspirado en el capítulo 13 del Evangelio de san Juan, donde Jesús, Maestro, lava los pies de sus discípulos.Para monseñor Diego, este lema expresa el propósito de una vida entregada a formar y cuidar al pueblo de Dios. “Porque amar es servir”, afirmó, al explicar que el servicio exige sacrificio y que la verdadera entrega nace de mantener los ojos fijos en Jesús.Una Iglesia que habla el lenguaje del amorEn sus primeras palabras como obispo, monseñor Diego también hizo referencia al llamado del Papa León XIV a promover el diálogo, la reconciliación y la paz, y a ser ejemplo de comunión y fraternidad.Ante los desafíos del tiempo presente, señaló que la Iglesia está llamada a ofrecer una respuesta desde el amor: “ser una Iglesia que hable el lenguaje del amor para sanar heridas, construir puentes y anunciar con fuerza el Reino de Dios en unidad”.Con esta disposición, inicia una nueva etapa de su servicio pastoral, dejando la Diócesis de Santa Rosa de Osos para ponerse al servicio de la Iglesia particular de Jericó.De Santa Rosa de Osos a JericóMonseñor Diego Luis Rendón Urrea fue nombrado por el papa León XIV el pasado 13 de julio como octavo obispo de Jericó. Esta Iglesia particular del suroeste antioqueño tiene una profunda tradición espiritual y misionera y es reconocida, entre otros aspectos, por ser la tierra natal de santa Laura Montoya, primera santa colombiana.La ordenación episcopal celebrada en Santa Rosa de Osos constituye así un nuevo paso en el camino hacia su ministerio como pastor de esta comunidad. La Diócesis de Jericó ha señalado que su posesión canónica está prevista para el 5 de septiembre de 2026, en la Catedral Nuestra Señora de las Mercedes de Jericó.Al encomendar este nuevo servicio, monseñor Diego puso su ministerio bajo la protección de la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles y Madre de las Misericordias; de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de Jericó; de san José y de santa Laura de Jericó, así como de los beatos Marianito de Jesús, Juan Bautista Velásquez y Jesús Aníbal Gómez.“Gracias a todos y por favor continúen orando por mí”, pidió finalmente el nuevo obispo, al comenzar este camino de servicio a la Iglesia de Jericó.
Mié 26 Ago 2026
Falleció monseñor Francisco Antonio Nieto Súa, obispo emérito de Engativá
La Iglesia en Colombia agradece a Dios por la vida y el ministerio de un pastor que sirvió durante más de cinco décadas, en distintos ámbitos de la vida eclesial y en varias regiones del país.La Conferencia Episcopal de Colombia comunica con profundo pesar el fallecimiento de monseñor Francisco Antonio Nieto Súa, obispo emérito de Engativá, ocurrido en la noche de este martes 25 de agosto, a los 77 años de edad.Nacido en Panqueba, Boyacá, el 17 de septiembre de 1948, monseñor Nieto dedicó más de cinco décadas al servicio de la Iglesia, primero como sacerdote y posteriormente como obispo. Su ministerio pastoral lo llevó a acompañar comunidades en Bogotá, Soacha, San José del Guaviare y Engativá, además de prestar diversos servicios en la formación de sacerdotes y en otros ámbitos de la vida eclesial.La velación se realizará a partir de las 3:00 p. m. de este miércoles 26 de agosto en las Salas de La Candelaria, ubicadas en la calle 98, en Bogotá.Las exequias se celebrarán el viernes 28 de agosto, a las 11:00 a. m., en la Catedral San Juan Bautista, ubicada en el barrio La Estrada, en Bogotá. La Eucaristía será presidida por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá.Un ministerio marcado por la formación y el servicio pastoralMonseñor Francisco Antonio Nieto cursó sus estudios de primaria en su municipio natal y posteriormente realizó el bachillerato en el Colegio José Joaquín Ortiz de Tunja. Ingresó luego al Seminario Mayor San José de la Arquidiócesis de Bogotá, donde adelantó los estudios de Filosofía y Teología.El 30 de noviembre de 1973 recibió la ordenación sacerdotal por imposición de manos del entonces arzobispo de Bogotá, cardenal Aníbal Muñoz Duque.Durante sus primeros años de ministerio ejerció como vicario parroquial de la Sagrada Eucaristía, en Bogotá, y de San Bernardino, en Soacha. Posteriormente fue párroco de Santa Lucía, en Bogotá.Entre 1980 y 1983 amplió su formación en Roma, donde obtuvo la licenciatura en Historia de la Iglesia en la Pontificia Universidad Gregoriana. A su regreso a Colombia se vinculó al Seminario Mayor San José de Bogotá, donde durante más de una década ejerció como director, formador y profesor.Posteriormente fue párroco de San José de Calasanz y, desde diciembre de 2000, vicario episcopal para la Zona Pastoral del Espíritu Santo de la Arquidiócesis de Bogotá. En diferentes momentos también se desempeñó como arcipreste y fue miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores de esta jurisdicción.Su trayectoria y servicio a la Iglesia fueron reconocidos en 2007, cuando recibió la distinción de Capellán de Su Santidad.El ministerio episcopal: del Guaviare a EngativáEl 22 de octubre de 2008, el papa Benedicto XVI lo nombró obispo titular de Teglata de Numidia y auxiliar de la Arquidiócesis de Bogotá. Recibió la ordenación episcopal el 17 de noviembre de ese mismo año.En 2011 fue nombrado obispo de la Diócesis de San José del Guaviare, sede que asumió canónicamente el 11 de marzo. Durante ese mismo año, la XCI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Colombia lo designó como delegado ante el Consejo Directivo del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA).El 26 de junio de 2015, el papa Francisco lo nombró obispo de Engativá. Tomó posesión canónica de esta sede el 27 de julio del mismo año y allí permaneció como pastor durante casi nueve años.Al cumplir los 75 años de edad, monseñor Nieto presentó su renuncia al oficio de obispo diocesano, conforme a lo establecido por el Código de Derecho Canónico para los obispos que alcanzan esta edad.El 29 de junio de 2024, el papa Francisco nombró a monseñor Germán Medina Acosta como nuevo obispo de Engativá. Monseñor Nieto continuó como administrador apostólico de la diócesis hasta el 23 de agosto de 2024, cuando su sucesor tomó posesión canónica de la sede. Desde entonces, permaneció como obispo emérito de Engativá.Su interés por la comunicación al servicio de la evangelizaciónEntre los distintos ámbitos de servicio que marcaron su ministerio, monseñor Francisco Antonio Nieto tuvo un particular interés por las comunicaciones y su aporte a la misión evangelizadora de la Iglesia.Hizo parte de la Comisión Episcopal de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, desde donde acompañó iniciativas relacionadas con la presencia de la Iglesia en los medios y con el uso de la comunicación como herramienta para anunciar el Evangelio.También estuvo vinculado a Cristovisión, donde fue miembro del Consejo Superior y presidente de la Junta Directiva, contribuyendo al desarrollo de este proyecto de comunicación católica.Su interés por la historia de la Iglesia estuvo igualmente presente a lo largo de su trayectoria. Fue miembro de las Academias de Historia Eclesiástica Nacional y de Bogotá, ámbitos desde los cuales cultivó el estudio y la memoria de la vida de la Iglesia en Colombia.Una vida entregada al servicio de la IglesiaCon su partida, la Iglesia en Colombia despide a un pastor que durante más de cinco décadas hizo de su ministerio sacerdotal y episcopal un camino de servicio a Dios y a las comunidades que le fueron confiadas.La Conferencia Episcopal de Colombia expresa sus condolencias a sus familiares, a la Diócesis de Engativá, a la Arquidiócesis de Bogotá, a las comunidades que acompañó durante su ministerio y a todos quienes compartieron con él su camino de servicio eclesial.Los obispos de Colombia elevan su oración por el eterno descanso de monseñor Francisco Antonio Nieto Súa y piden al Señor que conceda consuelo y fortaleza a quienes hoy lamentan su partida. Con esperanza cristiana, la Iglesia encomienda su vida a Dios, confiando en la promesa de la resurrección.Monseñor Francisco Antonio Nieto Súa, obispo emérito de Engativá, descanse en la paz de Cristo.